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  Universidad de Barcelona de Geografía e Historia  

 

 
 

 

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EL ASCENSO DE
CATALUÑA 2
     
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En abstracto, la sociedad catalana de los siglos X y XI aparece como un organismo muy frágil y muy coherente a la vez. Su fragilidad se debe tanto a la precariedad de los medios de subsistencia como a la constante amenaza que representa el Islam. Su coherencia está basada en las fuertes soldaridades que la cimentan desde el nivel de la parroquia hasta el del condado. Uno de los rasgos más marcados y -para la época- más originales de entre los que caracterizan a aquella sociedad era su indefectible sujeción al concepto de legalidad. La ley, heredada de sus antepasados, no era otra que la 'lex gotica', es decir, el viejo código visigótico del Rey Recesvinto. En los textos se la cita centenares de veces y es universalmente respetada, incluso por los condes, que se enorgullecen de su función de 'rectores' (garantes del derecho) y no dudan en dejarse enfrentar en justicia por simples campesinos y dejarles ganar el pleito. Aquellos condes, casi todos surgidos de la misma familia, cada uno de ellos al frente de un importante reagrupamiento de condados (Pallars-Ribagorça, Cerdanya-Conflent-Berga-Besalú, Rosellón, Empúries-Perelada, Barcelona-Osona-Girona-Urgell), siempre hicieron gala de una lealtad incondicional a sus soberanos, los monarcas carolingios.

¿Quiere decir que en Cataluña aún no había ninguna veleidad independentista? En realidad, y a pesar del legalismo de los condes catalanes, las relaciones con la realeza franca se van relajando, debido ante todo al paulatino debilitamiento de ésta y la indiferencia de los reyes con respecto a la suerte de una provincia tan lejana, como mal conocida. Insensiblemente, se va hacia una ruptura de hecho. Ésta se producirá tras uno de los acontecimientos más dramáticos de la historia catalana: la toma y destrucción de Barcelona, en junio-julio del año 985, por el jefe de guerra musulmán Almanzor. Angustiado ante aquella amenaza, Borrelll, el conde de Bracelona, pide socorro a su soberano. Éste no responde, no presta ayuda alguna. Nunca más se producirá otra petición semejante; olvidado el desastre de 985, los catalanes aprenden a no confiar más que en sus propias fuerzas.

 

 

 
  Viñeta del libro 'Nosotros los Catalanes' de F. Pérez Navarro y Jan.  

La bonanza de Cataluña será el resultado del desarrollo de su economía, que se inició muy tempranamente, antes que en cualquier lugar de Europa (a excepción, como veremos más adelante, de la España del noroeste y de ciertas zonas de Italia).

En realidad, el crecimiento económico se inició en Cataluña de modo humilde y oscuro. Su forma primera fue la roturación, la recuperación de las inmensas zonas desiertas o semidesérticas, baldías en cualquier caso, que se extendían desde los Pirineos hasta el mar. El único agente de esta primera expansión fue el trabajo humano, la fuerza de los brazos de miles y miles de pobres campesinos que, a lo largo de los años, iban descendiendo de la montaña para arrancar, uno a uno, algunos pedazos de tierra cultivable a la garriga o al bosque. Para los montañeses, en efecto, estas conquistas eran el único modo de escapar del hambre. Por supuesto, trataban de cultivar la montaña tan arriba como fuera posible: el centeno escalaba las cuestas andorranas hasta más allá del Canillo o Encamp, y la viña crecía hasta el corazón de la Cerdanya; por ejemplo en Montellà de Cadí (1.160 metros) o incluso en Lles (1.470 metros). Pero aquello no podía bastar. A pesar del peligro, había que descender y conquistar, con el pico más que con la espada, tierras en que, según nos dice una carta datada alrededor de 1010, "desde hacía tres siglos la voz humana no se había vuelto a escuchar", libradas "unicamente a las divagaciones de manadas de ciervos y onagros (asnos salvajes o silvestres. N.T.)".

