Universidad de Barcelona de Geografía e Historia  

 

 
 

 

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      ATRÁS.  
 
 
  LA CAMPAÑA DEL KERT (1911).  
 

Como ya  hemos visto anteriormente, en la sección dedicada a la Conferencia de Algeciras (1906), las potencias no dieron un permiso específico para que franceses y españoles dominaran Marruecos bajo "Protectorados", para eso tendremos que esperar hasta el año 1912, como ya veremos. Sin embargo, no puede escapársenos que ya existían una serie de acuerdos políticos de carácter secreto entre ambos países para comerse el pastel de Marruecos -aunque como ya se ha visto, a España solamente le correspondiera una pequeña porción del festín-. Como hemos repetido en diferentes ocasiones a lo largo de este estudio, los franceses -eso si, vigilados estrechamente por los alemanes- estaban esperando la más pequeña oportunidad para entrar en Marruecos y tomar la iniciativa, España, sin embargo, debía permanecer a la espera pues sus manos no estaban libres, o lo que es lo mismo, por el tratado secreto debía esperar a que los galos movieran ficha.

     
   
     

En España la cuestión de Marruecos estaba en un punto muerto, atrás habían quedado los graves incidentes ocurridos en Barcelona y que se prolongaron a otros puntos de Cataluña. La Semana Trágica y la desmesurada represión que la siguió provocó, en octubre de 1909, la caída del gobierno de Maura, siendo sustituido por el liberal Moret. Éste, y no sin problemas, pondrá fin a la impopular guerra de Melilla.

     
  RESTOS DE UNA IGLESIA TRAS LA SEMANA TRÁGICA.  
     

Muchos historiadores toman el acontecimiento sucedido en Barcelona como el punto de partida de una profunda crísis institucional que incluso llegó a poner en peligro a la propia monarquía. Sin embargo, y sin negar ese punto es interesante acudir a las palabras de Carlos Seco Serrano: "[...] conviene recordar que la de 1909 es "una crísis dentro de una cadena de crisis", que van desmoronando, de arriba a abajo, el edificio construido por Cánovas. Había culminado la obra de este con la inflexión democrática "incorporada" por Sagasta, y en la afirmación civilista que pareció corroborar el fracaso del último "prinunciamiento" a la antigua usanza -el de Villacampa-; y el desmoronamiento comenzó con la aprobación de la Ley de Jurisdicciones, que venía a suponer el retorno de los sables a la intervención política, y enquistaba un fuero privilegiado a favor de un sector social -precisamente el castrense- en el ordenamiento jurídico del país. desmintiendo la "unidad de fuero", principio irrenunciable para el liberalismo democrático. Ahora bien, en cierto modo, la crisis de 1909 fue como la última consecuencia de esta primera quiebra del canovismo: la aplicación del Código de Justicia Militar a los presuntos culpables de la Revolución de Barcelona, junto con la transmutación de supuestos delitos ideológicos -la "responsabilidad moral"- en delitos comunes. Tales extralimitaciones ejercidas o respaldadas "desde el poder" provocarían la ofensiva contra Maura; pero la implicación, de lleno, del Partido Liberal en esa ofensiva trajo por consecuencia la ruptura del Pacto de El Pardo, esencial en la construcción canovista."

Mientras tanto en el Rif las cosas estaban muy lejos de calmarse, aunque a primera vista todo parecía tranquilo un observador perspicaz se hubiera dado cuenta que existía un movimiento interno de resistencia al invasor hispano en el que las diferentes cábilas trataban de organizarse bajo un mando único; El Mizzián. Este se había dedicado a reorganizar su ejército que ahora era más numeroso y estaba mejor organizado, armado y equipado que en 1909, y presentaban una mayor movilidad que las torpes columnas españolas, que eran atacadas constantemente.

La llegada de Canalejas al poder -en mayo de 1910-, y en contra de lo que muchos pensaban trajo el tema de Marruecos a la primera página. Ciertamente que Canalejas era, en lo más profundo de su pensamiento, "antiexpansionista en África", sin embargo la situación política del momento le llevó a tomar una serie de medidas que fueron absolutamente desconcertantes para amplios sectores políticos del país e incluso para franceses y alemanes.

     
  TROPAS ESPAÑOLAS EN AFRICA.  
     

Como ya hemos explicado en otro capítulo de este estudio Francia, escudándose en los levantamientos antieuropeos de las ciudades marroquís de Fez y Mequines, aprovechó la situación que se le presentaba para ocupar militarmente estas dos ciudades y otras zonas de Marruecos. Los franceses estaban absolutamente seguros que los españoles no moverían ni un dedo ante la ofensiva gala pues sabían que el gobierno hispano tenía una fuerte oposición africanista -como bien había dejado demostrado la Semana Trágica- y demasiados problemas internos, problemas que, en el peor de los casos, podrían dar al traste hasta con la propia monarquía, bajo esta perspectiva Francia llegó a barajar la posibilidad de quedarse con todo el Marruecos, incluida la zona que en un principio se había asignado a España. Sin embargo Canalejas reaccionó como nadie se lo esperaba y ordenó al ejército español la ocupación de Larache y Alcázarquivir.

