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HERNÁN CORTES
 EN LAS "CARTAS MARRUECAS"
DE JOSÉ CADALSO
     

Uno de nuestros colaboradores ha encontrado un texto muy interesante en el libro de José Cadalso: "Cartas Marruecas", la obra más importante del autor, el apartado al que nos referimos se centra en el conquistador español Hernán Cortés (carta IX).

El libro está compuesto por ua colección de noventa cartas escritas por tres personajes ficticios, además de una Nota y una Protesta literaria que Cadalso atribuye supuestamente al editor. Salieron a la luz en 1789, cuando hacía siete años que el autor ya había fallecido, publicándose por entregas en el "Correo de Madrid" de febrero a julio de 1789, omitiendo las cartas LV y LXXXIII y la Protesta literaria. En 1793 salió la obra completa en forma de libro.

El argumento es muy sencillo; el árabe Gazel, figura importante del séquito del embajador marroquí, consigue permanecer más tiempo en España para estudiarla más a fondo. Sus experiencias las relata a su maestro Ben Beley, que a su vez le responde de vez en cuando. El español Nuño Nuñez interviene con unas pocas cartas.

        ATRÁS
  CARTA IX  
     
  De Gazel a Ben-Beley  
     

Acabo de leer algo de lo escrito por los europeos no españoles acerca de la conquista de América.

Si del lado de los españoles no se oye sino religión, heroísmo, vasallaje y otras voces dignas de respeto, del lado de los extranjeros no suenan sino codicia, tiranía, perfidia y otras no menos espantosas. No pude menos de comunicárselo a mi amigo Nuño, quie me dijo que era asunto dignísimo de un fino discernimiento, juiciosa crítica y madura reflexión; pero que entre tanto, y reservándome el derecho de formar el concepto que más justo me pareciese en adelante, reflexionase por ahora solo que los pueblos que tanto vocean la crueldad de los españoles en América son precisamente los mismos que van a las costas de África a comprar animales racionales de ambos sexos a sus padres, hermanos, amigos, guerreros victoriosos, sín más derecho que ser los compradores blancos y los comprados negros; los embarcan como brutos; los llevan millares de leguas desnudos, hambrientos y sedientos; los desembarcan en América; los venden en público mercado como jumentos, a más precio los mozos sanos y robustos, y a mucho más las infelices mujeres que se hallan con otro fruto de miseria dentro de sí mismas; toman el dinero; se lo llevan a sus humanísimos países, y con el producto de esta venta imprimen libros llenos de elegantes inventivas, retóricos insultos y elocuentes injurias contra Hernán Cortés por lo que hizo; ¿y qué hizo? Lo siguiente. Sacaré mi cartera y te leeré algo sobre esto.

 

 

1º- Acepta Hernán Cortés el cargo de mandar unos pocos soldados para la conquista de un país no conocido, porque reciben la orden del general cuyo mando servía. Aquí no veo delito, sino subordinación militar y arrojo increíble en la empresa de tal expedición con un puñado de hombres tan corto, que no se sabe cómo se ha de llamar.

2º- Prosigue a su destino, no obstante las contrariedades de su fortuna y émulos. Llega a la isla de Cozumel (horrenda por los sacrificios de sangre humana, que eran frecuentes en ella); pone buen orden en sus tropas, las anima y consigue derribar aquellos ídolos, cuyo culto era tan cruel a la humanidad, apaciguando los isleños. Hasta aquí creo descubrir el carácter de un héroe.

3º- Sigue su viaje, recoge un español cautivo entre los salvajes y, en la ayuda que éste le dio por su inteligencia de aquellos idiomas, halla la primera señal de sus futuros sucesos, conducidos éste y los restantes por aquella inexplicable encadenación de cosas, que los cristianos llamamos providencia, los materialistas casualidad y los poetas suerte o hado.

4º- Llega al río de Grijalbo, y tiene que pelear dentro del agua para facilitar el desembarco, que consigue. Gana a Tabasco contra indios valerosos. Siguese una batalla contra un ejército respetable; gana la victoria completa y continúa su viaje. La relación de esta batalla da motivos a muchas reflexiones, todas muy honoríficas al valor de los españoles; pero entre otras, una que es tan obvia como importante, a saber: que por más que se pondere la ventaja que daba a los españoles sobre los indios la pólvora, las armas defensivas y el uso de los caballos, por el pasmo que causó este aparato guerrero nunca visto en aquellos climas, gran parte de la gloria debe siempre atribuirse a los vencedores, por el número desproporcionado de los vencidos, destreza en sus armas, conocimiento del país y otras tales ventajas, que siempre duraban, y aun crecían, al paso que se minoraba el susto que les había impreso la vista primera de los europeos. El hombre que tenga mejores armas, si se halla contra ciento que no tengan más que palos, matará cinco o seis, o cincuenta, o sesenta; pero alguno le ha de matar, aunque no se valgan más que del cansancio que ha de causar el manejo de las armas, el calor, el polvo y las vueltas que puede dar por todos lados a cuadrilla de sus enemigos. Este es el caso de los pocos españoles contra innumerables americanos, y esta misma proporción se ha de tener presente en la relación de todas las batallas que el gran Cortés ganó en aquella conquista.

5º- De la misma flaqueza humana sabe Cortés sacar fruto para su intento. Una india noble, a quien se había aficionado apasionadamente, le sirve de segundo intérprete, y es de suma utilidad en la expedición: primera mujer que no ha perjudicado en un ejército, y notable ejemplo de lo útil que puede ser el bello sexo, siempre que dirija su sutileza natural a fines loables y grandes.

   

6º- Encuéntrase con los embajadores de Moctezuma, con quienes tiene unas conferencias que pueden ser modelo para los estadistas, no solo americanos, sino europeos.

7º- Oye, no sin alguna admiración, las grandezas del imperio de Moctezuma, cuya relación, ponderada sin duda por los embajadores para aterrarle, da la mayor idea del poder de aquel emperador y, por consiguiente, de la dificultad de la empresa y de la gloria de la conquista. Pero lejos de aprovecharse del concepto de deidades en que estaba él y los suyos entre aquellos pueblos, declara, con magnanimidad nunca oída, que él y los suyos son inferiores a aquella naturaleza y que no pasan de la humana. Esto me parece heroísmo sin igual, querer humillarse en el concepto de aquéllos a quienes se va a conquistar (cuando en semejantes casos conviene tanto alucinarnos), pide un corazón más que humano. No merece tal varón los nombres que le dan los que miran con más envidia que justicia sus hechos.

   

8º- Viendo la calidad de la empresa, no le parece bastante autoridad la que le dio el gobernador Velázquez, y escribe en derechura a su soberano, dándole parte de lo que había ejecutado e intentaba ejecutar, y acepta el bastón que sus mismos súbditos le confieren. Prosigue tratando con suma prudencia a los americanos amigos, enemigos y neutrales.

9º- Recoge el fruto de la sagacidad con que dejó las espaldas guardadas, habiendo construido y fortificado para este efecto la Vera Cruz en la orilla del mar y paraje de su desembarco en el continente de Méjico.

10º- Descibre con notable sutileza y castiga con brío a los que trataban una conjuración contra su heroica persona y glorioso proyecto.

   
 
 
     
                         
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