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Universidad de Barcelona de Geografía e Historia |
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OPERACIÓN BARBARROJA |
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Tras la orden de invasión, desde el Mar Báltico a los Cárpatos, todo el frente aleman se puso en frenético movimiento. Se trataba de 3.050.000 hombres, 625.000 caballos, 600.000 vehículos, 3.350 carros de combate, 7.184 cañones y más de 1.000 aviones. Cerca de dos tercios de las fuerzas germanas comenzaron a adentrase en territorio soviético. La operación nazi fue tam minuciosamente planeada y se realizó con tal precisión que las tropas alemanas dominaron inmediatamente la situación. Una testigo directo del conflicto relató lo siguienete: "Yo vivía entonces en la frontera rusoalemana con mi marido y nuestra niña. En aquellos días, la frontera estaba muy inquieta. Hubo también incidentes fronterizos. Pero la Agencia Tass y Radio Moscú nos tranquilizaron diciéndonos que al otro lado del río Bug los alemanes estaban realizando maniobras. Así que nos quedamos más tranquilos. Teníamos un pacto de amistad con los alemanes y no teníamos motivo de preocupación. [...] Cuando las primeras granadas comenzaron a estallar, creíamos que se trataba de un error. Sólo luego comprendimos que era la guerra..."
No tan solo fueron sorprendidos por el ataque germano los soldados rusos y las gentes que vivían junto a la frontera, también los oficiales soviéticos que mandaban las débiles guarniciones fronterizas se vieron arrastrados y partícipes del conflicto sin saber como. Un documento del XX Congreso del PCUS revelaba que Stalin fue avisado a las 4 de la mañana del día 22 de junio de 1941 por una llamada telefónica del General Georgy Zukov, entonces Jefe del Estado Mayor y del Ejército Rojo. Inmediatamente se organizó una reunión en el Kremlin. Según informes de testigos, Stalin parecía absolutamente destrozado. Escuchó a sus generales y dio las órdenes para organizar la resistencia. Acto seguido delegó en Molotov y se marchó a Kunzevo durante unos días para estar solo.
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La desaparición de Stalin de la escena fue crucial para que se cumplieran los planes de invasión de Hitler. Los generales soviéticos, acostumbrados a no tomar ningún tipo de iniciativa sin las órdenes concretas del Kremlin, se mantuvieron a la espectativa y no tomaron ninguna determinación para tratar de conjuntar una defensa adecuada y hacer frente al enemigo. Así, podemos señalar por datos y documentos conocidos que, los casos de resistencia que hubo ante el invasor -como la desesperada tenacidad que demostró la fortaleza de Brest-Litovsk- fueron fruto de la improvisación y no de un plan determinado.
Hitler estaba convencido que para que la invasión triunfase era necesario que la "Operación Barbarroja" fuera un completo éxito. La inmensidad del territorio soviético no asustaba al Führer, que consideraba que cuando el Estado Rojo se hundiera, el pueblo ruso, descontento con el régimen comunista, saldría a la calle a apoyar a las tropas germanas.
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El plan de ataque estaba basado en la ya conocida "guerra relámpago", que tan buenos resultados había dado al ejército nazi. La ofensiva comenzó desde tres frentes: al norte, el mariscal Von Leeb -con 29 divisiones-, que desde Prusia Oriental debía llegar hasta Leningrado (actual San Petersburgo). En el centro Von Bock, partiendo desde Polonia con 50 divisiones -nueve de ellas acorazadas- debía tomar Minsk y después Moscú. Al sur, el mariscal Von Rundstedt -con 40 divisiones-, debía dirigirse hacia Kiev.
Las divisiones acorazadas alemanes eran la base de la "Operación Barbarroja", éstas debían avanzar -sin esperar a la infantería- y unirse, a fin de formar bolsas y encerrar dentro de ellas a los ejércitos soviéticos (en una acción de tenaza). En la campaña de Francia esta estratégia había funcionado perfectamente y miles de soldados franceses habian sido hechos prisioneros prácticamente sin pegar un tiro.
Dejando atrás a su infantería los tanques alemanes entraron en acción. Su potencia de ataque era irresistible. Los rusos, aun contando con mejores carros (los T 34) carecian de los conocimientos básicos de como utilizarlos en combate, pues no dejaban de cumplir el sórdido trabajo de apoyar a los infantes (como se utilizaban durante la Primera Guerra Mundial). Los alemanes sabian perfectamente que en combate directo de carro contra carro siempre saldrian perdiendo, por lo que utilizaron una táctica de ataque por grupos, pudiendo eliminar de esta forma a cualquier enemigo al que se enfrentaran.
