Universidad de Barcelona de Geografía e Historia  

 

 
 

 

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      ATRÁS.  
 
 
  IGUERIBEN.  
 

Silvestre respondió a la pérdida y masacre de Abarrán con la toma de Igueriben, eso ocurrió el 7 de junio de 1921, de esa manera se pretendía mantener una posición adelantada en territorio enemigo pero lo suficientemente cercana a Annual, cinco kilómetros, como para que pudiera ser sencillamente defendida.

El mando de la operación militar fue otorgado al general Navarro, el coronel Morales mandó la columna de ocupación, que estaba formada por seis mias de Policía Indígena (una "mia" era una unidad regular indígena compuesta de unos 100 hombres de infantería o de otros tantos de caballería), una compañía de fusiles del África y una batería de montaña., que realizaron el despliegue y posterior toma del objetivo sin tener que realizar un solo disparo. Silvestre se presentó en Igueriben para felicitar personalmente a Navarro poco después de la ocupación.

La primera medida que se tomó fue la de fortificar el puesto convenientemente. Igueriben no era probablemente la mejor posición para montar un puesto avanzado, tenía un grave inconveniente: carecía de agua y había que ir a buscarla a gran distancia. Otro inconveniente muy preocupante era que los caminos naturales que llevaban a la posición estaban cortados por profundos barrancos, barrancos que era aprovechados por los rifeños para enmascararse y ocultarse, pero lo más preocupante era que el puesto podía ser dominada desde la cercana Loma de los Árboles (lugar donde por la más simple y aplastante lógica debía de haberse situado la posición).

El general Fernández Silvestre, que seguía sin valorar correctamente las posibilidades del enemigo, no dio demasiada importancia a esa última circunstancia para que la situación se complicara, el adversario tendría que apoderarse en primer lugar de la loma, empresa que el general consideraba imposible ya que la misma podría ser batida con artillería desde Igueriben y el propio Annual, y caso que llegara hasta la misma no consideraba posible que la mantuviera durante demasiado tiempo.

El primer jefe de la posición fue el comandante Mingo, del Regimiento de Ceriñola, al mando de unos 350 hombres, posteriormente fue reemplazado por el comandante Benítez, el defensor de Sidi Dris. Benítez señaló al mando los graves inconvenientes que presentaba Igueriben, sin embargo sus consideraciones no fueron tenidas en cuenta.

     
   
     

La posición fue dotada de una numerosa guarnición formada casi exclusivamente por soldados españoles, de esta manera se pretendía solucionar lo ocurrido en Abarrán, donde las fuerzas indígenas se pasaron en su mayoría al enemigo. Se había logrado subir, tras largos esfuerzos, una batería ligera y la defensa se completaba con cuatro ametralladoras de posición. Sin embargo Benítez insistía en que si los rifeños llegaran a dominar la Loma de los Árboles impedirían la aguada de Igueriben a la vez cerrarían el paso a las posibles fuerzas que, desde Annual, trataran de auxiliar la posición.

El mando, más que por convencimiento por acallar las críticas de Benítez, organizó una serie de diarias descubiertas desde la cercana posición de Dar Buimeyán a la loma. Además organizó un servicio de protección que garantizara la aguada de Igueriben.

El día 12 Igueriben informaba que veía grupos de moros armados que merodeaban el puesto español, desde Annual se dio permiso para que las baterías barrieran la zona. El martes 14 de junio la posición sufrió un ataque por sorpresa que se prolongó durante nueve horas, la ofensiva rifeña fue rechazada por el fuego de fusilería de la posición y de las baterías de Annual, Dar Buimeyán y Annual. Ese mismo día la descubierta española a la Loma de los Árboles fue hostilizada por fuerzas rifeñas.

El jueves 16 de junio se produjo lo que tanto había avisado y temido Benítez y tanto había parecido despreocupar al mando español, después de duros combates e intenso fuego de artillería los rifeños dominaban la Loma de los Árboles.

Tarde y mal los españoles habían tratado de reaccionar -ahora se trataba de tomar lo que antes se había rechazado- , para eso mandaron tropas que debían reconquistar la posición en la loma, sin embargo, con los rifeños ya asentados en la misma, fue imposible y las tropas hispanas fueron rechazadas con grandes bajas.