   
  Viñeta del libro 'Nosotros los Catalanes'  

Esta empresa de recuperación y valoración del país impresiona por su amplitud y precocidad. La acción de los roturadores se perciben en todo el territorio que va desde los Pirineos al mar: en el bajo Pallars y la baja Ribagorça, en la región de Ripoll y la Plana de Vic, en el Pla de Bages y en Barcelona, en el Vallès y en el Penedès. Por todos lados abundan menciones de 'rupturas', 'arrancationes', 'aprisiones', términos que desiganan simultáneamente el desfonde del suelo y su apropiación. Se limpian los campos, se cavan, luego se plantan. Si es necesario se crean tierras de cultivo allí donde no las hay, de ahí las miles y miles de terrazas escalonadas en las faldas de las montañas, ganadas a la rocalla y al matorral, tierras en la que cultivar la vid, el trigo y los olivos. El paisaje catalán se amanera, hecho por los campesinos: aún hoy conserva la huella de esa época. Una época, ciertamente muy precoz. Mientras que en toda Europa se debe de esperar al año 1.000, o incluso al 1.100, para ver confirmado el fenómeno de las grandes roturaciones, en Cataluña ya se pueden observar a partir de fines del siglo VIII o inicios del IX, alcanzando su fase de máxima intensidad en los años 850-950.

Este esfuerzo de intensa colonización tiene como primer resultado la revitalización de la Cataluña interior. Gracia a él, el conde Guifré el Pelós puede restaurar, hacia los años 880-885, los cuadros administrativos, eclesiásticos y militares: crea el condado de Osona-Manresa, funda las abadías de Ripoll y Sant Joan de les Abadesses, construye la ciudad de Vic en las proximidades de la antigua Ausa, erige la fortaleza de Cardona. La carta de fundación de esta última ciudad nos aporta una gran información sobre la necesidad de mano de obra existente en esas 'tierras de nadie'; quienquiera que desee establecerse en Cardona será bienvenido, incluso, precisa el texto, los esclavos fugitivos, las parejas adúlteras, los ladrones, los falsarios y los criminales. Tal comunidad, abigarrada de pioneros, se organiza con el consentimiento del conde, en una auténtica atmósfera de 'Far West': "Y si algún hombre malo o invadido por la soberbia o inmerso en el escándalo, se enfrenta a alguno de aquellos que viven aquí o quisieran vivir y le arrebatara una parte de sus bienes, que este último sea compensado tomando siete veces más al hombre malo y que todos los habitantes del lugar acudan en su ayuda... Y si algún hombre malo se levanta contra vosotros para combatiros, levantáos todos contra él, luchad y matadle... si alguno entre vosotros no lo hiciese o actuase al contrario, que sea, según vuestro juicio, declarado extranjero entre vosotros".

   
  Fortaleza de Cardona.  

Para tal trabajo gigantesco de todo un pueblo surte efectos aún más importantes. Al acondicionar el país para ir produciendo cada vez más, se crea la infraestructura de todas las empresas posteriores y se desemboca en una verdadera revolución agrícola. Ésta puede establecerse alrededor del año 1.000; en ese tiempo, efectivamente, la expansión cambia de ritmo y de naturaleza. En aquellos años los esfuerzos se dedican menos a conquistar un especio agrario -tarea realizada por las generaciones anteriores- que a intensificar y valorar la producción. Ello se logra gracias a un desarrollo sin precedentes de las técnicas, especialmente de las técnicas hidraúlicas. La primera mitad del siglo X y el primer cuarto del XI ven cómo aparecen centenares de molinos a lo largo de todos los cursos de agua, a menudo construidos por asociaciones de pequeños propietarios. A partir de los molinos, se crean auténticos sistemas de irrigación que permiten vencer sequías y hambres. El año 1018, por ejemplo, todos los cabezas de familia de Corró d´Amunt, en el Vallès, dirigidos por el párroco y el herrero, se presentaron en el Palacio Condal de Barcelona para comprar a la condesa Ermesinda las aguas del torrente que atravesaba sus tierras; querían, según sus palabras, abrir un canal para: "[...] irrigar y alimentar nuestros árboles y nuestros jardines, nuestros cultivos de lino y de cáñamo, nuestros campos con simientes y todas nuestras plantaciones de viñedo y árboles frutales, así como todas las clases de legumbres y cereales que cultivamos, y conducir esa agua en todas direcciones, hacia todos los lugares que creamos conveniente y lo exijan nuestras necesidades".

