Universidad de Barcelona de Geografía e Historia  

 

 
 

 

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      ATRÁS.  
 
 
  LA VÍSPERA DEL DESASTRE (Avance por el Rif)  
 

Los británicos tuvieron su Isandhlwana en el año 1879 contra el pueblo zulú, en esa batalla las tropas de lord Chelmsford sufrieron una contundente derrota contra una fuerza de 20.000 guerreros, los italianos también tuvieron una absurda debacle en Adowa, en 1896, en la que se definió como "la batalla más increíble y absurda que jamás haya tenido lugar en la historia moderna" , en ella el general Baratieri le tocó enfrentarse con las fuerzas del emperador etíope, compuestas de unos 100.000 hombres. Aunque en ambos casos hubo una serie de demostraciones de la más absoluta incompetencia por parte de los mandos europeos, ambos ejércitos podían escudarse en que a la hora de enfrentarse con el enemigo sus tropas se vieron desbordadas por un número muy superior de adversarios. Tendrían que llegar los españoles algunos años después para demostrar que se podía mantener una proporción ventajosa de 7 a 2 y demostrar la más absoluta incapacidad sufriendo una masacre sin precedentes en todas las guerras en las que un ejército europeo se ha enfrentado con tropas indígenas.

Centrar todas las culpabilidades en el general Manuel Fernández Silvestre sería muy sencillo pero no del todo justo, aunque hay que reconocer que su incapacidad e incompetencia en esta campaña es muy complicada, por no decir imposible, de igualar. Ójala hubiera sido él único responsable de todo lo acontecido, porque de haber sido así, podríamos achacarle toda la culpa de lo sucedido a un militar incapaz y mantener que todo el aparato que España mantenía en África había funcionado perfectamente y que teníamos que señalar a un loco irresponsable como culpable directo de la pérdida de miles de vidas. Desgraciadamente esta postura, como veremos a continuación, es indefendible, aunque no eximiremos de ningún modo a Silvestre de su responsabilidad directas en los acontecimientos..

     
  EL GENERAL SILVESTRE.  
     

A resultas de los acuerdos tomados entre Francia y España en 1912, la primera cedía a la segunda una zona en el norte de Marruecos para que formalizara allí su protectorado o zona de influencia imitando al francés, aunque a muy pequeña escala, como ya hemos visto anteriormente. El naciente Protectorado se convirtió en un régimen de administración directa, controlado por franceses y españoles, que arrincona las peculiaridades del país y que hacía del Sultán una figura meramente decorativa, quedando desprestigiado ante su propio pueblo. Las causas de la sublevación general no pueden quedar reducidas "al fanatismo religioso y al culto feroz de independencia" , como bien señaló el mariscal Lyautey.

La sociedad española no estaba por la labor Imperialista en África y muchas voces discrepaban de la intervención militar en la zona. Así Antonio Maura en un discurso pronunciado en las Cortes el 22 de mayo de 1914 declaró: "Nosotros lo que tenemos que hacer en la zona de influencia de en Marruecos es dejarles vivir a los moros su propia vida, a reserva de influir nosotros en esa vida por medio del Jalifa y de nuestra acción sobre el Jalifa, respetando cuidadosamente todo su ser, toda la variedad de sus gentes, costumbres e intereses.[...] Todo el esfuerzo que se emplea, todo el esfuerzo que se ha empleado para la dominación, no solo es perdido, sino que es contraproducente."

Por su parte el Conde de Romanones que, aunque había apoyado la guerra de Marruecos de 1913, posteriormente se adhirió a los puntos de vista de Maura señalaba: "Cuando se firmó el Tratado, ¿teníamos por ventura algún territorio que ir a conquistar? ¿Teníamos algún soberano enemigo a quien buscar y vencer? ¿Teníamos siquiera insurrección que someter? No. Empezaron los meses del Protectorado sin nada de esto, ni aun por accidente; y lo que teníamos que hacer era asistir al Jalifa, contribuir a su establecimiento y autoridad, prestarle el apoyo que dice el Tratado para el desenvolvimiento de su autoridad y su arraigo, y esa es obra esencialmente política, no militar".

TROPAS ESPAÑOLAS.

