Universidad de Barcelona de Geografía e Historia  

 

 
 

 

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      ATRÁS.  
 
 
  LOS PROTECTORADOS (Tratado franco-español).  
 

La Conferencia de Algeciras, aquella que debía llevar la estabilidad a la zona, resultó contraproducente y en lugar de llevar el deseado orden a Marruecos, provocaría mayor anarquía. El Sultán se encontraba ante una muy dura perspectiva, por un lado estaban las presiones -cada vez más crecientes- de las potencias europeas, en el otro lado de la balanza se enfrentaba al rechazo de la población. El resultado de este estado de tensión no podía ser otro, el Sultán fue perdiendo rápidamente la autoridad que aún le quedaba, y la revuelta se extendería y acentuaba conforme franceses y españoles ampliaban el área ocupada en el Imperio marroquí.

En palabras de Carlos Seco Serrano: "La consolidación militar -y diplomática- de la zona española era ya un hecho irrecersible. Aunque no cupo a Canalejas la satisfacción de firmar el acuerdo definitivo con Francia..." Canalejas fue asesinado en un atentado anarquista.

     
  CADÁVER DE CANALEJAS.  
     

El propio Canalejas había descrito así sus negociaciones con los franceses: "No logramos todo lo que pretendimos, ni acaso todo lo que nos es debido; pero discutimos con tal perseverancia y abogamos con tal solicitud, que a veces fuimos tildados de intransigentes y de cicateros en Francia y en otras partes."

El proceso de negociaciones se abrió en 1911 -con el reconocimiento previo del derecho de España a permanecer en Larache y Alcazarquivir- y se cerró el 25 de octubre de 1912. El tratado fue firmado por Romanones, por dicho compromiso España adquiría libertad absoluta dentro de su zona. Francia conseguía una "línea de tránsito", salvando así las aduanas españolas y Tánger quedaba internacionalizado en beneficio del Reino Unido.

Como ya hemos explicado con anterioridad, España debió ceder 45.000 kilómetros cuadrados para compensar a Francia por haber negociado con Alemania, y a la que había cedido 200.000 kilómetros cuadrados en el Congo por permitir a los galos a construir su protectorado marroquí.

La embajada francesa, encargada de firmar el Tratado del Protectorado con el Sultán , llegó a la ciudad de Fez el 24 de marzo de 1912 -obsérvese que los franceses ya habían negociado con los marroquís antes de hacerlo con los españoles-. Después de seis días de negociaciones, el 30 de marzo de aquel año, François Régnault, Henri Guillard (cónsul de Francia en Fez) y Kaddur Ben Ghabrit hicieron firmar a Muley Hafid el Tratado que instituía en Marruecos un régimen de Protectorado. La confirmación del acuerdo provocó la consternación entre la población marroquí, que veía perdida su independencia en benerficio de los intereses extranjeros, comenzó así una agitación social de marcado sentimiento nacionaliosta -marcha de tribus hacia Fez en protesta de los acuerdos firmados-.

     
   
     

En palabras del analista español Berbabé López: "Como ya ocurriera con Egipto o Túnez, la colonización vino precedida del agotamiento económico. El gasto público había ido incrementándose, requiriendo nuevos créditos, algunos a intereses exorbitantes. Los impuestos, escasos y mal administrados, y la recaudación de las aduanas, muchas veces desfalcadas, llevaron al país al borde de la bancarrota. Cuenta Abdallah Laroui que para crear un cuerpo de policía moderna en Tánger -una de las disposiciones del Tratado de Algeciras- el Gobierno hubo de pedir préstamos a cualquier precio e, incluso, en 1907, llegó a solicitar a su ministro de Hacienda que hipotecase las joyas de la corona para poder mantener a la administración. Todo esto tendría consecuencias sobre el ejercicio del gobierno. El desprestigio del Majzén fue acompañado por el desarrollo del bandolerismo, que amenazó el orden, especialmente en las regiones donde abundaba la población europea como en los alrededores de Tetuán. [...] ante la crisis del Majzén y la bancarrota del Estado finalmente, el general Lyautey impondrá a Muley Hafiz el tratado del Protectorado el 30 de marzo de 1912, no quedándole al Sultán otra posibilidad que la abdicación y el exilio, como su hermano, a la ciudad de Tánger. España se vería finalmente enredada en la cuestión marroquí mediante el acuerdo hispanofrancés de 27 de noviembre de 1912, por el que se estableció la zona de Protectorado español, ratificada por el nuevo sultán, Muley Yussef, el 14 de mayo de 1913. Un sultán a la medida, "piadoso, honrado, pero impotente", como lo califica Charles-André Julien. Paradójicamente, el Protectorado habría de servir para reforzar a dinastía alauí que, en los albores del siglo XX, atravesó el peor período de su historia y estuvo al borde de la desintegración."

