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Universidad de Barcelona de Geografía e Historia |
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LOCOS EN LA HISTORIA 2 |
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Nuestro siguiente personaje es el ínclito Adolf Hitler. Posiblemente al mundo le hubiera ido bastante mejor si hubiera conseguido la tan ansiada beca de pintura que el buscaba. Pues, caso que el lector lo desconozca, esta era la auténtica vocación del que llegara a ser jefe de Tercer Reich, y para que a nadie le quepa la menor duda de las cualidades artísticas de nuestro personaje hemos decidido añadir en este capítulo una de las obras del dictador alemán, se trata de una acuarela realizada durante el tiempo que estuvo en Viena. |
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Aunque Hitler siempre se vio a sí mismo como un artista estaba obsesionado por su deber: Adolf Hitler Pölzl tenía como misión historia el devolver la grandeza a Alemania y acabar con los judíos, aquellos que según él más la hacian peligrar. Lo paradójico del caso es que vivió atormentado pensando que una parte de su sangre pudiera muy bien ser semita (aunque el parecer este último término nunca llegó a ser comprobado)
Hitler nació en Austria y no en Alemania, su aspecto físico distaba mucho con el del hombre rubio, alto y poderoso que el pretendía formar para su pueblo, pero este no deja de ser un anacronismo más en su vida porque. todo aquello que el Reich, su Reich persiguió (vagabundos o gente de mal vivir), él lo prácticó de joven, cuando malvendía sus cuadros por la calle, comía cuando podía y dormía entre los mendigos de la ciudad.
Posiblemente la Primera Guerra Mundial le sacó del atolladero. En su libro "Mein Kampf" Hitler escribe que salió de Austria para Munich ya que los Habsburgo (dinastía reinante en Austria en ese momento) impedían el desarrollo de los "verdaderos alemanes". Apenas estalla el conflicto se ofrece voluntario bajo las banderas del rey Luis III de Baviera, en esta etapa conocerá a otro soldado, un compañero llamado Rudolf Hess.
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Hitler fue ascendido a cabo de enlaces el 1 de noviembre de 1914, es condecorado con la Cruz de Hierro de Segunda Clase el 2 de septiembre siguiente (y no es poca cosa para un austriaco que presta servicio en una unidad alemana). El 5 de octubre de 1916 es herido en la batalla del Somme por metralla de obús. Vuelto al frente antes de tiempo por petición propia, recibe en mayo de 1918 un diploma de "bravura excepcional" y el 4 de agosto, la Cruz de Hierro de Primera Clase. El 16 de octubre, en Ypres, Hitler fue alcanzado en los ojos por el gas. Para él se terminó la guerra. El final del conflicto, la huida del kaiser a Holanda y el derrumbamiento de Alemania le sorprendió en el Hospital: "Creció en mí el odio a los responsables de la situación. ¡Miserables, criminales, degenerados! Supe entonces cuál era mi destino. Decicí entrar en política".
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En esta foto de la derecha, correspondiente a la Primera Guerra Mundial podemos reconocer al cabo Adolf Hitler, es el que se encuentra a la izquierada y lleva casco.
Un año después de haber acabado el conflicto y mientras trabajaba en Munich como informador del Ejército, Hitler se afilia a una de las tantas formaciones políticas que existían en el momento, el Partido de Trabajadores Alemanes.
Su imparable escalada política dentro de Alemania no es tema de estudio para este apartado, aunque sin duda tarde o temprano tendremos que tocarlo profundamente en VADEHISTORIA.
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Cuando finalmente asume el mando absoluto del país su palabra se convierte en la de Dios, pasó de denominarse FÜHRER, guía o conductor, un calificativo absolutamente eficaz ideado por su lugarteniente, su antiguo compañero de armas Rudolf Hess.
