Universidad de Barcelona de Geografía e Historia  

 

 
 

 

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      ATRÁS.  
 
 
  LA SEMANA TRÁGICA.  
 

Como ya es sabido a España se le asignó la zona norte de Marruecos para establecer su protectorado. Al mismo tiempo que los países europeos fundamentaban una política colonial se formaron una serie de movimientos políticos anticolonialistas, en la mayoría de los casos de origen marxista. Ellos fueron los que se opusieron firmemente contra la guerra de Marruecos española y, en general, contra el militarismo que se afianzaba en esos momentos en Europa.

El tema anticolonialista recorrió toda la obra de Marx. Marcel Merle y Roberto Mesa apuntan en su libro; El anticolonialismo europeo: "En conjunto Marx criticó severamente el sistema colonial, en el que ve un ejemplo característico de la explotación capitalista. Cierto que denuncia, cada vez que se le presenta la ocasión, los abusos del régimen colonial de acuerdo con la tradición humanista que le impregna; pero concentra sus observaciones en la explotación económica, es decir, en el beneficio injustificado que los países europeos sacan de sus colonias [...] Para Marx, el hecho decisivo no es el reparto del espacio mundial en zonas de influencias políticas dominadas por los europeos, sino más bien la expansión del sistema capitalistas y de sus métodos, por medio de las empresas coloniales. [...] "

Y continua diciendo: "El capitalismo al introducir nuevos modos de producción, pulveriza las estructuras sociales arcaicas de las sociedades colonizadas; preparando de esta forma el advenimiento de un sistema económico basado en la explotación del hombre por el hombre y que, por este mismo hecho, contribuye a abrir el camino para la revolución universal".

Los Congresos de la Internacional Socialista celebrados en el año 1904 en Amsterdam, en 1907 en Stuttgart y en 1910 en Copenhague denunciaron repetidas veces la penetración europeo-capitalista en el continente africano. A partir de la Conferencia de Algeciras de 1906, celebrada entre España y Francia y donde, entre otras cosas se reconocía el sur de Marruecos como área de influencia francesa, en tanto que España ocuparía la zona al norte de la cordillera del Rif,  los partidos socialistas español y francés radicalizaron sus posturas, celebrando en ambos países mítines multitudinarios que denunciaban la intervención que Francia y España estaban dispuestas a cometer en Marruecos. Será la vanguardia proletaria española la primera en criticar la guerra de Marruecos. En el Socialista de fecha 13 de marzo de 1908 podemos leer: " La cuestión de Marruecos obliga este año a los obreros españoles a procurar con mayor empeño, con más ardor y con la decisión más resuelta, que la movilización del primero de mayo en nuestro país sea más pujante que nunca. Nadie ignora que los hombres que ocupan el Gobierno tratan de hacer intervenir a España en los asuntos de Marruecos, y que esa intervención será un hecho, ocasionando enormes males, si una fuerte opinión y una actitud de resistencia no se oponen a tal locura [...] para exigir que no vayan a África los soldados de nuestro país, respetándose así la independencia de Marruecos..."

     
  GUERRA MARRUECOS.  
     

El punto más álgido de todas es tas protestas tuvieron lugar entre julio y agosto de 1909. Cataluña y especialmente la ciudad de Barcelona, como el núcleo más importante de industrialización de España, contaba con un fuerte y organizado movimiento obrero. El anarquismo (como ejemplo señalar que la CNT, sindicato de carácter anárquico, sería fundada un año más tarde en la Ciudad Condal) tiene una fuerte implantación en todo el territorio en contra de lo que sucedía en el resto del Estado, donde el sindicalismo de raíces socialistas marxistas era ampliamente mayoritario. Como escribe Raymond Carr en su libro "España 1808-1975": "La tradición asociativa de Barcelona parecía más acomodable a la alianza socialista que a la anrquista. ¿Por qué entonces, arrolló el anarcosindicalismo esta tradición? La inmigración en los estratos inferiores de las clases trabajadoras, procedentes de las zonas violentas y atrasadas del Sur, el contacto de un gran puerto, la persistencia de una industria pequeña que [...] favorecía el anarquismo, y junto con todo ello, la existencia de apretados barrios obreros en el interior de una ciudad rica, constituía un abono fértil para la violencia revolucionaria."

