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  Universidad de Barcelona de Geografía e Historia  

 

 
 

 

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EL TELEGRAMA DE EMS
     
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Bismarck fue, pues, el gran culpable; incluso teniendo en cuenta la insigne torpeza del Gobierno francés. En cuanto al rey, debemos considerarlo igualmente responsable en todo este asunto. Conocía perfectamente las ansias bélicas de todos sus ministros y permitió a su canciller que hiciera uso y abuso de su autorización para dar a conocer el telegrama al pueblo prusiano. Hay que decir que jamás expresó la menor queja o disgusto por la actitud de Bismarck que, en todo caso, hubiera debido de esperar la respuesta de Francia, en lugar de anunciar al mundo en brusco fin que había dado a las conversaciones de Ems.

Se le llamó en diferentes ocasiones con el apelativo de rey-caballero, pero existía también la figura del rey-soldado, el prototipo del perfecto autócrata que no pudo más que dejar escapar una vez fuera enviado el telegrama a su canciller las siguientes palabras: "¡Espero que por fin el señor Bismarck estará contento con nosotros!"

 

 

 
  La multitud se agrupa en las diferentes calles de Berlín pidiendo la guerra contra Francia.  

Cuando el canciller Bismarck hubo leído el texto retocado del telegrama a sus colaboradores, Moltke, el general victorioso de la guerra contra Austria exclamó: "¡Ahora si que suena bien! Antes era un redoble de titiriteros, ahora es como una marcha militar triunfal en respuesta a una provocación [...] Si me es dada la dicha de conducir una vez más a nuestros ejércitos en una guerra semejante, ¡que el diablo se lleve después esta vieja casaca!".

Tal como Bismarck había previsto de forma calculada y maquiavélica, el telegrama expedido en Berlín a las 11.15 de la noche, fue casi simultaneamente conocido en Ems, Berlín y París, poco después de la medianoche. Ahora solamente había que esperar la respuesta francesa, respuesta que no tardaría en darse.

En Ems, una multitud agolpada a las puertas del palacio no cesó en aclamar a Guillermo I durante horas, el pueblo, borracho con la idea de la guerra se mostraba absolutamente fanático, sus cantos se repetían una y otra vez "Nach Paris!". Mientras que esto ocurría en Prusia en Francia la situación no era mucho mejor. Las gentes en las calles cantaban una variación de la Marsellesa que incluía insultos hacia los prusianos y su rey. Los gritos de los exaltados repetían una y otra vez el grito de: "¡A Berlín, a Berlín!"

   
  Ante la presencia de Bismarck y sus colaboradores, Guillermo I abraza a su hijo al llegar a Berlín desde Ems.  

El 15 de julio, el Cuerpo legislativo francés votó los necesarios créditos militares y la llamada de los reservistas, preludio de una inminente declaración de guerra. Thiers intentó desde la tribuna de los oradores en vano hacer razonar y ver a los allí reunidos que una guerra contra Prusia podría llevar a Francia al desastre, la respuesta de los exaltados miembros de la cámara no fue otra más que el insulto: "¡Mal francés! ¡Prusiano!"

Cuando Thiers descendió de la tribuna, Emile Ollivier ocupó su lugar:

"Con el alma desolada, señores, nos resignamos a esta guerra a la cual Prusia nos arrastra. A partir de hoy empieza para mis colegas y para mí una gran responsabilidad [...] Aceptamos esta responsabilidad con el corazón ligero".

El 19 M. Lesourd enviaba a Berlín la declaración de guerra. Todo sucedía conforme al plan que Bismarck había trazado cuando envió su telegrama. Ante toda Europa, Francia era el agresor. En el Reichstag, cuando el canciller anunció a su vez la guerra, un comentarista afirmó que tenía la cara resplandeciente de alegría.

