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    CALÍGULA  
         
 
         
     
         

Su nombre era Cayo Suetonio Tranquilo (c. 69-140), y su trabajo el de historiador. Este romano realizó en sus escritos una fuente básica de información sobre las vidas de los doce primeros césares y de los hombres de letras romanos. Su obra llegó a ser tan popular que su enfoque biográfico fue el modelo seguido durante mucho tiempo.

Septicio Claro, le ayudó a conseguir el nombramiento de conservador de archivos y, hacia el 121, el de secretario del emperador Adriano , hasta que hacia el 122 cayó en desgracia. Posiblemente desde su posición pudo acceder a documentos que le ayudaron a escribir sus "Doce Césares"

El capítulo que hoy vamos a tratar es un compendió del de Calígula. También amenizaremos el texto con material fotográfico procedente en su mayor parte de la serie de la BBC titulada "Yo Claudio" y en donde Robert Graves, el autor literario, demostró tener un amplio conocimiento de la obra de Suetonio.

Pasando el cursor por encima de las fotos podrá verse el comentario que las acompaña.

     

Germánico, padre de Cayo César e hijo de Druso y de la joven Antonia, fue adoptado por Tiberio, su tío paterno. Ejerció la cuestura cinco años antes de lo que exigían las leyes, e inmediatamente después del consulado. Enviado a Germania para tomar allí el mando del ejército, contuvo con tanta energía como fidelidad a todas las legiones que, a la noticia de la muerte de Augusto, se negaban obstinadamente a reconocer a Tiberio por emperador y le ofrecían a él mismo el mando supremo. Venciendo poco después al enemigo, regreso para recibir los honores triunfales en Roma. Creósele cónsul por segunda vez; pero antes de entrar en funciones fue, por así decirlo, expulsado de la ciudad por Tiberio, que le envió a pacificar el Oriente. Después de haber vencido al rey de Armenia, redujo Capadocia a provincia romana, y murió en Antioquía a la edad de treinta y cuatro años, de una enfermedad de languidez que dio lugar a sospechas de envenenamiento. En efecto: además de las manchas lívidas que tenía en todo el cuerpo y la espuma que le salía de la boca, se notó, cuando le quemaron, que el corazón permanecía intacto. Ahora bien: créese comúnmente que el corazón impregnado de veneno resiste al fuego.

Creyóse que murió víctima del odio de Tiberio y merced a la complicidad de Cneo Pisón, investido en aquella época del gobierno de Siria, se creía obligado, según decía, por imperiosa necesidad, a ser enemigo del padre o del hijo, y no cesó de inferir a Germánico, incluso durante su enfermedad, todo género de ultrajes con sus palabras y conducta. Así, al regresar a Roma estuvo a punto de que le despedazase el pueblo, y el Senado le condenó a muerte.

EL ACTOR DAVID ROBB ENCARNÓ A GERMÁNICO EN LA SERIE TELEVISIVA "YO CLAUDIO".

Sabido es que Germánico poseía todas las mejores cualidades de cuerpo y alma, en tal grado que nadie pudo parangonarse a él jamás: valor y belleza singulares; gran superioridad de elocuencia y saber en las dos lenguas; admirable bondad de alma, gran deseo de agradar y de que le amasen, y maravilloso talento para conseguirlo. El único defecto que contrastaba con su belleza era el tener algo débiles las piernas, defecto que corrigió con la costumbre de montar a caballo después de las comidas. Atacó cuerpo a cuerpo y mató por su mano a muchos enemigos; defendió ante los tribunales muchas causas, incluso cuando ya era todo un personaje por haber conseguido los honores del triunfo, y ha dejado varios escritos que acreditan su erudición: comedias griegas, por ejemplo. Era igualmente afable en la vida pública y en la privada, mostrándose poco aficionado a ostentar con orgullo sus insignias. Queriendo reunir en un solo sepulcro las osamentas de los legionarios muertos en el desastre de Varo, en la selva de Teutoburgo, las recogió por propia mano y las llevó el mismo.

