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Universidad de Barcelona de Geografía e Historia |
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LAS SIETE MARAVILLAS DEL MUNDO ANTIGUO |
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El Coloso de la isla griega de Rodas era un espléndida estatua de bronce de unos 35 metros de altura que representaba al dios Helios (llámese Apolo), el sol, una de las más poderosas divinidades griegas. Era tal su grandiosidad que su presencia servía de referencia a las naves que se acercaban a la isla. Según decía la antigua tradición, los barcos podían pasar por entre sus piernas para llegar hasta el puerto.
Como bonito es muy bonito, pero para ser ciertos, bien podría ser que la estatua no se levantara de la forma que recogen la mayoría de los grabados que podemos encontrar en los libros históricos, grabados, dicho sea de paso, realizados siglos después que la estatua desapareciera. Y es que el problema radica en que no se conserva una descripción fiable del coloso y bien podría haber estado originariamente con las piernas abiertas o cerradas, sirviendo de puerta a Rodas o simplemente junto a la entrada.
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Lo que si que podemos señalar es que la estatua fue forjada por Ceres de Lindos, un escultor local discípulo de Lisipo y que tardó en realizar el proyecto cerca de doce años. Los trabajos comenzaron en el año 302 antes de Cristo, tras superar el asedio que Demetrio Poliorcetes, rey de Macedonia había realizado sobre la ciudad.
La estatua estaba dedicada a Helios (conocido también por Apolo) y se mantuvo firmemente erguida a la entrada del puerto hasta el año 227 antes de Cristo, cuando aconteció el famoso terremoto que la derribó. Dejándose llevar por la superstición (muy de moda en aquellos lejanos tiempos), los rodios no volvieron a levantarla pensando que había sido voluntad del propio Apolo.
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Los restos de la construcción permanecieron abandonados y desperdigados durante nueve siglos hasta que unos mercaderes sarracenos (tribus del norte de Arabia), en el año 635 se los llevaron para venderlos (una leyenda dice que fueron llevados a la península ibérica y que esa fue la "tienda" de chatarra para todo aquel pueblo o comerciante que necesitara comprar bronce).
Actualmente el viajero puede contemplar en el puerto de Mandraki dos sencillos monumentos, dos columnas de mármol rematadas por estatuas de ciervos (los animales preferidos del dios Apolo). La tradición oral de los isleños, la que venden a los turistas, es que en estos lugares reposaron en la antiguedad los pies del coloso.
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Demetrio Poliorcetes tenía como ídolo a Alejandro Magno, era hijo de Antígono Monoftalmo, el Tuerto, gobernador de Frigia (antigua región de noroeste de Asia Menor, entre el Mar Egeo y el Mar Negro), que a la muerte de Alejandro declaró la guerra al resto de los generales (diadocos) que se repartieron el Imperio después de la muerte del Magno.
Demetrio había sitiado la ciudad de Rodas allá por el siglo IV antes de Cristo. Para asegurarse la victoria había traido toda una serie de sofisticadas máquinas de asalto que fueran capaces de rendir las murallas que protegían la ciudad y un ejército de unos 40.000 soldados, además de marinos y zapadores. Los rodios, que apenas eran unos 6.000 soldados, armaron rápidamente a los esclavos y enviaron una nave para pedir ayuda a Egipto y otra que hiciera lo mismo con Creta. Los aliados respondieron a la llamada de auxilio y finalmente la guarnición de la isla pasó a ser de unos 25.000 defensores.
El historiador Diodoro de Sicilia, historiador griego, nos cuenta que el ejército de Demetrio contaba con una torre especial de guerra para asaltar las murallas, alcanzaba los 50 metros de altura, contaba con ruedas y necesitaba de 3.000 hombres para moverla.
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Una brigada de zapadores se encargaba de allanar el terreno para que la torre, a la que habían puesto el nombre de Helépolis, pudiera avanzar sin demasiados problemas hacia las murallas. Esta construcción contaba con ballestas, catapultas, garfios para el abordaje y una serie de compartimientos protegidos para que allí se pudieran guarecer pelotones de soldados antes de iniciar el asalto. |
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Cuando se inició la batalla la torre de combate tuvo un valor muy importante, aunque no decisivo. Gracias a ella se consiguió durante unos instantes sembrar el caos en la ciudad, pero los rodios y sus aliados cerraron rápidamente filas y finalmente, Demetrio, sus tropas e incluso la torre tuvieron que retirarse con más pena que gloria.
Entonces fue cuando Demetrio se decidió por sitiar a la población y tratar de rendirla por hambre, como pasado un año las cosas no parecían haber cambiado demasiado, Antígono, el padre llamado "el tuerto", le envió una paloma mensajera ordenándole a que levantara el sitio, no sin antes firmar un tratado con los sitiados.
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Como la situación después de un año de asedio no estaba para muchas fiestas, los rodios y sus aliados aceptaron el tratado sin demora. Demetrio, que demostró tener un buen perder, reembarcó a sus tropas y regaló a los isleños la famosa torre de combate (que a la hora de la verdad no había servido para gran cosa), con el encargo de que la vendieran y que con el dinero conseguido se levantara una estatua que maravillara al mundo y que conmemorara el sitio y la batalla. Éste fue el origen del famoso Coloso de Rodas. |
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ACRÓPOLIS DE LINDOS, CIUDAD Y PUERTO DE RODAS. |
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