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El éxito de la táctica alemana fue absolutamente incuestionable. Las tropas nazis avanzaron cientos de kilómetros en territorio soviético envolviendo a divisiones enteras del ejército ruso. Luego, como había ocurrido en Francia, la infantería germana avanzó y se limitó a capturar a los prisioneros. Sin embargo, en palabras del historiador Leonard Darlymore, un suceso sorprende al ejército invasor: "En contra de lo que los mandos militares alemanes pensaban, las divisiones soviéticas no se entregaron al ser rodeadas sino que siguieron luchando aun sabiendo que sus posibilidades de supervivencia eran nulas. Las bolsas se convirtieron en una especie de fortalezas que debían de ser conquistadas en sangrientas luchas cuerpo a cuerpo".
Nunca como entonces, pagó tan caro Rusia las purgas de militares contra oficiales y generales del Ejército Rojo efectuadas por Stalin, un Stalin temeroso que veía enemigos en cualquier lugar. La mayor parte de los mandos soviéticos antes de la invasión habían llegado a sus puestos por cuestiones políticas y no por conocimiento o preparación militar suficiente como para hacer frente a un Ejército como el alemán.
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El 11 de junio de 1937 había sido procesado y fusilado por falsa acusación de traición el mariscal Tukachevski (1893-1937), jefe del Ejército Rojo y considerado el mejor estratega soviético del momento, otros dos mariscales, 50 altos jefes del Ejército, 57 de los 85 jefes de división y 30.000 oficiales siguieron similar suerte. Con esta profunda "purga", casi la mitad de los oficiales pertenecientes al Ejército habían desaparecido por el capricho del dictador Stalin. |
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La tragedia quedó certificada cuando al final de la guerra se descubrieron una serie de documentos que probaban que habían sido los servicios secretos alemanes, conocedores del modo de pensar del autócrata ruso, los que habían construido muy habilmente toda una serie de pruebas falsas que acusaban a Tukachevski de traición. El objetivo era tan claro como sutil, el mariscal era un adversario muy peligroso en el campo de batalla por lo que los germanos decidieron construir una historia que empujara a Stalin a eliminar a su mejor baza.
Sin embargo, muchos historiadores apuntan la idea que la astuta maniobra germana lo único que hizo fue precipitar los acontecmientos ya que Stalin estaba decidido -de hecho había comenzado ya- a depurar profundamente el Ejército de lo que él llamaba: "esa podredumbre de guardias blancos".
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Por la tarde del 21 de junio de 1941 el Führer se decide a escribir una carta desde su Cuartel General subterráneo , conocido como "la guarida del lobo", a Mussolini explicándole sus planes de invadir la URSS y las razones que le habían llevado a hacerlo.
Los pasajes más interesantes de la misiva dicen así: "Duce: Le escribo esta carta en el momento en que, tras meses de preocupaciones, reflexiones y de una continua espera que ha desgastado mis nervios, finalmente he decidido tomar la decisión más grave de mi vida. [...] La situación es que Inglaterra ha perdido la guerra. Como una persona que se está ahogando se agarra a cualquier tabla. Y no es que algunas de sus esperanzas estén desprovistas de cierta lógica...
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La destrucción de Francia... ha hecho volverse continuamente la mirada de los belicistas ingleses hacia el lugar donde habían intentado hacer comenzar la guerra; hacia Rusia soviética. Ambos países, Rusia soviética e Inglaterra, tienen intereses en ver a Europa... postrada por una larga guerra. Tras ellas, espoleándolas, está la Unión norteamericana".
En realidad, todas las fuerzas de que dispone Rusia se hallan en nuestra frontera... Si las circunstancias me impusieran emplear la fuerza aérea alemana contra Inglaterra, hay el peligro de que Rusia vuelva a su táctica de hostigamiento, a la que deberíamos ceder en silencio sólo por nuestra inferioridad en el aire... Inglaterra estará menos dispuesta a la paz, porque podrá poner alguna esperanza en su partner ruso. Estas esperanzas aumentarán, naturalemente, al crecer el grado de preparación de las Fuerzas Armadas rusas. Y detrás de esto están los masivos suministros de material bélico que Inglaterra y Rusia esperan obtener de América en 1942.
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Después de haber reflexionado largamente, he llegado finalmente a la decisión de cortar el nudo corredizo antes de que nos oprima el cuello. Mis ideas generales son, pues éstas:
1) Como siempre, no hay que fiarse de Francia.
2) En lo relativo a vuestras colonias, Duce, Africa septentrional no correrá probablemente peligro hasta el otoño.
3) España no sabe decidirse todavía, y me temo que no se alineará a uno u otro lado hasta estar segura del resultado de la guerra...
4) Antes de otoño, un ataque contra Egipto está fuera de lugar.
5) Es indiferente que América entre o no en la guerra, dado que ya apoya a nuestro enemigo con todas las fuerzas que puede movilizar.
