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Universidad de Barcelona de Geografía e Historia |
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HISTORIA DE LA HISTORIA 3 |
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Finalmente, los Juegos Olímpicos fueron utilizados como un recurso para numerar los años. Estos se contabilizaban por grupos de cuatro -llamados 'olimpíadas'- y cada año era el primero, segundo, tercero o cuarto de una determinada olimpíada.
Cuando se está ante un acontecimiento concreto narrado por autores diferentes, que utilizan cronologías distintas, cabe la posibilidad de establecer una correspondencia entre ambos calendarios. Por ejemplo, si Julio César fue asesinado en el 709 A.U.C. -según un autor romano- y en el primer año de la 183 olimpíada -según un autor griego- es posible elaborar una fórmula para convertir cualquier fecha romana en su equivalente griega, y viceversa.
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Se considera que las historias griegas son completamente exactas hasta el 600 a. de C. (153 A.U.C.). Fue hacia el 750 a. de C. cuando los griegos copiaron de los fenicios un sistema de escritura. Sus contemporáneos, remontándose lo más posible en la historia, sitúan el año de los primeros Juegos Olímpicos en el 776 a. de C., veintitrás años antes de la fundación de Roma. Y la guerra de Troya, el tema de 'La Iliada' de Homero, puede que hubiese ocurrido hacia el 1200 a. de C. Esta dudosa fecha es lo más lejos que podemos retroceder en la historia sirviéndonos de la documentación que nos ha llegado de los antiguos griegos.
Otras civilizaciones, aparte de los fenicios, conocieron la escritura con anterioridad a los griegos. En el caso de las culturas egipcia y babilónica. Indudablemente, las inscripciones jeroglíficas y cuneiformes pueden decirnos muchas cosas acerca de la historia pregriega. Pero si bien el latín y el griego son lenguas conocidas de sobra por los estudioso, las escrituras jeroglíficas y cuneiformes eran, hasta hace bien poco, de todo indescifrables y no aportaban nada nuevo al mundo.
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Un punto de inflexión se produjo cuando, en 1798, el general Napoleón Bonaparte (1769-1821), en una de sus más temerarias acciones encabezó una expedición a Egipto frente a un superior poderío marítimo británico. Aunque consiguió regresar sano y salvo a Francia, la mayor parte de sus soldados quedaron en tierras africanas; o muertos o prisioneros de los ingleses. Uno de sus zapadores llamado Bouchard (o, posiblemente, Boussard... nada más se sabe acerca de él) encontró un fragmento de basalto negro cerca de la ciudad egipcia de Rashid -Rosetta para nosotros- situada a unos cincuenta kilómetros de Alejandría. Este fragmento de estela de esquinas rotas se bautizó con el nombre de 'piedra de Rosetta'.
En la piedra había una inscripción completamente anodina fechada en 196 a. de C. Probablemente fue escrita por el sacerdote de menfis para conmemorar el noveno año de la subida al trono del rey egipcio Ptolomeo V (210-181 a. de C.). Pero lo más apasionante de la inscripción es que se hallaba repetida tres veces. Una en griego, otra en egipcio jeroglífico y otra en egipcio demótico, forma más sencilla del jeroglífico. Se dio por supuesto que cada escritura contenía elmismo mensaje para que los distintos habitantes de Egipto pudiesen entenderlo. La Piedra de Rosetta era una especie de diccionario griego-egipcio. Su desciframiento fue todo un reto. Y tardó años en realizarse y dar sus valiosos frutos.
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Piedra de Rosetta |
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A principios del siglo XIX, un estudioso sueco, Johan D. Akerblad, tuvo la inspiración de recurrir a los mismísimos egipcios. Los ejércitos islámicos habían conquistado Egipto en el año 640. Los sometidos fueron convirtiéndose lentamente al islamismo y abandonando su antigua lengua para adoptar una nueva, el árabe. Pero no todos lo hicieron completamente. Una parte de la población se mantuvo fiel al cristianismo. Se les llamó 'coptos'. El idioma copto desciende directamente del egipcio antiguo. Akerblad, sirviéndose de la inscripción griega y del copto consiguió traducir unas cuantas frases de la porción demótica de la Piedra de Rosetta.