El mismo día que se perdió la Loma de los Árboles los rifeños hostilizaron por sorpresa el campamento de Annual, aunque fue un ataque más simbólico que otra cosa, el objetivo que los hombres de Krim pretendían desde un principio fue conseguido plenamente ya que una fuerte ola de desmoralización se extendió rápidamente entre los soldados españoles.

El general Fernández Silvestre opta entonces por reforzar la posición de Annual, diariamente llegan hasta el campamento tropas desde Melilla. La situación según palabras del propio general era: "[...] estable y tranquila". Tal sensación se quiso dar de normalidad en el frente que se concedieron permisos de verano a jefes y oficiales. En palabras del historiador Abraham Reolid: "[...] Silvestre pareció haber perdido absolutamente el contacto con la realidad, con una posición aislada y con mínimas posibilidades de socorrerla, manteniendo al enemigo en la Loma de los Árboles, posición que dominaba hasta al mismo Annual e impedía la aguada siempre que se les antojaba, sin conocer a ciencia cierta a las fuerzas enemigas con las que se enfrentaba, se dedicó a crearse un mundo de normalidad inexistente.[...] En cualquier ejército del mundo hubiera sido destituido y apartado del mando inmediatamente, solamente en un ejército como en el español podía continuar al mando de las tropas ".

Mientras esto ocurría los rifeños se mantenían a la expectativa. Si bien es cierto que los ataque no cesaron nunca hacia Igueriben, estos eran más presenciales que otra cosa, parecía como si quisieran mantener en alerta a los defensores españoles señalándoles su presencia pero sin buscar un combate directo.

Silvestre, temeroso de un ataque directo del rebelde Abd-el-Krim trata de concentrar en su vanguardia todas sus fuerzas para conseguir una victoria decisiva, para eso hace traer un gran número de soldados procedentes de su retaguardia, el problema es que si anteriormente la retaguardia ya era francamente deficitaria, ahora se había desmontado prácticamente en su totalidad. Si las tropas de Krim consiguieran una victoria en Annual podrían llegar hasta la mismísima Melilla sin encontrar ninguna fuerza lo suficientemente fuerte para que pudiera impedirlo.

Tanto los cañones de Igueriben como los de Annual bombardeaban regularmente la Loma de los Árboles, sobre todo cada vez que un convoy trataba de llegar con suministros hasta la posición sitiada. Los rifeños habían fortificado la Loma con parapetos y trincheras sacándole el máximo partido posible. Si los españoles hubieran contado con jefes capaces y concienciados, más competentes tácticamente y menos sumergidos en conceptos tan obsoletos como "patria", "honor", "sacrificio" y todas esa serie de palabras similares que tanto gustan a la casta castrense, hubieran comprendido de inmediato que era una prioridad el desalojar a los rifeños de esa cota, y a eso se hubieran dedicado inmediatamente, preparando un plan lógico que contara con los apoyos necesarios, desgraciadamente la incursión no se tomó en demasiada cuenta, aunque pudieran comprobar que a cada convoy que trataba de llegar a Igueriben con suministros le costaba más alcanzar su objetivo y regresaba con más bajas.

     
   
     

Los últimos días de junio fueron de calma absoluta en el frente. El general Silvestre seguía dando entrevistas a la prensa española lanzando mensajes de tranquilidad y de rotunda victoria. Los permisos concedidos a jefes y oficiales hacia la península continuaron su marcha y el campamento de Annual se encontraba repleto con la llegada de nuevas tropas de retaguardia. Incluso muchos oficiales aprovechaban la calma para escaparse, aun sin permiso, hasta Melilla para continuar con su, digamos, "vida social castrense".

La calma se vio rota el 2 de julio, ese día los moros comenzaron a hostigar de nuevo la posición de Igueriben, en poco tiempo la aguada hasta el reducto se hace imposible. El heliógrafo pide ayuda a Annual.

El 17 de julio Abd el-Krim, controlando ahora el escenario, inició el asalto en toda regla contra Igueriben. Para lograr su objetivo, Abd el-Krim atacó la posición de frente y trató de envolverla cortando el paso entre ella e Izzumar. El heliógrafo de la posición española se comunica desesperadamente con Annual: "Falta la munición del cañón, escasea la de fusil, tenemos pocos víveres, estamos sin agua..."

En otro orden de cosas, la maniobra que pretendía Krim de envolvimiento de la posición de Igueriben fue observada en Annual, y desde allí se envió una columna de ayuda. La columna se dirigió a envolver el flanco derecho del enemigo, al que obligó a retroceder hacia el norte, donde atacó los poblados adictos a España existentes entre Buymeyán y Talilit sin que las tropas españolas pudieran hacer nada para evitarlo.

