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  Universidad de Barcelona de Geografía e Historia  

 

 
 

 

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HERNÁN CORTÉS
EN LAS "CARTAS MARRUECAS"
DE JOSÉ CADALSO 2
     
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11º- Deja a la posteridad un ejemplo de valentía, nunca imitada después, y fue quemar y destruir la armada en que había hecho el viaje, para imposibilitar el regreso y poner a los suyos en la formal precisión de vencer o morir: frase que muchos han dicho, y cosa que han hecho pocos.

12º- Prosigue, venciendo estorbos de todas especies, hacia la capital del Imperio. Conoce la importancia de la amistad con los trascaltecas, la entabla y la perfecciona después de haber vencido el ejército numerosísimo de aquella república guerrera en dos batallas campales, precedidas de la derrota de una emboscada de cinco mil hombres. En esta guerra contra los tlascaltecas, ha reparado un amigo mío, versado en las maniobras militares de los griegos y los romanos, toda cuanta diferencia de evoluciones, ardides y táctica se halla en Jenofonte, en Vegecio y otros autores de la antigüedad. No obstante, para disminuir la gloria de Cortes, dícese que eran bárbaros sus enemigos.

 

 

 

13º- Desvanece las persusiones políticas de Moctezuma, que quería apartar a los tlascaltecas de la amistad de sus vencedores. En tra en Tlascala como conquistador y como aliado; establece la exacta disciplina en su ejército, y a su imitación la introducen los de Tlascala en el suyo.

14º- Castiga la deslealtad de Cholulo; llega a la laguna de Méjico y luego a la ciudad; da la embajada a Moctezuma de parte de Carlos.

15º- Hace admirar sus buenas prendas entre los sabios y nobles de aquel imperio. Pero mientras Moctezuma le obsequia con fiestas de extraordinario lucimiento y concurso, tiene Cortes aviso que uno de los generales mejicanos, de orden de su emperador, había caído con un numeroso ejército sobre la guarnición de Vera Cruz que, mandada por Juan de Escalante, había salido a apaciguar aquellas cercanías; y, con la apariencia de las festividades, se preparaba una increible muchedumbre para acabar con los españoles, divertidos en el falso obsequio que se les hacía. En este lance, de que parecía no poder salir por fuerza ni prudencia humana, forma una determinación de aquéllas que algún genio superior inspira a las almas extraordinarias: prende a Moctezuma en su palacio propio, en medio de su corte y en el centro de su vasto imperio; llévaselo a su alojamiento por medio de la turba innumerable de vasallos, atónitos de ver la desgracia de su soberano, no menos que la osadía de aquellos advenedizos. No sé qué nombre darán a este arrojo los enemigos de Cortés. Yo no hallo voz en castellano que exprese la idea que me inspira.

   

16º- Aprovecha el terror que este arrojo esparció por Méjico para castigar de muerte al general mejicano delante de su emperador, mandando poner grillos a Moctezuma mientras duraba la ejecución de esta increible escena, negando el emperador ser suya la comisión que dio motivo a este suceso, acción que entiendo aún menos que la anterior.

17º- Sin derramar más sangre que ésta, consigue Cortés que el mismo Moctezuma, cuya flaqueza de corazón se aumentaba con la de espíritu y familia, reconociese con todas las clases de sus vasallos a Carlos V por sucesor suyo y señor legítimo de Méjico y sus provincias; en cuya fe entrega a Cortés un tesoro considerable.

18º- Dispónese a marchar a Vera Cruz con ánimo de esperar las órdenes de la Corte; y se hlla con noticias de haber llegado a las costas algunos navíos españoles con tropas mandadas por Pánfilo de Narváez, cuyo objeto era prenderle.

19º- Hállase en la perplejidad de tener enemigos españoles, sospechosos amigos mejicanos, dudosa la voluntad de la Corte de España, riesgo de no acudir al desembarco de Narváez, peligro de salir de Méjico, y por entre tantos sustos fiase en su fortuna, deja un subalterno suyo con ochocientos hombres, y marcha a la orilla del mar contra Pánfilo. Este, con doble número de gente, le asalta en su alojamiento, pero queda vencido y preso a los pies de Cortés, a cuyo favor se acaba de declarar la fortuna con el hecho de pasarse al partido del vencedor ochocientos españoles y ochenta caballos con doce piezas de artillería, que eran todas las tropas de Narváez: nuevas fuerzas que la Providencia pone en su mano para completar la obra.

   

20º- Cortés vuelve a Méjico triunfante, y sabe a su llegada que en ausencia habían procurado destruir a los españoles los vasallos de Moctezuma, indignados de la flojedad y cobardía con que había sufrido los grillos que le puso el increible arrojo de los españoles.

21º- Desde aquí empiezan los lances sangrientos que causan tantas declamaciones. Sin duda es cuadro horroroso el que se descubre; pero nótese el conjunto de circunstancias: los mejicanos, viéndole volver con este refuerzo, se determinan a la total aniquilación de los españoles a toda costa. De motín en motín, de traición en traición, matando a su mismo soberano y sacrificando a sus ídolos los varios soldados que habían caído en sus manos, ponen a los españoles en la precisión de cerrar los ojos a la humanidad; y éstos, por libertar sus vidas y en defensa propia natural de pocos más de mil contra una multitud increíble de fieras (pues en tales se habían convertido los indios), llenaron la ciudad de cadáveres, combatiendo con más mortandad de enemigos que esperanza de seguridad propia, pues en una de las cortas suspensiones de armas que hubo le dijo un mejicano: "Por cada hombre que pierdas tú, podremos perder veinte mil nosotros; y aún así, nuestro ejército sobrevivirá al tuyo". Expresión que, verificada en el hecho, era capaz de aterrar a cualquier ánimo que no fuera el de Cortés; y precisión en que no se ha visto hasta ahora tropa alguna del mundo.

   
En el Perú anduvieron menos humanos, dijo doblando el papel, guardando los anteojos y descansando de la lectura. Si, amigo, lo confieso de buena fe, mataron a muchos hombres a sangre fría; pero a trueque de esta imparcialidad que profeso, reflexionen los que nos llaman bárbaros de la pintura que he hecho de la compra de negros, de que son reos los mismos que tanto lastiman la suerte de los americanos. Créeme, Gazel, créeme que si me diesen a escoger entre morir entre las ruinas de mi patria en medio de mis magistrados, parientes, amigos y conciudadanos, y ser llevado con mi padre, mujer e hijos a millares de leguas metido en el entrepuentes de un navío, comiendo habas y bebiendo agua podrida, para ser vendido en América en mercado público, y ser después empleado en los trabajos más duros antes de morir, oyendo siempre los últimos ayes de tanto moribundo amigo, paisano o compañero de mis fatigas, no tardara en escoger la suerte de los primeros. A lo que debes añadir: "que habiendo cesado tantos años ha la mortandad de los indios, tal cual haya sido, y durante todavía con trazas de nunca cesar la venta de los negros, serán muy despreciables a los ojos de cualquier hombre imparcial cuanto nos digan y repitan sobre este capítulo, en verso o en prosa, en estilo serio o jocoso, en obras columinosas o en hojas sueltas, los continuos mercaderes de carne humana".
 
     
                         
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