     
   
     

Desde mediados de los años 50 del siglo XIX Cataluña va a ser el escenario de las primeras huelgas reivindicativas, también será el lugar donde se creará la primera asociación obrera. Lógicamente tenía que ser en Barcelona donde se constituyera en 1870 la Federación Regional Española de la Primera Internacional o Asociación Internacional de Trabajadores (AIT). La tradición reivindicativa del proletariado catalán es, en consecuencia, un hecho incuestionable.

A todo esto hay que unirle, como otras características básicas, el anticlericalismo como síntoma del desprecio que las clases proletarias tenían hacia una Iglesia que había sido puntal de protección de las clases más favorecidas, el federalismo antiestatal republicano y la ideología antiautoritaria tan arraigada en la sociedad catalana, además, como no, de las reivindicaciones nacionalistas. Este era, por tanto, el caldo de cultivo que se podía encontrar en Cataluña poco antes que estallara la Semana Trágica, las palabras del gobernador civil Ángel Ossorio lo resumen perfectamente: "[...] en Barcelona la revolución no necesita ser preparada, está preparada siempre" , tan solo faltaba un reactivo, un reactivo que estaba a punto de surgir.

La llamada de "Reservistas", en su mayoría trabajadores y padres de familia, a filas por el gobierno de Maura ante el cariz que estaban tomando los acontecimientos en Marruecos propicio que en España se preparar una huelga general para el 2 de agosto, que en Cataluña se adelantó al 26 de julio por el llamamiento de la organización cuasi anarquista de Solidaridad Obrera, y que tuvo un amplio seguimiento. El ministro de Gobernación del gabinete presidido por Maura, Juan de la Cierva y Peñafiel, recurrió al Ejército para acabar con la actividad huelguística, pese a la oposición del gobernador civil Ángel Ossorio y Gallardo (que andó siempre a la greña con las autoridades militares).

El gobierno decretó asimismo y torpemente el estado de guerra. Al día siguiente, las primeras noticias acerca del llamado desastre del Barranco del Lobo, que había tenido lugar en Marruecos, cerca de la población de Melilla, desencadenaron una auténtica insurrección ciudadana, cuyo momento culminante fue el día 28 de julio. Los manifestantes se levantaron contra una monarquía y un gobierno que enviaba a los pobres de Españ a a defender las concesiones mineras de Marruecos, a defender los derechos de los ricos. Estallaba así la llamada Semana Trágica para algunos o Semana Gloriosa para otros (esta denominación fue acuñada por Pablo Iglesias). El foco más importante fue la ciudad de Barcelona, prácticamente desprovista de tropas y donde la policía se mostraba claramente ineficaz desde largo tiempo atrás, más de medio centenar de edificios, muchos de ellos religiosos, fueron asaltados cuando no incendiados y se produjo un centenar de muertos por los combates callejeros contra las fuerzas del orden, aunque éstas realmente contaron con pocas bajas, llevándose las de perder los manifestantes. Finalmente el 31 de julio, y no sin problemas, Barcelona y su cinturón industrial habían quedado totalmente aislados del resto de la península, el gobierno desbarató la insurrección en las principales localidades afectadas y, a primeros del mes siguiente, devolvió la calma a todo el territorio sublevado al tiempo que desplegaba, como era de prever, una contundente represión.

ALGUNAS IGLESÍAS ARDIENDO EN BARCELONA.

Una nueva torpeza estaba a punto de desatarse por parte del gobierno, en palabras de Carlos Seco Serrano en su libro "La España de Alfonso XIII": "la dureza de esta [refiriéndose a la represión] procedió sin duda del hecho de haberse situado bajo jurisdicción militar la liquidación de los sucesos. De una parte, porque la misma Ley de Jurisdicciones (1) llevaba al Código de Justicia Militar la sanción de los delitos "contra la Patria y el Ejército"; de otra, porque, habiendo sido el origen de la revolución barcelonesa la reacción ciudadana contra la movilización de las reservas que habían de acudir a la guerra de Melilla, se la calificó de "rebelión militar"" . Pues bien, la falta de previsión a la hora de controlar a los tribunales militares y sus excesos a la hora de juzgar los hechos colocó al partido conservador de Maura entre las cuerdas.