En realidad, en el año 1912 se desconocía casi todo acerca de Marruecos: ni siquiera se sabía con exactitud la extensión de la zona sometida a la tutela española (unos 20.000 kilómetros cuadrados, en los que las extensas zonas montañosas y las áridas llanuras dejaban poco espacio para las tierras cultivables).

PROTECTORADO FRANCÉS.

Se ignoraba absolutamente el número de habitantes al que  había que "proteger" en la zona de influencia española (las estimaciones oscilaban entre los 600.000 y una cifra superior al millón), aunque era conocido que se trataba de un poblamiento fundamentalmente rural con sólo dos ciudades importantes; Tetuán con unos 20.000 habitantes y Larache con apenas 10.000, pues Tánger, internacionalizada, quedó fuera del protectorado en favor del comercio británico. No debe extrañar que tampoco se supiera casi nada de las riquezas, reales o potenciales, que encerraba la región. No existía una red de comunicaciones que facilitara la penetración en el territorio y su posterior control.

La explotación de sus recursos agrícolas, ganaderos y pesqueros apenas si cubría las necesidades de la población,  por lo que era necesario importar diversos productos (especialmente cereales) para asegurar su alimentación, así como recurrir a la emigración temporal a las llanuras argelinas en busca de trabajo en las explotaciones de los colonos europeos.

El historiador Carlos Pascual escribe lo siguiente: "Desde la actual perspectiva histórica no se entiende como España se metió en la aventura de crear un protectorado en la zona de Marruecos teniendo en cuenta sus tremendas carencias y el desconocimiento general que los españoles tenían sobre las costumbres y usos de aquellos que debían proteger. [...] Fue más un hecho guiado por el corazón que por la razón; por el simple deseo de volver a tener un imperio..."

     
  tipos rifeños.  
     

Según un informe sobre la zona: "El clan familiar, se traducía especialmente por un tipo aislado de barrio de aldea, así como por una agrupación de tierras de cultivo. Este grupo familiar era una célula social adaptada al aprovechamiento de la montaña. Los campos irrigados, con sus acequias y presas, estaban organizados en función de esos grupos sociales. El "aduar" era el grupo fundamental, compuesto de uno o varios clanes; era igualmente, una forma de hábitat sedentario agrupado en caseríos aislados. El aduar era una unidad administrativa, política y económica, con un Consejo de ancianos, la Yemá. El término del aduar comprendía varios terrenos irrigados o de secano, con campos permanentes o no, maquis o bosques. Algunas de estas tierras se consideraban bienes apropiados del tipo melk (propiedad privada), pero los otros formaban "el bled jemá", es decir, la tierra administrada por la colectividad. Las fracciones o el cantón, agrupaban varios aduares, correspondían casi siempre a una unidad geográfica individualizada: un valle o una sección del mismo, en otros lugares una vertiente, una pequeña meseta o una vertiente limitada por valles profundos. El agrupamiento dirigido por un consejo que elegía un cheik con funciones políticas, judiciales, e igualmente económicas. El país rifeño era pobre. Las tierras cultivadas no representaban más que una parte pequeña de la montaña: del 10 al 25 %, según las regiones , y el 50% en el caso de las mejores, fraccionados en multitud de islotes. El espacio aislado estaba muy netamente dividido en terrenos irrigados y terrenos de secano. Las tierras irrigadas representaban una pequeña parte de las tierras cultivadas, alrededor del 10%, pero destacaban en el paisaje por sus verdes manchas, y por los ricos cultivos que le daban el primer lugar de la economía agraria. Estos regadíos eran, paradójicamente, más importantes y seguros en los fondos de los grandes valles del Este, de clima seco, Rhiss, Nekkor, Kert y Oued Amekrane."