El mismo día 17 partieron desde el campamento de Annual los convoyes que debían aprovisionar Buymeyan e Igueriben. Los rifeños hostigaron al convoy de Igueriben haciendo dos disparos de cañón sobre la posición, cañón que había sido arrebatado a los españoles en Abarrán, y disparando con fusilería sobre el convoy desde la Loma de los Árboles -posición que debería haberse asegurado-.

La columna de aprovisionamiento a Igueriben estaba al mando del comandante Juan Romero López. Encuadrado en la columna iba el teniente de artillería Ernesto Nougues Barrera, al mando de 17 artilleros. La protección del convoy se encomendó a un escuadrón de Regulares al mando del teniente de caballería Joaquín Cebollino von Lindeman.

La columna hacia Igueriben pronto se encontró con el hostigamiento de los rifeños. El escuadrón de Regulares se vio obligado a cargar varias veces para asegurar la progresión. Llegando ya a la posición el convoy es protegido por dos ametralladoras que el teniente Alfonso Galán Arrabal sacó fuera de la posición de igueriben y que emplazó en unas alturas próximas, enfilando de flanco a los rifeños.

Mientras tanto, el teniente Nougués al percatarse de que varias cargas de munición habían caído pendiente abajo al ser abatidos sus mulos, se lanza junto con varios artilleros para recuperarlas, consiguiendo introducirlas en la posición. En esta acción 8 artilleros resultan heridos.

     
  AVANCE DE REGULARES.  
     
El regreso hacia Annual no será en ningún caso una labor sencilla, hay que volver a romper el cerco enemigo. La acción le valió al teniente von Lindeman la concesión de la Laureada. Las bajas totales españolas en este combate fueron 17 muertos y 55 heridos.

Para completar el despropósito el agua que tanto había costado de traer se había perdido casi en su totalidad por estar las cubas muy agujereadas debido a los disparos rifeños. A partir de este día los defensores no volvieron a tener suministro de agua y acabaron por verse forzados a chupar mondas de patatas machacadas y a beber el líquido de los botes de tomates y pimientos, agua de colonia, tinta y hasta sus propios orines mezclados con azúcar.

Silvestre seguía manteniéndose eufórico, habló con Berenguer y le aseguró que la situación de Igueriben estaba controlada y que sin duda se daría una buena lección a los rifeños, sin embargo en las tropas del campamento de Annual comenzaba a planear el más absoluto desaliento, quien más y quien menos tenía amigos o compañeros en la posición sitiada y veían con preocupación como se desarrollaban los acontecimientos. Cuando el convoy del día 17 regresó al campamento después de realizar el aprovisionamiento en el reducto y los miembros del mismo explicaron lo acontecido se acentuó la desmoralización entre los soldados.

El 18 de julio los rifeños atacaron la posición de Igueriben por la noche, en esta ocasión se acercaron tanto al parapeto que fueron rechazados con bombas de mano, fuego de ametralladora e incluso lucha cuerpo a cuerpo. Al amanecer el comandante Benítez mandó un patético mensaje a Annual: "No podremos seguir la resistencia si no envían recursos urgentemente. Necesitamos agua, víveres, munición y tropas para reponer las bajas".

Al despuntar el día 19 los rifeños de Krim trataron de cortar por segunda vez el camino a Izumar haciendo una trinchera, pero una compañía de ingenieros de Annual la reparó a toda prisa. La prácticamente inexistente aviación española en Melilla envió dos aparatos, cuyas bombas no causaron ningún contratiempo a los rifeños. En Annual saltó la alarma, pues alrededor del mediodía se dieron cuenta que no contaban con munición de artillería y se iban a quedar con los cañones como simples elementos de decoración. Mientras tanto, y en medio de toda esta tremenda desorganización, otros se pasaron el resto del día preparando otro convoy de aprovisionamiento de Igueriben.

En Igueriben mientras tanto la posición seguía siendo hostilizada por un férreo fuego rifeño de fusilería. Los hombres de Krim comenzaron a disparar con un cañon (seguramente uno de los tomados en Abarrán) y si bien al principio su manejo y puntería dejaba mucho que desear pronto comenzaron a conseguir que las granadas impactaran en la fortificación causando las primeras bajas españolas.