Era dulce y moderado incluso con sus detractores. No se mostró colérico con Pisón jamás, y cuando por fin le vio emplear maleficios contra él, se limitó a citarle en justicia y a avisar a los suyos de su enemistad, por si le ocurría alguna desgracia.

Hermoso fruto recogió Germánico de tantas virtudes, e inspiró tal amor a sus parientes que Augusto dudó por largo tiempo si le nombraría como sucesor, e hizo que Tiberio le adoptase. Hasta tal punto gozaba también del favor popular, que, según testimonio de la mayor parte de los autores, la inmensa multitud que a su llegada o salida se precipitaba junto a su persona le hizo, más de una vez, correr peligro de muerte.

Grandes y enérgicos fueron los testimonios de cariño que ocurrieron al conocerse la noticia de su muerte y mucho después. El día que murió apedrearon los templos y derribaron las estatuas de los dioses. Algunos ciudadanos arrojaron al arroyo sus propios dioses lares, en señal de dolor. Los mismos bárbaros de Germania suspendieron sus correrías en señal de luto, y el propio rey de los Partos dejó de invitar a su mesa a los grandes, lo cual entre los persas equivale a suspender la administración de justicia.

La población de Roma, costernada, afligida a la primera noticia de su enfermedad, esperaba ansiosamente otros correos que llegaran con informaciones sobre el estado de salud del noble romano. De pronto, al oscurecer, se difundió, sin saber cómo, la noticia de que Germánico se encontraba restablecido, y en seguida corrieron al Capitolio con antorchas y víctimas (animales para el sacrificio) y casi derribaron las puertas del templo, impulsados por la impaciencia de ofrecer a los dioses acciones de gracias. Tiberio, que estaba dormido, despierta a los alegres gritos del exterior y a las voces que cantan:
  - ¡Roma salvada! ¡Salvada la patria! ¡Germánico se ha salvado!  
MUERTE DE GERMÁNICO EN LA SERIE TELEVISIVA "YO CLAUDIO".

Pero cuando se supo con certeza su muerte, ningún consuelo, ningún edicto pudo poner límites al público dolor, que duró hasta las fiestas del mes de diciembre. Las abominaciones de los tiempos que siguieron aumentaron aún su gloria y el dolor de su pérdida . Todo el mundo estaba persuadido, y con razón, de que el respeto y temor que inspiraba a Tiberio servían de freno a la crueldad de éste, crueldad que, en efecto, no tardó en desbordarse.

Germánico se había casado con Agripina, hija de Marco Agripa y Julia, y tuvo nueve hijos, de los cuales murieron dos de corta edad y otro al salir de la infancia. Los demás sobrevivieron a su padre, a saber, tres hijas: Agripina, Drusila y Livila, nacidas en tres años consecutivos, y tres varones: Nerón, Druso y Cayo César, más tarde llamado Calígula. El Senado declaró enemigos públicos a Nerón y Druso, por acusación de Tiberio.

Cayo César Calígula nació en la víspera de las calendas de septiembre, siendo cónsules su padre y C. Fonteyo Capitón (año 12 de Jesucristo). Nació, según algunos, en Germania, en lugar que aún no está bien averiguado; pero yo he leido documentos que prueban que no nació allí, entre ellos una carta del propio Germánico dirigida a Agripina, que estaba en Roma, y que el niño tenía dos años de edad cuando le enviaron a Germania desde la península itálica. Lo más probable es que su lugar de nacimiento fuera Antium (Ancio), ciudad que prefirió siempre a todas las demás, y llegó hasta pensar en trasladar allí la sede de su imperio.

  UN JOVEN CALÍGULA JUNTO CON SU MADRE AGRIPINA. FOTOGRAMA DE LA SERIE DE LA BBC "YO CLAUDIO".

El sobrenombre de CALÍGULA era un mote militar que le habían dado a causa de su calzado de soldado, la CALIGA, sandalia que usaban los legionarios (la traducción, más o menos libre del mote, sería "sandalio"). Éstos, que lo habían visto crecer y educarse entre ellos, le profesaban increible cariño. Al morir Augusto, su presencia bastó para calmar el furor de las tropas insurreccionadas contra la elección de Tiberio como nuevo gobernante del Imperio. Al saber que Germánico se llevaba al niño lejos de allí, para que no le hicieran mal los rebeldes, éstos se convirtieron en dóciles corderos y se precipitaron desesperadamente ante su carruaje suplicando entre lágrimas al general que no les hiciese aquella afrenta y les devolviese a su pequeño soldadito.