La noción de "protectorado" suponía el mantenimiento de las formas de gobierno tradicionales de los marroquíes, aunque tuteladas por las instituciones políticas creadas por los colonizadores para desarrollar su correspondiente labor "civilizadora" -mejor le hubiera ido al país si esa labor "civilizadora" se hubiera aplicado a la propia España, donde las tasas de analfabetismo eran escalofriantes- . En la cúspide de la estructura política indígena estaba el jalifa (representante del sultán de Marruecos en la zona), asistido por el Majzen (gobierno presidido por el gran visir). Paralelamente, las ciudades eran regidas por los bajás, mientras que los caídes hacían lo propio en el ámbito rural. Por su parte, la estructura colonial pivotaba en torno al alto comisario asistido de delegaciones (Servicios Indígenas, Fomento y Hacienda).

vaquero rifeño.

En este esquema, los llamados interventores, interlocutores coloniales ante los notables locales, tuvieron gran importancia. La financiación de este aparato político-administrativo corrió por cuenta de la potencia colonizadora,  para la que supuso un continuo y oneroso esfuerzo -esfuerzo que, a decir verdad, no se podía permitir-.

La mayoría de la población en los primeros años del protectorado -el 82,36%-, vivía en el campo, y ya se había iniciado un proceso de urbanización que, incrementaba notablemente las cifras de población de las cinco ciudades más importantes: Tetuán, Larache, Alcazarquivir, Arcila y Xauen. Además, habían adquirido carácter de pueblos, algunos núcleos, que hasta entonces habían sido pequeñas aldeas, como sucedió en los casos de Villa Sanjurjo, Puerto Capaz, Torres de Alcalá, Cabo de Agua, Dar Xaui y Fondac.

La población urbana ascendia a 140.312 habitantes, de los que 41.660 eran españoles, y otros 635 europeos. Los marroquíes eran 85.099 musulmanes y 12.918 hebreos. Los españoles, alcanzaban, pues, al 29,70% de la población urbana, en tanto que respecto a la población total de la zona eran sólo el 5,58% Casi todos los españoles vivían en ciudades, en algunas de las cuales eran mayoría

Como es sencillo de comprender la mayor parte de los españoles que emigraron hasta Marruecos no se dedicaron a tareas agrícolas sino que se situaron en el sector dedicado al comercio y al transporte, para dedicarse a la agricultura lo podrían hacer en España donde la tierra era bastante más rica y agradecida que en el inóspito Rif. La proporción de esos profesionales del comercio o transporte se mantuvo del 40 al 60%, hasta concluida la I Guerra Mundial (1919). Luego, en los años 20, se redujeron sus efectivos en cifras absolutas y en relación con los demás sectores profesionales (agricultores, trabajadores de la industria y sobre todo militares), que les superaron desde 1921 a 1925. En la primera parte de los años 30, una vez que el área se pacificó, crecieron de nuevo las cifras del sector comercio-transporte.

