Universidad de Barcelona de Geografía e Historia  

 

 
 

 

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LUIS I DE ESPAÑA.
 
 
Dentro de la extensa historia de reyes españoles la figura de Luis I es sin duda la gran desconocida, es por esa razón por la que la hemos bautizado como la del "Rey Olvidado". Hijo primogénito de Felipe V y María Luisa Gabriola de Saboya, nació en Madrid el 25 de agosto de 1707, fue bautizado en la Real Capilla por el cardenal Portocarrerero; su primera aya o tutora fue un personaje de esos que podríamos calificar como inquietantes; la Princesa de los Ursinos, Marie-Anne de la Trémoille (1642-1722), dama francesa que ya había intervenido en el gobierno de España en los primeros años del reinado de Felipe V (el título de princesa procedía de su matrimonio con el príncipe de Orsini). Nuestro principesco personaje llegó a España en el año 1701 como camarera mayor de la reina María Luisa de Saboya, a la que supo manipular mientras aumentaba su poder en los asuntos del Estado. Su más que buena colaboración durante la guerra de Sucesión consolidó su amistad e influencias con el soberano, de manera que cuando murió la reina fue ella quien dirigió el gobierno por medio de Juan Orry y Melchor de Macanaz . Su poder en los asuntos de Estado concluyó de una manera fulminante cuando en 1714 llegó la nueva reina, la ambiciosa Isabel de Farnesio .
EL FUTURO LUIS I.

La muerte de María Luisa Gabriela dejo huérfanos a los tres hijos que había tenido con el soberano: Luis, Felipe y Fernando y también quedó huérfana la figura del rey, al que tanto había ayudado para llegar hasta donde estaba: . El historiador Danvila escribió al respecto: "Al desaparecer la reina la verdadera personalidad de Felipe V tornóse patente, con todos sus defectos y falta de carácter que le convertía en un instrumento pasivo del Gobierno, combatido perpetuamente por sus escrúpulos religiosos, insensible a las legítimas aspiraciones del pueblo, semidemente durante largas temporadas, y esclavizado tiránicamente por las insaciables ambiciones de su segunda esposa, la princesa de Parma, Isabel de Farnesio."

De este segundo matrimonio el rey solo conseguiría verse catapultado hacia una absurda guerra europea a la vez de ver como el pueblo le iba retirando su cariño, afecto y apoyo. Este mismo pueblo que daba la espalda a Felipe V y su ambiciosa esposa volcó su cariño en la figura del heredero de la corona, el príncipe Luis, que encarnaba la esperanza del pacifismo hispano.

El príncipe había nacido en España (Madrid) en plena guerra de Sucesión. La fecha de su nacimiento marcó su nombre pues el 25 de agosto se celebra la festividad de San Luis IX el Santo (llamado San Luis (1214-1270), rey de Francia (1226-1270), hijo y sucesor de Luis VIII el León).

El natalicio del futuro rey fue toda una explosión de alegría en España pues, al menos, el príncipe Luís era español (el nacimiento del último rey en territorio español se remontaba a 46 años atrás en la figura de Carlos II).

El cariño del pueblo hacia su futuro soberano se vio reforzado cuando Luis perdió a su madre, la reina, a la temprana edad de seis años. Esos lazos de devoción se volvieron aún más fuertes cuando la figura del príncipe niño se vio injustamente olvidada por su padre, el rey, por una profunda crisis de viudez. El alma quijotesca e idealista de los españoles se volcó como un torrente hacia al más débil, y la figura del príncipe heredero fue idealizada.

Sin embargo, la vitalidad sexual de Felipe V unida a una concepción moral muy estricta hizo que el soberano buscara nueva esposa siete meses después de la muerte de la reina María Luisa Gabriela de Saboya. La elegida fue la hija del duque soberano de Parma, Isabel de Farnesio, que supo vender muy bien su "producto" envolviéndolo en un halo de humildad y dulzura que escondía perfectamente las verdaderas ideas ambiciosas de la futura esposa del soberano. Un texto de la época nos relata la actitud de Isabel: "Se esmera en complacer al rey, no le contradice nunca y le concede o niega sus favores en el lecho, según conveniencia de sus planes políticos."

