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  Universidad de Barcelona de Geografía e Historia  

 

 
 

 

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LÍDICE
 
 
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La sombra de la cruz gamada nazi extendió por toda Europa, y en especial la del este, una auténtica ola de terror. En el capítulo de hoy hemos tratado el triste tema de la población de Lídice, en la antigua Checoslovaquía. El ejemplo más cruel de la represión y crueldad ejercida por el régimen de Adolf Hitler contra una indefensa población civil.

 
     
     
     

Los alemanes en sus conquistas no trataron de ganarse el apoyo o favor de los pueblos invadidos, prefiriendo dasarrollar una política de represión y violencia. Los países del Este de Europa sufrieron de forma meticulosa toda esa política de intimidación nazi que les confería el considerarse una raza superior. Casi podríamos señalar sin temor a equivocarnos que los países del este bajo dominio alemán se habían convertido en una inmensa prisión.

La represión se convirtió en la forma habitual de aplastar cualquier intento de resitencia hacia el llamado 'nuevo orden' establecido por los nazis. Así, por un soldado alemán muerto por los guerrilleros se podía acabar con la vida de diez, veinte e incluso cien ciudadanos civiles inocentes.

El primer caso conocido en el mundo occidental donde los nazis aplicaron esta cruel fórmula de venganza fue en el pueblo de Lídice, en la antigua Checoslovaquía. Su historia es el ejemplo de otros muchos 'Lídices' que se encontaron allá hasta donde las tropas de Hitler llegaron.

 
 
     

La pequeña población de Lídice entró en la historia en el verano de 1942, cuando los nazis, en represalia, destruyeron el pueblo, fusilaron a todos sus hombres y deportaron a todas las mujeres y niños. Lídice contaba con unos quinientos habitantes y un centenar de casas dominadas por el campanario de la pequeña iglesia de San Martino, allá por la Bohemia occidental. La población se enclavaba en el distrito minero de Kladno, a tan solo 16 kilómetros de Praga y se extendía entre campos y bosques sobre una zona de 479 hectáreas.

La furia de la maquinaria nazi de desató contra esta población una semana después del asesinato del hombre más temido y odiado de Checoslovaquia, el 'Obergruppenführer' (grado equivalente a teniente general) Reinhard Heydrich, de treinta y ocho años, 'Reichsprotektor' de Bohemia y Moravia y subjefe del RSHA, 'Negociado central para la seguridad del Estado', que reunía todas las policías alemanas, desde el SD hasta la Gestapo. El 27 de mayo de 1942 Heydrich fue herido de gravedad por una granada de mano en Praga por dos jóvenes del Ejército Libre Checoslovaco; Jan Kubis y Josef Gabcik -ambos formados en Gran Bretaña y lanzados en paracaidas por la RAF-. Aunque Heydrich no había muerto inmediatamente, las heridas producidas por la metralla acabaron con su vida el 4 de junio de 1942.

 
   
     

Las represalias ordenadas desde Berlín no tuvieron precedente. Solo en Checoslovaquia, según el sucesor accidental de Heydrich, Kurt Daluege, fueron fusiladas 1.331 personas y 3.000 judíoa checos fueron inmediatamente deportados, de los que no sobrevivió ni uno de ellos.

Por voluntad del Secretario de Estado de Bohemia y Moravia, Karl Hermann Frank, la venganza nazi golpeó al azar y llegó hasta Lídice. Según el anuncio oficial alemán: '[...] durante las investigaciones de los asesinos del general Heydrich se ha comprobado que la población de esta aldea ha apoyado y ayudado a los culpables y ha cometido otros actos de hostilidad como el de tener un depósito clandestino de municiones y de armas y una emisora clandestina, y de haber acaparado una cantidad enorme de productos racionado. [por consiguiente...] los varones adultos han sido fusilados, las mujeres deportadas a campos de concentración y los niños sometidos al cuidado educativo necesario. Los edificios del municipio han sido arrasados completamente y el nombre del municipio cancelado'.

Pero la realidad en Lídice era totalmente diferente, ninguno de los habitantes sabía nada de paracaidistas lanzados por la RAF con el objetivo de matar a Heydrich, no había radios clandestinas y menos grandes cantidades de productos racionados.

 
   
     

La verdadera razón que motivó toda aquella explosión de odio y crueldad por parte del ejército nazi debemos de buscarlas en la imposibilidad de encontrar rápidamente a los responsables del atentado (hasta el 18 de junio no fueron encontrados, en Praga). Hasta ese momento cualquier indicio que pudiera oler a 'colaboracionismo' desencadenó las más tremendas represalias.

La investigación sobre 'Lídice' empezó con una simple carta. Un ciudadano llamado Frantisek Pàla, colaboracionista convencido del ejército alemán, encontró a una de sus empleadas una misiva que podía hacer pensar que la mujer conociera a uno de los paracaidistas.. Nuestro hombre no tardó en poner en conocimiento de las autoridades la carta. La Gestapo llamó inmediatamente a la trabajadora y ésta acabó por confesar que había hablado con un estraño y éste le había pedido llevar a la familia Horak de Lidice los saludos de un tal Pepik. Los alemanes investigaron y descubrieron que, efectivamente, había una familia Horak en Lídice y que ésta tenía un hijo llamado Pepik quién, con toda probabilidad, había marchado clandestinamente al Reino Unido con un amigo llamado Jan Stribrny (del cercano pueblo de Càbarna) para alistarse en el Ejército Libre Checoslovaco.

La maquinaria nazi se puso inmediatamente en funcionamiento y la Gestapo arrestó inmediatamente a las familias Horak y Stribrny, junto con todos los hombres de los dos pueblos, para llevarlos hasta Kladno e interrogarlos.

De los interrogatorios efectuados se comunicó que se había podido averiguar que a la persona que vio la trabajadora de Frantisek Pàla era Vaclav Riha, quien se había encontado en el bosque con Pepik Horak y éste le había pedido que llevara un recado de saludo a su familia. Pero esto no fue más que una justificación para la matanza, ya que sabemos que ningún Horak había sido lanzado en paracaidas en Checoslovaquia con el grupo de asaltantes de Heydrich.

 
   
     
La Gestapo decidió que tanto la trabajadora como Vaclav Riha fueran deportados de forma inmediata a un campo de concentración y ejecutados inmeditamente. Mientras tanto, llegaron hasta Kladno dos funcionarios de la policía alemana quienes comunicaron a Karl Hermann Frank que el propio Hitler había decidido fusilar a la población masculina de Lídice y arrasar hasta el suelo el pueblo.
 
                         
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