Marruecos no había constituido un Estado al estilo europeo, ni poseía una burguesía ni una civilización industrial semejante a la de ellos; pero sí contaba con una comunidad de territorios, una lengua, unas costumbres y un pasado que unía a sus pueblos. Al sentir la amenaza de ser dominados y divididos por las potencias extranjeras firmantes del Protectorado, reaccionaron apelando a su sentimiento nacional.

En la zona del Protectorado español, en las montañas del Rif y Yebala, los españoles mantenían desde hacia ya demasiado tiempo una sangrienta guerra, conocida como Guerra del Rif. Esta se había recrudecido, sobre todo cuando a partir de 1919, tras los nombramientos de los generales Dámaso Berenguer, como Alto Comisario, y Fernández Silvestre, como Comandante de la Zona de Melilla, se proyectó un plan de conquista de todos los territorios que correspondían a España según el Tratado firmado con los franceses.

Para atender administrativamente las tres zonas que ocupaba en 1912, España dividió su Protectorado en tres comandancias cuyas sedes estableció en Larache, Ceuta y Melilla.

Estas comandancias estaban bajo jurisdicción del Alto Comisario que, a su vez, recibía órdenes de los Ministerios de Guerra y Gobernación de Madrid. La política general trazada desde un principio fue, como ya hemos señalado, la conquista militar. Ésta se presentó desde el primer momento muy difícil. Hubo que penetrar en un país sin cartografía y prácticamente desconocido, formado por tierras de desierto, recorrido en su mayor parte por la cadena montañosa del Rif, con profusión de valles, gargantas y desfiladeros; dotado de una climatología extrema, con veranos de calor sofocante e inviernos con bajas temperaturas y abundantes lluvias torrenciales. La carencia de rutas y carreteras hizo muy difícil las comunicaciones entre las tres zonas, que sólo pudieron efectuarse por vía marítima.

Por otro lado, las tribus que habitaban esas tierras eran extremadamente violentas e independientes, como ya se lo habían demostrado en diferentes ocasiones a los hispanos (eran en su mayor parte formadas de bereberes, estos pertenecían a diversas tribus, entre las que destacaban Anjera y Uaas Raas en el Yebala; Sumata y Al Serof en el Lukus; Beni Said, Beni Busra y Beni Zerual en Gomara; Targuist, Ketama, Beni Ammart, Beni Urriaguel, Bucoia, Beni Tuzin y Gueznaya en el Rif; Temsaman y Meltasa en el Kert). Desgraciadamente los españoles no parecían haber aprendido lecciones como la del Barranco del Lobo y persistían en su más absoluta incapacidad. Nunca se llegó a hacer una valoración real de las fuerzas y capacidades del enemigo, nunca se planteó un lógico plan de ocupación y de consolidación de las áreas conquistadas, el Protectorado español avanzó, le pese a quien le pese, lentamente por pura inercia.

La táctica hispana de Berenguer era sencilla e incluso lógica, dado que las dos zonas de avance estaban separadas; Ceuta y Melilla, la acción debía de pasar por concluir primero la acción militar en Yebala (zona de Ceuta), para luego redoblar los esfuerzos en el inhóspito Rif. Con un último objetivo: el dominio de Alhucemas, vital para la unión de las dos comandancias.

     
   
     

Enfrente se encontraba el cabecilla rifeño Abd-el-Krim, como dice Carlos Seco Serrano: "Desde el tercio final del siglo XIX, esta familia, si bien originaria de la tribu de Gueznaya, se hallaba plenamente integrada en la de Beni-Urriaguel. Posiblemente, la adquisición de tierras tribales les había permitido incorporarse -y convertirse en una de las familias más influyentes- en el seno de aquella." Krim había sido enviado por su padre a Melilla, donde trabajó para los españoles, disfrutaba de una buena posición y estaba bien considerado en su entorno pero viendo la actitud española: "Se le despertó una opinión cada vez más desfavorable acerca de sus patronos, llegando al convencimiento de que lo que los españoles trataban era la explotación del Rif y de sus minas para su único y total provecho: en su hispanofobia cada vez más acentuada -y disimulada de momento- le estimuló Dris ben Said, un exaltado nacionalista".

