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Universidad de Barcelona de Geografía e Historia |
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HITLER, EL HOMBRE Y EL MITO |
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El llamado 'espacio vital' siempre había sido un aspecto básico en los planes de Hitler. Una raza maestra necesitaba un lugar donde vivir, un lugar donde respirar y florecer, y en la mente del Führer ese lugar estaba hacia el este, en la Unión Soviética. El 22 de junio de 1941 se inició la llamada 'Operación Barbarroja', la invasión de Rusia por parte del ejército nazi; el ataque militar más grande de la historia. El historiador M.R. Foot ha escrito al respecto: 'Hitler sabía que no era inmortal pero pensaba que si poblaba toda la zona central y oriental de Europa con hombres y mujeres nórdicos de cabellos rubios y ojos azules lo habría conseguido, en espíritu sería inmortal'
Muchos ucranianos recibieron a las tropas de Hitler como auténticos libertadores de la dictadura soviética de Stalin, pero el Führer veía las cosas de otra manera, para él los eslavos eran 'infrahumanos', por lo que decretó que debían de ser tratados con infrahumana dureza.
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Un testigo directo de las atrocidades nazis con el pueblo ucraniano explicaba lo siguiente en una entrevista concedida a la BBC: 'Los alemanes nos llevaron a un cobertizo para celebrar una asamblea, una vez todos dentro lo rodearon con fardos de paja, lo rociaron con gasolina y lo prendieron fuego. Cuando el cobertizo comenzó a incendiarse las llamas se extendieron por doquier, algunos de los hombres consiguieron tirar las puertas abajo, pero los alemanes comenzaron a disparar contra todos los que huíamos. Aquel día fueron asesinadas 149 personas, entre ellas 76 niños... Yo no se como pude escapar, supongo que no era mi hora...'
El general soviético Vassily Petrenko, libertador del Campo de Auschwitz explicó en una entrevista después de la guerra: 'Cuando fui a la guerra contra los alemanes no tenía ni idea de lo crueles que podían ser. Eran verdugos y no soldados'.
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Tras entrar a sangre y fuego en Rusia las tropas de Hitler avanzaron por los mismos históricos caminos por los que habían avanzado las tropas de Napoleón 130 años antes. Los soviéticos, soprendidos por la ofensiva germana, apenas lograron oponer resistencia.
Sin embargo, Hitler no contó con el factor climatológico; aquel fue el invierno más duro de los últimos 40 años. Y Alemania, con un ejército enteramente mecanizado vio como sus tropas quedaron atrapadas a temperaturas polares. A 20 grados bajo cero los vehículos motorizados de los nazis no podían avanzar en la nieve y pese a que el ejército alemán resistió bravamente, aquello fue el principio del fin.
Haciendo caso omiso de las súplicas de sus generales, Hitler se obstinó imprudentemente que sus hombres siguieran combatiendo.
En agosto de 1942, el VI Ejército alemán, a las órdenes del general Friedrich von Paulus, avanzó hacia Stalingrado, iniciando un periodo de encarnizados enfrentamientos callejeros, al intentar expulsar a las tropas rusas de la ciudad. En noviembre, las fuerzas rumanas que defendían la ruta de suministros alemana a Stalingrado fueron aplastadas por el Ejército Rojo , y Paulus y sus tropas, compuestas por 200.000 soldados, quedaron sitiados en Stalingrado. Los soviéticos emprendieron una contraofensiva en la ciudad. El dictador alemán Adolf Hitler ordenó a Paulus que resistiera, después de que Hermann Wilhelm Goering le asegurara que la Luftwaffe (Fuerzas Aéreas alemanas) podía abastecer correctamente al VI Ejército desde el aire. Hitler ordenó al mariscal de campo Fritz Erich von Manstein socorrer a Von Paulus. Sin embargo, la Luftwaffe sólo pudo hacer llegar al VI Ejército una pequeña parte de los suministros, al mismo tiempo que el avance de las tropas de Manstein era bloqueado por el Ejército Rojo. Tras sufrir innumerables bajas y un sinfín de dificultades, Von Paulus se rindió el 1 de febrero de 1943 al alto mando soviético.
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Al igual que Napoleón, el destino de Hitler quedó escrito en el duro y gélido invierno de la Unión Soviética pero, las cuestiones militares no era el único tema que ocupaba la mente del Führer.
Ya en el verano de 1941, con la atención puesta en la batalla contra la Unión Soviética, se iniciaron los preparativos para encontrar una 'solución final' al problema judío. El líder de las SS, Himmler recibió la orden de iniciar una operación que se convertiría en el crimen más bochornoso de la historia de la humanidad.
