Universidad de Barcelona de Geografía e Historia  

 

 
 

 

Nuestrocine

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
   
 
             
 
      ATRÁS.  
 
 
  INTERFERENCIAS FRANCESAS.  
 

La guerra de 1909, o Guerra de Melilla, concluyó con una victoria española, pero si a los peninsulares se les había pasado por la cabeza que la cuestión de Marruecos estaba totalmente solucionada y que los rifeños estaban totalmente vencidos, desconocían hasta que punto estaban equivocados. De hecho, ya en 1910, algunos jefes de diferentes partes del área, en especial uno conocido por El Mizzian, estaban llamando la guerra santa (la tan traida y llevada "yihab") y tratando de recomponer sus fuerzas para volverse a enfrentar a los españoles. Mientras tanto desde la península se trató de imponer una política de lealtades basadas en el dinero, o lo que es lo mismo, comprar a los principales cabecillas con el fin de ganarse su confianza y lealtad.

La llamada "Semana Trágica" o "Semana Roja" ocurrida en Barcelona en el año 1909, como consecuencia del envio de tropas reservistas a África -en su mayoría procedentes de la propia ciudad condal-, y que había colocado en pie de guerra a toda Barcelona (posteriormente la revuelta se había trasladado a otros puntos de Cataluña), ya había puesto en claro, hasta para el más lerdo de los políticos, que los españoles no estaban por la labor de la guerra y el expansionismo colonial africano, y menos aún cuando esa guerra no era más que para cimentar las bases de las inversiones de los más pudientes en Marruecos, especialmente en las minas del Rif.

TOMA DEL MONTE GURUGÚ. DIBUJO DEL CORRESPONSAL NAVARRETE.

La llegada del Partido Liberal de José Canalejas al poder en 1910, por la caída de Maura tras los hechos de Barcelona, es determinante para la expansión hispana por los territorios de Marruecos y provoca un giro a toda la política española. En su favor tenemos que asegurar que Canalejas tuvo que adoptar esa determinanción, aun en contra de sus propias convicciones, como consecuencia de los actos realizados por los franceses en Marruecos -en 1911 Francia aprovechando las revueltas antieuropeas en Fez y Mequinés y las ocupa militarmente junto con otras posiciones en la zona-. El gobierno francés, convencido que después de los acontecimientos ocurridos en Barcelona España, un tanto atemorizada por el peso de los movimientos sociales, no estaría dispuesta a aventurarse en nuevas aventuras coloniales por miedo a una revolución interna -revolución que podría incluso hacer tambalear a la propia monarquía, institución que no se encontraba en su mejor momento-, empieza a acariciar seriamente la idea de dominar militarmente todo el Marruecos prescindiendo unilateralmente de su antiguo socio y de los acuerdos que había firmado en secreto con España algunos años atrás.

En agosto de 1910 Henri Rochefort, una figura de gran prestigio en los círculos periodísticos y políticos franceses por sus conocimientos y buenos contactos dentro de la clase política, había argumentado de esta manera al diputado español Llorens, con el que le unía una buena amistad, casi a un año vista de los movimientos galos por África: "Quiere usted que le de mi opinión sobre el problema de Marruecos y nuestra actitud respecto a España, y voy a complacerle. Briand está de acuerdo con Pablo Iglesias y Lerroux, sobre todo el primero, que para mantener la agitación socialista en España, la semana roja de Barcelona fue alentada desde aquí, y elementos franceses jugaron allí mucho papel; recuerde usted que entre los cadáveres que resultaron de la revuelta, muchos de ellos no se pudieron identificar por ser de extranjeros. Desde aquí, pues, se fomentó la campaña contra la guerra de Melilla. [...] Continuamente se sorprenden en Francia oficiales alemanes que vienen a sorprender secretos de organización, armamento y fortificaciones, y lo mismo ocurre en Inglaterra, y por eso ninguno de los Gobiernos de ambos países se da por ofendido. Hoy se lucha con toda clase de armas y recursos. Pero volvamos a nuestro tema. Nosotros no creímos nunca que España tendría fuerza bastante para llevar cincuenta mil hombres a África, ni potencia económica para gastar cien millones en guerra. Se ha visto, y aquí se ha considerado preciso impedir que España ensanche su territorio en Marruecos. Como aquí sobra el dinero se ha comprado al Mokri, y se ha hecho saber a Muley Hafid que no tenga miedo alguno en reclamar que España desaloje sus posiciones, porque no puede ir a la guerra, que impedirán los obreros y los elementos revolucionarios con la huelga general. Además, están ustedes desamparados de toda Europa; Inglaterra, a pesar del enlace de familia, está de acuerdo con Francia; Alemania les odia a ustedes y hasta les desprecia. No tiene España más que el apoyo romántico del Emperador de Austria, que es tener nada, y el apoyo verbal de Portugal, que significa aún menos, porque aquella Monarquía se cae a pedazos. Están ustedes, pues, en una situación comprometidísima y me atrevo a decirle que a nadie pueden culpar de ello. Un país en cuyo Parlamento puede decirse sin protesta de nadie, ni aun del Gobierno, lo que dijeron Pablo Iglesias y Lerroux, que afirmaron terminantemente que si surgía nuevamente la guerra los soldados no tomarían las armas, no tienen derecho a quejarse de sus desdichas. Ese espectáculo que ofreció el Gobierno y el Congreso ha enseñado mucho de Pirineos acá."

