Universidad de Barcelona de Geografía e Historia  

 

 
 

 

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        ATRÁS.  
 
 
  LA REVOLUCIÓN RUSA.  
 

Suponemos que si habéis abierto nuestra página web por este preciso lugar no entenderéis en absoluto que relación pueden tener los Conflictos coloniales de España en el Norte de África con la Revolución Rusa. Y, en el fondo, no os falta buena parte de razón... Si marcharais a la página que introduce este extenso trabajo de investigación estamos seguros que lo entenderias perfectamente. Sin embargo, preferimos ahorraros el viaje y explicaros de modo sencillo que tomando como referencia esos conflictos estamos dando un repaso a la España de los siglos XIX y XX y a algunos acontecimientos, tanto nacionales como internacionales, que marcaron directamente al país. Así que aquí encontareis explicaciones sobre la Guerra de Cuba o Filipinas -imprescindible para entender lo que posteriormente ocurrirá en África- e incluso someros repasos a la Primera República Española, la Gran Guerra Mundial o la muerte de Prim. Las influencias de la Revolución rusa en la Semana Trágica de Barcelona, también llamada la "Semana Roja" son innegables y el desarrollo del movimiento obrero enfrentado a la política colonial española en África es un hecho a tomar en consideración.

Nos reiteramos en una cuestión que pretendimos dejar muy clara en nuestra página de INTRODUCCIÓN. Nuestra perspectiva de los hechos históricos que aquí se recogen estan estudiados desde un punto de vista meramente histórico. No somos patriotas, somos historiadores. Si buscais páginas que estén al servicio o a mayor gloria de nombres o estamentos os aconsejamos que busqueis otros lugares, los hay de sobras en INTERNET. No pretendemos abanderar la verdad absoluta pero trataremos de buscarla y hacerosla llegar.

El Centro de Estudios Históricos es una asociación libre e independiente de profesionales, sin animo de lucro y que tan solo pretende divulgar la Historia.

 
INTRODUCCIÓN-

Cuando hablamos de Revolución Rusa deberíamos utilizar el término más apropiado de REVOLUCIONES RUSAS ya que esta no se reduce tan solo a una. Los episodios más destacados de este proceso fueron la revolución de 1905 y la llamada Revolución de Octubre de 1917.

NICOLAS II JUNTO CON SU FAMILIA.

A comienzos del siglo XX Rusia era el único régimen absolutista que quedaba en Europa, la población rusa era mayoritariamente rural, el 90% del total aún vivía en el campo, aunque muchos labriegos del norte buscaban trabajos estacionales en las ciudades para poder vivir. Alrededor de la mitad de los campesinos eran siervos -las tierras en su mayoría pertenecían a la aristocracia- y las condiciones de emancipación eran demasiado restrictivas, además, el sistema de producción era tan atrasado e inadecuado que dificilmente podía mantener a la masa campesina.

La lenta industrialización del país atraía a las ciudades a numerosos grupos de campesinos que se convirtieron en la primera generación de obreros industriales. Sus lazos personales y afectivos con sus pueblos permanecieron fuertes, y por ello las actitudes e impresiones urbanas se trasladaron al mundo rural.

La difusión de las ideas marxistas se difundieron mucho más y mejor de ese modo que a través de la labor de los propagandistas y agitadores que operaban en los campos mandados desde las ciudades. El poder era detentado por el zar y la aristocracia que, con un buen aparato policial, reprimia todas las posibles manifestaciones de descontento o a los grupos de oposición al régimen. Si bien se ha tomado siempre 1905 como el inicio de la Revolución debemos profundizar unos años atrás para comprender plenamente los acontecimientos que sufrirá Rusia y que la convertirá en la Unión Soviética.

Desde 1801 con el zar Alejandro I el país había comenzado a sufrir una serie de reformas administartivas y jurídicas que, de haberse consolidado adecuadamente, hubieran podido llevar a Rusia a convertirse en un verdadero estado moderno. De esta manera, el Secretario de Estado Esperanski había comenzado, por encargo del zar, a redactar un proyecto de Constitución con separación de poderes. Aunque seguía permaneciendo el llamado Consejo de Estado, se creaba una " Duma " (Parlamento) electiva.

Sin embargo, todas estas ideas reformistas se verán frenadas en seco tras la derrota de Napoleón, el zar Alejandro I impresionado por las revoluciones de carácter liberal que se están produciendo en toda Europa se convierte en un defensor del conservadurismo, la tradición y la reacción. Será esta la época de máximo despotismo del régimen y cuando se creen las colonias militares de castigo como respuesta al nacimiento de una serie de Sociedades Secretas que tienen como objetivo conseguir una Constitución, liberar a los campesinos y repartir las tierras de los aristócratas.

     
  NAPOLEÓN BONAPARTE.  
     

En 1825, aprovechando la súbita muerte del zar en Tanganrog -con tan solo 48 años-, se produce la INSURRECCIÓN DECEMBRISTA. La noticia de la muerte del soberano llega a San Petesburgo con una semana de retraso, iniciándose un periodo de total incertidumbre porque el zar no tenía descendencia. Según la ley debía ser su hermano Constantino quien le sucediera, pero éste, años antes había renunciado a sus derechos al trono así que el sucesor debería ser el hermano pequeño del zar, Nicolás.