Mientras tanto un convoy y una columna de apoyo salían desde Annual para tratar de llegar a la posición sitiada, al poco de comenzar su avance el convoy quedó retenido y los hombres de la columna comenzaron a caer bajo el fuego rifeño. Se tomó entonces una decisión tan absurda como disparatada. Una compañía de Regulares debería intentar abrirse paso hasta Igueriben, cada soldado llevaría tres cantimploras y luego se quedarían en la posición para reforzarla.

El convoy comenzó entonces a retirarse hasta Annual mientras la compañía de Regulares comenzaba el avance con sus cantimploras hacia Igueriben, sin embargo todo esfuerzo es vano y ante el nutrido fuego enemigo, los soldados tienen que retirarse escalonadamente para tratar de tener el menor número de bajas.

Cuando la noticia llega a Melilla y de una manera totalmente inexplicable, la Comandancia General de esa ciudad no le da demasiada importancia. Lo de Igueriben no deja de ser tomado como un contratiempo pasajero. La llegada desde la península del general Navarro (Navarro había interrumpido la licencia que tenía en la península al enterarse de lo que estaba ocurriendo en Igueriben) hasta la plaza acaba por tranquilizar los ánimos de los pocos que comenzaban a sospechar que lo que estaba ocurriendo no iba por buen camino. Entre la oficialidad se da por seguro que el segundo jefe de la Comandancia solucionará el problema del sitio.

Mientras tanto Silvestre se encontraba totalmente desorientado, en ocasiones se mostraba ante sus subordinados absolutamente confiado de una victoria rápida y segura ante un enemigo al que aun seguía considerando incapaz de infligir un golpe fuerte al ejército español, manteniendo que lo de Abarrán había sido solamente fruto de la casualidad, mientras que en otros momentos se mostraba inseguro y dubitativo. Bajo estas circunstancias lo más lógico hubiera sido relevarle inmediatamente del mando pues a su falta de una táctica lógica, a su falta de previsión, a su arrogancia suicida ahora se le sumaba que no se encontraba en una situación mental adecuada como para soportar una campaña de este tipo. Silvestre estaba presentando un claro cuadro bipolar, con los típicos dientes de sierra que lo configuran, o lo que es lo mismo, en ocasiones se encontraba abatido y en otras exultante.

Como escribe Geoffrey Regan en su magnífica obra "Historia de la Incompetencia Militar", en su capítulo segundo: "Una estrategia basada en una estimación poco realista de la propia fuerza militar y una infravaloración de la fuerza del enemigo está repleta de peligros". Bajo estas circunstancias no podemos considerar extraño que los defensores de Igueriben recibieran el siguiente comunicado del Mando Militar Español: "El Mando felicita a los heroicos defensores, alentándoles a seguir manteniendo la resistencia con ese admirable espíritu de sacrificio, que es la admiración y orgullo de sus hermanos de armas. Ya se hallan concentradas en Annual numerosas fuerzas que han de convoyar los socorros de que tan necesitados está esa posición. Y tropas frescas para relevar a los heroicos defensores de Igueriben, que tan ganado tienen el descanso. La Patria, atenta a vuestro gallardo gesto, sabrá recompensar vuestros sacrificios."

     
  CAMPAMENTO DE IGUERIBEN.  
     

El día 20 Silvestre se pone en contacto con Berenguer y le insiste en que mande refuerzos "para mantener las posiciones que consideraba amenazadas", pidió también apoyo aéreo y sugirió que la marina hiciera un simulacro de desembarco en Alhucemas para desviar la atención del enemigo.

Como escriben Fernández de la Reguera y Susana March: "Parecía que Silvestre abría, por fin, los ojos a la alarmante evidencia de los últimos sucesos acaecidos, pero no era así. La venda no se había desprendido del todo. El espíritu del general navegaba aún entre la lucidez y la ceguera. Lo patentizaba, por ejemplo, la circunstancia de que no precisase ni la cuantía ni la oportunidad de los refuerzos que solicitaba".  

El día 20 de julio el general Felipe Navarro llegó a Annual con refuerzos de la Policía Indígena, después de una reunión con jefes y oficiales pudo comprobar que la situación era en extremo delicada. La moral de la tropa estaba por los suelos y el convoy no llegaría a Igueriben si no se le custodiaba con muchos más refuerzos. El problema consistía en que si un fortísimo contingente salía para apoyar el convoy de suministros el campamento de Annual quedaría desguarnecido y podía ser el objetivo para que los rifeños lo asaltaran.

