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DICKENS Y LA
ERA VICTORIANA
  Para Ana, que me convenció para leer 'Los papeles del club Pickwick'...

Para muchos, Charles Dickens es el más grande escritor de todos los tiempos, muy por encima de nombres tan solemnes y consagrados como Dante, Moliere, Dostoievski, Shakespeare, Balzac o Cervantes. La habilidad del escritor para mostrarnos personajes incriblemente vivos, su capacidad para retratar los males sociales de su época y su habilidad para la caricatura y el humor han determinado que una auténtica legión de seguidores mantengan tal afirmación.

Su evolución literaria le llevó del 'simple' cuento humorístico a obras donde prevalece el análisis psicológico de los personajes, análisis que se entremezcla con una gran complejidad narrativa.

En este capítulo trataremos de hablar y profundizar sobre Dickens situándolo en un periodo histórico muy determinado, la Era Victoriana.

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La era victoriana se desarrolló durante un dilatado periodo de tiempo, desde la coronación de la reina Victoria, en 1837, hasta su muerte, en 1901, fue una época de profundas transformaciones sociales que obligaron a los escritores a tomar posiciones acerca de las cuestiones más inmediatas. Así, aunque las formas de expresión románticas continuaron dominando la literatura inglesa durante casi todo el siglo, la atención de muchos escritores se dirigió, a veces apasionadamente, a cuestiones como el desarrollo de la democracia inglesa, la educación de las masas, el progreso industrial y la filosofía materialista que éste trajo consigo, y la situación de la clase trabajadora. Por otra parte, el cuestionamiento de determinadas creencias religiosas que llevaban aparejados los nuevos avances científicos, particularmente la teoría de la evolución de Charles Darwin y el estudio profundo e histórico de la Biblia, propiciaron que muchos escritores abandonaran los temas tradicionalmente literarios y comenzaran a reflexionar e incluso cuestionar sobre algunas cuestiones de fe y verdad.

En una época en donde en el Reino Unido la burguesía había triunfado plenamente, donde el sentido común empírico se había impuesto para dar respuesta a cualquier pregunta, empezó a reinar en 1837 la joven reina Victoria. Su reinado no solamente fue largo (1837-1901) sino que se convirtió en el más próspero y glorioso de la historia de la Gran Bretaña.

 

Desde 1847 había sido abolida la vieja 'Acta de Navegación' de Cromwell, esa derogación había propiciado que se liberara definitivamente el comercio marítimo inglés, ese fue el paso definitivo para el nacimiento de una Inglaterra industrial, comercial, capitalista y, como consecuencia lógica, colonialista.

El poderío británico irá desarrollándose con el tiempo, llegando a su punto culminante con la creación del Imperio de las Indias en 1878, y los dos 'jubileos' o aniversarios de 1887 y 1997. Los artífices de esta prosperidad son los grandes burgueses, individualistas y emprendedores, cuidadosos de valores como la respetabilidad, la decencia y la moral, una burguesía que cree decididamente en el poder del dinero, el uso de la fuerza y muy poco en los sentimientos.

Pero no nos engañemos, esta imagen de prosperidad y grandeza tiene su cara más amarga; la industrialización trajo para algunos riqueza y para otros muchos miseria. Esta rápida industrialización creó grandes bolsas de parados e indigentes y la posibilidad de que las clases más fuertes explotaran despiadadamente a las más débiles, puesto que no existía ninguna legislación social ni tradición humanista alguna de la industria.

El estandarte, el azote denunciador de la sociedad de su tiempo será Charles Dickens (1812-1870), un escritor que fue para su época lo que fuera Shakespeare para la suya. Se ha escrito que fue un folletinista, muy hábil y sabedor de proporcionar al lector una dosis precisa de lágrimas y sensiblerías, que fue un autor edificante que describía como nadie 'la miseria de las masas y los vicios que son su triste fruto, para atraer la compasión de los ricos hacia sus hermanos desgraciados', un escritor llorón y generoso obsesionado con la infancia, un caricaturista asombroso y un narrador nato que encuentra en la Navidad su mejor época para hacer resurgir los más puros sentimientos.

Ciertamente, este es Charles Dickens, pero también existe el literato, el escritor que toma temas prestados para mejorarlos, el aficcionado a los fantasmas y a toda una seriede poderes ocultos con lo que se divierte creando un enigma policiaco tan complicado que ni él mismo podría resolverlo, e incluso el político, como demuestra una de sus cartas, en ella podemos leer: 'En el momento presente nada hay que me irrite más y considere más alarmante que el desinterés que la gente siente hacia los asuntos públicos. No es difícil comprenderlo. Durante todos estos años de reforma parlamentaria, participaron tan poco en el juego que abandonaron las cartas malhumorados y prefirieron ser espectadores [...] Y creo que el descontento es mucho más grave porque se incuba a escondidas en lugar de llamear abiertamente, situación que se identifica por entero con el estado de ánimo que reinaba en Francia antes de estallar la primera revolución'.