Cuando Isabel de Farnesio empezó a tener hijos con Felipe V comenzó a hacer planes sobre el futuro de los mismos, en un principio sus hijastros no le presentaban mayor problema pues consideraba, como así ocurrió, que podrían desaparecer. De hecho el infante Felipe murió a los seis años de unas extrañas fiebres (no queremos apuntar desde esta página que Isabel de Farnesio tuviera algo que ver en la muerte del joven infante, aunque conociendo al personaje nada es descartable).  

La prematura muerte del joven infante Felipe propició que la relación entre los dos hijos huérfanos de María Luisa Gabriela de Saboya, Luis y Fernando se volviera tremendamente sólida, nunca hubo entre ellos el menor problema y la confianza entre ambos jamás se enturbió por ningún acontecimiento. El embajador francés, Saint-Agnan refería de esta manera una conversación de ambos hermanos sobre los hijos de Isabel de Farnesio en la que había estado presente, el príncipe Luís le decía de esta manera a Fernando: "No te preocupes, hermano mío, nosotros nos entenderemos siempre muy bien y será preciso que estemos muy unidos contra Carlos y doce más que vengan..."   

FELIPE V CON SU HIJO LUIS.

Sin embargo, tenemos que apuntar que Luis jamás fue desconsiderado con sus hermanastros e incluso tuvo una muy buena relación con la pequeña María Victoria, futura reina de Portugal. Se conserva una carta de ella que demuestra su tremendo afecto hacia su hermanastro: "Hermano mío Luis de mis ojos, yo gracias a Dios estoy buena y deseando darte un abrazo [...] Tu hermana que más de corazón te quiere.- María Victoria"

El pueblo español, las gentes sencillas, pronto se dieron cuenta de las verdaderas intenciones de la nueva reina y no se privaron de demostrarle su despreció cada vez que tenían oportunidad. De igual forma volcaron todo su amor hacia el príncipe Luis, al que llamaban popularmente "Luisillo" o "Luis el Bien amado".

De sus características físicas tenemos constancia gracias a la descripción que de él conservamos por el duque de Saint-Simon: "Es alto, delgado, delicado, pero sano. Es rubio, tiene bonitos cabellos, el rostro simpático, la nariz grande. Tira bien, gusta de la caza y baila de maravilla. Está solo muy a menudo [...] el rey le quiere mucho, pero sin demostrárselo; con la reina y los hijos de ésta tiene más aparente acuerdo que verdadero afecto. Es muy prudente y callado [...] Constituye, en fin, la pasión más dominante de los españoles, que no pueden cansarse de verlo y perseguirlo en masa con sus aclamaciones. Él los ama recíprocamente..."

LUIS I.

Sus amistades con algunos nobles españoles le posicionaron políticamente con el tiempo con el llamado "partido español" en pugna contra el "partido francés" de su padre y el "italiano" de la reina Isabel. Muchos historiadores españoles han querido ver que, de haberse consolidado su reinado, su política se hubiera decantado claramente por un gobierno pacífico y nacional, al gusto de lo deseado por el pueblo llano (como el que posteriormente tomaría su hermano Fernando), tratando de evitar el desbarajuste que supuso la segunda parte del reinado de su padre.

Felipe V y Felipe de Orleans, regente de Francia, decidieron que el heredero del trono español debía de casarse con la hija del segundo, Luisa Isabel que era bien conocida por su fama de mala educación, grosería y tozudez. Esta medida trataba de reforzar los lazos políticos entre España y Francia para evitar futuros conflictos.

Un relato de la época la describe de esta manera: "No puede decirse que Mille de Montpensier (Luisa Isabel) sea fea; tiene los ojos bonitos, la piel blanca y fina, la nariz bien hecha y la boca muy pequeña. Sin embargo, a pesar de todo esto, es la persona más desagradable que he visto en mi vida; en todas sus acciones, bien hable, bien coma, bien beba, impacienta..."