Un estudio sobre la alimentación de los rifeños nos señala claramente sus carencias: "La alimentación del indígena solía ser sobria y frugal. Se hacía un régimen de tres comidas al día. Por la mañana se tomaba el té, añadiendo si las circunstancias lo permitían, algo más sustancioso como la harira. La comida del mediodía era un almuerzo frugal entre las gentes del pueblo, limitándose a comer torta o galleta de cebada o trigo con leche agria o té; pero en las casas acomodadas, la base de la comida era un guiso de carne y legumbres. La comida principal de la noche, donde las posibilidades lo consentían, era el alcuzcuz, simple, o con carne y legumbres. Esto en las ciudades. Entre los campesinos, la comida era más simple, conformándose el kabileño con comer alcuzcuz con un poco de carne sólo en las fiestas y, corrientemente con sémola preparada, llamada aasida, y sobre todo un plato de gachas, llamado beisar, que las mujeres preparan en un recipiente, donde comían los miembros de la familia juntamente. Este plato era el más usado por las clases humildes o de la clase media: un puré de habas secas, peladas y machacadas, o de guisantes (Yebala)."

El estudio continuaba diciendo: "El pobre, comía en invierno guiso de nabos o coles con aceite o manteca. En primavera, usaba ensaladillas y leche agria, en verano, empleaba la verdura que obtenía de su huertecillo o guersa, o bien adquirida en los zocos. El pan, de elaboración casera, solía ser de harina de cebada, aunque también se empleaba la de trigo, y se mezclaban con ambas las de bellotas, habas, maíz, algarrobas, centeno, aldorá y guisantes. Había cábilas, situadas en vegas o valles, donde se hacía un buen consumo de frutas y hortalizas, caso de los de Beni-Urriaguel."

El mismo estudio nos continua hablando de la vivienda en el mundo rural: "Entre las viviendas campesinas destacaban por su uso general: la "nuala", el "bit" y la "kabusa". La nuala no es más que una especie de choza, de paredes formadas por troncos enterrados y recubiertos de palmito u otro material, sobre estos troncos se monta la techumbre en forma de V invertida, cuyo armazón lo constituyen unos palos y el techo, propiamente dicho, es de palmito, centeno o paja. El bit (habitación) es una modificación de la anterior; las paredes son de piedra o adobes, que se unen con barro arcilloso y se enlucen con greda o barro; el techo es idéntico a la nuala. Algunos bit tienen cielo raso, formado por cañas atadas con cuerda de esparto o palmito y tierra o barro apisionado, que le sirve de a modo de almacén. Otra forma de habitación es la Kabusa , que tiene forma redondeada, con armazón de cañas y palos y terminada en punta. El techo se hace de la misma forma que se ha expuesto con la nuala, variando los materiales de acuerdo con los que se hallen más cercanos. Cada familia posee una, dos o tres habitaciones de las que se han descrito, formando con ellos, y una cerca de seto natural, cañas o tapia, una especie de patio, donde a veces se sitúa el estercolero. Estas habitaciones no poseen ventanas, sólo estrechos agujeros que en la parte alta de la misma se les abre para que sirvan de respiradero. En el interior, oscuro, hay cierta división para las distintas ocupaciones, allí está la cocina, el comedor, el lugar de trabajo, el dormitorio; el pesebre y la cuadra-gallinero. La higiene es pues muy relativa. Algunas veces se veían viviendas de mejor aspecto, tomadas de las casas de las ciudades.[...] La vivienda del nómada es la jaima o tienda alargada, formada por anchas y largas tiras -fliy, plural de fliya- de un tejido grueso de lana mezclada con pelo de cabra y camello, esparto y fibra de palmito, que cosidas unas a otras, alternando las claras con las oscuras, montan sobre dos largueros clavados en tierra y unidos por un fuerte travesero que sustenta el techo. La tela está estirada por medio de cuerdas y vientos del mismo tejido que se sujetan a tierra por estaquillas, formando una falda que cae hasta el suelo y que puede levantarse para conseguir una mayor ventilación. La circunda y defiende una espesa maraña de espinos secos, y su mobiliario es todavía más sencillo que el de la habitación del sedentario."

     
  MUJERES RIFEÑAS.  
     