No hay duda que Hitler tenía una tremenda capacidad oratoria y que supo aprovechar perfectamente la situación de Alemania tras la Primera Guerra Mundial. El supo decir lo que el pueblo quería escuchar y aprovechando la vía democrática consiguió el poder (democracía con la que acabó en cuanto pudo). "Mein Kampf" (Mi lucha), es su libro más representativo, lleno de resentimiento y antisemitismo, en la que postuló una Alemania fuerte y temida. Sus delirios de grandeza, su prepotencia le llevaron a iniciar una nueva guerra. Invade Polonia, Francia, los Píses Bajos, Noruega... uno tras otro fueron pasando a su poder los principales países de Europa, y así seguira hasta el hundimiento final, cuando Alemania pierde la guerra y se suicida en 1945.
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De Hitler sabemos perfectamente que sufrió de Parkinson y se ha querido relacionar esta dolencia con los cambios en la táctica alemana en la última etapa de la guerra. Basta con ver la película "El hundimiento" para constatarlo. Desde 1942 Hitler se volvió reservado y fue perdiendo poco a poco su contacto con la realidad. Los dos últimos años los pasó intoxicado de fármacos.
Muchos médicos han calificado a Hitler de psicópata paranoide con un marcado acento masoquista. Como bien es sabido cualquier masoquista tiene unos marcados rasgos sádicos, pues todo masoquista proyecta ese dolor propio en el resto de las perosonas, y sobre todo, en aquellas que odia.
Alejandra Feodorovna y el campesino siberiano Grigori Rasputín son nuestros siguientes protagonistas en esta sección. Alis, nombre que recibía la zarina por parte de sus más íntimos y su "amigo iluminado" son claros ejemplos de psicopatía y psicoso, respectivamente. Vallejo-Nágera señala: "Los psicópatas como Alejandra se empeñan en que tienen razón y no suelen admitir opiniones distintas a la suya, su conducta resulta extraña, antisocial y despegada de su contexto".
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Más allá de su figura histórica los entendidos consideran a Rasputín un loco en toda regla. La hemofilia del hijo del zar y sucesor, Alexi, y la imposibilidad de encontrar un remedio médico que solucionara el problema abrió las puertas a las medidas desesperadas... y esas medidas se llamaron Rasputín. La pareja real buscó en las extrañas oraciones de este "monje" la salvación de su hijo. La zarina estaba convencida de que era el elegido por Dios para salvar a su pequeño, una obstinación que acabó con la vida de toda la familia Imperial y de la monarquía en Rusia.
Rasputín se consideraba un sumo sacerdote pero nunca quiso formalizar su entrada en la iglesia ortodoxa para no someterse a las dogmas. Se jactaba entre sus amistades: "El zar se cree que soy Cristo reencarnado, los emperadores se inclinan ante mí y me besan las manos". Su poder llegó a ser tan grande que un grupo de aristócratas decidieron darle muerte.
Para nuestro próximo personaje tenemos que llegarnos hasta la Hungría del siglo XVI. Es la historia de una mujer, miembro de una de las familias más poderosas del país y sobrina directa del rey de Polonia. Poco después de su boda con el conde Ferencz Nádasky, uno de los aristócratas más cultos y refinados de Hungría, Erzsébet Báthory, que así se llama nuestro nuevo personaje, muestra claros síntomas de narcisismo patológico. "La joven debuta como alguien hambriento de halago y admiración constantes; se hace adicta a la exhibición, a la grandiosidad, y en ella se moldea un egocentrismo exacerbado". Los nobles del país, ansiosos a que sus hijas alcanzaran la clase que Báthory parecía mostrar, no dudaron en enviarla a sus hijas para que fuera su preceptora. Pero pronto surgen las murmuraciones sobre la desaparición de muchachas, los aldeanos hablan de gritos desagarrados que se escuchan procedentes del castillo y hay cubos de sangre que ven tirar a sus criadas al río. Finalmente, las quejas llegan hasta el regente, el rey Matías, que comienza una seria investigación para desvelar el misterio
Europa nunca ha estado a salvo de estos excesos. En 1861, se guillotinó en Francia a un tal Bellenot, que había matado a su mujer para beberse su sangre; le habían convencido que era un remedio muy eficaz para combatir la epilépsia. Más recientemente, un curandero español llamado Francisco Leona, degolló en 1910 a un niño, cuya sangre hizo beber a un cliente tuberculoso. Ni que decir tiene que cuando fue apresado por la justicia española la ejecucicón fue inmediata. ¿Y qué es lo que une estas dos muertes a la condesa Báthory? Les une la sangre pero les separa la formación porque, mientras los dos villanos ajusticiados eran fruto de la era de la superstición, Erzsébet Báthory, era una persona ilustrada que nunca hubiera tenido que caer en esos menesteres.