6) Para Inglaterra la situación es fea, porque el suministro de víveres y de materias primas le son cada vez más difíciles. En suma, el espíritu guerrero que la incita a combatir se nutre de meras esperanzas, ligadas a dos presupuestos: Rusia y América. Pero está en nuestro poder eliminar a Rusia. A la vez, la exclusión de Rusia será de grandísima ayuda a Japón en Asia oriental, ya que concretará una amenaza muy seria para América. En realidad, si ésta tratara de entrar en acción, debería tener en cuenta la intervención japonesa. |
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Estando así las cosas, he decidido poner fin a la hipócrita comedia del Kremlin..."
Esta es la parte más importante de la carta. El Führer, sabedor que estas noticias pueden intranquilizar a su aliado escribe seguidamente: "En cuanto a la guerra en el este, Duce, será ciertamente difícil, pero no dudo ni por un momento de que se concluirá con gran éxito. Sobre todo espero que así nos será posible asegurarnos una base común de abastecimiento de víveres en Ucrania, la cual nos proveerá de todos los suplementos cuantitativos de que tengamos necesidad en el futuro".
Las últimas palabras de este extraordinario documento nos presenta una declaración de principios morales de Hitler: "Déjeme decirle otra cosa, Duce. Después de que he llegado con esfuerzo a esta decisión de atacar la Unión Soviética, me siento de nuevo espiritualmente libre. Asociarme a la Unión Soviética, a pesar de la absoluta sinceridad de nuestros esfuerzos para llegar a una conciliación definitiva, había sido para mí bastante molesto porque, de un modo o de otro, parecía contradecir toda mi actitud primaria, mis conceptos y mis compromisos anteriores. Ahora estoy bastante contento de haberme liberado de este malestar espiritual".
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Una vez superada la sorpresa inicial, Mussolini ordena inmediatamente a Ciano (ministro del Exterior italiano) llamar sin tardanza al embajador soviético para comunicarle que también Italia se considera en guerra con Rusia. El fascismo italiano ha comprendido que no puede librarse de correr al lado de Alemania para luchar contra la URSS.
El Jefe del Estado Mayor italiano, Cavallero, señaló: "No podemos ser extraños a este conflicto porque se tratará de luchar contra el comunismo. Por eso es necesario preparar la organización [de tropas italianas], entre Lubiana y Zagreb, de una división motorizada y de una división acorazada, más la división de granaderos".
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Los alemanes se mostraron fríos ante la rápida oferta italiana de colaboración en la campaña de Rusia. Mussolini observó la inminente victoria de las tropas germanas y trató de llegar a tiempo con su ofrecimiento de ayuda.
La mañana del 22 de junio, el embajador soviético, ignorante del ataque de Hitler, disfrutaba de unas cortas vacaciones con todo el personal de la Embajada. en la playa de Fregene. Ciano ordenó entonces que se localizara inmediatamente al político ruso. El encuentro tuvo lugar a las doce y media. El ministro del Exterior italiano anunció lo ocurrido al incrédulo embajador Nikolai Gorelkin.
Mientras tanto, Hitler parecía rechazar cualquier tipo de ayuda italiana para su campaña de Rusia, los historiadores aseguran que el Führer, siguiendo el ejemplo de la campaña de Francia, pretendió evitar que Mussolini entrara en campaña para llevarse por entero la gloria de la victoria.
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La actitud alemana cambió a medida que la guerra-relámpago planificada contra la URSS se convirtió en un fracaso evidente y se tranformó en una sangrienta guerra de desgaste. Entonces los italianos fueron bien recibidos (e incluso hasta los españoles de la "División Azul"), cualquier tropa de cualquier nacionalidad que combatiera en el frente ruso se convirtió en básica para los intereses de Hitler. |
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Dos secuencias de la guerra, en la foto de arriba, artillería alemana. A la derecha, infantes germanos avanzan parapetándose en un tanque. |
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La aventura italiana en Rusia es digna de ser reseñada profundamente, aventura de la que aquí veremos un breve resumen; Mussolini organizó a toda prisa el CSIR ("Corpo di Spedizione Italiano in Russia"), en conjunto se trataba de 50.000 hombres, 5.000 vehículos, 4.600 animales y 80 aviones a las órdenes del general Giovanni Messe. Tropas, que como ya era una costumbre, les faltaba preparación y armamento de confianza -como ejemplo señalar que los vehículos de trnasporte estaban constituidos principalmente por autobuses requisados a las compañías de transportes públicos-. El viaje italiano hasta el frente ruso -de 2.300 kilómetros- se convirtió en una odisea.
Los italianos se articulan en tres divisiones: "Pasubio", Célere" y "Torino". El 11 de agosto algunas unidades de la "Pasubio" tomaron contacto con los rusos que, tras un breve combate, se replegaron. El 27 de julio también las unidades aéreas entablaron su primera acometida.