Todos estos acontecimientos, sumados a lo que estaba pasando en la impopular guerra de África motivó que mucha de la sociedad intelectual española se decantara, como no, en dos bandos. Mientras que voces tan cualificadas como la de Pérez Galdós se decantarían firmemente ante una "guerra colonial": "[...] ya es hora de oponer a los atrevimientos de nuestros gobernantes algo más que el asombro seguido de resignación fatalista, algo más que las maldiciones murmuradas, algo más que las protestas semejantes a cohetes que estallan con luces y ruidos, apagándose al punto en cobarde silencio. Forzoso es que alguien, sea quien fuere, clame ante la faz atónita del pueblo español, incitándole a contener enérgicamente las insensateces de los que trajeron la guerra del Rif" , otros intelectuales como "Azorín" la apoyaron sin condiciones: "Estamos en tiempos de guerra. Nada hay más alto, más supremo que la fuerza. Seamos fuertes. Brillen las espadas y retumbe largamente el cañón" (este texto puede encontrarse en el diario ABC de 3 de agosto de 1909).

     
  TUMBAS DE RELIGIOSOS PROFANADAS.  
     

Las consecuencias finales de la Semana Trágica son bastante sencillas de prever, la búsqueda de responsabilidades por lo acontecido se dirigió tanto al nacionalismo catalán como al republicanismo anticlerical de Alejandro Lerroux, quien, de hecho y para ser ciertos, se había negado firmemente a prestar su apoyo a la instauración de la forma de gobierno republicana que respaldaba algunos de los sublevados. Si ciertamente se quemaron iglesias fue porque el pueblo asimilaba y estaba cansado de ver como constantemente las altas -e incluso en algunas ocasiones, las bajas- jerarquias de esa institución se decantaban siempre en el apoyo de las clases privilegiadas. En 1909 la Iglesia era la más firme valedora de la burguesía.

La Semana Trágica concluyó saldándose con más de un millar de arrestados y 17 condenados a muerte, 5 de los cuales fueron finalmente ejecutados. Entre éstos se encontraba el pedagogo de ideología anarquista Francesc Ferrer i Guàrdia, fundador de la Escuela Moderna y detenido en su localidad natal de Alella, sin ningún tipo de prueba, responsabilizado de los recientes hechos barceloneses de la Semana Trágica por un tribunal militar (ocurridos a finales de julio y en los cuales no había participado) y fusilado el 13 de octubre de ese año en la prisión militar barcelonesa del castillo de Montjuïc, a pesar de la profunda campaña de solidaridad que se organizó en toda Europa, desde Budapest a Trafalgar Square . Su injusta y caprichosa muerte, que debía des ser un duro escarmiento para todos aquellos que simpatizaran con las ideas anarquistas (tan arraigadas en la Ciudad Condal) le convirtió en mártir de la educación laica.
SOLDADOS POR LAS CALLES DE LA CIUDAD CONDAL.

En Bruselas (Bélgica) se levantó un monumento en su memoria, muchos años debieron transcurrir, por causas de todos conocidas y que no necesitan explicación, para que se le levantara otro en la ciudad de Barcelona. Hubo tenues palabras de protesta en el Parlamento, como las de Melquiades Álvarez (2).

Maura intentó argumentar las decisiones tomadas con respecto a los acontecimientos ocurridos: "El suceso [la crisis de Barcelona] ha demostrado que en España se hacía un ensayo o una aplicación de un movimiento internacional que tiene el mismo sentido, que tiene caracteres análogos aunque se acomode a las circunstancias de cada nación o de cada tiempo. El Gobierno está enfrente de eso, sigue enfrente de eso, sigue luchando y sosteniendo frente a eso el principio de la autoridad y del orden; y lucha con todas las dificultades de las cuales no es más que un episodio aquella del rumor exterior."

     
  MANIFESTACIÓN EN BARCELONA.  
     

Por su parte, la presión ejercida por algunos dirigentes del Partido Liberal en contra de las decisiones adoptadas por el gobierno español a raíz de los acontecimientos ocurridos en Barcelona, obligó al rey Alfonso XIII a retirar la confianza al gobierno conservador presidido por Maura y a entregársela a Segismundo Moret. Según palabras de Raymond Carr: "Alfonso XIII vio que el partido Liberal tenía su utilidad: era una válvula de seguridad para salvar al trono de la revolución, que la intransigencia de Maura amenazaba con producir antes que evitar" . La actitud que el partido conservador había mantenido ante los sucesos de la Semana Trágica supuso la radical ruptura del llamado "Pacto de El Pardo", que había servido desde 1885, año de la muerte de Alfonso XII y regencia de María Cristina y que había nacido gracias al consenso de los dos partidos políticos, liberal y conservador, con la pretensión de mantener en pie el régimen.