   
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Paralelamente a quella domesticación de los recursos hidráulicos, la producción agrícola se diversifica. Las ciudades (especialmente Barcelona) se rodean de viñedos y jardines. Se multiplican las huertas y se avanza en el conocimiento de los injertos. Aparecen especies prácticamente desconocidas hasta entonces: el cerezo, extremadamente raro alrededor del año 1.000 y considerado como un bien muy precioso (queda constancia de un barcelonés que legó en un testamento medio cerezo), se difunde a lo largo del siglo XI.

El artesanado no se quedó atrás, especialmente la forja, favorecida en Cataluña por la presencia de minerales de hierro de excelente calidad (minas del Canigó y del Ripollès). El año 1.000 es, sin duda, la época de los herreros. Muy poco numerosos a lo largo de la Alta Edad Media, celosos con sus secretos y avaros con su producción, a partir del siglo X se multiplican. La metalurgia se difunde por el campo y en todos los pueblos se instalan forjas. Se trata de un fenómeno de difícil explicación, pero de importancia capital, pues constituye una de las razones fundamentales del decisivo avance del utillaje agrícola. A partir de aquel momento, el campesino dispone de un número cada vez mayor de instrumentos metálicos, que además van mejorando su eficacia: hachas de filo ancho, sierras de grandes dimensiones, muy dentadas, de distintos tipos, picos y piquetas, palas, guadañas, hoces... Tomemos el ejemplo de dos campesinos muy modestos, cuyos testamentos han llegado hasta nuestros días: uno se llama Centull, el otro Barceló; el primero es natural del Pla de Bages, el segundo del Pla de Barcelona. Su patrimonio es minúsculo (una casa, algunos campos, dos o tres viñedos, ningún animal de tiro); sin embargo, constatamos que poseen, respectivamente, en los años 992 y 1.002, una y cinco palas, una y dos hachas, dos y una azada, una sierra y dos podaderas u hoces... es decir, tanto o más que una propiedad real carolingia dos siglos antes. Sin lugar a dudas, la difusión del metal en la economía de base fue la razón que aseguró el éxito de la renovación y valoración del país catalán.

   
  Herreros catalanes.  
Este crecimiento de la producción agrícola y artesana conlleva un notable desarrollo de los intercambios. Una mayor abundancia de productos alimenta cada vez mayor número de mercados. En los años 1.000-1.025 se inicia en Barcelona, en el suburbio de Els Arcs, un comercio de granos y vinos. Por otra parte, mientras la oferta y la demanda crecen, se multiplican las formas de pago, Cataluña había sufrido una verdadera penuria de numerario hasta mediados del siglo X -e incluso hasta más tarde-. A partir de los años 980-990, las monedas de plata de fabricación local (denarios de Barcelona, Vic, Girona, Besalú) empiezan a circular con cada vez mayor abundancia, y luego se añaden las monedas de oro. Estas últimas, conocidas con el nombre de 'mancusos' (del árabe 'manqush', que significa 'grabado'; 'pieza grabada'), son dinares musulmanes, y su flujo hacia Cataluña constituye uno de los fenómenos más espectaculares de la época. Ese flujo es mensurable por el cálculo del porcentaje de las transacciones pagadas en oro que se conservan en las cartas catalanas: 6 por 100 del conjunto de las transacciones en 981-990, 30 por 100 en 991-1000, 45 por 100 en 1.001-1010, 53 por 100 en 1.011-1.020; por lo que respecta a Barcelona, esta proporción se convierte en el curso de la última década citada en un 87 por 100, tasa casi increible. Tal profusión de metal amarillo permite a los condes de Barcelona -los primeros, y de muy lejos, de los príncipes de Occidente- iniciar su propia acuñación de piezas de oro. Las primeras emisiones, imitación de los dinares de Ceuta, aparecieron entre 1.018 y 1.029 bajo el reinado de Berenguer Ramón I, y su acuñación se regulariza a partir del año 1.037, con Ramón Berenguer I. A partir del decenio 1.050-1.060, Barcelona puede ser considerada, de lejos, como la primera plaza de oro en Europa.
 
     
                         
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