Universidad de Barcelona de Geografía e Historia  

 

 
 

 

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En el siglo XIX el Imperio Turco todavía era una potencia a tener en cuenta y, desde luego, el mayor y más prestigioso de los Estados musulmanes. A las posesiones reales que tenía el Sultán de Constantinopla, debíamos añadirle estados tributarios como Egipto, lo que suponía que el Imperio tenía una extensión aproximada de unos seis millones de kilómetros cuadrados. Las posesiones imperiales se extendían desde la península de los Balcanes hasta el Océano Índico, y del Cáucaso hasta la Tripolitania, además de una parte de la Europa sudoriental, el África del Nordeste y la totalidad del Asia Occidental o Próximo Oriente.

Sin embargo, este basto Iimperio, se encontraba en franca decadencia y no era capaz de dominar con efectividad todos sus territorios, su poder había que circunscribirlo más a un nivel teórico que práctico, basta señalar como ejemplo que para mandar cualquier carta u orden desde la capital a Bagdad un jinete, contando con las mejores monturas, no tardaba menos de 35 días. En definitiva, el gobierno otomano prefería guardar las apariencias sabiendo que en sus territorios más lejanos existían poderes locales mucho más superiores y efectivos que el que podía ofrecer la capital.

     
   
     

Así que lo que se determina al utilizar el término "Cuestión Oriental" no es más que la decadencia del Imperio Otomano y lo que esto puede suponer para el equilibrio europeo, algunas de las partes se interesan en el desmembramiento del mismo, con la esperanza de sacar partido, mientras que otras prefieren mantener la integridad territorial turca para evitar entrar en un inevitable conflicto de intereses que daría paso a una inevitable guerra europea.

No podemos dejar pasar por alto que desde finales del siglo XVIII, Rusia se había mostrado cada vez más expectante por aprovechar este acontecimiento para acrecentar su influencia en la península de los Balcanes y, de paso, hacerse con el control de los importantes pasos marítimos situados entre el mar Negro y el mar Mediterráneo. Rusia pensó que la mejor salida para sus intereses era el establecimiento de un protectorado unilateral sobre el Imperio otomano, tras alcanzar la victoria en la Guerra Turco-rusa (1828-1829) y, especialmente, después de la firma en 1833 del Tratado de Unkiar Skelessi.

Gran Bretaña y Francia consideraban, como es de lógica, que los movimientos rusos constituian una amenaza para sus propios intereses en Oriente Próximo, la posibilidad de que Rusia dominara esta zona era vista con recelo por parte de ambas potencias. Lo mismo ocurría con el Imperio Austriaco, pese a su larga tradición de cooperación internacional en asuntos diplomáticos con los rusos, con las últimas acciones del Zar se mostraban altamente inquietos, pues el aumento de influencia en los Balcanes por parte de los rusos chocaba directamente con sus planes de expansión por la península balcánica. La salida a la crisis resultó un tanto compleja, pero las potencias europeas y el Imperio otomano consiguieron sustituir en 1841 el acuerdo de Unkiar Skelessi por un protectorado general europeo.

OFICIAL DE ARTILLERÍA TURCO (1854)

Sin embargo las creencias de los dirigentes rusos era muy diferente, a  comienzos de la década de los años 1850, el entonces zar Nicolás I, ante el recelo de las restantes potencias a su plan anterior, encontró una nueva posibilidad de aumentar su influencia mediante la injerencia en los asuntos turcos. Creía, de forma erronea, contar con el apoyo del Imperio Austriaco, como recompensa por la ayuda que había proporcionado a la Casa de Habsburgo durante las revoluciones ocurridas desde 1848 hasta 1850. También, se equivocó al considerar que el gobierno británico presidido por George Hamilton, conde de Aberdeen, respaldaría la división del territorio de los Balcanes controlado por los turcos.

