Universidad de Barcelona de Geografía e Historia  

 

 
 

 

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      ATRÁS.  
 
 
  ANNUAL.  
 

Permitidnos que comencemos este apartado con las palabras del historiador Geoffrey Regan: "En la guerra resulta difícil disfrazar la evidencia del fracaso. Los muertos pueden permanecer en el campo de batalla, pero representan bajas en las propias filas, estadísticas en los periódicos y familias afligidas. El equipo perdido o inutilizado puede suponer el despilfarro de vidas de marinos mercantes, pérdidas en materias primas y divisas extranjeras, así como un derroche de "horas-hombre" en las fábricas del país y del extranjero. Las pérdidas de vehículos o caballos pueden dificultar el transporte, mientras los heridos suponen una carga para unos servicios sanitarios saturados. Y, por encima de todo, las bajas son un recordatorio constante del papel que el comandante ha de jugar en la carnicería de la guerra. A nivel personal, el fracaso puede conllevar la destitución o dimisión y el final de una carrera hasta entonces inmaculada, carente de cualquier error que revele ineptitud personal."

Llegamos en este punto al penúltimo y decisivo acto del desastre de Annual, y remarcamos lo de penúltimo porque el último lo tendremos que focalizar en la posición de Monte Arruit, al que se le ha dedicado un apartado especial dentro de este estudio. Antes de continuar con el desarrollo, quisieramos prevenir a los lectores sobre algunas partes de este capítulo porque pueden mostrase especialmente escabrosas e incluso hirientes para algunas sensibilidades.

Ciertamente hubieramos podido omitirlas, aunque avisamos de antemano que no vamos a hacerlo, primero porque sería faltar a la verdad perdiendo la rigurosidad que nos hemos impuesto desde el punto y hora que comenzamos a desarrollar el tema y segundo, pero no menos importante, porque siempre hemos creido que es necesario aprender de los errores del pasado para no volver a cometerlos en el futuro y, en contra de las voces que se levantan en favor de la gloria de los ejércitos y la honorabilidad de la guerra (sentimientos, que dicho sea de paso, jamás hemos compartido), existen una serie de realidades que no podemos obviar: la crueldad y el terror, la muerte, el olvido y la carnicería de por lo menos 12.000 españoles muertos en una tierra que no valia entonces y no vale ahora la sangre de un solo de nuestros soldados.

El desastre de la posición de Igueriben despertó a los españolitos de su sueño imperial. Esa misma noche Silvestre se reunió con sus oficiales. la situación del campamento de Annual era tremendamente delicada y por primera vez entre los mandos de pronunció la palabra "evacuación". En ese mismo instante se recibían noticias de una de las posiciones españolas, la denominada "C", pedía auxilio inmediato porque estaba siendo atacada por los rifeños. La respuesta del mando español fue ciértamente desalentadora; que aguantaran aquella noche.

Finalmente, tras largos debates y la oposición de algunos mandos, se decidió que la única salida posible era la de evacuar la posición "por sorpresa" a las seis de la mañana. La noticia del repliegue, aunque en un principio debía de mantenerse en secreto entre la tropa, empieza a correr de boca en boca. El destino de la columna es, en un principio, Ben-Tieb.

La posición de Annual, como muchas otras cosas que hicieron los militares españoles por África, era absolutamente absurda. El campamento se encontraba sobre una meseta de unos 500 metros de elevación, se hallaba encajonada entre las alturas próximas del macizo de Azrú, que alcanzaba hasta los 750 metros. La posición, si hubiera habido el mínimo sentido común, debía de haberse establecido tres kilómetros más adelante, desde donde se dominaba el valle del río Amekrán y que era muy sencilla de defender. El problema de Annual consistía en que podía ser facilmente batida simplemente con un fusil desde cualquier elevación que la rodeaba.

Después del trágico fin del destacamento español en Igueriben lo mínimamente lógico hubiera sido ocupar las cotas que rodeaban el campamento para evitar un ataque del enemigo desde una posición tan ventajosa. Desgraciadamente para las futuras vidas de miles de hombres el mando pasó por alto este pequeño detalle. En ningún momento se ordenó la ocupación de las colinas.

Dentro del campamento la situación no era mejor. Esta base que debía ser la punta de lanza española dentro del territorio del cabecilla rifeño Abd-el-Krim resultaba ser una auténtica desorganización. Para empezar hay que señalar que Annual carecía prácticamente de líneas fortificadas seguras y, como rezaba un informe interno: "[...] tenía ángulos muertos que permitirían al enemigo llegar hasta la misma alambrada" . No se contaba con un hospital de campaña que fuera capaz de atender a los heridos, faltaba munición y alimentos para mantener una guarnición tan numerosa y nadie se había ocupado de construir unos depósitos de agua para abastecer a hombres y animales. Tampoco se había ordenado cavar trincheras o levantar parapetos. En definitivas cuentas, Annual era toda una invitación para que los rifeños la tomaran sin demasiados problemas.

Geoffrey Regan lo refiere de esta manera: "En febrero de 1921, Berenguer había informado al Ministro de la Guerra que el ejército había de enfrentarse a graves problemas. Los soldados estaban mal pagados, mal alimentados y pobremente equipados. Existían deficiencias en el suministro del material de guerra y los servicios sanitarios eran deplorables. Los barracones y los hospitales eran inmundos en todo el protectorado, por lo que las bajas causadas por la malaria eran innecesariamente elevadas. Su informe fue presentado en las Cortes, el parlamento español, aunque añadiendo que si bien las condiciones eran malas el "espíritu marcial" de las tropas era bueno.[...] Mejor hubiera sido decir que el "espíritu marcial" de las tropas, lejos de ser bueno, en algunas unidades era casi inexistente. El nivel general de los mandos era bajo, muchos oficiales eran incompetentes, indisciplinados y debían su posición a sus conexiones familiares. La paga del ejército era escasa que muchos oficiales tenían otro trabajo..."

Vila San-Juan cronista de la guerra de África para el periódico catalán El Noticiero Universal transcribe en una de sus crónicas una carta encontrada en Annual de un soldado español: "Es imposible dormir un solo día. Dicen que los moros dan sorpresas y que pasan a cuchillo a cuantos duermen. No sabes lo que se sufre aquí; estoy mucho más delgado, apenas como, y por las noches me tumbo abrazado al fusil, despertándome mil veces, porque oigo ruidos extraños alrededor de mi tienda de campaña. