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  Universidad de Barcelona de Geografía e Historia  

 

 
 

 

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MAHOMA
     

Para los occidentales Mahoma representa a la religión islámica, religión que en su momento no pudo encontrar sitio en la mentalidad de los viejos pueblos de Occidente. Cierta deformación, nacida de los prejuicios religiosos y, a los que cierta rama intolerante de dicha creencia no ha ayudado demasiado, ha facilitado que a través de los años se radicalizara un sentimiento anti islámico.

Mahoma propició que millones de seres humanos de todas las razas salieran de formas muy elementales de religión para adoptar un monoteirmo similar al judio o al cristiano.

¿Puede el Corán adaptarse a la cultura de los nuevos tiempos? La rigidez inmóvil de esta religión, rigidez que debemos buscarla en la falta de una jerarquía eclesiástica, relentiza esta lógica evolución...

En esta página trataremos de entender un poco más el Islam a través de la figura de Mahoma. La tarea no es sencilla, pero trataremos de conseguirlo...

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Comenzaremos nuestro artículo con unas palabras del historiador Francis Robinson, palabras que consideramos muy acertadas para servirnos de introducción: "Desde hace más de 1.300 años los europeos vienen considerando al islam como una amenaza. Los cristianos piadosos se han sentido retados por una fe, que reconocía a un Dios como creador del Universo, pero que negaba la doctrina de la Trinidad; una fe que aceptaba a Cristo como un profeta nacido de una virgen, pero que negaba su condición divina y que hubiese sido crucificado; que creía en el día del juicio, en el cielo y el infierno, pero que parecía hacer del sexo la clave de las recompensas celestiales, que miraba la Biblia cristiana como la palabra de Dios, pero que otorgaba la autoridad suprema a un libro que al parecer negaba en gran parte las enseñanzas de aquélla. Los Estados cristianos se sintieron amenazados por el éxito del poderío musulmán que penetró hasta el corazón de Europa en el siglo VIII, sondeó las profundidades de la Europa central en los siglos XVI y XVII y durante casi mil años patrulló los flancos meridional y oriental de la cristiandad. Incluso en los siglos XVIII y XIX, cuando habían cambiado las tornas, y el poderío europeo se extendía por el mundo, los musulmanes continuaron siendo vistos como un peligro, hasta hoy en día, para la seguridad del imperio europeo. Hechos como éstos han condicionado la actitud de Europa frente al mundo islámico fomentando un permanente antagonismo y una desgana a simpatizar con la visión islámica de la vida y de la forma en que debía vivirse; al mismo tiempo que la civilización característica no se valoraba tanto por sí misma como por su condición de contraste que permitía comprobar la identidad europea y medir los logros del propio continente".

 

 

 
  Mezquita de La Meca  

Islam significa "abandono, sumisión, entrega" y se interpreta por el propio Corán (su libro sagrado) como un abandonarse a la voluntad de Alá (de Dios). Musulmán tiene la misma raiz, es "el hombre que se somete". El Islam no es únicamente una religión tal como la conceptuamos desde una perspectiva occidental, es, sobre todo, una comunidad espiritual y social, una organización política, una manera de vivir y, como ha sido definida por René Gruosset: "una confraternidad que, más allá de naciones y razas, reúne a los hombres bajo la égida de Alá para cumplir su voluntad".

Detras de millones de personas, de creyentes, duerme el sueño de un viejo imperio que estuvo a la altura del de Alejandro Magno. Este imperio fabuloso, con sus ciudades de las "Mil y una noches" brotó de un libro del que mucha gente habla y que en Occidente muy poca gente ha leído: El Corán.

El que dictó este libro sagrado (no podemos decir que lo escribiera porque nuestro hombre no sabía ni leer ni escribir), fue un camellero que vivió hace más de mil trescientos años en el desierto de Arabia. Se llamaba Mohamed Ibn Allah Ibn el Muttalib Ibn Hachim el Koraishita, aunque nosotros lo hemos dejado en Mahoma. Era un beduino, un hombre del desierto.

   
  Corán del siglo XIV  

Nuestro hombre nació en La Meca, se han barajado diversas fechas para el nacimiento de Mahoma. Una tradición comúnmente aceptada lo sitúa en “el año del elefante”, que se ha interpretado como una referencia al año en que un gobernante abisinio de Yemen envió una expedición para destruir la Kaaba de La Meca. Según la tradición musulmana, en la expedición —un estrepitoso fracaso— las tropas invasoras llevaban un elefante. Los especialistas modernos sitúan este episodio en el año 570 d.C.