Muchos sectores de la población se alarmaron, en vez del tolerante Constantino accedería al trono el rígido Nicolás. Una de las Sociedades Secretas de caracter radical, la llamada "Sociedad del Sur" comandada por el coronel Pável Pestel, estaba dispuesta a desplegar sus tropas en la Plaza del Senado para forzar a Nicolás a ceder el trono a su hermano Constantino. Alrededor de 3.000 hombres salieron a la plaza con ese fin pero tropas leales a Nicolás les rodearon y tras horas de espera, iniciaron un ataque con fuego de artillería que culminó con el fin de la rebelión y el arresto de los amotinados...

Los Decembristas aspiraban a objetivos tan sencillos como el de conseguir una constitución y la abolición de la servidumbre para el campesinado y aunque habían actuado en 1825 sus raices se remontaban, por lo menos, a una década atrás -los soldados rusos que entraron en París tras Napoleón quedaron impregnados del espíritu de la Revolución Francesa-. Su acción se convierte en un símbolo de la moderna juventud revolucionaria pero estaban muy lejos de ser un grupo homogéneo, lo componían desde liberales, pasando por republicanos y sin olvidar a los masones -que proliferaban en esa época-.

En palabras del historiador Juan Salterio: "La revuelta decembrista fue puramente simbólica, la mayoría de los conjurados sabían que su movimiento estaba condenado al fracaso antes de comenzar, sin embargo consiguieron ser el ejemplo de generaciones posteriores de revolucionarios. [...] Si bien, no gozaron en su momento de gran aceptación por la masa del pueblo nunca fueron considerados una panda de fanáticos o soñadores sino que se les apuntó, acertadamente, como el germen de la Nueva Rusia."

Nicolás I, que pasará a la historia con el sobrenombre de "el gendarme de Europa", afirma su sistema autocrático con el apoyo de la Iglesia ortodoxa y el más rancio nacionalismo ruso.

EL ZAR NICOLAS I PASANDO REVISTA A SUS TROPAS.

Militarista convencido como lo fuera Pablo y Pedro III antes que él, durante su reinado se crea la llamada "Tercera Sección", policía secreta que se encargará del control de escuelas, universidades, prensa y opinión pública. La reina Victoria lo describió así en 1844: "Es severo e inflexible, con principios inamovibles acerca del deber.[...] Es sincero incluso en sus actos más despóticos, que surgen de su convicción de que ése es el único modo de gobernar."

Sus objetivos básicos en política exterior son la represión de los movimientos revolucionarios en Polonia -insurrección de Polonia de 1830-, Alemania y Hungría -proclamación de la República magiar-, la expansión en la península balcánica y la desmembración de Turquia.

La GUERRA DE CRIMEA (1853-1856) es un intento de aprovecharse de la debilidad del imperio turco para ganarle unos territorios pretextando un conflicto entre monjes católicos y ortodoxos por los Santos Lugares de Jerusalén, en ese momento en posesión de Turquía. Los franceses habían convencido a los turcos para que les entregaran en custodia la Iglesia de la Natividad en Belén, un derecho siempre invocado por los ortodoxos. Nicolas defensor de la ortodoxia demandó que ese derecho les correspondía a ellos. Cuando Turquia se negó el zar ordenó la invasión de Moldavia y Valaquia. Gran Bretaña y Francia sospechaban que Rusia pretendia comenzar una guerra total que destruyera el Imperio Turco, por lo que se pusieron al lado de los otomanos.

Considerada como la primera guerra "moderna" de trincheras, la intervención de las potencias extranjeras frustran los planes del zar. En 1856, muerto Nicolas I, el nuevo soberano Alejandro II se ve obligado a firmar la PAZ DE PARÍS, donde Rusia cede la desembocadura del Danubio, los aliados crean un protectorado europeo sobre los turcos cristianos con garantias del Imperio Turco y de los principados danubianos y el Mar Negro queda como zona desmilitarizada y neutral.

La derrota en la Guerra de Crimea pone de manifiesto las carencias de Rusia a nivel administrativo, económico y militar, ante esta perspectiva el zar Alejandro II ordena la creación de una serie de Comisiones que deben efectuar cambios como la reforma de la servidumbre, los gobiernos locales, la justicia y las fuerzas armadas. El resultado fue una serie de cuatro actas de reforma promulgadas a partir de 1861.

ALEJANDRO II SENTADO JUNTO A LA ZARINA Y AL ZAREVICH.

La primera reforma, que afecta a más de 40 millones de campesinos, es la abolición de la servidumbre. De inmensa complejidad, el estatuto tratará de dar independencia a los campesinos sin debilitar a los señores y nobles rurales. En palabras de Robin Milner: "[...] Los campesinos no estaban autorizados a poseer la tierra en forma individual, la tierra se vendía a pueblos o a comunas de campesinos, que asumían colectivamente la responsabilidad del pago y tenían derecho a redistribuir la tierra entre sus miembros. Por lo tanto, los campesinos fueron libres en principio, pero en la práctica dependían económicamente [...] Los campesinos siguieron siendo dependientes y se empobrecieron y se vieron obligados a buscar trabajo durante el invierno para hacer frente al pago de sus deudas, puesto que los reultados de su labor agrícola eran insuficientes."

La segunda reforma (de 1864) concedía una administración autónoma a los diferentes gobiernos y distritos. Se basó en el "zemstvo" , una institución que comprendía una Asamblea y un Comité Ejecutivo, elegido a nivel municipal. Los representantes de los municipios constituian a la vez una Asamblea Provincial que elegía su propio Comité con autoridad sobre economía local, comunicaciones, salud pública, educación, agricultura, obras públicas, etc.

