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LA LÍNEA MAGINOT
     

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La Línea Maginot fue uno de los despropósitos más grandes de toda la Segunda Guerra Mundial, detrás de una construcción defensiva de cortes faraónicos, Francia trató de resguardarse esperando que fuera lo suficientemente firme como para desalentar a los alemanes de cualquier propósito de invasión. Desgraciadamente para ellos... no funcionó.

 
     
     
     

El Tratado de Versalles, firmado tras la Primera Guerra Mundial (1914-1918), debía de dar forma a una paz en el mundo larga y firme. Alemania había quedado reducida a su mínima expresión; se le permitía mantener un ejército de 100.000 hombres -meramente simbólico-, partes de su territorio quedaban desmilitarizadas y ocupadas por los aliados, no se la permitía tener aviación ni artillería pesada -resulta patético conocer que los artilleros germanos quedaron obligados a utilizar cañones de madera para realizar su adiestramiento-, y la marina, tanto la de guerra como la mercante, era prácticamente inexistente.

Bajo esta perspectiva, Francia se sentía segura de su beligerante vecino, aunque si hubiera sido por ella, las medidas y restricciones contra Alemania hubieran sido mucho más duras.

   

Antes de que Alemania comenzara a rearmarse (durante la época de Adolf Hitler), los franceses ya habían decidido construir una línea defensiva a lo largo de su frontera que garantizara la independencia de su territorio. Un sistema de fortificaciones formado por puestos de observación y de primera detención, barreras anticarro, alambradas, ametralladoras y piezas contra carro, con todo el conjunto accesible desde el subsuelo. Después debía de haber fortificaciones que aseguraran un obstáculo continuo, para evitar infiltraciones. Los fuertes debían ser construidos sin alterar el paisaje, pues apenas tenían que sobresalir del terreno las cúpulas de acero de 50 cm de espesor, armadas de cañones de medio y grueso calibre, torretas con periscopios, pozos de los que mergían ametralladoras y cañones de pequeño calibre. Finalmente, debía haber otro sistema de fortificaciones de mayor tamaño armadas con cañones de grueso calibre. Ferrocarriles subterraneo comunicaban todo el interior (donde también se podían encontrar depositos de armas y municiones, de agua, de alimentos, enfermerías, centrales eléctricas y telefónicas, ascensores, instalaciones de ventilación y calefacción etc).

La idea surgió de las conversaciones mantenidas entre el primer ministro Georges Clemenceau y el mariscal Philippe Petain, jefe del Ejército en el año 1919. Las bases en la que descansaba el proyecto eran los fuertes franceses situados en Verdún durante la Gran Guerra. Éstos se habían mostrado inexpugnables incluso contra el ataque directo de la artillería pesada, a la vez que sirvieron como puntos de concentración de tropas prestas para el combate. Sin embargo, ambos hombres mantenían un pensamiento de la primera década del siglo XX, mientras que la nueva guerra que se preparaba iba a diferir radicalmente del conflicto que asoló Europa entre 1914 y 1918.

 
Muchas voces se alzaron en contra de la creación de una línea defensiva fija, apuntando que el dinero que se iba a utilizar sería mejor gastarlo en la modernización del Ejército y la adquisición de nuevas unidades aéreas y de blindados terrestros. Estas mismas voces aseguraban que durante los días finales de la guerra del 14 ya se habían podido observar ataque combinados de carros de combate y aviones con resultados muy satisfactorios. Charles de Gaulle comentó años después al respecto: "La táctica de la Línea Maginot ha sufrido ásperas condenas a la vista de los acontecimientos posteriores. Ella engendró una mentalidad puramente defensiva, pero es siempre un excelente sistema de precaución el fortificar lo más posible una frontera de centenares de millas, economizando así el número de soldados dedicados a un servicio pasivo y "encauzando" toda eventual invasión enemiga.[...] la Línea Maginot debe ser juzgada como una medida sabia y prudente. Por eso es de extrañar que no se hubiera extendido por lo menos hasta el curso del Mosa; en cuyo caso habría constituido un eficacísimo baluarte que hubiera permitido una libre y enérgica ofensiva por parte de Francia. Pero el mariscal Petain se opuso a la prolongación de la Línea Maginot. Sostenía que en las Ardenas la naturaleza misma del suelo hacia casi imposible un intento de invasión..."

Como hemos dicho, las mentes pensantes y con poder de decisión seguían ancladas a principios de siglo y no eran capaces de discernir que una nueva era se abría en el complejo mundo de la guerra. Sus ideas básicas eran la de construir una dura fortaleza donde se estrellara el enemigo para, acto seguido, comenzar un enérgico contraataque que rechazara al enemigo definitivamente.

Las discusiones sobre el "plan de defensa" se alargaron hasta el año 1922, fecha en la que André Maginot fue designado como ministro de Defensa. Bajo sus órdenes comenzaron las obras de construcción de la línea que que llevaría su nombre. La obra no se vio interrumpida en el periodo en el que Paul Painlevé se hizo con la cartera de Defensa, y se agilizó definitivamente cuando Maginot la retomó en 1929.

Bélgica había sido aliada de Francia en el momento en el que se planificó la construcción de la línea defensiva, por lo que se pensó que ésta debía cubrir tan solo desde Suiza a Luxemburgo, porque hubiera sido "políticamente incorrecto" crear un sistema de defensas de tal magnitud en la frontera de un país amigo. Además, se consideró que en un hipotético ataque por parte de Alemania, Bélgica serviría de primera línea de choque y su resistencia daría tiempo al ejército galo a preparar la defensa de su territorio.