Acompañó también a su padre a su expedición a Siria. A su regreso permaneció primero en casa de su madre, y, cuando desterraron a ésta, en casa de su bisabuela Livia Augusta, cuyo elogio funebre pronunció en la tribuna de las arengas, pues con aquellas ceremonias los jóvenes quedaban oficialmente considerados como de ilustre nacimiento. A los veintiún años le llamó Tiberio a que formase parte de su séquito de Capri, de donde escapó con vida gracias a sus profundas artes del disimulo. En un solo día Tiberio le hizo vestir la toga y cortarse la barba, sin otorgarle ninguna de las distinciones de que habían gozado sus demás hermanos. Muchos querían hacerle que murmurase; pero él permaneció impasible, como si ignorase la desgraciada suerte de los suyos perseguidos por el implacable odio del César. Devoraba sus propias ofensas y mostraba a todos los que le rodeaban tanta cortesía que se decía de él: "Nunca existió mejor esclavo ni peor amo...". Sin embargo, en aquel tiempo no podía ocultar ya sus bajas y crueles inclinaciones, siendo su mejor placer el presenciar las torturas de los condenados y las ejecuciones. Tiberio comprendía muy bien su carácter y decía de Cayo:"Le dejo vivir para su desgracia y la de todos" o bien: "Crio una serpiente para el pueblo, y un segundo Faetón para el universo" (Faetón, divinidad solar que conduce el carro del sol. En griego su nombre significa "resplandeciente". N.A.)

Poco tiempo después se casó con Junia Claudia, hija de Marco Silano, varón nobilísimo; fue augur y después pontífice máximo. Tiberio, que había convertido la familia imperial en un desierto, acabó por no ver otro sucesor posible más que Calígula. Éste, según dicen, fue de los que asistieron en sus últimos momentos, y le quitó el anillo imperial cuando aún agonizaba. Tenía el apoyo de Macrón, prefecto del pretorio. Tiberio, a quien ya se creía muerto, se reanimó súbitamente, y entonces le axfixiaron con un colchón o le estrangularon con sus propias manos. Un liberto a quien esta crueldad arrancó un grito fue mandado crucificar en el acto. Mas tarde se ha sabido que Calígula se vanagloriaba de haber vengado a su padre, Germánico, matando a Tiberio sin que éste hubiera tenido tiempo de acusarle ni castigarle.

CALÍGULA (JOHN HURT) Y TIBERIO (GEORGE BAKER) EN UNA ESCENA DE LA SERIE DE LA BBC "YO CLAUDIO".

Así llegó Calígula al mando, llamado por los deseos de todo el pueblo romano y del Imperio entero, pues todos creyeron que su gobierno sería opuesto al del César anterior. Las provincias y las legiones, que le habían conocido desde la infancia, veían en él la imagen de su padre, Germánico, y solo consideraban que era el último vástago de una familia desgraciada. Así es que, cuando partió de Miseno, aunque llevaba el traje de luto que correspondía por la muerte de Tiberio, continuó su marcha entre altares adornados con flores, con víctimas ya preparadas, antorchas encendidas y alegres aclamaciones de la multitud, que había salido a su encuentro llamándole: "estrella", "hijo", "niño", "discípulo". Apenas entrado en Roma se le reconoció como árbitro y dueño único del Estado, con menosprecio al testamento, que le daba por colega a su otro nieto, niño a la sazón (Tiberio Gemelo). Tal fue el regocijo público que, en menos de tres meses, se degollaron, en sacrificios, más de ciento sesenta mil víctimas. Se aprovechaba cualquier coyuntura para demostrarle el interés que tenían por su conservación. En cierta ocasión cayó enfermo y todo el pueblo paso la noche alrededor de su palacio. Hubo romanos que, a cambio de su restablecimiento, hicieron votos de combatir en la arena e inmolarse a los dioses como víctimas expiatorias. Artabano, rey de los persas, que nunca había ocultado su odio y desprecio a Tiberio, solicitó la amistad de Cayo, celebrando a este efecto una entrevista con un legado consular, y, atravesándo el Éufrates, rindió culto a las águilas romanas y a las imágenes de los Césares.