   
  Charles Dickens  

Charles Dickens nació en Portsea, barrio de Portsmouth, el 7 de febrero de 1812. Su padre, John Dickens, era un administrativo de las oficinas de Pagaduría de la Armada británica. A los cinco años la familia de nuestro futuro literato se trasladó a la base naval de Chatham, fue en uno de esos paseos por su nueva localidad cuando un día, cruzando el Medway por la residencial área de Cobham Hall, observó una casa grande, rosada de grandes ventanas. Como el propio Dickens reconoció muchos años más tarde: '[...] mi padre me dijo que cuando fuera mayor, si era trabajador y ahorrativo, podría comprarme una casa como aquella' Y la profecía se cumplió, porque aquella casa que admiraba aquel niño, que no era otra que Gad´s Hill Place, cuarenta años después se convirtió en la residencia personal del propio Dickens.

En 1822, John Dickens fue trasladado de nuevo, en esta ocasión el destino fue Londres, en las oficinas del Almirantazgo, su nueva residencia era una ruinosa vivienda. La mala situación económica de la familia le obligó al joven Charles Dickens a tener que abandonar los estudios y ponerse a trabajar en un mísero almacén donde se dedicó a pegar etiquetas por seis chelines a la semana, tenía tan solo doce años de edad. Sin embargo, este esfuerzo no valió para mucho porque su padre fue encarcelado por deudas impagadas. Un nuevo mundo se abrió para nuestro muchacho.

En palabras de Rafael Abella: 'Hubo tiempos en que el naciente industrialismo daba ocupación a una población obrera en la que solo un tercio eran hombres mayores de dieciocho años. El resto eran mujeres, niños y niñas que trabajaban doce, catorce y más horas diarías en las fábricas, en las minas, siempre en ambientes lóbregos, pestilentes, en indescriptibles condiciones de inseguridad, incubando enfermedades, malformaciones y muerte'.

   
  Niño en una fábrica de betunes durante la Era Victoriana, dibujo de Fred Barnard.  

En esta época su madre y sus hermanas se trasladaron a vivir junto a la prisión de Marshalsea, en donde se encontraba recluido su padre, mientras que él se quedó solo en una buhardilla de Camden Town, alojado por unos caseros. Esta separación de su familia duró tan solo cinco meses pero le acompañó el resto de su vida.

Pero en ocasiones, cuando menos nos lo esperamos, el diablo se pone de nuestra parte, una herencia inesperada permitió a John Dickens salir de la prisión y que el joven Charles dejara su vida de penurias y volviera a la escuela. Muchos de los historiadores de Dickens han marcado este periodo como el que concienció al futuro escritor a actuar en favor de los desheredados en cuanto tuviera la ocasión y denunciar la vida y el trato que hacia aquellas miles de víctimas inocentes daba un capitalismo despiadado.

En 1827, cuando Charles solo cuenta con quince años, vuelven los apuros económicos a la familia, por lo que el muchacho se pone a trabajar como 'office boy' (botones) con un abogado. Sin embargo, un sueldo mucho más digno, le permite estudiar en su tiempo libre, orientándose ya hacia la escritura. El conocimiento de la taquigrafía le abrirá las puertas de diferentes redacciones, por lo que pronto podremos ver a nuestro personaje como reportero en los tribunales británicos.

   
  Caricatura de Dickens  

Con veinte años Charles Dickens comienza a ser un reconocido reportero del 'Morning Chronicle', y empieza a ser claramente palpable en sus crónicas la maestría de un escritor en vías de aparición. Su actividad periodística le ha permitido escribir una serie de relatos cortos que no muestra a nadie. Hasta que en el invierno de 1833 y tras mucho pensarlo presenta uno de sus cuentos en el buzón del 'Monthly Magazine'. Tras unos días de espera, nuestro hombre recibe la confirmación de que el cuento será publicado. A este siguieron otros y muy pronto su nombre empezó a ser familiar para los amantes de este género. El 'Evening Chronicle' solicita la colaboración de Dickens, así nacieron los 'Sketches by Boz', que ilustrará el gran caricaturista Georges Cruishank. El primer capítulo aparecerá el día que nuestro personaje cumple veinticuatro años.

 
     
     
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