Fueron las disputas religiosas el pretexto que encontró Rusia para comenzar con sus "operaciones" de acoso al Imperio Turco. En 1852, después de dos años de presiones diplomáticas los franceses habían conseguido que el sultán otomano cediera en favor de la iglesia católica el control de la iglesía de la Natividad de Belén. Nicolás I, defensor y protector de la iglesia ortodoxa, mandó que sus tropas se movilizaran hacia las provincias otomanas de Moldavia y Valaquia -que las había evacuado tan solo dos años aantes-, al mismo tiempo envió a Constantinopla (Estambul) una Comisión encabezada por el príncipe Menshikov con la misión de negociar nuevamente sobre la concesión de los Santos Lugares, contando en esta ocasión con la Iglesía Ortodoxa.

Ya hemos dicho, y nos reiteraremos en ello las veces que sea necesario, que el aspecto religioso solamente fue una cortina de humo dentro del plan ruso sobre el Imperio Otomano, el propio príncipe Menshikov se entrevistó con el embajador británico, Sir Hamilton Seymour, para proponerle lo que definitivamente era el objetivo del Zar, y que no era otro que la partición de buena parte de los territorios turcos -cuando no Turquía entera- manteniendo el equlibrio de las potencias europeas. Nicolás I todavía estaba comprometido con el viejo principio imperante de "ninguna anexión sin ratificación".

Sin embargo las ambiciones rusas se vieron frustradas porque aunque el embajador británico destinado en Constantinopla, el vizconde Stratford de Redcliffe, ayudó a negociar un acuerdo amistoso sobre los lugares sagrados palestinos, pero persuadió a los turcos de que rechazaran las restantes demandas rusas alegando que representaban una amenaza para su soberanía. Rusia respondió el 1 de julio de 1853 con la ocupación de los principados turcos de Moldavia y Valaquia (en gran medida, la actual Rumania). Las potencias europeas intentaron establecer un compromiso, pero su esfuerzo resultó infructuoso. El Imperio otomano, que confiaba en contar con el apoyo británico y francés, declaró la guerra el 4 de octubre siguiente a Rusia, a finales de mes las escuadras francesas y británica cruzaban los Dardanelos como gesto disuatorio a los planes rusos..

Pero muy lejos de amedentrarse, el 30 de noviembre de 1853 los rusos destruyeron la flota turca que se encontraba en el puerto de Sinope (en la actual Sinop), situada en el mar Negro. En el Reino Unido esta conducta resulta intolerable, tanto para Palmerston como para una excitada opinión pública, lo mismo ocurre en la Francia de Napoleón III, donde se exige que se de una lección a Rusia. Sin embargo estas actitudes no parecieron inquietar al Zar, que ignoró la demanda por la que ambos países reclamaban la evacuación de Moldavia y Valaquia, por lo que en marzo de 1854 las dos potencias europeas le declararon la guerra.

El reino italiano de Cerdeña se unió poco después a esta coalición anglo-francesa con la esperanza de ganar su favor y obtener su ayuda para expulsar a los austriacos del territorio de la península Itálica y así acelerar su deseada unificación italiana. El 3 de junio, Austria amenazó con declarar la guerra a Rusia, que quedó consternada al recibir la noticia, a menos que desocupara Moldavia y Valaquia. Rusia cumplió esta petición el 5 de agosto y las tropas austriacas ocuparon ambos principados hasta el final del conflicto, cuando los retornarán a Turquia.

     
  SEBASTOPOL  
     

Los aliados deciden dar un golpe de efecto y consideran que una campaña contra Sebastopol (en la actualidad, en el sur de Ucrania), donde se encontraba el cuartel general de la flota rusa emplazada en el mar Negro, sería la acción más acertada. Las tropas de la coalición llegaron a Crimea en septiembre de 1854 y desde el primer momento comenzaron a trazar los planes para intentar hundir la flota rusa en el puerto de Sebastopol, pues consideraban que una victoria de esas características obligaría al Zar a pedir que se iniciaran las conversaciones de paz inmediatamente. Sin embargo, las fuerzas aliadas eran demasiado optimistas en sus perspectivas ya que no contaron con una serie de factores que podían retrasar sus objetivos, de tal forma los sitiadores se encontraron antes de darse cuenta agobiados por el invierno ruso, unas epidemias desatadas de cólera y tifus y una serie de ataques rusos que costaron a los aliados un gran número de pérdidas humanas.