En los años de la Primera Guerra Mundial Abd-el-Krim el-Jatabi, padre del futuro cabecilla rifeño, se decantó por los alemanes, de alguna manera Alemania siempre se había opuesto a la absorción de Marruecos por parte de las potencias extranjeras. Finalizado el conflicto Krim padre abandonó Tetuán, donde residía, para adentrase en su antiguo territorio. Mientras tanto su hijo, Abd-el-Krim se mantenía prisionero en Rostrogordo (Melilla). Las razones parece que fueron: el creciente nacionalismo radical de Krim y las presiones francesas al conocer las inclinaciones germanófilas de la familia.

     
   
     

"Un desafortunado intento de fuga por parte de Krim -le falló la cuerda con la que intentaba descolgarse de la prisión, y se rompió una pierna- le ocasionó una cojera de la que adoleció el resto de su vida. Cuando recuperó la libertad, a comienzos de 1917, se reincorporó a la redacción de El Telegrama del Rif. Terminada la Gran Guerra, y temeroso de las represalias contra los antifranceses decidió poner tierra por medio [...] desde ese momento padre e hijo iniciaron los preparativos para un alzamiento de las tribus del Rif contra los españoles"

Como ya hemos señalado en octubre del año 1918, fue nombrado Alto Comisario el general Dámaso Berenguer. Para dirigir la Comandancia de Ceuta se nombró al general Silvestre, que seis meses después pasó a ocupar el mando de la de Melilla. Este general era un hombre con gran experiencia en la lucha colonial y partidario de la conquista militar. Impetuoso de carácter, carente de paciencia y sutileza, despreciaba la capacidad que los rifeños podían tener como soldados, su única fijación consistía en acabar rápidamente con cualquier tipo de resistencia en el menor tiempo posible.

Manuel Fernández Silvestre había nacido en Cuba en 1871. En 1889 ingresó en la Academia General Militar, continuando después sus estudios en la Academia de Caballería de donde salió con el grado de segundo teniente.

En mayo de de 1895 se le destinó al escuadrón del Regimiento de Tetuán, expedicionario a la isla de Cuba donde combatió contra los insurrectos cubanos. De allí sacó varias medallas y numerosas heridas. Salvó su vida gracias a su fuerte naturaleza y a su "buena estrella", como a él le gustaba comentar.

Su bautizo africano tenemos que buscarlo en el año 1908, cuando con tropas españolas ocupa Mar Chica y el Cabo de Agua, en ese mismo año desembarca al mando de las fuerzas españolas cuando se producen los sucesos de Casablanca, sucesos que hemos explicado anteriormente en esta página. Después, con un arrojo realmente temerario, se adentra algunos kilómetros en territorio marroquí sin más compañía que una sección de moros, visitando lugares prácticamente desconocidos para los ojos de un europeo.

En 1911 Silvestre ocupa Larache con la ayuda de El-Raisuni (ya era teniente coronel), toma también la población de Alcázar y cruza en río Lucus. Será en esta época cuando comiencen sus primeros problemas con el jefe moro El Raisuni debido al cobro de tributos abusivos que el cabecilla indígena hacia pagar a las tribus de la zona.

EL-RAISUNI

El Raisuni era, sin lugar a dudas, un hombre valiente, astuto, sagaz y tremendamente diplomático, aunque ciertamente tenemos que reconocer aunque nos pese que por su desmesurado amor al dinero se había convertido en un pedigüeño insaciable de las arcas españolas. Silvestre tenía grandes problemas con él por su carácter, la mentalidad reposada del moro chocaba directamente con el espíritu castrense y orgulloso del militar español. Silvestre lo veía como un enemigo potencial de los hispanos y se quejaba de la tremenda crueldad que ejercía con los prisioneros. Para el general la única salida posible que podía hacer España contra aquel cabecilla moro era tomar serias medidas contra él lo más rápidamente posible, antes de que fuera demasiado tarde. El Raisuni, sabedor del pensamiento de Silvestre, le dijo en una ocasión: "Tú eres el viento, yo soy el mar; el viento agita las aguas pero pasa, el mar permanece".

Finalmente, según discurrieron los acontecimientos por la zona El Raisuni se levantaría contra sus antiguos aliados españoles y en el área de Yebala, donde se enfrentaría contra las tropas de Berenguer.

Durante los siguientes años, de 1912 a 1914 Silvestre imprime al avance español por la zona una actividad febril, conquistando nuevos territorios. Las felicitaciones del rey y del gobierno se suceden e incluso es ascendido a general de brigada por sus victoriosos combates en Duar Mazora y zoco de Arbáa del Aixa, nombrándosele, además, Comandante General de Larache.