¿Qué hacer con los judíos? Desde que llegó al poder en 1933 Hitler estaba obsesionado con esta cuestión. Ahora que su 'Imperio' se había expandido por la conquista de una serie de países con una numerosa población judía este interrogante le preocupaba cada vez más.
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El doctor Werner Koeppen, excolaborador del partido nazi, confesó en una entrevista años después de haber acabado la guerra: 'Por supuesto que el problema de los judíos estaba en boca de todos. Se decía que había que acabar con todos los judíos, eso era algo que se escuchaba constantemente. Pero no había una orden escrita de llevar a cabo la 'solución final' respecto al pueblo judío'.
En un principio los judíos eran detenidos y deportados a las ciudades del este de Europa, donde permanecían recluidos en ghetos y vigilados por guardías armados. Las condiciones de vida en estos confinamientos eran horrendas y los asesinatos aleatorios estaban a la orden del día.
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Una vez tomada la decisión de acabar con los judíos, los gitanos, los eslavos y otros seres considerados inferiores por los nazis, esta serie de personas comenzó a ser transportada regularmente hacia el este como ganado para ser concentrados en inmensos campos de extermino.
Los primeros seleccionados para ser eliminados en las cámaras fueron las mujeres, los niños y los ancianos. Los hombres en buen estado fueron destinados a trabajos forzados, pero cuando dejaron de ser útiles ellos también fueron conducidos a la muerte.
Un superviviente de uno de los campos explicó en una entrevista realizada años después: 'El olor de la carne humana es el horror más horrendo que se puede experimentar y los hornos crematorios funcionaban día y noche. Todos nosotros, y yo mismo, deciamos que si deseábamos sobrevivir era solo por una razón, para ver a Hitler destruido por su propia maquinaria. Tan solo vivíamos para eso...'
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Hce algunos años surgió el mito de que Hitler no sabía nada de estas atrocidades. ¿Puede esta teoría tenerse en cuenta? En enero de 1939 el Führer amenazó publicamente con aniquilar a todos los judíos, declaró que: '[...] si los financieros internacionales judíos consiguen provocar otra guerra mundial el resultado no será una victoria a los ojos del mundo sino la destrucción de la escoria judía de Alemania'.
Todavía hay algunos historiadores que insisten en asegurar que Hitler no sabía nada en absoluto sobre los campos de concentración. Ciertamente, revisados los documentos nazis después de la guerra, es imposible encontrar un renglón que pruebe que el Führer conociera un campo de concentración como el de Auschwitz.
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Sin embargo, este tipo de reconocimiento escrito no era nada infrecuente en la Alemania nazi. Hitler y su equipo se comunicaban frecuentemente con términos eufemísticos ocultando sus verdaderas intenciones; vocablos como 'liquidación' o 'exterminio' no se empleaban nunca. La continua masacre era citada como 'la solución final'.
El historiador Gordon A. Craig aseguró en uno de sus escritos: 'Se han dicho muchas sandeces en buena parte de la literatura dedicada a la Segunda Guerra Mundial. Desde luego es un hecho de que nadie va a encontrar un papel firmado por Hitler en el que ponga que hay que matar a los judíos, pero hay suficientes declaraciones públicas del Führer que demuestran que él fue el autor'.
Muchas han sido las teorías que han tratado de explicar el odio de Adolf Hitler hacia los judíos. Existe una opinión -de las más absurdas- que habla que ese odio profundamente enraizado era realmente hacia sí mismo. Esa teoría afirma que el Führer estaba convencido que su padre era el hijo ilegítimo de un judío y eso significaba que su rígido progenitor le habría infectado de sangre judía, y aquello era algo que Adolf Hitler no podía tolerar.
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Para demostrar la inconsistencia de esta teoría tan solo debemos consultar el libro de 'Mi Lucha', en donde el propio Führer confiesa que en su niñez: 'En la Realschule conocí a un muchacho judío, a quien tratábamos todos con muchas consideraciones...' De lo que deducimos que en su infancia Hitler no sentía ningún desprecio por los miembros a los que persiguió después. Su odio, como hemos explicado con anterioridad, nació en Viena, cuando su padre ya llevaba muchos años muerto.
Pero sea cual fuese la raiz de su odio asesino hacia una serie de inocentes, la verdad es que la masacre sistemática de hombres, mujeres y niños continuó incesantemente día tras día durante más de tres años.
Y mientras esto ocurría en los territorios del este, Hitler entretenía a sus invitados en su mansión y planeaba su siguiente estratégia.
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