Nos encontramos ante la primera guerra en donde la prensa tiene un papel decisivo; el telégrafo, la fotografía y el envio de corresponsales de guerra por parte de los periódicos convierten a la Guerra de Crimea en el primer conflicto "moderno".

     
   
     

Como la guerra se prolongó, la diplomacia también sufrió modificaciones. En diciembre de 1854 Austria participó en una alianza defensiva y ofensiva con las potencias occidentales, aunque no tomo parte directa en la campaña. En 1854 Cavour unió el reino sardo (Cerdeña) a la alianza formada por Gran Bretaña y Francia para luchar contra Rusia. En febrero de 1855 Lord Palmerston sucedió a Lord Aberdeen como primer ministro británico. A pesar de las sucesivas derrotas que sufrieron los rusos en el río Alma y en las batallas de Balaklava y de Inkerman, debido a la negativa de Rusia a aceptar las condiciones de paz propuestas por los aliados. Finalmente, Sebastopol cayó el 9 de septiembre de 1855, pero Rusia aceptó firmar la paz sólo después de la muerte del Zar Nicolás I y que su sucesor, Alejandro II, no estuviera muy entusiasmado por continuar con el conflicto y menos cuando Austria amenazara con intervenir en la guerra.

     
   
     

Los términos del tratado de Paz que ponía fin a la guerra se desarrollaron en París (Tratado de París), a pesar de la neutralidad que tuvo Prusia en los acontecimientos fue invitada a acudir al Congreso por su condición de gran potencia. Ciertamente Rusia no sacó nada en positivo de aquel acuerdo de paz. Los rusos se vieron obligados a devolver el sur de la provincia de Besarabia y la zona de la desembocadura del Danubio al Imperio otomano; Moldavia, Valaquia y Serbia quedaron supeditadas a un acuerdo internacional, en lugar de estar sometidas al control de Rusia (aunque años después trataría de nuevo de controlar la zona de los Balcanes). La independencia de Turquia fue confirmada por las potencias firmantes e icluso se la incorporó activamente como miembro del Concierto europeo de fuerzas (o lo que es lo mismo, se la consideraba formalmente como gran potencia), mientras que el sultán otomano Abdülmecid I se limitó a ofrecer vagas promesas con respecto a los derechos de todos sus súbditos cristianos y, por último, se prohibió a Rusia mantener una fuerza naval en el mar Negro, que quedó como zona desmilitarizada, mientras que todos los puertos de la zona quedaron abiertos al comercio de todas las naciones.

Desde el punto de vista meramente militar, este conflicto representó un acontecimiento poco afortunado e innecesariamente costoso. Los comandantes de ambos bandos demostraron claramente su incapacidad desperdiciando vidas en combates absurdos, tales como la famosa carga de la Brigada de Caballería Ligera, en la que una unidad británica sufrió graves pérdidas durante la batalla de Balaklava. Rudyard Kipling inmortalizaría la famosa carga británica en uno de sus más conocidos poemas (poema que adjuntamos en su versión original al final de este artículo).

OFICIAL DE GRANADEROS BRITÁNICO (1854)

El historiador británico David Thomson escribe: "La guerra dejó al descubierto, como suele ocurrir demasiado a menudo, la ineficacia y la corrupción de las diferentes administraciones que obstaculizaron sistemáticamente cualquier abastecimiento de alimentos, municiones, medicinas o ropas en ambos ejércitos. El verdadero y más cruel enemigo para todos los combatientes fueron las enfermedades y no los combates, a ellas se les debe el mayor número de bajas por ambas partes."