La excelente argumentación que acaba de exponer en las líneas anteriores Henri Rochefort era, desgraciadamente para los intereses hispanos, tan terrorífica como realista y reflejaba perfectamente en las circunstancias que se encontraba aquella España de principios del conflictivo siglo XX. Si ir a la conquista de la parte que el gobierno español pensaba que moralmente le correspondía de África era malo pues tal acción podría destruir el Estado hasta sus más profundos cimientos, el quedarse "en casa" sin hacer ningún movimiento y permitir que Francia se estableciera alegremente al norte de los Pirineos y al sur de la península -en Marruecos-, quedando de esta manera España atenazada entre ella, tampoco era una idea demasiado sugestiva, ni por intereses económicos, ni políticos.

LERROUX

Un mes después de las confidencias de Rochefort, en septiembre de de 1910 el presidente del Consejo se reunía con los periodístas Rafael Gasset y Ortega Munilla para estudiar la situación en Marruecos. Canalejas se dirigió así a sus interlocutores: "[...] En vitud del tratado secreto entre España y Francia [el de 1904] aquella está obligada a no proceder en África a la realización de ningún acto de guerra sin antes obtener el beneplácito francés, y en cambio Francia cumple, solamente, con notificarnos lo que tenga por conveniente hacer. Ahora, la nota del embajador marroquí contiene la reclamación de que retiremos nuestras tropas de la zona conquistada, bajo el pretexto que el Sultán tiene dispuestas fuerzas propias para mantener el orden en el Rif. Claro es que nosotros no podemos ni aun siquiera oír semejante proposición, pues nuestra política consiste en ofrecer que cuando trascurra mucho tiempo y se demuestre que el Emperador puede asegurar la tranquilidad en aquellos territorios, retiraremos nuestro ejército, pero no limitándonos a nuestras antiguas fronteras, sino extendiéndolas a una zona que nos permita vivir con desahogo en Melilla. [...] Francia que procede con nosotros de mala fe, ha hecho entender a Muley Hafid que no podemos volver a pelear en Marruecos, porque los obreros españoles se sublevarán antes de ir a la guerra..."

     
   
     

El historiador Carlos Seco Serrano dice al respecto: " [...] El Tratado de 1904, que realmente reservaba esos territorios a España, era ahora utilizado por Francia en lo que tenía de restrictivo para frenar los avances españoles; y además se valía de su carácter secreto para animar las resistencias del Sultán a ajustar la Paz según las exigencias de Madrid, aduciendo por supuesto la supuesta parálisis que el temor a una revolución a sus espaldas impondría a Canalejas si trataba de respaldar con nuevas medidas de fuerza los derechos ya obtenidos de hecho. Se comprende, pues, que si Francia hubo de dar por efectivo lo ya alcanzado en el Rif -la línea de posiciones que, culminando en el dominio del Gurugú, devolvía la tranquilidad a Melilla-, la pretensión simultánea, por parte de España, de obtener idénticas ventajas o garantías territoriales en Yebala -en torno a Ceuta: Sierra Bullones, tal vez Tetuán- tropezase con el veto terminante de París."

El resumen de todo lo que hemos estado viendo hasta ahora es que podemos señalar que Francia, y mucho más después de los acontecimientos de Barcelona, veía que los acuerdos secretos a los que había llegado con España en 1904 podían darse por no firmados. España era una "potencia" demasiado débil como para tratarla como a una igual o a una aliada. Francia acaricia desde ese momento la idea de quedarse con todo el Marruecos.