El pacto de amistad entre España y Francia se ratificaría con otro matrimonio, el de la infanta Mariana Victoria (en ese momento de tres años de edad) con Luís XV de Francia. La reina española veía cumplidas sus ambiciones al contemplar a una de sus hijas comprometida con el futuro rey de Francia.

Al príncipe Luis no le desagradó en absoluto el retrato que le fue enviado de Luisa Isabel desde Francia, el futuro rey contaba por entonces con catorce años y con esa edad estaba en pleno estallido de sus hormonas, por un despacho del embajador francés sabemos que " [...] el retrato de la princesa tuvo que ser retirado prestamente de su habitación pues alteraba el reposo de Su Alteza". Consideramos que no tenemos que añadir nada más al respecto y que a buen entendedor con pocas palabras basta.

La llegada de Luisa Isabel no se hizo esperar. El 19 de enero de 1722 los prometidos se veían por primera vez en Cogollos, una aldea cercana a Lerma. Según las palabras de Saint-Simon: "La princesa de Asturias apenas traspuso los Pirineos empezó a lucir su ingenio y trató de hacerse agradable, si bien no podía disimular su ausencia de educación... Se muestra engreída con sus damas y demasiado abusiva de la bondad de los reyes. Descubre inclinación hacia el príncipe y complacencia hacia los infantes, desatención por casi todo el mundo, escasa memoria de sus padres y aún de Francia; exceso de mimo y obstinación con todos sus caprichos."

La boda tuvo lugar el siguiente 20 de enero, en la población de Lerma. Tras la ceremonia, banquete y baile se puso en funcionamiento una de las más absurdas costumbres españolas de la época; reyes, cortesanos y embajadores penetraron dentro de la alcoba nupcial para ver allí acostados a los novios, una vez observados la comitiva se despidió de ellos e iniciaron la retirada de los aposentos.

La princesa Luisa Isabel es bien acogida por el pueblo español que espera que haga feliz a su amado "Luisillo". Al príncipe se le nota enamorado, ajeno a las faltas de educación y saber estar de su esposa.

En el verano de 1723, aprovechando el deseo de los monarcas, se consuma el matrimonio de los príncipes, pues hasta ese momento no había sido permitido por los reyes de España. Esto que puede parecer absurdo en los tiempos actuales se seguía al pie de la letra en tiempos anteriores. El mayordomo real y la camarera mayor eran los encargados de separar cada noche a los conyugues para evitar a que el matrimonio fuera consumado sin el permiso regio. Una carta del funcionario francés Stalpart al cardenal Dubois nos explica el "acontecimiento":

LA PRINCESA LUISA ISABEL.

"Los príncipes les esperaban con impaciencia para ejecutar lo que ya les había sido permitido. Cuando sus majestades llegaron, pasó el rey a la alcoba del príncipe y le mandó desnudar en su presencia; la reina efectuó lo mismo con la princesa y la hizo acostar, después de lo cual Su Majestad condujo al príncipe hasta el lecho y los dejó acostados. A la mañana siguiente los reyes volvieron a la cámara. Su Alteza parecía satisfecho, la princesa, acalorada. Ambos estaban muy alegres."

Desgraciadamente parece que la visión del funcionario Stalpart fue demasiado optimista ya que se conservan cartas donde el príncipe Luis refiere a su padre la imposibilidad de consumar el acto por las reticencias puestas por la princesa. Después de recibir los consejos paternos y después de varias semanas de intentos desalentadores el futuro rey consiguió sus objetivos, eso ocurrió a mediados del mes de septiembre.

Sin embargo existía una razón de peso para que los reyes no hubieran permitido consumar el matrimonio hasta 15 meses después de la boda. John Lynch la explica de esta manera en su libro "La España del siglo XVIII": "Los monarcas españoles sospechaban que Luisa Isabel era sifilítica como consecuencia de los pecados de su padre, el duque de Orleáns, bien conocido en España por su libertinaje durante la Guerra de Sucesión. El embajador francés se sintió "tremendamente mortificado" por la insistencia del monarca en que el matrimonio no se consumara hasta transcurridos quince meses. De hecho, pasó un año antes de que los recién casados comieran en la misma mesa."

