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Universidad de Barcelona de Geografía e Historia |
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El día 12 de julio la esperanza de paz parece renacer de nuevo. En Madrid, Italia, Bélgica y el Reino Unido mantienen contactos para procurar que no estalle un conflicto. Los españoles, asustados del cariz que han tomado tomando los acontecimientos hasta esos momentos envían al general López Dominguez para que negocie el retiro de la candidatura de Leopoldo. Finalmente, y bajo fuertes presiones familiares, el candidato se resigna y renuncia al trono hispano. El día 12 la buena nueva se imprime en todos los periódicos. El rey de Prusia, Guillermo I, escribe a su mujer: "Por fin me he quitado de encima un gran peso", Napoleón III se expresa en términos similares: "Todo esto constituye para mí un gran alivio, aunque espero que el país no se sienta desilusionado...".
Sin embargo para algunos, el movimiento de España es simplemente una maniobra dilatoria: "Antes de que pasen tres meses la cuestión volverá a surgir. Lo que necesitamos son garantías" Gramont, ministro de asuntos exteriorers galo, se siente herido en su vanidad por no haber conseguido por si mismo lo que podía suponer un tremendo éxito diplomático (recordemos que varios países mediaron para que no se produjera una guerra en Europa). Entonces exige una promesa formal firmada por Guillermo I que prohiba a Leopoldo un nuevo intento de obtener el trono hispano y pide al embajador prusiano que el soberano de su país mande una carta "amistosa" al emperador francés expresándole su pesar por lo ocurrido. |
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A la izquierda el duque de Gramont, a la derecha el conde Benedetti, embajador de Francia. |
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Cuando el día 12 Bismarck regresa a Berlín y encuentra lo telegramas que le comunican la renuncia a la candidatura por parte de Leopoldo Hohenzollern, el "canciller de hierro" monta en cólera. La guerra tan laboriosamente preparada gracias al trono hispano se le escapa de las manos. Bismarck está dispuesto a presentar su dimisión al emperador pero cambia de idea y manda hasta a Ems al ministro, conde de Eulenburg, para que le pida a Guillermo I que muestre más dureza.
Sin que Bismarck lo sepa todavía los acontecimientos se van a poner de su lado, las exigencias de Gramont sobre las garantías prusianas sobre la no candidatura al trono hispano por parte de Leopoldo y la carta "amistosa" que el rey de Prusia debía de escribir a Napoleón III resultarán a la larga determinantes...
El día 13 el embajador francés vuelve a entrevistarse con el rey de Prusia, Guillermo I. En el encuentro el diplomático galo insiste que el soberano germano debe al menos telegrafiar a París para ratificar la renuncia de Leopoldo y que no le autorizará en lo sucesivo si decidiese presentar de nuevo su candidatura. El monarca le contesta: "Puedo deciros que no tengo intenciones ocultas y que éste asunto me ha traído ya preocupaciones en exceso para que no desee su solución definitiva. Podéis entretanto comunicar al emperador, vuestro soberano, lo que yo os he dicho. Conozco a mis primos, son buena gente y no faltarán a la palabra dada".
El embajador telegrafía inmediatamente a París. Se le encarga desde Francia que insista en su petición. El embajador solicita una segunda entrevista. El ayuda de campo de rey, coronel Radziwill, le informa que la cuestión está resuelta, por lo que una nueva entrevista sería inútil.
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Foto de la residencia del embajador francés en Ems. |
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Lo que el embajador galo ignoraba era que entretanto había llegado a manos de Guillermo I el informe de su embajador en París confirmándole la demanda francesa y transmitiéndole la demanda de Gramont a que enviara la carta "amistosa". El rey Prusiano consideró que aquello era excesivo y se mostró profundamente enfadado. El propio monarca confesó a uno de sus colaboradores: "¡Esto es una insolencia. Quieren que aparezca a los ojos del mundo como un pecador arrepentido!"
A las tres y cincuenta minutos, el rey, más deseoso que nunca de desentenderse del asunto y muy influido por los agentes de Bismarck, mandaba a la cancillería un telegrama, reflejo de su estado de humor, y redactado por Abeken (uno de los colaboradores del Canciller de Hierro), quien supo darle un tono todavía más irritado:
"Su Majestad me ordena comunicaros:
El conde Benedetti (embajador francés) me ha asaltado esta mañana mientras paseaba, en forma muy importuna, a fin de pedir autorización para telegrafiar inmediatamente que yo me comprometía para siempre a no dar mi consentimiento en el caso en que los Hohenzollern quisieran presentar de nuevo su candidatura. Lo rechacé un poco severamente, didiendo que yo no podía ni debía comprometer "á tout jamais" en tales asuntos. Le he comunicado, naturalmente, que no había recibido nada todavía y que como él estaba mejor informado que yo por París y por Madrid, podía darse cuenta de que mi Gobierno estaba fuera de causa.
Su Majestad ha recibido después una carta del príncipe Carlos Antonio -padre de Leopoldo- y como quisiera que Su Majestad había dicho al conde Benedetti que esperaba noticias del príncipe, ha resuelto, siguiendo el consejo del conde de Eulenburg y su propio criterio, no recibir de nuevo al conde Benedetti, sino hacerle saber a través de un ayuda de campo que Su Majestad habiendo obtenido confirmación de la noticia que Benedetti había recibido ya de París, no tenía nada más que decir al embajador".
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Manifestaciones en Francia pidiendo la guerra. |
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Ese mismo día Bismarck se reunía en su casa con algunos colaboradores. Cuando llega el telegrama de de Abeken el Canciller de Hierro se siente inmediatamente contento, lo da a conocer a los allá reunidos y se dirige al velador en donde garabatea algunas palabras en un papel. Este será el documento que la Historia bautizará como: el telegrama de Ems.
Bismarck reprodujo así para el público el texto de Abeken: "Habiendo el Gobierno español comunicado al Gobierno imperial francés la noticia de la renuncia del príncipe Leopoldo, el embajador de Francia ha pedido además a Su Majestad que le autorizara a telegrafiar a París que Su Majestad se comprometía a no dar nunca su consentimiento en el caso en que los Hohenzollern quisieran renovar su candidatura. S.M. el rey ha reusado entonces volver a recibir al embajador de Francia a quien ha hecho transmitir por medio de un ayuda de campo que S.M. no tenía nada más que comunicarle".
¿Podemos decir que este telegrama era una mentira? No, si nos atenemos a la letra; si, si juzgamos el espíritu del mismo. Se puede pecar por omisión y Bismarck lo hizo estudiando perfectamente aquello que debía callar. Abeken había escrito: "El rey ha hecho saber a M. Benedetti que no tenía nada más que decir" (nichts weiterzu sagen); Bismarck emplea la fórmula más diplomática "Nada más que comunicarle" (nichts weiter mitzutellen). No se hacia ninguna referencia al incidente del paseo, este laconismo acentuaba el modo ofensivo del comunicado.
La negativa dada por el rey a la celebración de una segunda entrevista podía explicarse por la convicción de Guillermo I, después de la recepción de la respuesta de los Hohenzollern, de que el asunto quedaba zanjado de una manera definitiva en su figura, eran a sus ministros a los que les tocaba acabar de arregalar el asunto en lo referente a las garantías. Era una pausa y no una ruptura, pero la habilidad con la que Bismarck había jugado con las palabras producía que el efecto de ofensa para Francia fuera completo.
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El ministro prusiano de la Guerra, Roon, uno de los colaboradores de Bismarck. |
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