Sin embargo, los problemas de España no acababan tan facilmente con el simple desprecio por parte de Francia, pronto se sumaría un acontecimiento que aún pondría más entre las cuerdas al gobierno español. La revolución que acechaba la corona portuguesa se hizo realidad y Portugal se convirtió en la tercera república europea -las otras dos eran Suiza y Francia-. Los elementos conservadores, tanto portugueses como españoles creían en una conjura europea para acabar con las monarquías ibéricas. Además los comentarios del revolucionario portugués Magalhaes Lima tampoco ayudaban demasiado a calmar los ánimos y daban argumentos a los que creían en la "teoría de la conspiración": "Esta revolución dará sus frutos, porque la proclamación de la República de Portugal no será un hecho aislado...; debe provocar rápidamente en España un movimiento análogo."

     
  CAÑONES DISPARANDO AL MONTE GURUGÚ.  
     

Sin embargo, los problemas, o al menos uno de ellos muy importante, vino a solucionarse. El Tratado de Paz con Muley Hafid firmado a finales de 1910 , dio por concluidas, de una manera oficial, las hostilidades en Marruecos. Si bien España no consiguió todas las pretensiones a las que aspiraba, al menos logró que su zona de seguridad alrededor de Melilla fuera ampliada hasta el río Kert, lo cierto es que las tribus de la zona siguieron atacando a las tropas españolas de tarde en tarde bajo las órdenes del nuevo cabecilla del Rif, El Mizzian -un miembro de la tribu de Beni bu Ifrur que aseguraba ser descendiente de profeta Mahoma-, en cuanto a las cuestiones económicas, la gran indemnización impuesta al Sultán se quedó en agua de borrajas y tan solo se consiguieron algunas mejoras comerciales a la hora de la explotación de la minas del Rif.

Francia pensó que una vez acabadas las hostilidades y firmada la paz con Marruecos, España no se metería, teniendo en cuenta sus circunstancias, bajo una nueva aventura colonial, y que no actuaría bajo la zona que le habían reservado los propios franceses en 1904. Sin embargo Canalejas respondió a la toma de Fez y Mequinés por parte de los galos con un movimiento que desorientó a todo el mundo, puesto que ordenó al ejército español que ocupara inmediatamente Larache y Alcazarquivir. En España la noticia cayó como una bomba, se sucedieron las protestas contra la nueva intervención en Marruecos, y el 6 de agosto se produjo un frustrado motín a bordo del buque de guerra Numancia en el que se llegó a proclamar la República.

     
   
     

En sus "Memorias", Caillaux reflejaría el estupor francés: "Pero he aquí un curioso incidente. ¡He aquí que España también ordena un movimiento militar! ¡He aquí que ocupa las ciudades de Larache Alcazarquivir! ¡He aquí que cierra el camino de Tánger a Fez." Los franceses estaban absolutamente desconcertados, llegan a sospechar en un tratado secreto entre Alemania y España a espaldas de Francia, mientras que Alemania sospechaba, por su parte, de un acuerdo entre hispanos y galos. Mientras tanto en España, en el Parlamento, las críticas hacia Canalejas se multiplican. El diputado Vicenti comentó a sus más cercanos: "Canalejas está demente."

Alemania manda unidades de su escuadra hacia Marruecos. Entre los foros políticos se decía que el Kaiser Guillermo II solamente pretendía que Francia tuviera que aceptar el "visto bueno" de Alemania para conseguir sus aspiraciones. Las potencias europeas se alian en el bando de Francia, mientras que España queda... aislada de todos y de todo. Moret dice: "La actitud de Alemania, que la hemos provocado nosotros, es muy grave. Dicho país no hubiera tomado resolución alguna de no haber ido nosotros tan imprudentemente a la ocupación de Larache y Alcazarquivir. Alemania hace tiempo que deseaba tomar territorios en Marruecos, pero no lo hubiera llevado a cabo si no le hubiéramos nosotros abierto el camino. La situación nuestra es delicadísima... [...] Los franceses no quieren luchar con Alemania, porque yo sé que Mr. Cambon les ha propuesto varias veces toda clase de compensaciones, con tal de entenderse en lo de Marruecos."

     
  KAISER GUILLERMO II DE ALEMANIA.  
     

Finalmente se llegó a un acuerdo que favoreció a todos menos a España -como viene ya siendo normal en la historia de este país, y el que no se lo crea solamente debe consultar un poco los libros de historia, que para eso están-. Francia cedió a Alemania, para que le dejara sus manos libres en Marruecos, concesiones en la zona del Congo-Camerún, y los territorios perdidos por un lado se los quitó a España por otro, de manera que Francia amplió su zona de acción en Marruecos y España tuvo que admitir la reducción de la suya.

Algunas cosas nunca cambian...

 
 
         
  ATRAS.   SIGUIENTE.