VOLVER A TEMARIO  

 

   
  Universidad de Barcelona de Geografía e Historia  

 

 
 

 

Nuestrocine

 

 
- El Ascenso de la Cataluña medieval
- El campo de Auschwitz
- Cronología medieval
- La guerra civil a décadas vista
- Egipto, el Valle de los Reyes
- Cronología cátara
- La huella del Franquismo
- Mahoma y el Islam
- Por qué estalló la Guerra Civil?
- El Día de Difuntos
- Tony Curtis
 

 

 

 

 

 

 

 
     
HERZEG NOVI
(UNA HISTORIA DE LOS TERCIOS VIEJOS DE CARLOS V)
   
     
 

Nuestro capítulo trata de recordar la historia de uno de aquellos Tercios Viejos castellanos del emperador Carlos V, el que se apostó en Herzeg Novi y resistió en esa posición a lo largo de 15 jornadas, desde las vísperas de Santiago hasta el 7 de agosto, a unas fuerzas infinítamente superiores. Los documentos encontrados en el Archivo Real de Bruselas recuerdan esta página de la historia castellana.

 
     
     

Cuando hablamos del Imperio español deberíamos hablar más correctamente del 'Imperio castellano' (al menos con los reyes de la Casa de Austria). Ellos fueron los forjadores y mantenedores de los dominios de su corona por diferentes continentes mientras que el resto de los reinos hispanos soltaron algunas monedas al monarca de turno para que les dejara en paz. Así, cuando Carlos V se reunió por primera vez con las Cortes Aragonesas, éstas, que estaban más interesadas en defender sus privilegios frente a Castilla acabaron por jurar a Carlos como nuevo rey, conjuntamente con su madre doña Juana (la apodada 'la loca'), concediéndole una discreta suma de 200.000 ducados, menos de la mitad de lo que le había dado Castilla. Con Cataluña le fue al soberano bastante peor, permanecería en Barcelona casi un año para que le dieran menos de lo que ofrecieron los aragoneses.

Sea como fuere, el soberano rey de las Españas y emperador de Alemania salió guerrero y entre sus objetivos priototarios se encontraba el 'tutelaje' de Europa (en especial de algunos territorios italianos) y el comenzar una 'Cruzada' contra los otomanos. Esto propició que constantemente Castilla contara con una serie de importantes ejércitos (siendo la proporción de castellanos el 30% de los mismos). Ahora bien, tanto los alemanes como italianos eran fuerzas mercenarias y su permanencia en el ejército estaba en función de la paga, mientras que los Tercios Viejos estaban vinculados a las levas organizadas por el Consejo Real de Castilla.

La población de toda la Castilla imperial rondaba por aquellos tiempos los 800.000 habitantes. De ahí sacaría el Emperador sus soldados de choque, los temidos Tercios Viejos que dominaron Europa occidental. Pero no nos engañemos, estas unidadades nunca configuraron un gran ejército por si mismo porque nunca agruparon a más de 20.000 soldados. Así Castilla siempre se vió obligada a buscar mercenarios en otros países (especialmente Italia y Alemania).

Las guerras del Emperador se sucedieron por toda Europa y el norte de África (sin olvidar lo que los conquistadores castellanos estaban haciendo en América), sin embargo en el tema de hoy nos vamos a centrar en lo acontecido en el enclave de Herzeg Novi (el Castelnuevo de los documentos de la Monarquía castellana), en el momento que las tropas imperiales luchaban contra el turco.

 
   
     

Hacia el año 1538 se formó la llamada Santa Liga, una alianza defensiva y ofensiva entre el Papa, Venecia y Carlos V que debía de poner en pie de guerra 200 galeras, 100 naves auxiliares, 50.000 infantes, 4.500 caballeros, artillería y demás pertrechos para la guerra. Este glorioso ejército debía de ser la 'ruina del Turco'. Los reinos cristianos olvidaban definitivamente sus recelos internos y se disponían a asestar un golpe definitivo al señor de Constantinopla.

De ese modo, y como preparación a los planes que debían realizarse en el verano de 1539, se produjo un tanteo y penetración de la flota aliada por la costa dálmata, con la ocupación de la posición de Herzeg Novi, en donde quedaría de guarnición un Tercio Viejo castellano (unos 4.000 hombres) al mando de Francisco Sarmiento.

Será en este lugar donde Castilla, y en especial uno de sus Tercios, escriba uno de esos episodios a mitad de camino entre lo heróico y lo absurdo durante el verano de 1539.