Navarro suspendió el convoy que debía partir hacia Igueriben y se puso de inmediato en contacto con Silvestre para comunicarle los problemas con los que se encontraba en Annual. El Comandante General le contestó que sea como fuere prepara un convoy pues él mismo se presentaría con fuerzas de caballería de Alcántara dispuesto a romper el cerco, meterse en el mismo Igueriben y batir de paso a los rifeños.

En Igueriben mientras tanto continuaban resistiendo. El comandante Benítez manda un mensaje desesperado al general Navarro en Annual: "Parece mentira que dejéis perecer a vuestros hermanos, y a españoles, delante de vosotros" . La respuesta de Navarro a la posición es tan abstracta como absurda: "... resistir unas horas más, pues lo exige el buen nombre de España." Al caer la noche los rifeños comienzan otro ataque sobre el puesto. Se transmite la noticia a Annual, que responde: "Resistid esta noche, y mañana os juramos que seréis salvados, o todos quedaremos en el campo del honor."

El día 21 Silvestre se dirigía a Annual con todo hombre que ha podido reclutar por Melilla. Mientras tanto Navarro había preparado el convoy de ayuda hacia la sitiada Igueriben. El coronel Morales estaría encargado de tomar la Loma de los Árboles y expulsar de ese lugar a los rifeños. El coronel Manella se encargaría de la protección del convoy.

     
   
     

La maniobra ofensiva comenzó al despuntar el día, antes incluso que Silvestre llegara a Annual, con una fuerte preparación artillera pero, como era de esperar la operación resultó un fracaso. A los rifeños les había dado tiempo de parapetar muy bien la Loma de los Árboles y cuando la columna del coronel Morales trató de conquistarla lo único que consiguió fue perder una tercera parte de sus hombres y no pasar de las laderas de la elevación. Otro gallo hubiera cantado para los intereses de España y, más importante, para la vida de muchos soldados que dejaron su sangre en África, si se hubieran escuchado desde un principio las advertencias del comandante Benítez que señalaba ese punto como el más estratégico.

El general Silvestre, ya en el teatro de operaciones, y viendo que las tentativas de poder enviar el convoy a Igueriben es un fracaso, arroja al combate en un acto desesperado a los escuadrones de caballería de Alcántara. Es una carga tan vistosa como estéril, los moros repelen fácilmente un ataque frontal de la caballería ante posiciones elevadas. El convoy a Igueriben ha vuelto a fracasar una vez más. Después de contemplar el desastre del convoy Silvestre da permiso a Benítez para comience conversaciones para rendir la posición. El comandante Benítez responde airado: "los de Igueriben mueren pero no se rinden. Tengo doce disparos de cañón, cuéntenlos, y cuando oigan el último, hagan fuego sobre nosotros pues estaremos revueltos con los moros."

Al comenzar a caer la tarde las tropas españolas comienzan a retirarse, cuando desde Igueriben ven esta maniobra el comandante Benítez reunió a sus oficiales y les anunció su decisión de abandonar la posición y de sacrificar sus vidas para salvar la de sus hombres. Anteriormente había enviado un heliograma al general Silvestre escrito en estos términos: "Nunca esperé recibir de V.E. orden de evacuar esta posición, pero cumpliendo lo que en ella me ordena, en este momento, y como la tropa nada tiene que ver con los errores cometidos por el Mando, dispongo que empiece la retirada, cubriéndola y protegiéndola debidamente, pues la oficialidad que integra esta posición, conscientes de su deber, sabremos morir como mueren los oficiales españoles."

El comandante Benítez ordenó que se formara una columna que trataría de abrirse paso hasta Annual, se distribuyeron las municiones. A continuación quemaron las tiendas e inutilizaron el material para que no pudiera ser utilizado por los rifeños.

El comandante dio al orden de iniciar la salida. La vanguardia de la columna cayó en la puerta de la posición por los disparos rifeños. Los supervivientes no se replegaron, sino que se lanzaron en una loca huida, los rifeños comenzaron a disparar cazando a los soldados que trataban de escapar. En la posición de Igueriben quedaron los enfermos y heridos graves. También quedó toda la oficialidad al mando del propio Benítez, por una vez los oficiales se comportaron como se espera de ellos y no como, desgraciadamente, nos han tenido siempre acostumbrados. Todos ellos resultaron muertos, menos el teniente Casado que, herido, fue dado por muerta en la confusión del asalto final, y hecho prisionero posteriormente junto a un soldado.