Aunque su eficacia estaba gravemente limitada por las interferencias burocráticas del Gobierno central, así que su primitivo entusiamo acabó por convertirse en indiferencia. Una vez más, una reforma pensada para conseguir una mayor participación de los gobiernos locales acabó fracasando.

La tercera reforma se fundamentó en el sistema de justicia que desde tiempo atrás se había mostrado inoperante y corrupto. La reforma tomó como ejemplo en la jurisprudencia occidental: jueces independientes, juicios públicos, atenuación del sistema penal.

La última reforma afectó al ejército, se estableció el Servicio Militar obligatorio por un periodo mucho más corto que el anterior, educación básica para los reclutas analfabetos, eliminación de las diferencias de clase como criterio de progreso. Todos estoa avances convirtieron al Ejército en la institución más democrática de Rusia.

El plan de educación instituido por el Alejandro II, que permitió el acceso de los jóvenes que no pertenecían a la nobleza a la enseñanza secundaria y las universidades, surgió un gran colectivo de estudiantes que se convertirían en la vanguardia revolucionaria. El primer paso fue la organización de un partido que protagonizara el proceso de lucha; en 1898, en Minsk, quedó fundado el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR) que en su II Congreso (1903) ya contaba con dos facciones enfrentadas: mencheviques y bolcheviques. Comienza la época de la DECADENCIA DEL ZARISMO, la industrialización y la miseria de los campesinos provocan un perfecto caldo de cultivo revolucionario apareciendo sectores como los Nihilistas, partidarios del anarquismo de Bakunin, que serán perseguidos y juzgados.

     
  ENTIERRO DEL ZAR ALEJANDRO II.  
     

Comienza la década del Terror, la Sociedad Secreta llamada "Tierra y Libertad" formada básicamente por estudiantes radicales de las clases privilegiadas se destaca por sus acciones. En palabras de Robin Milner: "Los miembros eran escasos pero fanáticos y gozaban de la simpatía y la ayuda financiera de muchos miembros de la élite de la cual provenían. A partir de 1878, "Tierra y Libertad" logró asesinar a muchos funcionarios policiales y del gobierno en toda Rusia. Su campaña culminó con el asesinato de Alejandro II en 1881, pero las consecuencias supusieron el fin del terrorismo. "Tierra y Libertad" quedó inmovilizada por una serie de medidas de seguridad, pero, lo que era más significativo, su método se desacreditó: incluso la muerte del zar no llevó a ningún levantamiento, el gobierno siguió estable y, discretamente, se produjo la sucesión imperial. Los radicales comenzaron a buscar otros métodos revolucionarios ". Una catedral de estilo neomedieval fue construida en el lugar donde se produjo el regicidio.

Con la llegada de Alejandro III al trono en 1881 regresa la autocracia absoluta, apoyándose, una vez más, en la Iglesia Ortodoxa rusa y en la policia. El propio soberano ordena crear la OCHRANA (policia política) para controlar las escuelas, universidades, prensa y tribunales de cualquier posible germen suversivo.

Poco tiempo después el marxismo hacia su aparición en Rusia. El padre fundador fue Gueorgui Plejanov, nuestro hombre había estudiado el marxismo en Suiza y había concebido un plan que lo adaptaba a las especiales condiciones de Rusia. Su base era, como explicaba el propio Marx, que el Socialismo debía de darse en una sociedad evolucionada, por lo que Rusia debía entrar en el capitalismo antes de derivar hacia al marxismo socialista. Plejanov estableció su organización en 1883 expandiéndose de inmediato por todo el país. Uno de los jóvenes que se sumó a los marxistas hacia finales de los años ochenta fue Vladimir Uliánov, más conocido como Lenin.

IMAGEN DE UN JOVEN LENIN.

En 1895, y con Nicolas II ya en el poder, Lenin es encargado por el partido de difundir las ideas marxistas en San Petersburgo, pero la célula fue descubierta y Lenin arrestado. Su castigo fue de deportación durante tres años en Siberia meridional -cerca de la frontera con China-, donde se dedicó a escribir sus obras políticas más importantes y a desarrollar su propia versión de las teorías marxistas.

Una vez cumplido el castigo marchó al extranjero. Mientras se encontraba en el exilio siberiano la posición de Plejánov se había debilitado de manera que Lenin pudo acceder a la dirección del partido junto con su antiguo líder, pronto comenzaron a surgir diferencias entre ambos. En el Segundo Congreso del Partido Socialdemócrata Ruso, en 1903, el sector de Plejánov recibe el nombre de mencheviques y el de Lenin de bolcheviques.

Mientras tanto en el interior de Rusia también se están produciendo movimientos políticos. En 1903 los liberales forman una Unión de Liberación que reclamaban las libertades civiles plenas, igualdad de los ciudadanos ante la ley, derogación de la legislación restrictiva, amnistía política, democratización total y la creación de una samblea legislativa realmente representativa del pueblo ruso. Su propósito era el de convertir al país en una verdadera monarquía parlamentaria asentadas en los principios de la democracia liberal.