La opinión pública británica también fue adquiriendo una actitud más crítica ante la guerra a medida que leía las crónicas enviadas al periódico The Times por el corresponsal de guerra irlandés W. H. Russell, el primer periodista que relató un conflicto bélico por medio del telégrafo. Asimismo, el británico Roger Fenton tomó en 1855 las primeras imágenes fotográficas que ilustraban de forma impactante una guerra.

La guerra de Crimea fue un acontecimiento de gran repercusión en la historia de Europa. Supuso el fin del acuerdo por el cual los vencedores de las Guerras Napoleónicas (Gran Bretaña, Rusia, Austria y Prusia) habían cooperado para mantener la paz en Europa durante cuarenta años. El mito del poder ruso quedó enterrado y la ruptura de la antigua coalición permitió a Alemania e Italia liberarse de la influencia de Austria y emerger como naciones independientes en la siguiente década. Por último, cabe señalar que las consecuencias de la derrota sufrida en Crimea fueron el factor desencadenante de la aplicación de un programa de profundas reformas internas en Rusia, llevado a cabo por el sucesor del zar Nicolás I, Alejandro II.

     
 

The Last of the Light Brigade

There were thirty million English who talked of England's might,

There were twenty broken troopers who lacked a bed for the night.

They had neither food nor money, they had neither service nor trade;

They were only shiftless soldiers, the last of the Light Brigade.

They felt that life was fleeting; they knew not that art was long,

That though they were dying of famine, they lived in deathless song.

They asked for a little money to keep the wolf from the door;

And the thirty million English sent twenty pounds and four!

They laid their heads together that were scarred and lined and grey;

Keen were the Russian sabres, but want was keener than they;

And an old Troop-Sergeant muttered, "Let us go to the man who writes

The things on Balaclava the kiddies at school recites."

They went without bands or colours, a regiment ten-file strong,

To look for the Master-singer who had crowned them all in his song;

And, waiting his servant's order, by the garden gate they stayed,

A desolate little cluster, the last of the Light Brigade.

They strove to stand to attention, to straighten the toil-bowed back;

They drilled on an empty stomach, the loose-knit files fell slack;

With stooping of weary shoulders, in garments tattered and frayed,

They shambled into his presence, the last of the Light Brigade.

The old Troop-Sergeant was spokesman, and "Beggin' your pardon," he said,

"You wrote o' the Light Brigade, sir. Here's all that isn't dead.

An' it's all come true what you wrote, sir, regardin' the mouth of hell;

For we're all of us nigh to the workhouse, an, we thought we'd call an' tell.

"No, thank you, we don't want food, sir; but couldn't you take an' write

A sort of 'to be continued' and 'see next page' o' the fight?

We think that someone has blundered, an' couldn't you tell 'em how?

You wrote we were heroes once, sir. Please, write we are starving now."

The poor little army departed, limping and lean and forlorn.

And the heart of the Master-singer grew hot with "the scorn of scorn."

And he wrote for them wonderful verses that swept the land like flame,

Till the fatted souls of the English were scourged with the thing called Shame.

O thirty million English that babble of England's might,

Behold there are twenty heroes who lack their food to-night;

Our children's children are lisping to "honour the charge they made-"

And we leave to the streets and the workhouse the charge of the Light Brigade!

-RUDYARD KIPLING-

 
     
     
   
     

¿Y cúal fue la posición de España en este conflicto en suelo turco? Desde 1782 el Tratado de Constantinopla regulaba las relaciones políticas entre ambas naciones y permitía a España la protección directa de las órdenes religiosas hispanas que se asentaran en la zona.