Poco tiempo después se produce una situación que será determinante en el futuro del príncipe Luis. el 2 de diciembre muere el Regente francés, Felipe de Orleáns, le sucede en su puesto Luis Enrique de Condé, duque de Borbón (enemigo declarado de la Casa de Orleans), que de inmediato empieza a cuestionar sus alianzas con España de manera que los matrimonios ejecutados para sellar los pactos parece que van a desmoronarse.

LUIS I.

Sin embargo, un acontecimiento no esperado y un tanto particular evitará las posibles consecuencias que podrían haber ocurrido con el matrimonio del príncipe y el destino de Luisa Isabel de Orleans; la "confusa" abdicación del rey Felipe V. Pasamos a relatarla con sus propias palabras, fruto de su declaración al pueblo español: "Habiendo considerado de cuatro años a esta parte, con reflexión y madurez, las miserias de esta vida, por las enfermedades, guerras y turbulencias que Dios se ha servido enviarme en los veintitrés años de mi reinado, y considerando también que mi hijo primogénito, Don Luis, Príncipe de Asturias, se halla en edad suficiente, ya casado y con capacidad para gobernar con acierto esta Monarquía, he deliberado apartarme absolutamente del gobierno, renunciando en mi hijo, y retirarme con la reina, en quien he hallado un pronto ánimo y voluntad a acompañarme gustosa, a este palacio de San Ildefonso para servir al Señor, y desembarazados de estos cuidados, pensar en la muerte. La Granja, a 10 de enero de 1724.- Yo el Rey"

Curiosas palabras para un hombre que en esos momentos estaba en la plenitud de su vida.

Ni entonces ni ahora nadie creyó en que la renuncia del rey se debía a la contemplación de la vida esperando la muerte y menos aún conociendo a la reina, Isabel de Farnesio. ¿No sería más sencillo pensar en un elaborado plan para acceder a la corona de Francia en caso que la delicada salud de Luís XV acabara con la vida del soberano? Una cancioncilla o copla, que reproducimos a continuación, se escuchaba por las tabernas de España.
     
 

"Nadie en el mundo se escapa,

nadie renuncia por Dios;

renuncia un rey por ser dos,

y un obispo por ser Papa.

La política lo tapa..."

 
     

En palabras del historiador John Lynch: " Por supuesto que Felipe V había renunciado a sus derechos al trono de Francia en 1712. Pero ¿consideraba válida una renuncia que había realizado sometido a una cierta presión? ¿Acaso no había mostrado siempre una predilección por Francia, un deseo de retornar y gobernar en su país natal?"

El 9 de febrero de 1724, y sin haber cumplido los diecisiete años, Luis I fue declarado rey. Los españoles le acogieron con una explosión de júbilo, lejos estaban de sospechar que su reinado no sobrepasaría los seis meses. Marañón dijo de él que: "... ha sido la más triste frustración de la Historia de España."

El primer Gabinete del joven monarca lo formaron el marqués de Miraval, el arzobispo de Toledo, el conde de Santiesteban, el marqués de Lede y don Miguel Guerra, desde el primer momento se abrió una profunda lucha entre los partidos "español", "francés" e "italiano" para ganarse los apoyos regios y, aunque el soberano trato de mediar entre todos, se decantó claramente por el primero.

Desde el primer momento de su reinado Luisa Isabel comenzó a mostrarse de una manera insensata, excéntrica y desconcertante. El marqués de Santacruz escribió en una de sus cartas: "[...] anduvo paseando en ropa interior por todas las galerias de palacio, dando locas carreras... Luego no quiso asistir al sermón de la capilla. Luego se hizo guisar un pichón asado y esta tarde ha ido al cuarto de la priora y se ha llenado de rábanos que no se como no revienta, pues por comer se comería hasta el lacre de los sobres..."

Al mismo tiempo y sin motivo alguno que pudiera justificarla la reina comenzó a mostrar un creciente desdén por su marido así como un peculiar comportamiento..

