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Universidad de Barcelona de Geografía e Historia |
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Julio Caro Baroja bucea en su libro: VIDAS MÁGICAS E INQUISICIÓN, en el mundo de los magos, astrólogos, hechiceros y brujería en general de los siglos XVI y XVII, tratándo de acercarnos a una serie de hombres y mujeres, tratados siempre con una mirada compasiva por parte del autor, que resultaron ser la triste consecuencia de una época.
El historiador, lingüista y antropólogo Julio Caro Baroja (1914-1995) ha desarrollado una obra extensa de difícil clasificación en la que se tocan de manera muy personal la etnografía, la historia, la lingüística, la crítica literaria, los estudios clásicos y el ensayo filosófico. Se le considera iniciador en España del llamado enfoque histórico-cultural, si bien algunos de sus trabajos incorporan facetas de otras corrientes antropológicas, como el funcionalismo y el estructuralismo. Su extensa producción abarca 48 libros publicados, cientos de artículos y varias colecciones de ensayos donde se combinan el rigor, la erudición y la crítica. |
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Que las malas lecturas son frecuente causa de la perdición de las almas es cosa que se ha repetido, sobre todo entre las gentes poco aficcionadas a leer. Un lugar común más viejo y hoy menos repetido es el de que ha habido hombres que en libros misteriosos aprendieron maravillas, tales como predecir el porvenir, encontrar tesoros, ligar o desligar voluntades, etc.., etc. La idea queda en el folklore de muchos sitios, donde se habla de algún viejo hechicero que vivió en otros tiempos y más o menos cerca, que poseía tal clase de libros.
Ariosto discurrió ya con su ironía peculiar acerca de los libros mágicos, usados por los hombres en el medio fabuloso en que se desenvuelven las acciones caballerescas. |
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Edición de 'Orlando Furioso' de Ludovico Ariosto. |
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Empresa ardua fue, en otros tiempos, la de adquirir un texto de éstos; más difícil aún llegar a escribirlo y que pasara de generación en generación, pese a persecuciones y quemas. En España repetidas veces se han recogido o quemado libros de Magia, sobre todo los escritos en hebreo, árabe o aljamía. Pero contra lo que pensaba Samaniego de las obras de su rival Iriarte (es decir, que nunca serían leídas 'aunque' las prohibiese el Santo Oficio), ha habido algunos de tales formularios que han sobrevivido, con ejemplar tenacidad, no solo a las prohibiciones, sino también a las destrucciones sistemáticas y a los procesos de los que los poseían. La aparición reciente de un muy erudito estudio de la señora Ursula Lamb, esposa del afamado físico norteamericano del mismo apellido e investigadora concienzuda en materias histórico-culturales, relativas a la época del Renacimiento, da coyuntura para tratar de los libros mágicos de esta especie con mayor conocimiento que el que previamente se tenía: tal es el cúmulo de noticias y observaciones curiosas que allega. Algo añadiré de mi cosecha, sin embargo.
El arquetipo de los sabios que escribieron libros mágicos ha sido el rey Salomón. Su sabiduría esotérica, alcanzada de modo especialísimo según la tradición, se refleja en una obra que ha ido 'haciéndose0 y 'rehaciéndose' en el curso de los tiempos, traduciéndose e imprimiéndose después y produciendo el desvelo y el deseo de personas de épocas muy distintas: desde la Edad Media hasta el siglo XIX y aún el XX. Aludo a la llamada 'Clavícula de Salomón', que, acaso en puridad, nunca ha existido como obra salomónica ni nada por el estilo.
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Grabado renacentista del Juicio de Salomón |
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La Clavícula parece ser, en principio, la síntesis o la quintaesencia de toda una serie de escritos mágicos, atribuidos al rey sabio por autonomasia. Es la obra en que se consideró que estaba mejor expuesto el resultado del 'Ars notoria', la ciencia infusa, que el mismo Salomón había adquirido en un momento, sin esfuerzo alguno y sobre la que se afirmó había escrito también algo especial. La fama del rey como mago remonta a la Edad Antigua y parte de los mismos textos bíblicos. Dios, en efecto, le dio en un sueño toda la sabiduría imaginable. Así se dice en el Libro de los Reyes (V, 5-15). Posteriormente, los árabes desarrollaron la 'leyenda' en torno al rey sabio y la memoria de su apostasía, recogida en parte ya por los padres de la Iglesia, hubo de contribuir no poco a aquella 'sabiduria' cobrara especiales caracteres.
Dice así la leyenda que sus obras mágicas fueron guardadas bajo su trono en tanto se terminaba de construir el templo por los demonios y que después todas desaparecieron en un incendio quedando solo el 'Testamento' y la 'Clavícula'. Flavio Josefo nos suministra un testimonio fundamental respecto a los libros salomónicos, a los que se puede llamar y se llama 'Magia Salomonis'. También San Jerónimo, que recusa la asignación al rey de los mismos. Orígenes, por su parte, recordaba que entre los judíos de su época ya corrían. Así, pues, resulta que la representación de Salomón como un gran mago, aunque sea producto de fuentes judaicas y se desarrolle mucho en el Islam, existe desde antiguo en países cristianos del Viejo Mundo, y desde Irlanda hasta la península malaya atraviesa fronteras y se impone a etnias y religiones.
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El gobierno de Salomón originó tensiones entre los israelitas y condujo a la postre a la división del reino. La zona norte se convirtió en el reino de Israel y la sur en el de Judá. |
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Leyendas medievales francesas, alemanas e inglesas la tienen en cuenta, y la 'Clavícula' o una versión de ella se tradujo a todas las lenguas europeas, circulando aún hoy día su problemático y variado saber mágico como producto real. Puede pensarse que a principios de la era cristiana ya se había fijado alguno de semejantes textos con 'carmina' y 'caracteres' que se atribuían al hijo de David, que incluso se consideraban como su testamento. Posteriormente, las colecciones debieron de multiplicarse de modo impresionante: entraron, al fin, a formar parte del haber de cantidad de magos y hechiceros de origen no judío. Pero antes tuvieron, dentro de las comunidades israelitas, una historia propia y autónoma y de las juderías de Occidente mucha expansión al parecer, sobre todo en las ricas comunidades peninsulares e italianas. La literatura apócrifa salomónica o más bien pseudosalomónica proliferó.
Los escolares cristianos no menos interesados que algunos rabinos en alcanzar los bienes de la tierra de manera poco recomendada por gente verdaderamente religiosa y moral, creyeron en la eficiencia de aquellas fórmulas y hasta las debieron de 'ampliar'. Las traducciones, sobre todo al latín, se multiplicaron, y desde el momento en que empiezan a funcionar los tribunales inquisitoriales o los organismos dedicados a reprimir los 'delitos contra la fe', se ve que fueron objeto de persecución sistemática.
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La ciudad siria de Palmira, fundada por Salomón, fue durante siglos una importante y próspera ciudad de paso en las rutas comerciales de la época. En 1980 fue declarada, por la UNESCO, Patrimonio cultural de la Humanidad. |
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Sabemos que en pleno siglo XIV el inquisidor Eymerich mandó quemar en Barcelona cierto libro llamado 'Liber Salomonis', dividido en siete partes, con sacrificios, oraciones, oblaciones y consultas, que se dice escrito por Raimundo de Tárrega, neófito de la Orden de Predicadores, a quien luego se confundió con Raimundo Lulio; es el mismo inquisidor el que, en su 'Directorio' famoso, alude al hecho, al hacer una especie de catálogo sumario de los libros prohibidos, entre los cuales había otros de Nigromancia.
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