  CALÍGULA (JOHN HURT) CORONADO COMO CÉSAR EN LA SERIE BRITÁNICA "YO CLAUDIO".

En los comienzos de su reinado trabajaba Calígula por excitar el cariño público valiéndose de todos los medios de popularidad. Después de pronunciar en la tribuna, vertiendo abundantes lágrimas, el elogio fúnebre de Tiberio y de haberle hecho magníficos funerales, marchó a las islas Pandataria y Poncia para recoger las cenizas de su madre y de su hermano, y en medio de tremendad tempestad para que resaltara mejor su piadoso apresuramiento. En honor de aquellos restos fundó juegos fúnebres anuales, con una magnificiencia desusada. En memoria de su padre llamó Germánico al mes de septiembre, e hizo conceder a su abuela Antonia, por decreto senatorial, todos los honores otorgados en diferentes tiempos a Livia, esposa de Octavio Augusto. Calígula adoptó como colega en el consulado a Claudio, su tío paterno, que era solo un caballero romano.

Adoptó a su primo Tiberio Gemelo el día en que éste vistió la toga viril y le dio el título de "princeps juventutis" (príncipe de la juventud), que venía a ser una promesa de heredar el trono imperial. Ávido siempre de popularidad, rehabilitó a los condenados y desterrados, suspendiendo todas las persecuciones del reinado anterior. Hizo quemar en el Foro todo el proceso que Tiberio había incoado contra su madre y hermanos, para que ningún delator temiese por su causa y se apaciguasen los espíritus. Un día se negó a recibir un escrito que le presentaron como interesante para su vida, contestando que no había hecho nada que pudiese atraerle el odio de nadie, y aseguró que no tenía oídos para los delatores.

Hizo buscar las obras de Tito Labieno, Cremucio Cordo y Casio Severo, que el Senado había prohibido, y permitió que se copiasen y leyesen en público, diciendo que estaba personalmente interesado a que se escribiera la historia con fidelidad. Publicó las cuentas públicas del Imperio, cosa que no había hecho Tiberio después de haberlo iniciado Augusto. Dio a los magistrados jurisdicción libre, independiente de toda apelación a su persona. Revistó a los caballeros romanos con mucho cuidado y severidad, que no excluía la moderación, y quitó públicamente el caballo a aquellos que habían cometido alguna bajeza o ignominia. Trató también de restablecer el uso de los comicios. Pago fielmente y sin detención los legados que hizo Tiberio en su testamento, aunque los senadores los habían anulado.

Para estimular las virtudes de las gentes regaló ochenta mil sestercios a un liberto a quien las más crueles torturas no habían podido arrancar una sola palabra acerca de un delito que se atribuía a su patrono. Esto hizo que se le concediera, entre otras distinciones, un escudo de oro, que todos los años, en determinado día, los colegios de sacerdotes debían llevar al Capitolio, siguiéndolos el Senado y los jóvenes nobles de ambos sexos, cantando estrofas en alabanza suya.

Cuatro veces ejerció el Consulado: las primeras desde las calendas de julio y durante dos meses; la segunda, desde las de enero durante treinta días; la tercera hasta los idus de enero; la cuarta hasta siete días de los idus del mismo mes. Los dos últimos consulados fueron consecutivos. Dio numerosos combates de gladiadores, muchas veces de noche y a la luz de inmensa cantidad de antorchas, y enviaba a los espectadores regalos de toda clase, incluso cestos llenos de pan y carne. Los juegos que dio en el circo duraron algunas veces desde la mañana hasta la noche, y los intermedios eran una cacería de fieras africanas o una carrera troyana.

JOHN HURT NOS MOSTRÓ UNA EXTRAORDINARIA RECREACCIÓN DE CALÍGULA.