Desgraciadamente para Rusia el zar Nicolas II veía a los revolucionarios marxistas y a los liberales de igual modo y entre sus planes no se encontraba la posibilidad de ceder sus privilegios a nadie. Como explica Robin Milner: "La posición del zar estimuló a los revolucionarios a seguir adelante con la causa de la revolución violenta, mientras que entre los liberales creció la hostilidad hacia el régimen establecido."

En 1904 la guerra ruso-japonesa será la espoleta detonante de los cambios que se producirán en el futuro. En 1896 los rusos habían pactado con los chinos con el fin de poner freno al expansionismo japonés en Asia. Rusia obtuvo varias concesiones importantes como fruto del tratado resultante, un nuevo convenio chino-ruso daba en arriendo al zar la parte sur de la península de Liao-Tung, con los importantes puertos de Dalny y Port Arthur. Cuando los rusos se instalaron en Liao-Tung convirtieron la base naval de Port Arthur en un lugar estratégico y muy bien defendido.

Las interferencias francesas y británicas en China para conseguir cesiones económicas y comerciales provocaron una serie de importantes disturbios en el país, disturbios que se culminaron con un golpe de estado provocado por la Emperatriz viuda contra el joven emperador Kuang-Siu. A fines de septiembre de 1896 un grupo de xenófobos exaltados partidarios de la Emperatriz Tse-Hi (los Boxers) organizaron una matanza de extranjeros. En agosto de 1900, las fuerzas multinacionales acaudilladas por el alemán Alfred von Waldersee tomaron la capital e hicieron capitular a la Emperatriz. Rusia aprovechó esos momentos de agitación para ocupar Manchuria.

En 1902 rusos y chinos habían firmado un tratado por el cual los primeros debían abandonar la zona invadida durante la rebelión de los Boxers, sin embargo los rusos no dieron muestras de querer abandonar aquel territorio facilmente, más bien comenzaron a mirar hacia Corea. Un rico negociante de San Petersburgo, Bezobrazov, consiguió amplios permisos para la tala de árboles en el río Yalú, lo que motivó la más amplia indignación japonesa que consideraban Corea como parte de su natural expansión por el continente.

En palabras del historiador Mariano Fontodrona: "Aquella guerra, absurada, sangrienta, que no resolvió nada y que acabó por simple aburrimiento, como las malas piezas teatrales, quedaba ya planeada. El día 4 de febrero de 1904 quedaron rotas las negociaciones y el 6 Japón inició la movilización general."

Europa entera quedó desconcertada al ver que un pequeño país como Japón desafiaba al Imperio Ruso. La aristocracia zarista y los propios militares contemplaban que el conflicto no pasaría de ser una guerra corta y victoriosa. Sin embargo el pueblo no deseaba ningun tipo de enfrentamiento bélico y menos aún si se le mandaba a morir por los intereses comerciales de los grandes capitales de San Petersburgo.

El Imperio del Sol Naciente, bajo el mando del almirante Togo, decidió a atacar a los barcos rusos de Port Arthur a la vez que desembarcaba tropas en en Corea y en el Sur de Manchuria. Poco a poco los nipones fueron imponiéndose en todas sus operaciones (Port Arthur cayó antes de acabar 1904). Sin embargo, el núcleo principal del ejército ruso estaba intacto y todavía confiaba en infligir a los japoneses una derrota que pudiera considerarse como definitiva (la batalla de Liao-Yang había costado 26.000 muertos a los japoneses, por lo que las tropas niponas habían sufrido graves pérdidas humanas en la campaña aunque esta se desarrollara victoriosa).

TROPAS RUSAS
Mariano Fontrodona nos relata así los sucesivos acontecimientos: "El día 8 de enero de 1905, el general Missaca, al mando de una fuerza de caballería cosaca compuesta de unos seis mil jinetes, avanzó por el valle del Hun-Ho, rodeando e inquietando a los cuerpos nipones. En los libros infantiles japoneses aparecen unas coloreadas e ingenuas estampas en las que apuestos caballeros amarillos pasan a sablazo limpio a gigantes torpes y barbudos. Pero lo más lamentable es que, en algunos textos de historia británicos, alemanes y franceses, y en la mayor parte las más importantes revistas de la época, pueden verse estas inefables ilustraciones. Sin embargo, la verdad es que la inexperta caballería japonesa jamás pudo medirse con los denodados cosacos, que la arrollaron una y otra vez. [...] Del 28 de febrero al 12 de marzo de 1905 se libró la última, la más inútil y sangrienta batalla de la guerra. Los japoneses, bajo el superior mando de Oyama, y los rusos acaudillados por Kuropatkin, se disputaron tozudamente las llanuras y los pantanos de Mukden. Al término de la matanza, agotados, los dos ejércitos quedaron enfrentados, vigilándose, ya sin fuerza alguna para pelear de nuevo. Así les sorprendió la paz."
     
   
     

Alberto Falcionelli en su obra "Historia de la Rusia Contemporánea" escribe: "Agotados, los dos estaban por cierto, pero Japón mucho más que Rusia. La reserva de hombres que ésta poseía, aunque todos sus generales se hubiesen sido unos incapaces, la hubiera llevado finalmente a dominar a un adversario que ya no podía enviar una sola división más a la línea de batalla. Si bien había sido vencida completamente sobre el mar, militarmente Rusia podía continuar la guerra y barrer a los japoneses de todas sus posesiones continentales..."