Cuando en el año 1920 fue destinado a la Comandancia General de Melilla, Silvestre tenía tan solo cuarenta y ocho años, era un hombre aguerrido, robusto, con una larga carrera militar a sus espaldas a pesar de su juventud. Considerado un héroe en España, apoyado por el monarca, agasajado por el gobierno, Silvestre empieza a creerse un nuevo Alejandro Magno.

El general Berenguer (Alto Comisario), por su parte, restableció la paz en Anjera, Waad Raas y Hauz en 1919. En 1920, sus tropas ocuparon sucesivamente los Altos de Gorges, Ben Karrich y la ciudad de Xauen, máximo objetivo del Alto Comisariado. Con estas ocupaciones, se consiguió por un lado, aislar el Yebala del Gomara; y por también, aumentar la moral de las tropas españolas, por el significado simbólico de la ciudad, considerada Santa por los musulmanes.

Pero Silvestre quiere ir más lejos, para llevar a cabo sus pretensiones se reúne con Berenguer el 15 de mayo de 1920, tras la conferencia se inician las operaciones y el primer objetivo del general es la toma de Dar Drius, su avance continua hasta Kelacha, en el camino de Tafersit y del valle de Sidi Yacub.  Frente a las ideas del general Silvestre, Dámaso Berenguer, que había estudiado profundamente los métodos de Lyautey en la zona francesa, anteponía la acción política a la militar. Se mostraba a favor de un avance cauteloso y bien preparado. Su idea era la de hacer una demostración pacífica de la fuerza. No quería presentarse ante los rifeños como un conquistador, pues consideraba que eso era contraproducente. Su objetivo era establecer una administración indígena en la zona.

Sin embargo a Silvestre esta política le parece débil, su idea es la de penetrar lo más rápidamente posible en territorio hostil hacia objetivos muy bien determinados, aprovechando la falta de preparación del enemigo.

A mediados del mes de julio del año 1920 el ministro de la Guerra visita oficialmente Marruecos, en su estancia se entrevista con Berenguer y Silvestre, y es que aunque para la mayoría de los españoles del momento el asunto del Protectorado y las aspiraciones coloniales hispanas les es realmente indiferente para aquellos que, por diferentes motivos, están involucrados en el conflicto, la situación no es muy popular y demostraban sus ansias porque esta acabara lo antes posible.

La posición española, al menos sobre el papel, parecía realmente buena, cosa que como la historia nos ha demostrado demasiado frecuentemente, no es nada fiable. Silvestre entonces acentúa la celeridad de su campaña, hasta ese momento sus movimientos se habían desarrollado por los llanos, desde este instante comenzará a adentrase con un contingente de más de 25.000 hombres en un terreno tremendamente peligroso y escarpado, las montañas del Rif, aunque para ser ciertos hay que señalar que el enemigo no debía ser un problema determinante para las tropas expedicionarias españolas, al contar tan solo con unos 4.000 guerreros (no demasiado bien pertrechados y carentes de preparación militar).

BERENGUER Y SILVESTRE.

El cinco de agosto Silvestre llega a Tafersit, capital de la cábila del mismo nombre, se apodera de Hamuda. La resistencia es inexistente a simple vista. Silvestre sigue avanzando decididamente sin fortificar debidamente su retaguardia, el catorce de agosto toma Midar. El general se sentía optimista y pensaban que podían apoderarse de todo el Rif y alcanzar su objetivo, la bahía de Alhucemas sin tener demasiada oposición por parte de Abd-el-Krim.

Mientras tanto los rifeños esperaban muy pacientemente, el acto de unificar las diferentes tribus bajo un mando único no había sido una labor sencilla, además, el armamento era realmente pobre, solamente contaban con fusiles franceses obtenidos de contrabando y fusiles Mauser españoles, normalmente hurtados en acciones muy puntuales. En cuanto a la táctica, y según palabras de Carlos Seco Serrano en su extraordinario libro, "La España de Alfonso XIII": "Abd-el-Krim sabía valorar la eficacia de la guerrilla, tradicional en su pueblo. La guerrilla debía de encontrar su campo de acción más adecuado en el despliegue del ejército [...] del general Fernández Silvestre". O lo que viene a decir, que la táctica que tan bien les había ido a los españoles contra las tropas napoleónicas durante la guerra de la independencia, tal es el punto que algunos "analistas militares" han asegurado que fueron los hispanos los que la inventaron o al menos desarrollaron lógicamente, la estaban a punto de utilizar los rifeños. Los españoles estaban a punto de probar de su propia medicina.