Algunos de estos espectáculos fueron notables, por estar sembrada la arena de bermellón y polvo de oro, y solamente senadores dirigían los carros.

Entre Baia y Puzzoles hizo construir sobre el mar un puente formado de doble hilera de naves de transporte, traídas de todos los mares, sujetas con anclas y semicubiertas con pavimento, cuyaforma recordaba la de la Vía Appia. Durante dos días no hizo más que pasar y repasar por aquel puente, a caballo y magníficamente vestido. Se dice que con esto quería imitar la proeza de Jerjes, que cruzó el Helesponto en un puente de barcas, y quiso asustar con la fama de aquella gigantesca empresa a los germanos y britanos, alos que amenazaba con la guerra. Otros dicen que fue para ganar una apuesta al matemático Trasilo, el cual había dicho en otro tiempo a Tiberio: "Cayo será emperador cuando atraviese a caballo el golfo de Baia", como quien dice imposible.

En Lyon estableció certámenes de lengua griega y latina, en que los vencidos estaban obligados a coronar por su propia mano a los vencedores y cantar sus alabanzas. Y aquellas cuyas composiciones se juzgaban malas, debían borrarlas con una esponja y hasta con la lengua, si no preferían que se los azotase o se los arrojase al río más inmediato.

Terminó los monumentos que Tiberio había dejado incompletos, el templo de Augusto y el teatro tiberiano, y comenzó él a su vez muchas construcciones notables. También proyectó reconstruir el Palacio de Polícrates de Samos, una ciudad en la cumbre de los Alpes, y otras enormidades.

  JOHN HURT COMO CALÍGULA EN LA SERIE DE LA BBC "YO CLAUDIO".
Hasta este momento hemos hablado del príncipe. Ahora os hablaremos del monstruo, de la bestia. Se había hecho llamar Piadoso, César Óptimo Máximo y otros títulos que pretendía compartir con Júpiter. Oyendo un día a varios reyes que había convidado a su mesa discutir entre sí acerca de la nobleza de su origen, exclamó en griego: "Eis koiranos esti, eis basileus" ("Uno solo será soberano, uno solo rey"), palabras de Ulises en "La Iliada". Y poco faltó para que en el acto tomase la diadema y, en vez de las insignias de autoridad conferidas por el pueblo romano, todos los signos de la realeza. Para que no cometiera aquel acto gravísimo le dijeron que era superior a todos los príncipes de la Tierra, y desde entonces comenzó a considerarse de estirpe divina. Quitó la cabeza a una estatua de Júpiter Olímpico, substituyéndola por otra de piedra que era su retrato. Hizo transformar el templo de Cástor y Pólux en el vestíbulo en el que se sentaba a menudo, entre los dos dioses, ofreciéndose a las adoraciones de la multitud. Algunos aduladores le saludaron con el nombre de Júpiter Latino.

También tuvo para su culto un templo especial, y los sacerdotes y víctimas más raras. En este templo se veía su estatua de oro, que se le parecía mucho y a la que todos los días vestían como él. Los más ricos ciudadanos se disputaban tenazmente las funciones de este sacerdocio, objeto de toda su ambición. Las víctimas que se inmolaban al dios Cayo César eran flamencos, pavos reales, codornices, gallinas de Numidia, pintadas, faisanes, y siempre una especie diferente. De día celebraba conversaciones secretas con Júpiter Capitolino, hablándole algunas veces al oido y presentándole en seguida el suyo, y otras en alta voz y hasta en tono arrogante.

Mandó a un tribuno militar que matase de improviso a su primo Tiberio Gemelo (aquel que teóricamente debía de sucederle), y obligó a su suegro Silano a degollarse, por motivos fingidos. En cuanto a su tío Claudio (el hermano de su padre), que más tarde había de ser emperador, solamente le perdonó la vida para convertirle en juguete suyo, y en general blanco de todas sus bromas e incluso enfados.

