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Universidad de Barcelona de Geografía e Historia |
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EL DÍA DE DIFUNTOS |
Como respuesta al famoso Halloween norteamericano (fiesta que incluye todo tipo de 'marketing', incluso hasta una saga de películas y sus correspondientes 'remakes'), celebración adoptada por los estadounidenses de los irlandeses que emigraron al Nuevo Continente, hemos querido apuntar, aunque sea timidamente, la tradicional fiesta de difuntos que, aunque no tan colorida como el Halloween, también pensamos que tiene su importancia...
Hemos incluido como colofón de este artículo uno de los mejores cuentos/narración que hemos encontrado sobre este tema, se trata de EL MONTE DE LAS ÁNIMAS de Gustavo Adolfo Bécquer.
¡Escuchad!, parece que se ha puesto nuevamente a llover, el viento agita los árboles allá afuera y en la lejanía se escuchan las campanas provenientes de la vieja ermita, tañen a difuntos. Acomodaos junto al fuego en el más confortable de vuestros sillones. ¡No salgais esta noche, por nada del mundo abandoneis vuestros refugios! Las próximas horas corresponden a los muertos... |
Las ceremonias relacionadas con la muerte se nos han presentado, desde siempre, de una forma bastante desconcertante dependiendo de la cultura que estudiáramos. Estas prácticas, estrechamente relacionadas con las creencias religiosas sobre la naturaleza de la muerte y la existencia de una vida después de ella, implican importantes funciones psicológicas, sociológicas y simbólicas para los miembros de una colectividad. Así, el estudio del tratamiento que se dispensa a los muertos en cada cultura proporciona una mejor comprensión de su visión de la vida, la muerte y de la propia naturaleza humana. Los rituales y costumbres funerarias tienen que ver no sólo con la preparación y despedida del cadáver, sino con toda una serie de ritos posteriores a la muerte.
La práctica de rezar a los muertos es sumamente antigua, la podemos encontrar en cualquiera de las más viejas civilizaciones que el mundo ha conocido. En Egipto, por ejemplo, el famoso ‘Libro de los muertos’ no era más que una amplia colección de textos funerarios de varias épocas que contenían una serie de fórmulas mágicas, himnos y oraciones que debían de proteger el alma del difunto (Ka), durante su viaje a la región de los muertos. El conocimiento de estos textos permitía al alma de protegerse de los demonios que trataban de que el sujeto se perdiera antes de presentarse ante Osiris (dios de los muertos).
El historiador Arnaut Margot nos señala en su ‘Historia de los mitos griegos’: “En los santuarios y en los templos, en los que las ofrendas destinadas a los dioses se acumulaban a los pies de las estatuas el culto lo realizaban numerosos sacerdotes. Algunas de estas ceremonias eran secretas, reservadas a los iniciados, según la tradición cretense de la preparación en la tierra para una vida de ultratumba. A los muertos siempre se les inhumaba y eran objeto de atenciones especiales”.
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Osiris y Anubis en una representación funeraria |
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Si nos adentráramos en las sociedades precolombinas de América, podríamos comprobar que la muerte era un acontecimiento extremadamente ritualizado, lo que obligaba a ceremonias de todo tipo, acompañadas de todo tipo de ofrendas, alimentos y objetos de acompañamiento y regalos de mucha utilidad durante el largo viaje que se iniciaba tras la muerte. Entre los mayas se había diferentes tipos de enterramiento, estos variaban según la clase y categoría del muerto. La gente ordinaria se enterraba bajo el piso de la casa (cerca de los familiares y formando parte de su vida), pero los nobles solían ser incinerados y sobre sus tumbas se erigían templos funerarios. Por su parte, los aztecas, que creían en la existencia de paraísos e infiernos, preparaban a los difuntos para un largo y tortuoso camino lleno de dificultades. Los difuntos tenían que pelear para poder llegar al final y ofrecer obsequios y regalos al señor de los muertos, que decidía su destino final.
En las sociedades occidentales modernas los rituales funerarios son más complejos y se componen de velatorios, procesiones, tañido de campanas, celebración de un rito religioso y lectura de un panegírico (más toda una serie de recordatorios anuales). En los funerales militares a menudo se realizan saludos especiales con salvas en honor del fallecido, estas salvas están relacionadas con viejos ritos; se pensaba que en el momento de la despedida del cadáver toda una serie de diablos y seres de ultratumba se acercaban al difunto son la intención de llevar su alma, por esa razón las antiguas civilizaciones disparaban flechas y lanzas al aire para ahuyentar a los malos espiritus. Esa tradición se ha reconvertido actualmente en los disparos al ire o salvas. Algunas culturas tienen establecido un periodo de reclusión para la familia. La tradición judía, por ejemplo, fija un periodo de siete días de reclusión (shivah) después del funeral de un familiar próximo.
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'El beso de la muerte', cementerio de Poble Nou (Barcelona) |
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El deseo de mantener viva la memoria del difunto ha dado lugar a muchos tipos de actos, como la conservación de unas partes del cuerpo como 'reliquias' (muy típicas en el universo de la religión católica), la construcción de mausoleos (o de todo tipo de esculturas o monumentos), la lectura de elegías y la inscripción de un epitafio o recordatorio en la tumba.
Los antropólogos, en general, han apuntado que, a pesar de la gran variación de prácticas funerarias, siempre persisten cuatro elementos simbólicos determinantes. El primer simbolismo a señalar es el del color. Ciertamente no podríamos decir que el color negro y la muerte se asocian de una manera universal (hay lugares en los que el color del luto es el blanco), pero debemos señalar que su uso para representar la muerte está ampliamente difundido. Un segundo elemento es el cabello de los familiares, que puede estar rapado o, por el contrario, largo y desordenado en señal de duelo. Un tercer elemento son las actividades ruidosas con golpes de tambor o cualquier otro instrumento (pueden ser las campanas de una iglesia). Finalmente, y como cuarto elemento, está en el uso de algunas prácticas mundanas en la procesión con el cadáver.
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Cementerio de Poble Nou (Barcelona) |
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Todos los rituales de la muerte se observa mucho mejor en los funerales de los reyes o gobernantes, funerales en los que suele participar todo el país. Este no es un fenómeno nuevo, ya en Egipto era cotidiano rendir culto al faraón en su muerte y dado que éste era el símbolo de la autoridad espiritual y temporal, la participación de sus sucesores en los rituales funerarios proporcionaba una sensación de continuidad. En Tailandia, después de la cremación del monarca, el nuevo rey y los miembros de la familia real tradicionalmente buscaban entre las cenizas fragmentos de huesos. Estas reliquias se convertían en objetos de culto que, de forma indirecta, significaban la continuidad de la presencia y autoridad del monarca fallecido. En sociedades tan diversas como las de España, Inglaterra o la Francia del siglo XVIII los ritos funerarios de los reyes estaban relacionados con ideas del orden político y de la continuidad de la autoridad. |
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