Sin embargo, en el año 1936 Bélgica dejó de ser una aliada de Francia para convertirse en un país neutral (al más puro estilo suizo). Ciertamente, se ordenó de inmediato por parte del gobierno francés la construcción de la línea en la parte limítrofe con los belgas, pero ante la amenaza germana se concedió prioridad absoluta a la hora de completar la línea en la frontera franco-alemana. De tal forma, al estallar la guerra en 1939 la Maginot en su parte belga estaba en plena fase de construcción.

Como es lógico de entender, una obra de tales características estuvo desde el primer momento llena de dificultades, especialmente las económicas (aunque tampoco pueden olvidarse las políticas). En el momento de su realización el mundo se encontraba inmerso en una crisis resultante del "Crash" de la bolsa de Nueva York en 1929. Muchas empresas dedicadas a la construcción de la línea habían quebrado víctimas de la depresión, por lo que tuvo que ser el propio gobierno galo el que tuvo que hacerse cargo de todos los trabajos que se realizaron.

 

Como la zona de la frontera belga era la más débil, el gobierno galo decidió concentrar allí a sus mejores tropas, esperando compensar de esta manera la fragilidad de la línea en esta zona. Incluso se ideó un plan, bautizado como "Doyle", en el que si los alemanes invadían Bélgica, las tropas francesas penetrarían inmediatamente en el país vecino para impedir que los germanos llegaran hasta la frontera francesa (las tropas galas estarían apoyadas por soldados británicos). El plan "olvidaba" una zona que se consideraba imposible de transitar por tropas blindadas o motorizadas; el bosque de las Ardenas.

Geoffrey Regan, en su libro "Historia de la incompetencia militar" escribe al respecto: "[...] Gamelin, comandante en jefe francés, depositó su total confianza en la impenetrabilidad de los bosques de las Ardenas. A lo largo de los 160 kilómetros de esa zona la línea francesa solo estaba apoyada por divisiones de caballería ligera, algunas todavía equipados con caballos, y por diez mediocres divisones de infantería, tras las cuales no había ninguna reserva. [...] La confianza francesa en la impenetrabilidad de las Ardenas carecía de fundamento. Alistair Horne señala que entre los siglos XVI y XVIII por lo menos diez fuerzas invasoras habían penetrado por las Ardenas mientras que, para mayor sorpresa, durante las maniobras militares francesas de 1938 el general Prételat realizó un ataque exactamente igual al que llevarían a cabo los alemanes en mayo de 1940. Éste, utilizando siete divisiones (entre las que se contaban cuatro motorizadas y dos blindadas), penetró a través de los bosques y desbordó totalmente a los defensores. Los resultados fueron tan sobrecogedores que se decidió borrralos para no deteriorar la moral. El complaciente Gamelin se limitó a observar que en una guerra real jamás podría suceder tal cosa".

 

Finalmente, los alemanes no atacaron Francia a través de la Línea Maginot; la rodearon y atacaron por ese lugar que los franceses habían considerado inexpugnable, por las Ardenas. La invasión de Bélgica solo había sido un cebo, un cebo que los galos se habían tragado hasta el fondo. Aunque los servicios de información franceses y suizos ya habían avisado que sería la zona de las Ardenas por donde los germanos atacarían Francia. Gamelin rehusó alterar su convicción de que el grueso del ataque alemán tendría lugar en Bélgica, pese a las muchas advertencias recibidas los galos solo podían pensar en una repetición del plan Schlieffen alemán de agosto de 1914.

El día 10 las tropas alemanas atacaron Holanda, Bélgica y Luxemburgo a la vez. Los franceses respondieron invadiendo, junto con tropas expedicionarias británicas, Bélgica para contener a los germanos.

Cuarenta y ocho horas después de haber iniciado la invasión de Bélgica, las tropas acorazadas alemanas mandadas por por Heinz Guderian, avanzaron por el bosque de las Ardenas. Apoyados por la fuerza aérea (la Luftwaffe), los carros de combate alemanes (Panzer) llegaron sin ningún problema hasta el Canal de la Mancha y rodearon a los aliados. La Línea Maginot había sido superada sin entrar en combate. Solo cuando París cayo (14 de junio de 1940) los alemanes se decidieron a atacar esa línea defensiva.

El mariscal de campo Ritter von Leeb, que hasta entonces se encontraba a la espera, partió al ataque directo y frontal de la Maginot. En el fondo, los alemanes no tenían necesidad de esta última acción para derribar definitivamente a Francia. Hitler hizo avanzar a von Leeb por un motivo de prestigio; para demostrar que nada, ni siquiera la más potente línea fortificada del mundo, podía detener al ejército del III Reich.

En este punto los historiadores divergen notablemente. Según los alemanes, la Maginot fue conquistada fácilmente, pero según los franceses, la línea dio pruebas de un valor defensivo de primer orden. Lo cierto es que el día 15, la primera Panzerdivisión, dependientes del general Erwin von Witzleben, hacia caer la fortaleza de Langres. La primera ruptura se realizaba al sur de Saarbrücken, siguieron las de Colmar y Mühlhausen.

   

Es verdad que muchas guarniciones no creyeron el armisticio que los franceses habían firmado y siguieron luchando contra los alemanes mientras hubo municiones. Algunos fuertes de la zona de Estrasburgo disparaban todavía el 30 de julio y solo pararon cuando los generales franceses del nuevo gobierno de Pétain se personaron en la zona y convencieron a los defensores a que depusieran las armas.

En resumen, la Línea Maginot había revelado, en el momento del choque frontal, todos sus defectos. Solo un puñado de fuertes bien protegidos pos sus espaldas y flancos resistieron la maniobra envolvente de la Wehrmacht, mientras que los alemanes pasaron por los otros -la mayoría de ellos- como un cuchillo cortando mantequilla. La suerte de Francia estaba echada...

   
     
                         
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