Trató con suma crueldad a sus parientes y amigos, en primer lugar a Ptolomeo, hijo del rey Juba y primo suyo, y sobre todo al prefecto del pretorio Macrón y a Ennia, que le habían elevado al Imperio. Todos perecieron de muerte sangrienta. No mostró más respeto ni bondad con los miembros del Senado; consisntió que muchos de ellos, honrados con las primeras dignidades, corriesen a pie y con la toga, junto a su carro, por espacio de muchas millas, y que durante sus comidas permaneciesen en pie detrás del sitial, o a sus pies con una servilleta debajo del brazo. Hizo matar a algunos secretamente y continuaba llamándolos a Palacio, como si vivíesen aún, hasta que pasado algún tiempo decía, con odiosa mentira, que se habían dado voluntariamente muerte. Destituyó cónsules por haberse atrevido a dar un edicto en el aniversario de su nacimiento, y la república permaneció así tres días sin primeros magistrados. Hizo azotar a un cuestor, actuando él casi de verdugo, pues le quitó en persona sus vestiduras, que extendió a los pies de los soldados para que, al descargar los golpes, estuviesen más firmes en su tarea.
CALÍGULA (JOHN HURT) DISCUTE CON JÚPITER. SECUENCIA DE LA SERIE TELEVISIVA "YO CLAUDIO" DE LA BBC.  

Importunado por el ruido de la multitud que iba por la noche a ocupar los puestos gratuitos del circo, la hizo arrojar a latigazos. Más de veinte caballeros romanos quedaron aplastados en el tumulto, y otras tantas madres de familias, sin contar muchos individuos del pueblo. Los días de espectáculo se complacía en sembrar la discordia entre plebeyos y caballeros, haciendo comenzar las distribuciones antes de la hora acostumbrada, para que éstos encontrasen ocupados sus puestos por gentes de baja estofa. Durante los juegos mandaba descorrer de pronto, cuando el sol era más ardiente, el toldo que preservaba a los espectadores y prohibía que saliese nadie del anfiteatro. En vez de los combatientes ordinarios de la arena hacia luchar a hombres débiles o deformes, o a padres de familia, y hacía salir contra ellos fieras extenuadas. Más de una vez llegó a cerrar los graneros públicos y amenazó al pueblo con el hambre.

  CALÍGULA (JOHN HURT) SE DISPONE A ACABAR CON LA VIDA DE UNO DE LOS ENVIADOS DEL SENADO AL NO RECIBIR LAS NOTICIAS QUE ESPERABA.

He aquí los principales rasgos de su barbarie: como costaban muy caros los animales para el mantenimiento de las fieras destinadas a los espectáculos, las alimentaba con la carne de los condenados a muerte, arrojándoselos vivos para que los devorasen, y un día que visitaba las prisiones mandó, permaneciendo en el rastrillo, y sin consultar siquiera el registro en que constaba cada pena, que en su presencia fuesen llevados indistintamente todos los prisioneros a las bestias.

Condenó a las fieras y a los trabajos de las minas a multitud de ciudadanos distinguidos, después de haberlos marcado con un hierro como si fueran reses. También los encerraba en jaulas como si fueran bestias, en la que tenían que mantenerse en postura de cudrúpedos, o bien los hacia aserrar por la mitad del cuerpo. Y no imponía estos castigos siempre por causa grave: a unos, porque no habían quedado contentos con un espectáculo; a otros, porque nunca habían jurado a su numen (o lo que es lo mismo, a su divinidad. N.A.)

Obligaba a los padres a presenciar el suplicio de sus hijos. Habiéndose excusado uno por enfermo, le envió a buscar en una litera. A otro le llevaron, después de tan espantoso espectáculo, a la mesa del emperador, que le exhortaba por toda clase de medios a reir y regocijarse. Hizo azotar en su presencia, con cadenas y durante muchos días seguidos, al que estaba encargado de vigilar los juegos y cacerías del circo, hasta la muerte. El autor de cierta poesía satírica fue quemado en su teatro por haberse sentido aludido el César. Un caballero romano expuesto a las fieras gritó que era inocente. Le hizo sacar de la arena, le cortó la lengua y volvió a mandarle al suplicio.
  CALÍGULA LLEGÓ A MONTAR UN BURDEL EN EL QUE HIZO PARTICIPAR A SENADORES Y GRANDESHOMBRES ROMANOS JUNTO CON SUS MUJERES.