Dice la tradición que mientras buscaba la " tierra prometida" , el patriarca Abraham se detuvo en La Meca y abandonó a su hijo Ismael sobre una piedra. De Ismael nació la raza de los árabes, de la piedra nació el Islam. Cuando Abraham depositó a su hijo en la roca esta era de color blanco, cuando Mahoma la vio se había tornado negra: "Negra a causa de los crímenes de los hombres". Los beduinos que habían olvidado al Dios de Abraham, habían convertido la piedra en el altar de su templo, la "Kaaba" (el cubo), donde sacrificaban todo tipo de animales e incluso niños a las muchas divinidades que adoraban.

Alrededor de la "Kaaba" había surgido una ciudad; La Meca, población que bien podríamos considerar "la ciudad santa de los idólatras". Procedentes de todas partes, desde Egipto hasta Persia (actual Irán) y del Yemen a Judea (actualmente en Israel), los nómadas del desierto se encaminaban hacia aquella encrucijada de las rutas de la seda y del incienso, donde las grandes caravanas coincidían cuando llegaban las fechas de su feria anual.

Durante tres meses la ciudad se convertía en un crisol de mercaderes, camelleros, artesanos, magos, adivinadores, juglares, cortesanas e incluso peregrinos... Todos ellos llamados tanto por el culto a los ídolos como por la posibilidad de cerrar buenos negocios. La Meca capital del paganismo y del desenfreno florecía opulentamente gracias a sus divinidades y a todo ese "circo" que dominaban las principales familias de la ciudad.

   
  Visita del arcángel Gabriel a Mahoma en un tapiz del siglo XV  

La familia de Mahoma pertenecía al clan de Hashim, parte de la tribu de Quraysh, que dominaba La Meca y constituía la mayoría de la población. Hashim no era uno de sus clanes más importantes, aunque gozaba de cierto prestigio religioso derivado de sus derechos hereditarios a determinados cargos de la Kaaba. El padre de Mahoma, Abd Allah, murió antes de nacer el niño; su madre, Amina, falleció cuando tenía seis años. Fue criado por su tío paterno, Abu Talib.

Las gentes de La Meca, la tribu de Quraysh, gozaba de buena reputación como mercaderes. Entre ellos, una viuda llamada Jadiya (también podemos encontrar su nombre escrito como Khadldja) le contrató para administrar sus asuntos. Impresionada por su honestidad e inteligencia, le propuso matrimonio. La tradición afirma que Mahoma tenía 25 años cuando desposó a Jadiya, y que mientras vivió no volvió a contraer nupcias. Tras la muerte de Jadiya tuvo otras mujeres; quizá la más conocida sea la joven Aisha.

Muerta Jadiya, Mahoma se convirtió en uno de los más ricos caravaneros de Arabia, hombre respetado, de recto pensar, respetuoso con las tradiciones y miembro del Consejo de la ciudad. Se dice que Mahoma tenía 40 años cuando sufrió su primera experiencia profética. No siempre es descrita del mismo modo, pero una de las tradiciones más difundidas sostiene que tuvo lugar cuando se había retirado a una cueva del monte Hira, en las afueras de La Meca. Allí tuvo una visión del arcángel Gabriel y una experiencia de gran dolor y tensión, hasta el punto que pensó que iba a morir.

   
  Los peregrinos deben dar siete vueltas a la Kaaba  

Durante largo tiempo no creyó en las palabras del arcángel que le habían señalado como "enviado de Dios" y pensó que lo que realmente le había sucedido era que se habían mofado de él los "djinns", los diablos de la arena. Durante tres años se calló y se ocultó avergonzado por lo que le había sucedido. Finalmente, una noche volvió a aparecérsele el ángel que le mandó que anunciara a los hombres las palabras de Dios. El ángel le ordenó “predica” (iqra), Mahoma se sintió incapaz de hacerlo y no supo qué decir. El dictado que recibió le imponía repetir la sentencia que hoy es el comienzo del capítulo 96 del Corán. En la versión de Juan Vernet se lee: “¡Predica en el nombre de tu Señor, el que te ha creado! Ha creado al hombre de un coágulo. ¡Predica! Tu Señor es el Dadivoso que te ha enseñado a escribir con el cálamo: ha enseñado al hombre lo que no sabía.”

Existen dos relatos que, según la tradición, se remontan al comienzo de la trayectoria de Mahoma como profeta, aunque algunos especialistas modernos los consideran narraciones típicas acerca de su aprendizaje. Uno de ellos tiene que ver con la visita a Mahoma, mientras dormía, de dos ángeles que le abrieron el pecho y eliminaron toda huella de incredulidad y de pecado que encontraron en él. El segundo cuenta cómo Mahoma fue llevado por la noche desde el lugar de La Meca donde dormía hasta el trono de Dios en los cielos. Por la mañana se encontró de nuevo en La Meca. Se trata del famoso relato del Viaje Nocturno (Isra), que proporcionó la temática para gran cantidad de alegorías en el sufismo (movimiento de creencias, tradiciones y rituales místicos aceptado por todo el mundo islámico desde el siglo XI).

 
     
                         
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