Cuando los rusos fracasan en sus aspiraciones políticas e invaden territorio otomano "no con el fin de hacer la guerra, sino con el de obtener garantías materiales", la situación se vuelve muy delicada ante la posibilidad que se declare un conflicto a gran escala. El mistro de la gobernación español presenta un informe al Consejo de Ministros en el que se señala: "España no debe cerrar los ojos ante unos sucesos que pueden alterar sus bases y acarrear graves perturbaciones en la situación de los gabinetes si bien cumple a los tradicionales intereses de su política mantenerse en una actitud de neutralidad en todo aquello que no sea capaz de influir particularmente sobre su propia suerte." El mismo informe recoge la esperanza y el deseo que Rusia modifique sus exigencias ante las concesiones hechas por el sultán y señala especialmente los esfuerzos de las otras potencias por evitar un conflicto en la zona. El dossier refleja la preocupación española porque la concentración de fuerzas francesas y británicas en Turquía supondría quizás un cierto descuido en la vigilancia que estas potencias mantienen en el Atlántico, en especial en el golfo de México, y los intereses españoles en aquella zona podrían peligrar (el eterno conflicto español con sus posesiones americanas, que no han dado a lo largo de la historia y desde el principio más que problemas).

Otra de las preocupaciones de España la encontramos en las Islas Baleares; "ponerlas al abrigo de toda sorpresa", ya que Francia podría interesarse en esos territorios como base logística para proteger sus colonias del norte de África. El mismo informe habla de la fortificación de Menorca con el fin de prevenirse de posibles ataques. Finalmente, y en relación a lo que realmente está ocurriendo entre Rusia y Turquía el gobierno decide mandar al general Prim a tierras otomanas como observador militar.

Algunos meses después un nuevo dossier del ministro de la gobernación pone de manifiesto la situación en la zona. Turquía cuenta con un ejército de 400.000 hombres dispuestos a hacer frente al ejército ruso. El mismo documento señala que "España no puede quedar ajena, ya que posee conventos en Palestina y tiene en ellos religiosos españoles que podrían verse envueltos en una horrible catástrofe y a los que no se puede abandonar sin incurrir en grave responsabilidad por imprevisión o en gran menosprecio por impotencia". Así que el Consejo debe de tomar una postura definitiva sobre lo que España hará en caso que comience un conflicto a gran escala.

SOLDADO ESPAÑOL DE ARTILLERÍA.

España decide mandar una pequeña flota al lugar del conflicto para salvaguardar los intereses de España y proteger a sus subditos en caso que ocurra algo. Esa flota deberá mostrarse absolutamente neutral en todos los casos y no deberá tomar partido en ninguna circunstancia.

Francia recela de España y de sus intenciones pues no entiende que hace una delegación de paz en forma de barcos de guerra en medio de un conflicto bélico. El Reino Unido no pone ningún inconveniente a esa expedición militar española pero señala el peligro que España pierda su neutralidad por los acontecimientos y considera que un solo vapor sería suficiente para conseguir los fines hispanos.

Cuando en octubre de 1853 comienza la guerra España mantendrá una posición ambigüa sobre el conflicto ya que, aunque quiere dejar claro su apoyo a los aliados (franceses y británicos), no quiere enemistarse con Rusia, con la que la unen fuertes intereses económicos. A medida que pasan los meses diferentes gobiernos europeos declaran oficialmente su neutralidad, cosa que no hace España.

El Reino Unido recuerda a España: "[...] la neutralidad tiene sus deberes y el Gobierno de 5. M . británica espera que estos deberes se cumplirán estrictamente, en otras palabras, que una declaración de neutralidad no será un acto de mera conveniencia para las naciones que la hacen sino que mirando por el interés y seguridad de las demás, debe llevar consigo la observancia rigurosa que las potencias beligerantes, tienen derecho tanto de esperar como de exigir.." Ante tal comunicación, el Gobierno español contestó asegurando que España mantendría la neutralidad "con la escrupulosa religiosidad [...] y tanto más gustosa y voluntariamente cuando se trata de potencias con las que se halla como sucede con la Gran Bretaña en relación de cordial amistad"

De hecho una comisión española enviada por el gobierno y destacada al lugar del conflicto participó de manera muy activa aunque de forma neutral (cosas incomprensibles que se dan en este país y que son difíciles de comprender incluso hasta para los nativos del mismo). De esta manera lo resumía un informe hispano: "La comisión española, unida constantemente a Omer Bajá, hizo su vida de campamento en Chumía y Rutschuk y asistió a su lado a todas las operaciones y movimientos que hubo desde su incorporación. Nuestros oficiales facultativos tomaron parte activa en toda clase de trabajos de fortificaciones, en combinación con los ingleses y franceses... como individuos del ejército combatiente»