El Tratado de Paz fue algo tan absurdo como lo fue la guerra. En palabras de Mariano Fontrodona: "[...] Durante tres buenas semanas, el representante ruso, conde Witte, y el japonés, barón Komura, discutieron como chiquillos, sin variar un ápice sus posiciones, la cuestión del pago de una indemnización. El zar Nicolás no quería aflojar un solo rublo." Finalmente los japoneses accedieron a renunciar a la indemnización solicitada -posiblemente porque fueron presionados por los Estados Unidos, que no contemplaban con buenos ojos el auge del Imperio nipón-.

La derrota rusa en la guerra ruso-japonesa supuso un motivo más de sufrimiento y frustración para el pueblo ruso y contribuyó, como veremos a continuación, a crear el caldo de cultivo necesario para que comenzaran a desarrollarse todas las futuras agitaciones subversivas que estaban a punto de desarrollarse en el país.

 
LA REVOLUCIÓN DE 1905
 

El 22 de enero de 1905 (día 9 de este mismo mes, según el calendario que rigió en Rusia hasta 1918) una manifestación pacífica formada por unos 150.000 obreros acudió al Palacio de Invierno de San Petersburgo en demanda de mejoras salariales. La foto de la derecha muestra el momento en que las tropas zaristas se disponían a abrir fuego para dispersar a la multitud. Miles de manifestantes fueron muertos, y este "Domingo Rojo" marcó el inicio de la revolución del año 1905, la indignación popular propagó la agitación a todo el país y, poco después, el movimiento obrero se vio reforzado por la rebelión del Acorazado Potemkin, inmortalizada por una de las más grandes películas de la historia del cine.

     
  DOMINGO ROJO.  
     

Los sucesos que luego fueron de tanta trascendencia pueden catalogarse, como escribe Richard Hough, como una simple "cuestión de gusanos". La carne destinada al navío estaba en mal estado y los marineros se negaron a comerla, el intento por parte de los mandos de que los hombres se mostraran disciplinados y acudieran a los comedores por la fuerza fue un fracaso y propició que el barco se sublevara y los amotinados se apoderaran del buque sangrientamente siguiendo las órdenes de Afanasy Matushenko.

Una vez más, la torpeza de los mandos propiciaron el levantamiento del barco porque el acorazado "Potemkin", mandado por el capitán de navío Evgeni Golikov, tenia fama de ser disciplinado y adepto al zar. En noviembre de un año antes se habían tratado de infiltrar unos agitadores políticos entre la tripulación y, tras comprobar que todos sus esfuerzos proselitistas resultaron estériles, habían tenido que desistir en su tarea.

El acorazado amotinado decidió navegar hacia Odessa por dos razones básicas: no era una base naval, como Sebastopol, Nicolaiev o Batum; y se sabía que las células del Partido comunista eran muy activas en Odessa y que la población se encontraba inmersa en una serie de huelgas y algaradas. El 27 de junio de 1905 el "Potemkin" llegaba junto a la bocana del puerto.

Ciertamente, los marineros del navío rebelde no estaban equivocados, la ciudad se agitaba bajo protestas sociales. El cierre de diferentes industrias había conseguido echar a la calle a la masa obrera. El gobernador militar de la población contaba con un gran número de policías, tres regimientos de reserva del ejército y un regimiento de Cosacos. Los choques contra la población eran constantes pero la multitud desarmada no podía hacer otra cosa más que correr cuando los militares, siempre fieles al zar, cargaban contra ella.

Cuando el "Potemkin" llega a Odessa enarbolando pabellón rojo el gobernador militar teme que la nave comience a cañonear la ciudad -las cuatro piezas de calibre 305, podían lanzar obuses de 350 Kg a una distancia de 20 kilómetros-. El zar, conocedor de los acontecimientos que han sucedido en el "Potemkin" declara el Estado de Guerra.

La muchedumbre instigada por los agentes políticos (anarquistas, socialdemócratas, mencheviques, etc) se dirige hacia la "escalinata de Richelieu", en su mayoría desarmados y enarbolando banderas rojas, tratando de llegar al centro mismo de la ciudad. El gobernador al enterarse de lo que está ocurriendo manda a los Cosacos para que tomen la Plaza de la catedral y cierren el paso con esa maniobra a los manifestantes.

ESCALINATAS DE ODESSA.

El historiador Mariano Fontodrona lo describe así lo ocurrido durante aquella jornada en las escalinatas de la ciudad de Odessa: "Entonces se produjo la insensata matanza que Eisenstein ha inmortalizado en la celebérrima escena de la escalera, de su incomparable película. Los peldaños de la escalinata tienen una anchura de veinticinco metros, y se divide en doce tramos, de veinte peldaños cada tramo. Los rellanos intermedios tienen una profundidad de siete metros. [...] Los cosacos se dividieron en dos grupos. La primera mitad [...] descendieron la escalinata, acompasadamente, como una máquina. Avanzaban, se arrodillaban, disparaban, y volvían a caminar hacia adelante. Cuando la muchedumbre purulante se hacía más tupida, los cosacos se abrían paso a la bayoneta. Los de abajo, a caballo, cargaban contra los fugitivos [...] La "escalinata Richelieu" aparecía literalmente cubierta de cadáveres, mientras la sangre iba goteando, de peldaño en peldaño." De hecho las matanzas continuaron hasta la noche, algunos historiadores, no precisamente afines al régimen comunista, sostienen que en aquella nefasta jornada murieron más de 6.000 personas.