El historiador Carlos Seco Serrano apunta un hecho poco conocido que pasados los años, un rey exiliado, confesó a Gabriel Maura: "Alfonso XIII reconocía que en aquel trance tuvo frente a sí la opinión de su madre, doña Cristina. No es extraño: para la ex Regente, la defensa de la Corona -de la Institución a cuyo servicio puso a prueba sus excepcionales dotes de discreción y prudencia durante los años en que hubo de gobernar en nombre del niño Rey, instalada en la caballerosa convivencia del "turno" acordado por Cánovas y Sagasta- debía ser el norte supremo del titular, en todos sus pasos. Para su hijo -"la conciencia del 98 en el trono", como se le ha llamado -era otro el motivo conductor de sus difíciles decisiones: "A estas alturas de mi vida -dijo a Gabriel Maura, en la entrevista citada- sigo creyendo que acerté cuando rehuí un conflicto que no podía resolver sino por las malas. Pero aun quienes crean que me equivocaba, habrán de reconocer mi buena fe, porque cuando lo que gritaron muchos españoles fue "Alfonso XIII no", me sacrifiqué a mi mismo como había sacrificado a Maura..." (3)

  MAURA  

Para concluir, las palabras de una información sin firma datada el 2 de agosto de 1909 y publicada en el periódico catalán La Vanguardia: "Nuestra primera palabra, al hablar por cuenta propia, después de siete días de doloroso silencio, ha de ser un llamamiento cordial a la templanza y a la generosidad de cuantos sientan amor por Barcelona. Los graves sucesos que en ella se han desarrollado durante la última semana -verdadera semana de Pasión para esta ciudad, tan digna de mejores destinos- imponen al escritor público deberes ineludibles y sagrados. Se le impone una tregua, que nadie puede violar sin que caiga sobre su frente la execración unánime de sus compatriotas. El orden ha sido turbado en forma inusitada y violentísima. La autoridad, por medio de la fuerza, ha tenido que restablecer la tranquilidad material. Que Barcelona contemple sus heridas, y reflexione. Que mire sus calles maltrechas, sus edificios incendiados, sus ruinas humeantes, y que reflexione. ¿En que pensar ahora más que en restablecer la paz moral y la serenidad de los espíritus soliviantados? Abramos el corazón a la magnanimidad y cerrémoslo a la ira. Cortemos el paso a la demencia de las recriminaciones ciegas, apasionadas y ensordecedoras. Ya vendrán días propicios para depurar las responsabilidades y formular, con toda su inexorable severidad, los juicios definitivos de la historia, para la cual han de constituir un borrón estas luctuosas jornadas de Julio. No se crea que influye en el tono de nuestras palabras el estado excepcional en que nos encontramos. Sin censura, sin estado de guerra y sin suspensión de garantías, emplearíamos idéntico lenguaje, porque él responde a los más íntimos y sinceros dictados de nuestro patriotismo y de nuestra conciencia. Sin censura, sin estado de guerra y sin suspensión de garantías dirigiéramos la misma apelación a cuantos sentimientos elevados y nobles puede atesorar el alma humana y pondríamos la misma convicción en nuestro acento y la misma continencia en nuestra pluma.

Que Barcelona contemple sus heridas y no cuide más que de restañarlas ahora, de cicatrizarlas después, obstinadamente. No mereciera el título de ciudadano, ni siquiera el de criatura racional, quien, en circunstancias tales como las presentes, antepusiera el grito de su pasión, de su bandería, de su creencia particular a la salud de la patria. Callen, pues, ante el dolor de Barcelona, con noble respeto, todas las pasiones, todas las pequeñeces y todos los odios. Del odio no puede venir la paz de las almas; no puede venir más que del olvido, de la enmienda, de la contrición. Que cada cual examine su obra o su omisión, sus excesos o sus pusilanimidades y complacencias; y que devore su remordimiento para que le encienda en ansias de purificación y mejora. Guardémonos sobre todo de perturbar o debilitar la acción del Poder público, bien con defecciones cobardes, bien con injerencias o excitaciones imprudentes. Ya se ha visto adónde pueden conducir las campañas disolventes e irreflexivas, sin contenido ni finalidad. Librémonos de ellas para lo sucesivo; pero librémonos también de tomar por el atajo opuesto de las reacciones insensatas y fuera de tino. Ni terror rojo, ni terror blanco. Serenidad y justicia; amplitud de miras y generosidad y amor a Barcelona por encima de todo y contra todo."