     
  EL RIF.  
     

A Silvestre le ciega el éxito, ocupa el imbatido Monte Mauro, al nordeste y que era el motivo de discusión de dos tribus rifeñas; los cabileños de Beni Said y de Beni-Urriaguel. Entonces Silvestre mueve ficha, se presenta ante ambas tribus como un negociador y mientras tanto invade el macizo con varios batallones sin disparar un solo tiro, el 11 de diciembre la bandera española se encuentra en la cumbre de la montaña.

Los ojos del general se sitúan ahora en Tensaman, pero hablar de esa cábila es hablar de los Beni-Urriaguel, o lo que es lo mismo, de Abd-el-Krim. Inesperadamente, en enero de 1921, los cabileños de Tensaman se presentan en el campamento español, como ya lo habían realizado otras tribus, y rinden pleitesía y juran amistad eterna a Silvestre. Los rifeños solicitan la ayuda de España para luchar contra sus vecinos, los urriagueles. El general no duda en ofrecerles fusiles y munición. En palabras de Geoffrey Regan: "[Berenguer ] quedó sorprendido por la cordial acogida que le dispensaron los rifeños: supuso que ello significaba una cierta aceptación del gobierno español. Desgraciadamente estaba equivocado. La moderación de los rifeños se debía a que las pobres cosechas habían obligado a algunos dirigentes de las tribus a emigrar temporalmente a Argelia en busca de trabajo. Las tribus solo estaban dispuestas a tolerar la ocupación de Silvestre mientras fuesen demasiado débiles para resistir".

Silvestre ocupa ahora Mehayast y hace un desembarco en Sidi-Hassain, estableciendo la posición de Afrau en la costa de Marruecos. Desde allí su idea es continuar su avance hacia el río Amekrán, este río es la frontera natural entre las cábilas de Beni-Ulixek y Tarfesit, a la derecha de su curso, y la de Tensaman, a su izquierda, pese que algunos jefes tribales le advierten que no era sensato provocar a Krim cruzando el río, Silvestre hace caso omiso a sus consejos. Hay dos caminos para llegar hasta allí, uno de ellos es más sencillo pero es descartado por el general que prefiere avanzar por Annual.

El 17 de febrero de 1921 los españoles llegan a Dahar-Buiyán. Cuatro kilómetros a la retaguardia de este punto se establece finalmente la posición de Annual. El 15 de marzo, en un nuevo avance, se ocupa Sidi-Dris. Tropas españolas que salen desde el campamento de Annual son las encargadas de realizar esta operación militar. El asentamiento se encuentra junto a la playa, cerca de la desembocadura del río Amekrán.

Mientras tanto, en la zona de Yebala (área más cercana a Ceuta) Berenguer había acorralado a El Raisuni, que había encabezado la resistencia contra el invasor español en ese área de Marruecos y que ahora se encontraba acorralado y sin posibilidades de resistir las acometidas del ejército hispano.

Parece que la pesadilla de África va a darse por concluida, las expectativas de los militares así lo aseguran. Silvestre interrumpe su marcha y pide refuerzos, pero sus pretensiones no son escuchadas por el Alto Comisario que, conocedor de la situación política española, sabe que mandar nuevas tropas a Marruecos puede general conflictos sociales en la península.

Durante la tregua primaveral Silvestre trató de consolidar la zona ocupada pero no lo pudo hacer con más negligencia e incapacidad, estableció una serie de puestos que guarecieran la retaguardia, pero los puestos estaban mal fortificados, peor guarnecidos y situados en lugares de nulo valor estratégico.

Otra idea nefasta es la de permitir que los moros sometidos sigan manteniendo sus armas, y lo que es peor, en la mayoría de los casos no solamente conservan las suyas sino que además son "premiados" con nuevas armas regaladas por los propios españoles (fusiles "Remington"), cuando no obtenidas en la zona fronteriza francesa (el famoso fusil "Lebel") sin la menor preocupación del mando hispano. En aquel momento España consideraba que la mejor manera de conseguir el apoyo de los indígenas era comprando a sus jefes con "pensiones en metálico". Silvestre, en torpe maniobra para sus propios intereses, suprimió muchas de estas pensiones sembrando entre los rifeños un descontento y hostilidad que no ayudaban en absoluto a las pretensiones españolas.