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A los pocos días el general Messe expuso abiertamente y de una forma realista la situación a Mussolini: armamento escaso, material insuficiente, parque de vehículos extremadamente pobre, escacasa disponibilidad de combustible y pocos trenes de refuerzo mandados desde Italia, pero el Duce lo único que hizo fue dar ánimos al militar y pedirle que se amoldara a las circunstancias.
El 22 de septiembre, entró en combate por primera vez al completo el CSIR. Los rusos se mostraron muy combativos. La "Torino" atravesó durante la noche del 26 al 27 de septiembre el río Dnieper sobre puentes improvisados, llegando a unirse con el III Cuerpo alemán. En 8 días de combates el CSIR tuvo 89 muertos y 190 heridos, pero capturó varios millares de prisioneros.
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Mientras tanto Stalin, doce días después de que comenzara el ataque alemán, se dirigió por primera vez al pueblo soviético, comenzó diciendo que la invasión alemana continuaba, a pesar de la heroica resistencia del Ejército Rojo: " [aunque] las mejores divisiones y unidades aéreas alemanas hayan sido destruidas y hayan encontrado su tumba en el campo de batalla [...] una gran amenaza pende sobre nuestra patría. En el momento del ataque, las tropas alemanas, en total 170 divisiones estaban completamente movilizadas y en condiciones de inmediato empleo a lo largo de la frontera soviética, esperando simplemente la señal de avanzar. Las tropas soviéticas no estaban completamente movilizadas y no habían sido trasladadas a la frontera. Muy importante era el hecho de que la Alemania fascista hubiese violado de modo pérfido e inesperado el pacto de no agresión de 1939 entre ella y la URSS, totalmente indiferente a la consideración de que el mundo entero la señalaría como agresora".
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Stalin continuaba diciendo: "Puede preguntarse: ¿Cómo es posible que el gobierno soviético firmase un pacto de no agresión con canallas inhumanos como Hitler y Ribbentrop? ¿No se cometió un gran error? ¡Ciertamente que no! Un pacto de no agresión es un pacto de paz entre dos estados, y así era el pacto propuesto por Alemania en 1939. Ningún estado amante de la paz habría rechazado tal pacto con otro país, aunque éste tuviera al frente bandidos de la ralea de Hitler y Ribbentrop. Sobre todo, dado que el pacto no violaba de modo alguno la integridad territorial, la independencia o el honor de nuestro país".
Y añadió seguidamente: "Esta guerra nos ha sido impuesta, y nuestra patria ha emprendido una lucha por la vida y por la muerte contra su enemigo más malvado y pérfido: el fascismo alemán. Nuestras tropas combaten heroicamente contra grandes desventajas, contra un enemigo pesadamente armado de carros y aviones... Junto con el Ejército Rojo, el pueblo entero se levanta en defensa de la patria. El enemigo es cruel y despiadado. Trata de arrebatar nuestra tierra, nuestro grano, nuestro petróleo..."
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Stalin, trata con sus palabras de ensalzar el animo de sus compatriotas: " [Hitler] Quiere restaurar el poder de los amos de la tierra, restablecer el zarismo y destruir la cultura nacional de los pueblos de la Unión Soviética y transformarlos en esclavos de príncipes y barones germánicos. No hay sitio en nuestras filas para llorones y viles, para desertores y sembradores de pánico. Nuestro pueblo debe ser intrépido en la lucha y combatir desinteresadamente nuestra guerra patriótica de liberación contra los opresores fascistas [...] Debemos inmediatamente poner en pie de guerra el conjunto de nuestra producción, y dedicar todo al servicio del frente y de la organización de la derrota del enemigo. [...] El Ejército Rojo, la marina y todo el pueblo soviético deben combatir por cada pulgada del suelo soviético, combatir hasta la última gota de sangre por nuestras ciudades y nuestros pueblos. [...] Todas las empresas deberán intensificar su trabajo y producir siempre mayores cantidades de material militar de toda clase [...] Una lucha despiadada debe de ser emprendida contra todos los desertores y sembradores del pánico. Debemos destruir espías, desviacionistas y paracaidistas enemigos. [...] Donde las unidades del Ejército Rojo sean obligadas a retirarse, todo el material rodado ferroviario debe de ser transportado. No hay que dejar al enemigo ni una sola locomotora o un solo vagón de ferrocarril, ni una sola libra de pan o una lata de gasolina..." |
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"En los territorios ocupados deben constituirse unidades partisanas. [...] Debe haber grupos diversionistas para combatir a las unidades enemigas, para difundir por todas partes la guerra partisana, para hacer saltar al aire y destruir carreteras y puentes, líneas telefónicas y de telégrafo, para incendiar bosques, y aplicar el fuego a los depósitos enemigos y los convoyes de carretera. En las regiones ocupadas se deben crear condiciones insoportables al enemigo y a sus cómplices, que deben de ser hostigados a cada paso".
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