El teniente Casado pasó en cautividad dieciocho meses junto con el resto de prisioneros españoles apresados por los rifeños durante los días del Desastre de Annual. Una vez liberado, el teniente redactó un parte por escrito relatando la defensa y caída de la posición de Igueriben.

El comandante Benítez murió en el puesto al frente de sus hombres, por el valor demostrado en la defensa de su posición, en Enero de 1925 le fue concedida la Cruz Laureada de San Fernando.

De los escapados, llegaron vivos a Annual unos 15 hombres, otras fuentes aseguran que se salvaron 36 en total y que cuatro murieron posteriormente en Annual tras atracarse de agua. No hay cómputo oficial por parte del gobierno español sobre las bajas de Igueriben, la información al ciudadano ha sido siempre una asignatura pendiente de los diferentes gobiernos españoles. Sin embargo, para dar un número un tanto aproximado, podíamos señalar que murieron 320 de los 354 hombres que componían la posición.

Lo ocurrido en Igueriben -y lo que ocurriera posteriormente- fue una macabra mezcla de la más pura incapacidad política y militar; en cuanto a la militar creo que no es necesario continuar hablando sobre ella, ha quedado claramente manifestada a lo largo de estas líneas y, desgraciadamente, continuará manifestándose en posteriores. En cuanto a la política, resulta impensable que los políticos españoles no dotaran al ejército del material adecuado para iniciar una guerra y que España siguiera manteniendo a la caballería -cuerpo romántico donde los hubiera-, como una de sus armas más "poderosas" acabando el primer cuanto del siglo XX y teniendo en cuenta y como ejemplo que la Primera Guerra Mundial ya había demostrado años atrás que su estrella estaba cayendo... por no decir que ya estaba caída...

Geoffrey Regan en su libro "Historia de la Incompetencia Militar" explica: "[...] estaba claro que la preferencia a favor de los caballos en detrimento de los tanques estaba basada en conclusiones totalmente erróneas. Incluso ya en 1914 la caballería era obsoleta, y este proceso se había desarrollado como mínimo desde la guerra francoprusiana. Los tremendos progresos de las armas de fuego, con ametralladoras y con fusiles para la infantería capaces de disparar cincuenta veces por minuto y a una distancia de tres kilómetros, convertían a los soldados a caballo en un blanco demasiado grande. [...] los regimientos de caballería eran particularmente vulnerables a los disparos de la artillería y, además, la caballería no era rentable. En 1914 la obsesión rusa por la caballería impuso una enorme sobrecarga a su red ferroviaria, al requerir una cantidad desproporcionada de material rodante. Se necesitaban cuarenta trenes para trasladar una división de caballería de 4.000 hombres y 12 cañones, mientras que con el mismo número de trenes se podían trasladar 16.000 hombres de infantería con 54 cañones. Además, un caballo necesita seis kilos de forraje diario, y el transporte del mismo obstruía una gran parte de la red."

Si España hubiera contado con el armamento adecuado, y al decir armamento adecuado me refiero a carros de combate -normales y comunes en todos los ejércitos europeos de la época- y una aviación minimamente digna, lo ocurrido en Igueriben hubiera podido evitarse, y evitándose lo de Igueriben no hubiera acontecido lo de Annual. Lo imposible era afrontar una guerra del siglo XX como si todavía se estuviera en el XVI y con una mentalidad del XIV. Los políticos y especialmente los militares deberían haberse concienciado, antes de meterse en guerras extrapeninsulares, y de una vez por todas que con el honor y el heroísmo, como ya quedó demostrado en Cuba, se va realmente a pocos sitios por no decir que a ninguno.

Una vez que se produce la caída del puesto de Igueriben la absurda posición de Annual quedaba más aun al descubierto del peligro que Abd-el-Krim suponía. La suerte estaba echada para el ejército español.

Nota: En la última imagen a la derecha puede contemplarse el cuadro de Muñoz Degrain que representa el puesto de Igueriben a la llegada de los moros.

     
  LUIS CASADO ESCUDERO, ÚNICO OFICIAL SUPERVIVIENTE EN IGUERIBEN.  
     
 
 
 
         
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