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Nadie lo sabe con seguridad, pero lo cierto es que, al poco de casarse, cuando todavía no había nacido su primera hija, la condesa saciaba sus enojos castigando a las sirvientas con una barbarie desmesurada. Vallejo-Nágera confirma los baños de sangre a los que se somete la condesa para recuperar la juventud, aunque afirma que no se producen hasta el año de la muerte de Ferencz Nádasky, su esposo. "Para entonces padece el cuadro casi completo de su patología: agresiva, ególatra, sin sentimiento de culpa, obsesiva, hiperestricta con los detalles y ávida de modos cada vez más creativos para castigar a los que, en su opinión, no son competentes en el desempeño de sus tareas. La sangre se convierte en el mejor combustible, en vitamina infalible, en una secretísima receta de belleza".
Su juicio fue a puerta cerrada, lógico si se tiene en cuenta que era la sobrina del rey de Polonia. Erzsébet fue condenada a vivir emparedada a perpetuidad en una habitación de su castillo de Csejthe, murió cuatro años después, aunque su historia se mantuvo en el silencio hasta que 160 años después, cuando se descubrió el archivo del juicio.
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Pedro el Grande fue uno de los más grandes zares de Rusia, gobernó su país durante 43 años "con inteligencia, maestría y arrojo, convirtiéndose en el coloso más importante de su nación y superando la memoria de Iván el Terrible en lo que a confianza en sí mismo y en su propio destino se refiere". Fue el auténtico responsable de la época más dorada de Rusia : "De un zarpazo le arranca su moho provinciano, la saca de un letargo sempiterno abriéndola a la cultura y vestimenta europeas, la dota de una administración, policía y ejército dignos de la potencia más avanzada".
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Sin embargo su personalidad estaba seriamente dañada desde su infancia por el miedo patológico a la figura paterna, terror que le acompañaría el resto de su vida. A esto hay que añadir, y no es poca añadidura, el martirio al que le sometió su hermanastra Sofía, que intentó matarlo en repetidas ocasiones envenenándolo. Aunque no lo logró, le dejó graves secuelas físicas, como "úlceras, problemas de riñón y fiebres".
Estos traumas que comienzan en su infancia acarrearon toda una patólogía que encontrará su pleno desarrollo en la edad adulta. Sus desequilibrios se traducen en atroces crisis de pánico cuando dormía sólo, odio irracional al agua, crisis paranoicas, bloqueo empático e impulsivos ataques de incontenible cólera. El colmo de la enajenación de Pedro es la tortura a la que somete a su propio hijo, Alexis, al que acusa injustificablemente de conspiración. La paliza y los largos y dolorosos interrogatorios provocarán la muerte del muchacho días después, sin que su padre denotara arrepentimiento alguno.
Bajo esta mano Rusia se convirtió en un Estado reglamentado siguiendo principios absolutos. Tanto sus reformas como sus rápidas, y a veces crueles, represalias causaron un efecto imborrable sobre la vida rusa. Murió el 8 de febrero de 1725 en San Petersburgo. |
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Posiblemente este capítulo hubiera tenido que ser mucho más prolongado. Muchos recordarán nombres como Nerón, Lucrecia Borgia, Lee Harry Oswald, muchos soberanos, algún Papa que otro y toda una lista de asesinos múltiples de esos que a Hollywood gusta tanto de recrear en sus películas. Nos disculpamos desde este mismo momento... No están todos los que son, pero si son todos los que están. De todas maneras, creemos que con este grupo de personajes hemos dado una somera idea de lo que ha sido la locura en la historia y como algunos de los nombres más importantes han sido víctimas de esta tremenda enfermedad.
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