Finalizaremos el estudio de como se encontró España lo que debía ser su "protectorado" hablando del delicado tema de la sanidad: "Las endemias variólicas, palúdica y sifilítica se destacaban como las primeras causantes de la morbilidad del país, con notable propagación; sus recrudecimientos estío-otoñales y sus lesiones terciarias. Igualmente, las dermatosis más variadas como la sarna, la tiña, lepra, peste bubónica, tuberculosis, el tifus y diversas formas de psicopatías, completaban el cuadro de mortalidad en gran proporción de casos y con gran virulencia. Así era la realidad sanitaria marroquí antes del Protectorado."

Desde 1909 a 1912, se ordenó urgentemente desde la península que fueran agregados médicos a los Consulados españoles en las principales ciudades del Imperio, con equipos sanitarios que asistían a los indígenas que lo requerían, disponiendo de enfermerías y el material suficiente. Luego, a medida que el ejército avanzaba y consolidaba sus posiciones, se realizaba una labor sanitaria en los territorios de que se posesionaba, sobre todo en la lucha frente a enfermedades como la viruela, la sífilis y el paludismo, que estaban muy arraigadas en la masa indígena, y la última, además (paludismo) se cebaba con los poco acostumbrados soldados españoles -como ocurrió en Cuba algunos años antes-...

Conseguida, en 1927 y tras muchos esfuerzos y mucha sangre derramada, la total pacificación de la Zona propició que se creara la Inspección de Sanidad de la misma, iniciándose un exhastivo plan sanitario que abarcó la organización -de forma urgente e inmediata- del Servicio-Médico-Farmacéutico en el campo y en las ciudades, el Servicio de Hospitalización, el de Beneficencia Municipal, el de Campañas Sanitarias, en especial la antipalúdica, la de profilaxis venéreo-sifilítica y, en general, la prevención de las enfermedades infecto-contagiosas y pestilenciales Así pues, en el campo sanitario, la acción protectora entre las gentes del Rif dio buenos resultados (fue sin duda el gran éxito de España en la zona, volcando esfuerzos y dinero). Se realizó una campaña antivariólica en 1927, eliminando prácticamente esta enfermedad, de la que sólo se dieron 92 casos en 1938 -cuando antes de la llegada de los españoles era demasiado común entre la población rifeña- . Este mismo año se inició una feroz lucha antipalúdica -enfermedad que afectaba tanto a los indígenas como a los propios soldados españoles- , que en diferentes campañas, permitiría un considerable descenso del paludismo, presentándose 6.993 casos en 1941, y sólo 1.075 en el año 1943.

TIPOS RIFEÑOS.

La pésima situación de España desde mediados del siglo XIX, "España es una crisis dentro de una crisis" , tanto política como económica y social convierte a su política exterior en un simple títere de los deseos y caprichos del Reino Unido y Francia. Teniendo en cuenta estas graves circunstancias es facil de comprender que aunque los españoles trataran de hacer cosas en su Protectorado sus posibilidades eran muy limitadas -era más el deseo que otra cosa- y su influencia realmente insignificante. Podemos señalar como hechos significativos -de lo perdido saca lo que puedas- que España consiguió la ampliación de los límites territoriales de Ceuta y Melilla, imprescindibles para que llegado el momento fueron el punto de partida de la invasión de su zona a proteger. Ciertamente también hay que señalar que se multiplicó la red consular española, aunque esta ventaja es simplemente cara a la galería ya que su valor práctico era muy excaso. No podemos olvidar que España consiguió del Sultán el reconocimiento de su labor protectora -aunque hay que señalar que este hecho venía como consecuencia del reconocimiento del Protectorado francés-. En resumidas cuentas y en palabras de Carlos Seco Serrano: "Pequeño y todo, había conseguido España un lugar bajo el sol, en la crecida de los grandes imperios coloniales que preludió el estallido de la Gran Guerra."

 
 
         
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