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Universidad de Barcelona de Geografía e Historia |
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EL DÍA DE DIFUNTOS |
Para la Iglesia Católica el día 2 de noviembre es la llamada Conmemoración de los Fieles Difuntos, aunque popularmente es conocido por el Día de Difuntos (y en algunas partes de Hispanoamérica como 'El Día de los Muertos'). El objetivo de esta festividad es el recordar y orar por el alma de todos aquellos que acabron su vida terrena y que ahora se encuentran en 'otro plano'. Es la época en la que se visitan los cementerios, se comprueba que nichos, tumbas y panteones se encuentran presentables y se reza por el espiritu de los que ya no están con nosotros, aunque solamente sea para desmentir las palabras del poeta que aseguraban: "¡Dios mio, que solos se quedan los muertos!".
Como hemos visto, la práctica de rezar a nuestros muertos es una constante en la historia de la humanidad. Sin embargo, en el rito judio-cristiano aparece perfectamente definido en el Segundo Libro de los Macabeos (en el Antiguo Testamento), dice así: "[...] Obró con gran rectitud y nobleza, pensando en la resurrección. Si no hubiera esperado la resurrección de los caídos, habría sido inútil y ridículo rezar por los muertos. Pero considerando que a los que habían muerto piadosamente les estaba reservado un magnífo premio, la ideas es santa y piadosa. Por eso hizo una expiación por los caídos, para que fueran liberados del pecado". Aquí se va a producir una idea constante dentro de la religión judeo-cristiana (idea que comunmente puede observarse en otras muchas religiones). Es el binomio que forman muertos y vivos a un mismo tiempo aunque en diferente plano. Los vivos pueden ayudar, a base de rezos y sacrificios, a que los difuntos alcancen el 'paraiso'. Los muertos, por su parte, gracias a la intercesión, pueden ayudar a los vivos a que consigan algunos de sus objetivos en este plano.
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Cementerio de Poble Nou (Barcelona) |
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La Roma pagana observaba el fin del año el 21 de febrero con una fiesta llamada Feralia, para darle descanso y paz a los difuntos. Se rezaba y hacían sacrificios por ellos. Con la cristianización del imperio, los papas pudieron remplazar las prácticas paganas. Sabemos que los monjes benedictinos, aquellos que revilitarizaron la vida monástica occidental, habían fijado en el siglo VI un día al año especialmente dedicado a orar por los difuntos, ese día se situaba inmediatamente después al de Pentecostés (séptimo domingo después de Pascua). Pero los benedictinos no fueron los únicos en reservar una jornada a los ritos por los difuntos y sabemos que en los tiempos de San Isidoro (560-636) había una celebración similar el sábado anterior al sexagésimo día antes del Domingo de Ramos.
Sabemos que en el año 980, en el Monasterio de Cluny (situado en el sur de Francia, en la región de Borgoña), comenzó a rezar por el alma de los fallecidos el 2 de noviembre (aunque a ciencia cierta la razón es todavía un misterio). Desde este punto fue extendiéndose a otras congregaciones de benedictinos, para saltar posteriormente a los cartujos. Sabemos que la Diócesis de Lieja adoptó esta fecha sobre el año 1000, en Milán se adoptó en el siglo XII. Finalmente, siguiendo la corriente iniciada por los benedictinos, la Santa Sede de Roma acabó aceptando el 2 de noviembre como la fecha en que la Iglesia Católica celebraría esta fiesta.
Hubiera día de difuntos o no lo hubiera, lo cierto es que desde los tiempos de San Gregorio (hacia el año 600) se había popularizado mucho en la Iglesia Católica la costumbre de ofrecer misas por el descanso de las almas.Contaremos ahora una supuesta anécdota que se atribuye al santo; le preguntó una persona en una ocasión: "¿Cuánto rezarán por mí cuando yo me haya muerto?", y él le respondió: "Eso depende de cuánto rezas tú por los difuntos. Porque el evangelio dice que la medida que cada uno emplea para dar a los demás, esa medida se empleará para darle a él".
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Cementerio de Poble Nou (Barcelona) |
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Sea como fuere, es innegable que esta 'festividad' cuenta con un gran arraigo ancestral en todo el estado español. Y ahora, como demostración, vamos a por unos cuantos 'cuentos de viejas', empezaremos señalando la que nos dice que hay partes de Castilla-León donde se recomienda a los vivos que no salgan a la calle la noche del 2 ya que pertenece a los espíritus, y éstos 'atacan' a todos los que se atreven a salir. Es tradición, también en esa zona, comenzar una novena varias jornadas antes del 2 de noviembre para que concluirla ese día 2, haciendo los últimos rezos de la novena en el cementerio.
Sin salir de Castilla-León, en Zamora continua todavía la tradicional 'procesión de las ánimas', en la que la cofradía del mismo nombre desfila la noche del 2 de noviembre por las calles del cementerio mientras se reza el rosario a la luz de las velas. En Alicante hay una costumbre que consiste en poner velas encendidas en las casas durante los días previos a la noche de Difuntos, para que las almas encuentren su camino, algo similar se da en algunos puntos de Cataluña. Ese día, en Galicia, la tradición dice que las ánimas asisten a las misas de Difuntos que se celebran en las parroquias.
En Tajuelo, provincia de Soria, al anochecer del día 1 de noviembre, se lleva a cabo el 'Ritual de las Ánimas'. El toque de muertos de las campanas acompaña al vecindario durante todo el proceso. Hay tres grupos: casados, solteros y resto de población. Los dos primeros grupos son los protagonistas principales puesto que son los encargados de ir cantando, salteándose las estrofas, el llamado 'Cántico de las Ánimas' que leen a la luz de las velas en cuatro enclaves de la localidad. Al terminar cada Cántico todos rezan un padrenuestro que inicia el párroco, rezo en el que son acompañados por el tercer grupo que presencia a unos metros a los dos coros y que portan sobre las manos velas protegidas por botes, calabazas o cacharros de barro agujereados. Al término de cada Cántico resuena por tres veces la campanilla y al finalizar el ritual, el sacristán reparte bollería y vino entre los asistentes.
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Cementerio de Poble Nou (Barcelona) |
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Como suele ocurrir casi siempre en el Estado español, las celebraciones, por muy religiosas o profanas que sean, vienen acompañadas, en todo caso, de un completo universo gastronómico: huesos de santo y buñuelos (en toda España), postre de gachas (en Jaén), castañas asadas (en Galicia y Castilla), arrope y calabazate (en Murcia), rosquillas de anís y patatas asadas (en Salamanca), arroz y talladetes (en Alicante), borrachillos (en Andalucía), panallets, castañas y vino dulce (en Cataluña) y Rosaris (en Mallorca) son sólo algunos ejemplos. |
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