A partir del mes de agosto de 1854 Francia e Inglaterra tratan de atraerse a España y conseguir que abandone la "neutralidad aparente". En las entrevistas entre Olózaga, nuevo embajador en París, y Drouyn de l'Huys, el representante francés va a recordar las antiguas alianzas entre ambos países y muestra el deseo de que éstas se renueven, "sobre todo en los momentos en que unido este Gobierno con Inglaterra hacía tan costosos sacrificios para salvar la independencia de una nación atacada por otra muy poderosa, para defender los principios de verdadera libertad y los progresos de la civilización europea contra los que se han levantado los nuevos bárbaros del norte". A pesar de la negativa española a participar en la guerra de Crimea, al mes siguiente el Gobierno se plantea la posibilidad de enviar tropas a Oriente, se habla del envío de 20.000 hombres que fueran equipados por los aliados de acuerdo con las ofertas hechas en ocasiones ante riores. Se decidió incluso que sería el general Zabala quien las mandaría, pero el proyecto nunca llegó a ponerse en práctica.

A la hora de hacer balance sobre la actitud española ante la guerra de Crimea durante todo el proceso se podría concluir que España no estuvo auténticamente decidida a intervenir como beligerante, aunque siempre vio con simpatía la causa de los aliados, tanto por parte de los Gobiernos moderados como progresistas. Que su neutralidad en muchas ocasiones fue más teórica que real, ya que se inclinó hacia los aliados con frecuencia, sobre todo durante los Gobiernos progresistas. Que mantuvo una actitud indecisa incluso a la hora de declarar su neutralidad oficialmente, lo que motivó la presión británica en este sentido. Que cuando fue más tenida en cuenta por las potencias, para incorporarla a la alianza, fue en la etapa progresista, posiblemente por coincidir con el momento de mayor endurecimiento del conflicto. Que la postura de neutralidad benefició a los intereses españoles y «supuso un fortalecimiento de la posición económica de España» . Que no sólo fue la agricultura la beneficiada, sino que también afectó a la inversión industrial, que aumentó entre 1856-1857 ~. Que la balanza comercial fue favorable durante el trienio 1853-1855. Tampoco se puede olvidar que se produjo una elevación en los precios que suscitó huelgas en 1855 en Barcelona y agitaciones campesinas en Valladolid ~ y según Artola provocó la crisis del régimen progresista. La guerra de Crimea dio lugar a una gran exportación de cereales, dejando desabastecido el mercado interior. La situación de las clases humildes empeoró al no subir los salarios lo suficiente para compensar el alza de los precios.

Los españoles no experimentaron con la guerra ninguna mejora en el nivel de vida, sin embargo, se favoreció a terratenientes y comerciantes y se obtuvieron importantes entradas de oro y un aumento en la capacidad adquisitiva de las provincias productoras de grano Que, según se desprende de algunos informes, no se aprovechó bien la condición de neutrales en lo que se refiere al intercambio comercial marítimo con los puertos del Báltico, donde algunas marinas mercantes se enriquecieron. Que quizás no sólo influyese en el Gobierno el aspecto económico a la hora de no abandonar la neutralidad, sino también otros problemas, como el carlista, Cuba y Santo Domingo, sin olvidar la realidad de un ejército insuficiente y poco preparado para luchar en la «Gran Guerra» como el mismo Prim pensaba. En cuanto a la opinión pública, fue en general contraria a la intervención activa, condicionada tal vez por la lejanía de la zona de combate y por no vislumbrar qué beneficios podrían resultar de tal intervención.

     
  BATALLA DE IKERMANN.  
     
     
     
     
 
  TEMARIO.   GALERÍA FOTOGRÁFICA.