Una delegación de los huelguistas de Odessa se acercó hasta el "Potemkin" en una barca con la intención de que el barco abriera fuego contra la ciudad. La decisión era complicada porque no se podía asegurar que el fuego del acorazado no produjera más muertes de civiles. Después de largas deliberaciones se llegó a la conclusión de hacer llegar un mensaje a las autoridades en las que se reclamaba víveres y carbón para el barco amenazando con bombardear la ciudad si las peticiones no eran tomadas en cuenta.

Mientras esto ocurre el zar ha mandado a lo mejor de su escuadra, o lo que queda de ella después de la guerra ruso-japonesa, para "borrar esta mancha del honor de nuestras fuerzas navales" . La escuadra zarista pide a los rebeldes que se rindan mientras que se aproximan al "Potemkin". Cuando el navío amotinado pasa por delante del "Jorge el Victorioso", la marinería de este último sube a cubierta y vitorea a los rebeldes, pronto el resto de los buques hacen lo mismo. Finalmente el "Jorge el Victorioso" se une por completo al "Potemkim". Desde San Petersburgo se da la orden de que la marinería de todos los barcos del Mar Negro sea enviada a casa de permiso para evitar nuevos motines.

El "Jorge el Victorioso" embarrancará al poco de salir de Odessa y acabará por entregarse a las autoridades rusas. El "Potemkin", solo y sin apenas víveres y combustible decide poner rumbo a aguas rumanas. Mariano Fontrodona escribe: "[...] la acogida de las autoridades, contra lo que habían esperado los amotinados, fue muy fría. Los cañones del puerto no contestaron las salvas de saludo que el "Potemkin" habían disparado, y la comisión militar que subió a bordo del acorazado, exigió su rendición y entrega. No se les concedió avituallamiento ni aprovisionamiento de carbón, y se enteraron de que el Zar había ya pedido al monarca rumano la extradición de los amotinados, como criminales y traidores de derecho común. Ante tal estado de cosas, optaron por hacerse de nuevo al mar libre. [...] La marcha del "Potenkim" hacia Crimea, a media máquina y casi sin víveres, fue muy penosa. Faltaba agua para beber, y era preciso hacer funcionar las calderas con agua salada"

De esta manera el "Potemkin" llegó a Teodosia. El alcalde estuvo dispuesto a venderles ciertos alimentos pero les comunicó que no estaban en disposición de ofrecerles agua y carbón. Los sublevados del "Potemkin aseguraron que bombardearían la ciudad en caso que no se les diera lo que pedían por lo que la población huyó a las cercanas colinas. Cuando un grupo de marineros trató de desembarcar se encontró con una compañía de soldados que mató e hirió a varios de los amotinados.

Decepcionados y desmoralizados, los marineros del "Potemkin" decidieron regresar a Rumania y entregarse a las autoridades, antes de desembarcar abrieron las válvulas para que el barco quedara medio sumergido. El rey Carol I se negó a las reiteradas demandas de extradición que llegaron de San Petersburgo y tan solo permitió que los rusos recuperaran el acorazado sumergido en el puerto rumano de Constanza

     
  ACORAZADO POTEMKIM  
     

Todos estos acontecimientos, unidos a un gran número de levantamientos ciudadanos en las principales ciudades del Imperio provocó que la Administración imperial cediera ante las demandas liberales y publicara el llamado "Manifiesto de Octubre", que proclamaba el gobierno parlamentario basado en una Asamblea Nacional elegida (Duma), inmediatamente comienza a elaborarse una Constitución de corte liberal elaborada por Von Witte. Todos estos cambios provocan una disminución radical del apoyo a los revolucionarios que se quedaron prácticamente solos pero esperando cualquier posible oportunidad para hacerse con el poder.

En Londres los bolcheviques tienen sus propios planes, deciden colaborar con la revolución democrático- burguesa para que cuando esta triunfe, estén en disposición de asaltar el poder para instaurar su régimen socialista.

 
 
  LA REVOLUCIÓN DE 1917

 

     

El Zar había aprobado el "Manifiesto de Octubre" muy a su pesar. Todos los ministros que nombró eran contarios a la existencia de la Duma (la palabras Duma significa "Consejo" en ruso) y estaban pobremente capacitados para el cargo que se les había encomendado. La única excepción la constituía Piotr Stolipin, primer ministro desde 1906 hasta su asesinato en 1911, quien introdujo en el país una serie de cambios agrarios de gran importancia.

En julio de 1906 queda constituida la primera Duma, que pasará a llamarse "la de la esperanza popular", que solicita para la completa renovación de la política rusa que se instaure un auténtico régimen parlamentario. El problema era que el sistema de votación era desigual (los votos de las diferentes clases sociales tenían diferente valor), teniendo las clases más favorecidas el control político del país.

En 1907 tendría lugar la segunda Duma llamada "la de la cólera popular", donde se podía observar un aumento de influencia de los partidos socialistas moderados. Entre 1907 y 1912 se produce la tercera Duma, llamada "de los señores, popes y lacayos", donde se puede ver un regreso a la orientación autocrática.