Según palabras del estudioso africanista Woolman: "Un vistazo precipitado sobre el mapa de la parte oriental del Marruecos español, en mayo de 1921, hubiera inducido al observador la creencia, falsa, de que España caminaba con buen pie hacia la total ocupación de su Protectorado... El avance del general Silvestre hacia el oeste de Melilla había traído tantos nuevos territorios bajo el dominio español, en menos de un año y medio, como el que había ganado en los doce años precedentes".

Los mandos y políticos españoles carecían del más absoluto conocimiento de lo que era el Rif, históricamente era un pueblo rebelde, de soldados aguerridos, ni Cartago, ni Roma, ni los Califas y menos aún los Sultanes habían conseguido doblegar su espíritu. Mantener a esta serie de individuos armados tanto a tu lado como a tu retaguardia parecía a todas luces una temeridad digna de un inconsciente. Silvestre tuvo la idea de concentrar las armas en los poblados bajo la vigilancia de la Policía Indígena, hubiera sido una medida muy acertada, pero pronto abandonó este pensamiento.

Si tuviéramos que hacer un balance de la situación poco antes que Silvestre viajara a España para descansar unas semanas la cosa podría resumirse así. Ciertamente se habían conquistado una serie nueva de territorios pero el cuerpo expedicionario español se había dispersado peligrosamente, la tropa no estaba adiestrada en absoluto para la lucha, los mandos no habían montado servicios nocturnos de vigilancia en el campamento de Annual, se ponían algunos centinelas como en una pacífica guarnición peninsular que no esperara ningún tipo de ataque, las comunicaciones eran pésimas, no existían depósitos de víveres y munición en cantidad suficiente, no se había desarmado a los rifeños, los batallones carecían de cocinas de campaña y los soldados para poder cocinar arrancaban frecuentemente las maderas donde se apoyaban las alambradas con la aquiescencia de sus superiores, para un ejército de 20.000 hombres había en la Comandancia de Melilla 24 camiones, escaseaba el material de construcción de manera que cuando se avanzaba se desmantelaban las posiciones que quedaban en retaguardia para poder construir en vanguardia, las posiciones españolas no tenían los medios suficientes para resistir un asedio ni siquiera para rechazar el asalto de un enemigo decidido, no se habían preparado segundas o terceras líneas donde apoyarse ante la posibilidad de un repliegue, las deficiencias sanitarias eran como para ponerse a temblar, sólo había una ambulancia y no existía ningún hospital de campaña, en ninguna posición había agua (los pozos se encontraban en ocasiones a 15 ó 20 kilómetros teniéndose que hacer las aguadas a lomos de mula y bajo temperaturas de 40 grados), en cuanto a los mandos abandonaban con frecuencia y sin autorización a sus hombres para marchar hasta Melilla donde se dedicaban al juego, para concluir escaseaba hasta el material bélico. Según palabras de Ricardo Fernández de la Reguera: "Los ingleses por cada soldado que destinaban a sus colonias, enviaban -según se decía- dos toneladas de equipo. El recluta español apenas sí llevaba poco más que el fusil y la manta cruzada en bandolera. Parecía mentira que, después de una guerra como la europea, en la que se habían usado tantos y tan eficaces ingenios bélicos, no se facilitaran a las tropas españolas ni tanques, ni buenos cañones, morteros y ametralladoras, ni prácticamente aviación. Algunas baterías databan de once años. Los fusiles que usaban los de San Fernando, por ejemplo, procedían de la Guerra de Cuba".

El 17 de enero de 1912 llegó a Melilla el primer blindado español (el segundo tardaría algunos meses más). No llegó a entrar en combate ya que su llegada fue coincidente con un periodo de cierta tranquilidad por Marruecos, así que su función se limitó a realizar escoltas de convoys, algunos actos de vigilancia y diversas misiones de aprovisionamiento, en especial de las posiciones más avanzadas.