En 1814, un investigador inglés, Thomas Young (1773-1829) decidió que ciertos signos jeroglíficos de la Piedra -que aparecen rodeados por un óvalo, como si fuesen especialmente importantes- debían de representar los nombres del rey y la reina, Ptolomeo y Cleopatra. Suponiendo que eso fuera así -y lo era- halló el significado de varios de los signos jeroglíficos. Siete años más tarde el lingüista frances Jean François Champollion (1790-1832) fue el primero en advertir que algunos de los símbolos jeroglíficos representaban letras, otros sílabas y otros palabras. Se trataba de un idioma extraordinariamente complicado.
Un similar golpe de buena suerte puso en bandeja a los arqueólogos la posibilidad de descifrar la escritura cuneiforme. El rey persa Dario I (558-486 a. de C.) había conquistado el trono en el 521 a. de C. por medios poco honestos. Como ejerció de relaciones públicas grabó una inscripción en la pared de un acantilado cercano a las actuales ruinas de la ciudad de Behistum, al oeste de Irán. En ella se detallaba la forma en que Dario -según su propia versión- había subido al trono. Estaba tallada a gran altura, de modo que pudiera ser vista pero no borrada. Y curiosamente, había sido escrita en tres idiomas cuneiformes -persa antiguo, asirio y elamita- para que pudieran entenderla el mayor número posible de personas de su políglota imperio.
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El persa antiguo podía ser descifrado con ayuda del persa actual. Utilizándolo como punto de partida, era factible traducir el asirio y el elamita. El descifrado fue efectuado por un arqueólogo inglés, Henry Creswicke Rawlinson (1810-1895). Tardó años en transcribir completamente el mensaje. Pero eso hizo que todos los idiomas cuneiformes fuesen accesibles, y que los investigadores pudieran recomponer la larga historia de Mesopotamia, el valle de los ríos Tigris y Eufrates.
Ahora sabemos que Egipto alcanzó su máximo poderío con Tutmosis III, que reinó desde 1504 hasta 1450 a. de C., casi tres siglos antes de la guerra de Troya. Las pirámides fueron levantadas mil años antes, hacía el 2400 a. de C. Egipto fue unificado por primera vez y convertido en un reino fuerte por Narmer, hacia el año 2850 a. de C. Y como dato anecdótico, permítanme apuntarles que el periodo transcurrido entre la unificación de Egipto y el filósofo griego Sócrates (470-399 a. de C.) es igual al que va desde Sócrates hasta nuestros días.
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En cuanto al valle de Mesopotamia, antes de la conquista persa fue gobernada por los caldeos, cuyo monarca más poderoso fue Nabucodonosor II, que rigió desde el año 605 hasta 562 a. de C. Antes de los caldeos fueron los asirios, que alcanzaron su mayor esplendor con Asaradón, que gobernó desde 681 hasta 669 a. de C. Remontándonos en el tiempo fueron los babilonios quienes prosperaron bajo Hammurabi, cuyo reinado se extendió desde 1953 hasta 1913 a. de C. La primera de las grandes civilizaciones de la región fue la de los sumerios, que llegó a su cúspide bajo Sargón de Agade, que reinó desde 2360 hasta 2305 a. de C.
Actualmente se considera que la escritura se fraguó entre los sumerios hacia el 3100 a. de C. En cien años se había extendido hasta Elam por el Este, y hasta Egipto, al Oeste. Hacia el 2200 a. de C. ya se había expandido a Creta, para el 2000 a. de C. a la India y a los hititas para el 1500 a. de C. Puede que China ideara independientemente la escritura, pero no antes del 1300 a. de C. Los mayas, en el sur de México, también la conocieron, pero mil años más tarde.
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Ruinas mayas |
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En consecuencia, si la escritura es la clave indispensable de la ciencia histórica, bien se puede decir que la historia propiamente dicha empezó hacia el 3100 a. de C., es decir, hace unos 5000 años. Surgió en una pequeña región situada cerca de las desembocaduras de los ríos Tigris y Eufrates, en lo que hoy es el sudeste de Irak. Y poc a poco fue extendiéndose, hasta saltar continentes y formar grandes núcleos en China y al sur de México. Allí la encontró Colón en 1492, precisamente donde comenzábamos este artículo... (3)
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(3) 'Orígenes'. Isaac Asimov. Plaza y Janés. Barcelona. 1989.
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