La Primera Guerra Mundial vino a precipitar toda la descomposición existente en el Imperio ruso, descomposición que había caracterizado el reinado de Nicolás II. Néstor Luján escribe al respecto: "Sobre las responsabilidades que los rusos tuvieron en la declaración de guerra se ha escrito mucho y la diplomacia imperial es harto culpable. Fue una especie de locura colectiva que dominó a los estadistas de todos los países que tomaron parte en la conflagración. La declaración de guerra se hizo con un delirio y entusiasmo que nada tenía que ver con la realidad de los hechos. El ministro de la guerra, Sujonlimov, que había sido nombrado por el Zar por puro capricho, se gloriaba de no haber leído un solo libro militar desde hacia más de veinte años."

El gran duque Nicolás (ver foto de la izquierda), tío del Zar, fue nombrado generalísimo de los ejércitos rusos al estallar el conflicto, era gobernador militar de San Petersburgo pero absolutamente incapaz para el asunto que se le estaba encomendando. El infeliz Nicolás montó un Cuartel General en el cual nadie se comunicaba con él para no disgustarle y cuyo único elemento espiritual para llevar la guerra eran las cartas de su esposa.

Grígori Yefímovich Rasputín, un místico y cortesano ruso, era realmente quien llevaba el poder en Rusia en esos momentos. En 1905 fue presentado en la corte, donde causó un gran impresión a la emperatriz Alejandra Fiódorovna. Rasputín pasó a ser el personaje con más ascendiente dentro del séquito de la zarina porque hizo creer que podía aliviar el sufrimiento de su hijo, Alexis Nikoláievich (heredero del trono de Rusia) que padecía hemofilia.

A partir de 1911 Rasputín designó a muchos altos funcionarios del gobierno, la mayoría de los cuales fueron poco competentes y sin demasiado talento para el desempeño de sus funciones. Cuando el Zar Nicolás II se dirigió al frente de batalla para asumir personalmente el mando del ejército, Rasputín pasó a controlar el gobierno, lo que concitó el odio de toda la clase gubernamental y de la aristocracia, odios acrecentados a causa de los reveses sufridos por Rusia en la Gran Guerra.

Su muerte, en 1916, fue planeada por el príncipe Felix Yusupov que, junto a un grupo de aristócratas lo envenenaron acuchillaron, dispararon y finalmente fue arrojado al río Neva.

El historiador Mariano Fontrodona es muy elocuente al explicarnos el discurrir de los acontecimientos durante la Gran Guerra y las posteriores repercusiones que estos tendrían en Rusia: "No cabe duda alguna que el cumplimiento estricto, por parte del Zar Nicolás II de sus pactos militares con los aliados, permitió a Francia librarse de una presión alemana, tan bien dispuesta y tan irresistible como en 1870. Pero es evidente también que el sacrificio del Ejército ruso precipitó la llegada de la Revolución y el hundimiento de la autocracia de los Zares. [...] En la famosa acción de Tannenberg, que se desarrolló entre los días 26 al 29 de agosto, los alemanes con una potente artillería y con gran abundancia de ametralladoras, causaron terribles pérdidas al Segundo Ejército zarista. La derrota rusa fue muy importante, pero gran parte de la prensa aliada se complació en exagerarla hasta lo inverosímil"

Las posteriores derrotas sufridas por el ejército ruso obligaron a Nicolás II a dejar el trono. Su hermano Miguel llamado a sucederle, rechazó el compromiso, y de esta manera tan simple se hundió la dinastía Romanov en Rusia.

En seguida comenzaron a actuar, ya no de una manera clandestina, sino a plena luz pública los "soviets" (células revolucionarias) con objetivos revolucionarios. Sin embargo, estos tuvieron que esperar a mejor oportunidad ya que un nuevo gobierno, defensor de una Duma democrática, con la idea de hacer palpable una separación entre Iglesia y Estado, instaurar el sufragio universal entre el pueblo ruso y hacer una serie de reformas laborales era el que ostentaba el poder.

     
  TROPAS ALEMANAS SE DIRIGEN HACIA LA BATALLA DE TANNENBERG.  
     

Alexander Kerenski, el primer ministro, tuvo que enfrentarse primero con las fuerzas izquierdistas de Lenin y poco después con los militares ultraconservadores del general Kornilov. Estos últimos constituyeron un auténtico peligro, si idea era la de tomar por la fuerza de las armas San Petersburgo e instaurar el antiguo régimen con todas sus consecuencias, los liberales, dispuestos a defender sus recientes conquistas no dudaron en aliarse con los bolcheviques para tratar de frenar a las tropas de Kornilov.

El historiador Eduardo Mesa escribe: "Sin embargo esos mismos bolcheviques que habían sido llamados para salvar el sistema fueron los que se encargaron de hundirlo completamente. Al grito de "Todo el poder para los soviets" asaltaron el poder para instaurar en Rusia un régimen que Marx nunca había ideado para una sociedad tan pobre, atrasada y agrícola como la rusa, sino que había sido pensada para una sociedad desarrollada como la británica..."

El día 6 de noviembre (24 de octubre, según el calendario de Rusia) se sublevaron y al día siguiente, con menos de 10.000 hombres, ya habían tomado San Petersburgo. Los miembros del Gobierno provisional fueron arrestados y el poder pasó a los "soviets" de obreros, soldados y campesinos. Tras el triunfo de la revolución, las primeras medidas tomadas fueron la iniciación inmediata de las negociaciones de paz, el reparto de las grandes propiedades y la creación del Consejo de Comisarios del Pueblo, que se hizo cargo del Gobierno bajo la presidencia de Lenin.