El embajador inglés en España; Stanhope, escribe sobre la joven soberana lo siguiente: "No hay nada que justifique la conducta extraña de la reina. A sus excentricidades como jugar desnuda en los jardines del palacio, a su pereza y descuido en todo, al desaseo, a su glotonería, a sus demostraciones de ignorar al joven monarca, responde el alejamiento cada día más creciente de don Luis hacia ella."

El propio Luis I escribía a su padre en estos términos "que preferiría estar en galeras a vivir con una criatura que no observaba ninguna conveniencia, ninguna conveniencia, que no la complacía en nada, que no pensaba sino en comer y en divertirse alocadamente con sus camaristas y que aun cuando le había hablado más de cuarenta veces aconsejándola, no pudo alcanzar más que burlas de ella a sus observaciones."

Las excentricidades de la soberana encontraron su punto culminante con el llamado "caso Magny". Un día en que la reina se encontraba subida a una escalera cogiendo fruta y, como era normal, ligera de ropa, tuvo miedo de caerse por lo que pidió ayuda a gritos. El marqués de Magny, que se encontraba en las inmediaciones, se acercó y la ayudó a bajar. Esa misma tarde la reina denunció a los reyes padres que el marqués había querido ultrajarla, consiguiendo que éste fuera desterrado. El incidente fue aireado por la propia soberana, que se ufanaba de haber conseguido el destierro del noble.

Un nuevo escándalo de la reina cayó sobre los jóvenes hombros de Luis I. Un día se descubrió a Luisa Isabel en situación más que comprometida con una de sus doncellas, una joven de gran belleza a la que achacaban muchas de las "locuras" que la reina demostraba. El monarca ordenó a la camarista que contrajera inmediatamente matrimonio y cesara su servicio con la reina. Su alejamiento cada día más evidente con la soberana catapultaron al rey a la vida nocturna, en las tabernas españolas se cantaba la siguiente copla:

 
 

¡Bien amado, bien amado,

tu dolor y tu tristeza aparta, y busca en la noche

alivio para tu pena!

Allá en el barrio que sabes,

la que tu sabes te espera.

Como los tuyos, sus ojos

ni se cansan ni se cierran;

ojos que amaron a un rey

sin desvelos de una reina;

ojos de noche sin alba

que sólo tu noche esperan.

 
     
El martes 4 de julio de 1724, Luis I, cansado de las excentricidades de la reina decreta que la soberana sea encerrada en el Palacio Grande bajo la tutela de la condesa viuda de Altamira, un piquete de la Guardia se convertirá en su escolta y tan solo podrá hablar con las personas que el rey determine.

Nadie protesta por la decisión real, el pueblo español desprecia a Luisa Isabel y desde Francia el regente del trono no mueve un solo dedo en favor de la hija del que un día fue su enemigo. La actitud de la soberana cautiva cambia radicalmente, envía varias cartas a los padres reyes y a su marido donde demuestra un juicio excelente. Después de un corto periodo de tiempo y tras haber sustituido a la mayoría de las camaristas Luis I decide dejar libre a su mujer. El matrimonio se reúne el 20 de julio.

El antiguo amor de la pareja parece renacer y los problemas del rey con su esposa parecen solucionarse definitivamente. Sin embargo, pocos días después surge algo más definitivo, algo que dará muestras de su existencia el 16 de agosto, en esa jornada el joven soberano se siente indispuesto al concluir su misa diaria, aunque se recupera rápidamente del incidente, cuatro días después vuelve a repetirse. Los reyes padres reciben esta carta del soberano: "Acabo de acostarme porque tengo reuma y esta mañana me aconteció un pequeño desvanecimiento. Ahora estoy mejor y ruego que Vuestras Majestades me consideren como su hijo más sumiso.- Luis"

Al día siguiente, los médico de Palacio observan una serie de manchas rojizas en la piel del rey. Se diagnostica una viruela benigna que no debe de poner en riesgo la vida del soberano.