El vehículo (ver foto de la derecha) usaba un chasis Schneider PS 4000, como los autobuses de Paris. El blindaje de 6 mm cubría todo el vehículo, presentando numerosas ventanas y aspilleras dotadas de viseras abatibles.

Estaba preparado para portar a 16 tripulantes: Jefe del Vehículo, conductor, dos tiradores para las ametralladoras, dos aprovisionadores para las mismas y 10 fusileros. Iba dividido en tres cámaras: una delantera que albergaba el motor, al conductor y al Jefe del vehículo. Una segunda cámara era la de combate y la tercera era de carga.

Estos dos camiones blindados, por llamarlos de alguna forma, fueron los únicos medios de este tipo con los que contó el ejército español en la campaña africana, tendría que llegar el trágico Desastre de Annual, como ya veremos más adelante para que España se decidiera a comprar los primeros carros de combate. Como ha venido siendo algo demasiado habitual en la historia española el país se incorporó demasiado tarde al mundo tecnológico.

Pero Silvestre no escuchaba ni quería ver lo que estaba ocurriendo delante de sus propias narices. Emilio Alzugaray, comandante de Ingenieros, había informado en varias ocasiones (personal y oficialmente) que Annual estaba dominado por todas partes y que el frente en general era un auténtico desastre, con posiciones débiles e inservibles en la mayoría de los casos. De la misma manera se expresaba el coronel Riquelme, que aseguraba que Annual estaba en condiciones impensables para un ejército moderno y que podía ser batido desde cualquier punto con un simple fusil. Silvestre no quiso escuchar; "[...] la cosa va bien, no toquemos nada" , solía contestar el general ante la más mínima crítica.

En estas condiciones y quizá esperando una salida política al conflicto Silvestre pidió un permiso al Alto Comisario Berenguer de un mes para volver a la península a descansar -más hubiera ganado quedándose y supervisando "in situ" la consolidación de las posiciones conquistadas-. Parece ser, según algunas fuentes bastante fiables, que en España Silvestre recibió no solamente las felicitaciones normales de compañeros de armas y de admiradores, sino que el propio monarca, Alfonso XIII había arengado al general a que continuara su avance hasta Alhucemas olvidándose de la opinión de los políticos.

Era bien sabido por parte de todo el mundo que el rey Alfonso XIII tenía una profunda amistad con Silvestre, ésta nacía desde algunos años antes, cuando el bizarro general había sido su ayudante de campo. Se rumoreaba, incluso en algunos círculos militares, que las operaciones de Silvestre en África estaban asesoradas directamente, cuando no dirigidas por el propio soberano (a espaldas del gobierno español).

De regreso a Melilla Silvestre manda una carta al Alto Comisario Berenguer donde le comunicaba su decisión de ocupar Abarrán, al otro lado del río Amekrán, parece ser que este nuevo avance obedecía a una petición de los tensemanis amigos que se consideraban amenazadas por los Beni-Urriaguel (aunque en la misma misiva el general mostraba sus abiertas dudas a la fidelidad de los tensemanis y a las relaciones que seguían manteniendo con los Beni-Urriaguel.

Krim hace llegar un ultimátum a Silvestre haciéndole saber que si los españoles cruzaban el río Amekrán habrían de enfrentarse con los rifeños. El general hispano reacciona violentamente al mensaje del cabecilla marroquí: "Este hombre, Abd-el-Krim, es un necio. No voy a tomarme en serio las amenazas de un pequeño caíd beréber a quien hasta hace poco había otorgado clemencia. Su insolencia merece un nuevo castigo".

La respuesta española no se hace esperar. El 1 de junio el comandante Villar parte desde Annual, al frente de 1.461 hombres con la orden de tomar el alto de Abarrán (525 metros de altitud), lo hace de una forma pacífica, sin disparar un solo tiro. Abd-el-Krim no da señales de vida y finalmente se deja una guarnición de unos 300 hombres que comienzan de inmediato a fortificar la posición. El terreno por su configuración no ayudaba para la construcción de un parapeto. El caid El Hach Haddur Boaxa, que acompañaba a la columna española, aconsejó al comandante Villar no instalarse en la posición y que regresara toda la columna a Annual, el mando español desestimará el consejo del caid y considerará oportuno mantener una pequeña guarnición en la posición de Abarrán. Se están cimentando las bases para el desastre.

 
 
         
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