Las manifestaciones públicas que se produjeron para que se restableciera la Duma fueron brutalmente reprimidas por el Ejército Rojo siguiendo las pautas que el Ejército zarista había hecho años antes. Lenin, apoyado por Trotski, da la orden de reprimir sin piedad cualquier tipo de oposición al nuevo régimen. Comienza una serie de "purgas" políticas que acabarán con la vida de miles de rusos.

En 1918 Rusia se retiró de la Primera Guerra Mundial al firmar con Alemania el tratado de Brest-Litovski. Al concluir el conflicto, las democracias vencedoras, Francia y el Reino Unido, que no habían perdonado la "traición" de Lenin por haberse rendido a los alemanes ayudaron con dinero, armas e incluso tropas a los "Rusos Blancos". Pronto la nueva Rusia de Lenin se vio envuelta en una guerra civil desencadenada por elementos contrarrevolucionarios -los "rusos blancos"-, que recibían ayuda de las potencias occidentales temerosas de la extensión del comunismo. En un momento de aquella Guerra Civil un jefecillo local llamado Yukov Yukovsky encabezó la ejecución de la familia imperial rusa que se encontraba prisionera -y a sus sirvientes-. De todo lo acontecido, los periódicos y folletos bolcheviques solo anunciaron lo siguiente: "El Zar ha sido ejecutado sin formalidades burguesas, aunque acorde con nuestros nuevos principios democráticos". En cuanto a la familia el mismo comunicado mentía: "ha sido trasladada a un lugar más seguro".

El Ejército Rojo del Gobierno consiguió derrotar al Ejercito Blanco y en 1921 los bolcheviques se habían consolidado definitivamente en el poder. Un año después Lenin proclamó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), federación de los territorios del antiguo imperio ruso.

En 1989 con los nuevos aires de cambio y apertura que mostraba la caída del régimen dictatorial comunista ruso, Mikhail Gorbachov anunció a la prensa que se conocía el paradero de los restos de la familia imperial. Por fin, en 1991, el presidente de Rusia Boris Yeltsin autorizó la exhumación de los restos y en 1993 una Comisión fue encargada para que los identificara. Dos años después el caso se dio por cerrado ya que la posibilidad de que aquellos fueran los restos de los Romanov era del 99,999999%.

Un frío día de enero, exactamente 80 años después de la cobarde ejecución de la familia imperial y sus sirvientes por los bolcheviques, el presidente Boris Yeltsin presidió los funerales de Estado por los Romanov en la ciudad de San Petersburgo, durante el cual pidió públicamente perdón por "uno de los sucesos más vergonzosos de la historia rusa".

El comunismo, como movimiento revolucionario, trató de expandirse por el resto de Europa siguiendo las directices que Lenin tenía pensadas. El Ejército rojo trató de invadir Polonia para imponer un régimen similar al ya existente en Rusia, los polacos, aunque sorprendidos en un primer momento, lograron contener y rechazar a los rusos hasta derrotarlos completamente. Lenin, defraudado ante el desarrollo de los acontecimientos, concentró sus energías en su país olvidando el sueño de extender su revolución por toda Europa.

     
  UN CIUDADANO RUSO ENCIENDE UNAS VELAS EN HONOR A LOS ÚLTIMOS ZARES.  
     

Nicolás II se demostró incapaz para llevar a Rusia a un cambio cualitativo en la vida de sus gentes. Su nefasta política, tanto interior como exterior propiciaron la Revolución. Los datos que vamos a examinar son absolutamente concluyentes: Rusia contaba con 115 millones de campesinos con una tasa de analfabetismo del 90%. El 1 por ciento de los terratenientes nobles poseían un 33% de las tierras de cultivo. Alrededor de 4 millones de campesinos carecían de tierras y se empleaban en las de terceros. Un tercio de los agricultores carecían de incluso un caballo, debido a los grandes impuestos no podían mejorar los sistemas de cultivos.

El endeudamiento exterior llegó a proporciones inverosímiles, en 1890 un tercio del capital de la industria rusa era extranjero, en 1900 ascendía a la mitad. El poder adquisitivo del pueblo ruso era patético. Un herrero, por ejemplo, ganaba entre 1 y 3 rublos, mientras que una docena de huevos costaba 0.30 rublos, unos zapatos 12, un traje 40...

El Zar carecía de cualquier tipo de tacto para tratar con el pueblo. El 17 de mayo de 1896, el día de su coronación, se ofreció comida y bebida a los ciudadanos como había mandado siempre la tradición rusa. Al evento se presentaron más de 700.000 personas, la lucha que se produjo entre los asistentes por conseguir un bocado que mitigara su hambre provocó la muerte a 2.000 personas. Al día siguiente Nicolás II, totalmente ajeno a la tragedia sucedida, no cambió el programa de actos y celebró un gran baile para sus invitados. El Zar estaba convencido que los ciudadanos lo querían y aceptaban su destino con absoluta resignación.

Nicolás II fue ante todo militar, o eso se creía él. El Ejército era la institución base en su vida y le gustaba mostrarse vestido públicamente con ropa militar. En otro orden de cosas, pensaba que Rusia debía ser una potencia de primer nivel. Embarcó al país entre 1904 y 1905 en una guerra contra Japón que acabó en desastre (las bajas rusas ascendieron a 125.000 muertos por 85.000 japoneses), no contento con esto volvió a hundir a Rusia en la Guerra de 1914, guerra que firmó la sentencia de muerte del régimen zarista.

 
 
                     
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