Es en este punto cuando la reina se muestra de una manera agradablemente desconcertante, si antes se había comportado como una excéntrica e inmadura en esos instantes se comporta como una auténtica mujer responsable; estará constantemente junto a Luis, será ella personalmente la que limpie las llagas que cubren el cuerpo del soberano despreciando las advertencias de los médicos que la prevenían de un posible contagio.

En palabras de la época: "[...] fueron verdaderamente aquellos días los que convirtieron a Luisa Isabel de Orleans en reina de España". Finalmente, el 31 de agosto de 1724, a las dos y media de la madrugada, tras diez días de tremendos sufrimientos, moría en el Palacio del Buen retiro el Borbón más amado por su pueblo: Luís I de España. Contaba con diecisiete años y siete días de edad, y su reinado había durado ocho meses.

La reina acabó por contagiarse de viruela, aunque tras unas semanas logró recuperarse de la enfermedad. Los reyes padres se mostraron con ella distantes e inflexibles desde el primer momento que conocieron la muerte de Luis I, aun con ella enferma y postrada en cama, buscaron una manera de deshacerse de su presencia que consideraban negativa para los intereses del reino, preguntando apresuradamente al embajador francés si sería posible "devolverla" a Francia ya que en España no la querían. Las palabras de Danvila son reveladoras: "¡Triste destino el de aquella niña de quince años que no había conseguido inspirar simpatía ni cariño a un solo español!"

Finalmente, el 15 de marzo de 1725 la reina viuda abandonaba la Corte camino a su país de origen, nadie pareció sentirlo, la despedida de Felipe V y su mujer fue absolutamente glacial y el pueblo español permaneció absolutamente indiferente ante la marcha de la que había sido la mujer del "bien amado".

     
   
     

Posiblemente alguno de nuestros lectores se pregunte aquella tan socorrida frase de: "¿Y que fue de la reina? Ya hemos dicho que regresó -eufemismo que esconde que fue devuelta- apresuradamente a Francia. Su primer alojamiento fue el castillo-fortaleza de Vicennes para un año después pasar a vivir en París, en el palacio de Luxemburgo, puesto a su disposición por su primo Luis XV.

Su vida se convierte en un carrusel de excentricidades hasta el punto que Felipe V la escribe pidiendola "que guarde el respeto debido a quien es y al esposo cuya mujer ha sido".

Sin embargo mientras que el rey de España pedia a la viuda que recordara a su marido a él se le olvidaba pasarla la pensión de viudedad y casi se vio obligada a vivir en la miseria, pues tuvo que dejar el Palacio -que no podía mantener- y alojarse en un convento cercano de religiosas Carmelitas.

En el convento permanecerá durante cuatro años y morirá en 1742 de cirrosis hepática o hidropesia (la cosa no parece estar clara) con 32 años en la más profunda soledad.

Eso si, cuando la noticia de su muerte llega a España se ofician unos regios funerales por la eterna salvación de su alma y se guarda un riguroso luto de tres meses en su recuerdo. Una vez más se pasea la afición española por todo aquello que tenga que ver con lo mortuorio y sepulcral, costumbre de la que no han podido escapar ni los propios reyes hispanos, llegaran de la "Casa" que llegaran.

Así vivió y murió Luisa Isabel de Orleans, la reina de España que tuvo en su mano todo lo que pudo desear del mundo y que en el fondo no disfrutó de nada, que pudo jugar un importante papel político y que lo único que consiguió fue ridiculizarse delante de toda Europa. No la juzguemos severamente, sus defectos eran el fruto de una pésima educación. "Luisa Isabel fue un papel blanco mal doblado". Posiblemente es la mejor definición que jamás se realizara de esta reina.

Amigo viajero si vas a París y quieres visitar la tumba de la reina de España que con quince años pasó a ser viuda vitalicea del trono español, llégate hasta el templo de San Sulpicio, busca en el lugar más apartado y oscuro del recinto y allí encontraras una sencilla tumba donde aún puede leerse, medio borrado por el paso del tiempo, sobre una sencilla lápida, el siguiente epitafio:

 
 

CI-GIT LOUISE ELISABETH

REINE DOU AIRIÈRE

D´ESPAGNE

 
     
     
  LUISA ISABEL.