Enterado el almirante otomano Barbarroja (ojo, no confundir con el emperador del Sacro imperio) de que los castellanos habían tomado Herzog Novi, se dirigió hacia ese lugar al frente de un ejército no inferior a los 50.000 soldados, con la intención de recuperar la posición ocupada por las tropas imperiales. El 15 de julio se presentó frente a Herzeg Novi con su formidable armada compuesta de 130 galeras y 90 naves auxiliares. Al encuento de Barbarroja llegaban desde Bosnia 30.000 soldados a pie.

     
   
     

Los aliados, más preocupados de conspirar entre ellos que de dedicarse a guerrear contra un enemigo común habían prácticamente disuelto la Santa Liga, por lo que Andrea Doria, el almirante de la flota imperial, solo contaba con 49 naves de combate (número claramente inferior al de la armada turca).

Ahora bien, Francisco Sarmiento tenía la palabra del virrey de Sicilia, don Ferrante Gonzaga, de ser socorrido si llegaba el momento en que fueran atacados por los otomanos. Sarmiento manda un correo al gobernador siciliano recordándole su promesa: '[...] y pues V. Ex. ha visto lo de aquí y sabe mejor que no yo lo puedo escrebir, por ésta no tengo más que dezir de suplicar a V. Ex. se acuerde de nosotros, conforme a lo que V. Ex, nos prometió quando de aquí fue...' (hemos conservado la ortografía original del texto).

Barbarroja se planteó el asedio con calma, comenzando por tomar posiciones para acto seguido crear un cinturón de trincheras sobre la plaza. Finalmente plantó la artillería, piezas con las que debería ser sencillo doblegar a los soldados castellanos. Cuando todo estuvo a su gusto, mandó un ultimátum al maestre de campo Francisco Sarmiento para que se rindiera con los suyos, un ultimátum donde se concedían honrosas condiciones: se facilitaría a los castellanos su llegada a Italia conservando sus banderas y vidas más una paga de veinte ducados por cada soldado. Solo se exigía que se abandonase la artillería y las municiones.

Los castellanos resolvieron en quedarse donde estaban respondiendo a Barbarroja que: 'viniesen cuando quisiesen'. Ante esta respuesta el turco no tuvo más remedio que atacar Herzeg Novi o Castelnuevo (en vísperas de Santiago), siendo los primeros ataques abortados bravamente por los sitiados.

     
   
     

Los turcos, viéndose rechazados y con sensibles pérdidas, porque habían osado simultanear el fuego artillero con el asalto, con lo cual su propia artillería causó una gran cantidad de muertos entre las tropas otomanas (esto tiene el estúpido nombre de: bajas por fuego amigo) decidieron cambiar de táctica. Durante siete días comenzó un continuado bombardeo artillero sobre la posición.

Cuando los otomanos se lanzaron al ataque final sobre la plaza apenas quedaban 500 castellanos con vida, tropas que comenzaron a replegarse ordenadamente hacia el castillo que defendía el puerto. Sin embargo los turcos se les lanzaron inmediatamente encima comenzando una fuerte lucha cuerpo a cuerpo.

Apenas hubo supervivientes; algunos pocos que lograron romper el cerco consiguieron refugio en la cercana República de Ragusa (lo que hoy se conoce por Dubrovnik, en Croacia), el resto -no más de tres o cuatro docenas de hombres- cayeron cautivos como esclavos y como tales fueron llevados a Constantinopla.

El poeta castellano Gutierre de Cetina cantó aquella gesta de los veteranos de los Tercios Viejos que prefirieron morir antes que rendirse al otomano. Su soneto se titula: 'A los huesos de los españoles muertos en Castelnuovo'.

     
 

Héroes gloriosos, pues el cielo

 
  os dio más parte que os negó la tierra,  
  bien es que por trofeo de tanta guerra  
  se muestren vuestros huesos por el suelo.  
  Si justo es desear, si honesto celo  
  en valeroso corazón se encierra,  
  ya me parece ver, o que sea tierra  
  por vos la Hesperia nuestra, o se alce a vuelo.  
  No por vengaros, no, que no dejastes  
  a los vivos gozar de tanta gloria,  
  que envuelta en vuestra sangre la llevastes  
  sino para probar que la memoria  
  de la dichosa muerte que alcanzastes,  
  se debe envidiar más que la victoria.  
     
         
    ATRÁS