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Universidad de Barcelona de Geografía e Historia |
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Esta tercera muerte acabó con la paciencia del pueblo londinense que consideraba absurda e ilógica la inoperancia de la policia para esclarecer los asesinatos del 'Destripador'. ¿Por qué centraba sus asesinatos en prostitutas? Desde luego no existía ninguna razón económica, las víctimas no habían sido despojadas de sus pocas pertenencias tras su asesinato. ¿Era un sádico, un perturbado...? Scotland Yard, absolutamente perdido y sin ningún tipo de indicio, optó por ofrecer una recompensa de mil libras esterlinas a quien diera algún tipo de pista que llevara a la detención del asesino. Sir Charles Warren, que presidía la policia metropolitana, había intentado dimitir dos veces. El pánico. al igual que la niebla, se extendía por la capital británica. |
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Objetos que forman un pentágono junto al cadáver de Annie Chapman. Fotograma del film 'Desde el Infierno' |
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Pero las acciones de Jack el Destripador no pararon. El 30 de septiembre este despiadado asesino actuó por cuarta vez. Aquella noche se habían reunido un buen número de refugiados políticos de la Europa central en el número cuarenta de la calle Berna. A medianoche la reunión se dio por concluida, los anfitriones se quedaron en el local adecentándolo un poco. Una hora después, cuando se disponían a marchar, descubrieron en la puerta el cuerpo de una mujer destripada.
La víctima fue inmediatamente identificada; era Elisabeth Stride de cuarenta y tres años de edad, una mujer de origen sueco que vivía desde hacia más de veinte años en Londres. Los detalles del crimen eran los mismos que en resto de los asesinatos y el tipo de mujer y profesión encajaban con el patrón que utilizaba el asesino. Pero todavía estaban los forenses y la policia observando el cadáver de la desafortunada Elisabeth, cuando en una plaza de aspecto tranquilo, a pocos metros de la cuarta víctima, se descubría un quinto cadáver.
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El Rincón del Destripador ('Ripper´s Corner'), donde se encontró el cadáver de Catherine Eddowes. |
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En Mitre Square, envuelta en un mar de sangre se encontraba el cadáver de Catherine Eddowes, de treinta y ocho años de edad. Pero en esta ocasión el asesino pareció no contar con el tiempo suficiente para concluir sus habituales mutilaciones. Puede que el 'Destripador' hubiera estado a punto de ser descubierto por algún viandante o por algún miembro de las patrullas de la policia.
La cólera de la ciudad explotó. El Gobierno del Reino Unido se reunió de urgencia e hizo un comunicado en el que se amonestaba vigorosamente a la policia. La prensa atacó despiadadamente a Scotland Yard y tanto la Cámara de los Comunes como la de los Lores se pusieron de acuerdo para revisar los métodos de represión del crimen. Sir Charles Warren dimitó por tercera vez y hasta la monarca británica, la Reina Victoria escribió al Secretario de Estado del Interior:
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Recreación de uno de los asesinatos del 'Destripador'. Fotograma de la película 'Desde el Infierno' |
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'La reina ha recibido con sincero disgusto la carta en la que es informada de la dimisión de sir Charles Warren, pero ella estima que el Detective Departament no es todo lo eficaz que debía ser. Sin duda, las recientes muertes ocurridas en Whitechapel han ocurrido en circunstancias determinadas que hacen muy difíciles las investigaciones; por tanto, la reina cree oportuno destinar a la zona donde estos horribles crímenes han sido perpetrados a un gran número de detectives que a la menor sugerencia, examinen la cuestión y, si es posible, sigan la pista. ¿Los mataderos y sus empleados han sido examinados?' Con esta última pregunta la soberana parecía compartir la idea de las clases burguesas que culpaban del crimen a un carnicero y no a un médico, como opinaba el pueblo. 'Se ha investigado a los solteros que viven solos? Los vestidos del criminal deben de estar cubiertos de sangre y escondidos en alguna parte. ¿La vigilancia nocturna es suficiente? Todas estas preguntas están presentes en el espíritu de la reina, después de leer cualquier información sobre estos horribles crímenes.'
Conociendo la prudencia con que la reina se movía en los asuntos públicos británicos, debe suponerse cual era el estado de animo del pueblo para que la soberana se decantara por mostrar su inquietud ante el problema que planteaba el 'Destripador' y sus abominables crímenes.
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La policia y el público en general estaba tan deseoso de buscar un responsable que comenzaron a circular los más disparatados rumores. Se llegó a decir que el 'Destripador' se disfrazaba de mujer para poder acercarse a sus víctimas sin levantar sospechas.
Y mientras tanto, el asesino se burlaba abiertamente de la policia. Algunos días antes del doble crimen al que hemos hecho referencia había escrito una carta que publicó el 'Daily Telegraph': 'Estimado director; Oigo decir por todas partes que la policia me tiene y que ya no hay nada que temer. Pues no, todavía están muy lejos de poder detenerme. Me río muy a gusto cuando me cuentan todas esas tonterías y cuando los detectives imbéciles aseguran estar sobre la pista. No voy a dejar de destripar. Les desafio a detenerme. He encontrado un trabajo que me interesa y no renunciaré a él. Se oirá a manudo hablar de mí y de mis diversos juegos. La última vez había guardado un poco de hermosa sangre roja para escribir esta carta, pero se ha vuelto espesa como la cola y no he podido hacerlo. La próxima vez le cortaré las orejas a la dama y se las enviaré a la policía para divertirme. Creo que estarán contentos de recibir un regalito del Destripador'.
Y en efecto, Elisabeth Stride, había aparecido con las orejas cortadas. A la mañana siguiente llegó una nueva carta: 'Mi querido director; ya ve que el aviso que le he dado era bueno. Oirá a menudo hablar de mis trabajos, que ha sido dobles la última vez. La número 2 ha gritado un poco. No he tenido tiempo de terminarlo bien y no he podido acabar con las orejas. Hasta pronto'.
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La recompensa ofrecida por la policía subió hasta tres mil libras para el que diera alguna pista que llevara a la captura del asesino. Aparecieron unas pistas que apuntaban a un negro que seguía el culto del Vudú, pero el sospechoso tenía una firme coartada para tres de los crímenes cometidos. También se investigó a un cocinero malayo, pero pudo demostrar que se encontraba embarcado cuando se produjeron algunos de los asesinatos. |
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