CANALEJAS

La opinión pública española reaccionó contra este nuevo movimiento colonial de expansión por Marruecos, y la situación llegó a tal límite que se produjo un motín en el buque de guerra Numancia, donde se llegó a proclamar la República el 6 de agosto de 1911 -aunque el motín fue rápidamente sofocado por tropas leales-. Pero Canalejas no cedió ante la opinión pública, y en agosto aprobó el plan de avance hasta el río Kert en la zona de Melilla para dejar bien claro, a nivel internacional, de cual era la postura de España en el área. Fernández Almagro dice al respecto: "La opinión española no dio todo su valor a lo acaecido, pues ignoraba que si a Canalejas le hubiese faltado sagacidad y diligencia, Francia se nos habría adelantado tomando lo que el jefe de nuestro Gobierno supo salvar felizmente." Otra cosa sería argumentar si España tenía alguna necesidad o no de meterse en este tipo de aventuras coloniales...

Carlos Seco Serrano escribe: "El único apoyo firme le llegaba a Canalejas del propio Rey; pero aquel quiso asumir en todo momento la plena responsabilidad de su decisión, evitando implicar en ella a la Corona.[...] La Embajada alemana en Madrid dejó translucir en el primer momento su satisfacción por el desembarco español. Se comprende, pues, el recelo de la diplomacia francesa, que se dobló al producirse el "aldabonazo" de Agadir. [...] la ostentosa presencia, a principios de julio, de unidades de la escuadra alemana en aquel puerto marroquí dio noción exacta del peligro que se cernía sobre la situación internacional."

Los franceses que no estaban por luchar por Marruecos contra Alemania prefirieron abrir conversaciones con los germanos. Eso si, no olvidarían ni perdonarían a los españoles sus acciones africanas. A las conversaciones París-Berlín no tuvo acceso la diplomacia española, si bien esta estuvo apoyada en un principio por los británicos. En palabras de Canalejas: "Procuré, al iniciarse las conversaciones entre Francia y Alemania, tomar parte en ellas; lo pretendí en Berlín, lo gestioné en París y no olvidamos llamar a la puerta de Inglaterra... No lo conseguí, dándome pretextos suficientes para calmar la susceptibilidad española, pero insuficientes para persuadirme. Inglaterra, en eso, no hizo nada para servirme y ayudarme. Dijéronme los franceses que, a su juicio, tampoco era conveniente simultanear las conversaciones hispano-francesas con las franco-alemanas, ni había necesidad de que a ellas asistiera Inglaterra. Pero al fin, empezamos a hablar en tonos muy amistosos, aunque sin obtener en las primeras conversaciones que Geoffray saliera de ciertas vaguedades."

Los "tonos amistosos" pronto se descubrieron en su justa medida. Los acuerdos entre alemanes y franceses por los que Alemania dejaba las manos libres a Francia en Marruecos a cambio de concesiones territoriales en la zona del Congo-Camerún los tuvo que pagar España, admitiendo por su parte la reducción de su futura zona en Marruecos.

Estos acuerdos franco-alemanes coincidieron con las operaciones españolas en el Kert -consideradas por algunos como la fase final de la Guerra de Melilla-, donde el ejército español volvió a demostrar -una vez más- sus incapacidades en la lucha contra unas harkas mucho más acostumbradas al terreno, más móviles y más numerosas que años atrás. Finalmente, y no sin pocos esfuerzos, los españoles aseguraron sus posiciones en Monte Arruit, Izhafan, Tauriat et, aunque respetaron el no cruzar el río Kert, una frontera natural que se levantaba de una forma inviolable para los hispanos -ciertamente debemos apuntar que los españoles trataron de cruzar el río por algunos puntos pero siempre fueron rechazados por los rifeños-..

     
  PAISAJE DE LA ZONA DEL KERT.  
     

El general Luque, ministro de la guerra, había ido a Melilla para contemplar en persona las operaciones del ejército; ya entonces contempló la posibilidad de un plan en donde un desembarco en Alhucemas rompiera con las defensas rifeñas. Sin embargo España se conformó, por el momento, con dominar la frontera natural del Kert y el capitán general de Melilla, García Aldave, dio por pacificada la región.

Pero tampoco esta vez el gobierno y el ejército españole acertó en sus predicciones y sólamente un mes más tarde los rifeños atacaron las posiciones españolas. En palabras de Carlos Seco Serrano: "La pacificación del valle del Kert se prolongó hasta la primavera, porque la harka seguía en pie de guerra; solo pudo darse por concluida tras los combates del 13 y 14 de mayo (batalla de Kaddur) conducidos por el coronel Berenguer y sus regulares, y en los que halló la muerte el Mizzian, "un santón -escribe Salcedo- que electrizaba a los rifeños con su austera vida, fervor religioso, arrebatadora elocuencia y valor sobrehumano", al menos en este caso, la desaparición del caudillo supuso el final efectivo de las operaciones." El territorio ocupado alrededor de Melilla era el doble respecto al de 1909, pero más allá del río Kert, lo que realmente podríamos considerar como el Rif profundo, continuaba libre y, a primera vista, intocable para los intereses españoles.

La consolidación militar e incluso diplomática de la zona española en Marruecos la podemos definir desde este momento como un hecho incuestionable, aunque no por eso podemos omitir la improvisación de la campaña militar hispana; los malos sumistros, las peores comunicaciones, la pésima preparación de sus tropas, el nefasto conocimiento del terreno -cuando se tomaron los altos de Talusits se llegó a la conclusión que no había sido una buena elección ya que su valor estratégico era nulo, el abandono de la posición hizo creer a los rifeños que los españoles se replegaban y ello acentuó sus ofensivas contra los españoles-. En fin, todos estos conceptos, básicos para otros países, mientras que para España no dejan de ser anecdóticos. En la campaña del Kert se colocó la primera piedra para el posterior desastre de Annual, lo peor de todo es que en años nadie se dio cuenta o fue capaz de tratar de remediarlo.

 
 
         
  ATRÁS.   SIGUIENTE.