Tras la declración de guerra francesa los estados alemanes del sur se unieron inmediatamente al rey Guillermo I para formar un frente común contra Francia, cumpliendo así lo establecido en los tratados firmados con Prusia. Los franceses, a los que la guerra desde el primer momento les iba grande, sólo fueron capaces de movilizar 200.000 hombres; los alemanes, sin embargo, reclutaron en poco tiempo un ejército de unos 400.000 soldados. Todas las fuerzas alemanas se encontraban bajo el mando supremo del rey Guillermo I, que contaba con el gran estratega Helmuth von Moltke como jefe de su Estado Mayor. Tres ejércitos alemanes —comandados respectivamente por el general Karl Friedrich von Steinmetz, el príncipe Federico Carlos y el príncipe heredero Federico Guillermo, que posteriormente sucedería brevemente a su padre al frente de Prusia y del Imperio con el nombre de Federico III— se dirigieron a Francia.

   
  Declaración de guerra en el Senado francés.  

El primer combate terminó el 2 de agosto con la victoria de Francia, que expulsó a un pequeño destacamento prusiano de la ciudad de Sarrebruck (Saarbrücken), próxima a la frontera franco-alemana. Sin embargo, las tropas francesas, al frente de las cuales se encontraba Edme Patrice Maurice Mac-Mahon, fueron derrotadas en las batallas más importantes, que tuvieron lugar en Weissenburg (4 de agosto), Wörth (6 de agosto) y Spichern (6 de agosto), todas ellas en la región de Alsacia. Mac-Mahon recibió la orden de replegarse sobre Châlons-sur-Marne (en la actualidad Châlons-en-Champagne). Se decidió que Achille-François Bazaine, que estaba al mando de las tropas francesas situadas al este de la ciudad de Metz, debía permanecer en esa posición y conservarla a toda costa. Estas órdenes dejaron divididas a las fuerzas francesas, que no volvieron a reunirse ni a recuperar la libertad de acción. El 12 de agosto, Napoleón III entregó el mando supremo de los ejércitos franceses a Bazaine, que fue totalmente derrotado en las batallas de Vionville (15 de agosto) y Gravelotte (18 de agosto) y tuvo que permanecer en Metz, donde fue sitiado por dos ejércitos alemanes. Fue entonces cuando se le ordenó a Mac-Mahon liberar esta ciudad, pero fue sorprendido por los alemanes, que derrotaron a sus tropas en Beaumont el 30 de agosto, después de lo cual el militar francés decidió que su ejército se retirara a la ciudad de Sedan.

La batalla decisiva de la guerra comenzó en Sedan la mañana del 1 de septiembre de 1870. Mac-Mahon fue gravemente herido alrededor de las siete de la mañana, y el general Emmanuel Félix de Wimpffen quedó al frente de las tropas una hora y media después. La batalla se prolongó hasta las cuatro de la tarde, cuando Napoleón III, que había llegado a Sedan, asumió el mando. El Emperador francés, al tomar conciencia de la desesperada situación en que se encontraba, ordenó que se enarbolara la bandera blanca. Los términos de la rendición se negociaron durante la noche; al día siguiente, Napoleón III, junto con 83.000 hombres, capituló ante los alemanes.

Cuando las noticias llegaron a París se produjo una rebelión por las calles, se disolvió la Asamblea y se proclamó la Tercera República. Pero eso no valía absolutamente de nada para detener la guerra. En pocos días París sufría el sitio y los bombardeos de los alemanes y a sus ciudadanos no les quedó otro remedio que iniciar el 19 de enero de 1871 las negociaciones para la capitulación.

Un día antes, el 18 de enero, había tenido lugar el acontecimiento con el que culminaban los constantes esfuerzos del canciller Bismarck por llevar a cabo la unificación alemana: Guillermo I, el rey de Prusia, fue coronado emperador de Alemania en la galería de los Espejos del palacio de Versalles: había nacido el II Imperio Alemán (II Reich para la historiografía alemana).

   
  Sitio de París en la guerra franco-prusiana.  
 
 
     
                         
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