 
 
 
 
 

(1) La Ley de Jurisdicciones era consecuencia de los sucesos de 1905; después de una elecciones municipales los doce candidatos de la Lliga Regionalista resultaron elegidos en Barcelona, para celebrar el triunfo del partido se preparó una comilona en la ciudad condal llamada "el banquete de la victoria". La revista satírica del momento en Cataluña llamada "CU-CUT" y un semanario muy afín a la Lliga -LA VEU DE CATALUNYA- atacaban sistemáticamente, en ocasiones de forma grotesca, a las instituciones españolas, en especial al ejército. Al día siguiente del "Banquete" el CU-CUT publicó una caricatura en la que un oficial de caballería preguntaba a un transeunte. "¿Qué se celebra aquí que hay tanta gente?. "El Banquete de la victoria" , respondía aquel. "De la Victoria -decía el oficial- ¡Ah, vaya! Serán paisanos."

     
   
     

El profesor Pabón escribe al respecto : "Todo hace suponer que el semanario ni buscó el escándalo ni previó las consecuencias. El dibujo era pequeño y apareció colocado en un lugar cualquiera de las planas interiores... [...] el pequeño dibujo desencadenó una gravísima crisis en la vida pública española." La crisis vino como consecuencia de los militares de la guarnición de Barcelona que destrozaron la imprenta del CU-CUT y los locales de la redacción, después le tocó a la VEU DE CATALUNYA. Pero esto no era fruto de un día o de un dibujo más o menos acertado, meses antes un artículo publicado en "La Correspondencia Militar" decía así: "Los catalanes, cuya aspiración esencial es el separatismo, no pueden ni deben ser tratados como los demás ciudadanos españoles" Básicamente se fomentaba la idea que desde España se podía juzgar el catalanismo y que el juez debía ser el ejército. Las presiones llegaron ase tan fuertes y los ruidos de sables tan cercanos que se presentó inmediatamente a las Cortes un proyecto de ley, por virtud del cual, quedaban sometidos a la jurisdicción militar "cualquiera delitos contra la patria y el Ejército." Esa era la Ley de Jurisdicciones.

Aunque tuvo sus detractores, en la Cámara Baja Melquiades Álvarez apuntó: "[...] ¿Se pretende que un tribunal militar nos inspire más confianza que un tribunal ordinario? Es inútil que entendamos que es el Ejército el que ha de juzgar y penar los delitos que contra el Ejército se cometan. Siempre que una clase social, que un grupo, que una institución ha monopolizado la justicia han surgido muchedumbre de desenfrenos e iniquidades..." También Unamuno se opuso frontalmente: " [...] Corremos el riesgo que implica convertir el patriotismo en monopolio del Ejército. [...] En cuanto se haga a los militares especialistas en patriotismo; en patriotismo, que debe ser lo más general y más común en la nación, el sentimiento patriótico empezará a falsearse y a debilitarse, haciéndose patriotería. [...] Todos los militares son ciudadanos; no todos los ciudadanos, sí una pequeña minoría de ellos, son militares..."

(2) Melquiades Álvarez sostendría: " [...] el delito de rebelión militar exige que la rebelión se ejcute por militares o que esté mandada por militares, o que haya partidas militarmente organizadas con una organización similar a la de las tropas regulares. Como aquí no concurrieron ninguna de estas circunstancias, castigarlo como rebelión militar es cometer una infracción de ley; primero, atribuyéndoles competencia que no pertenece al fuero de guerra; segundo, castigando con una pena grave un delito que merecía una pena más leve."

(3) El nuevo gobierno de Moret no tardó en caer, los ascensos militares por méritos de guerra que habían sido suprimidos reaparecieron tras la campaña de 1909. Algunos militares que no estaban de acuerdo con esa política se quejaron, era un lejano precedente de las Juntas de Defensa. Una guarnición en Madrid se levantó en contra de las recompensas obtenidas por la Guerra de Melilla y decidió manifestarse. Moret quiso reprimirla y ordenó al capitán general de Madrid que la evitase. Como esta se produjo y el mando militar no hizo nada por contrarrestarla fue destituido y los manifestantes arrestados. La crisis llegó al Parlamento cuando el capitán Pignatelli, a pesar de ser diputado en las Cortes, fue arrestado. La crisis que se abrió tras el conflicto contribuyó a la caída de Moret.

 
 
 
         
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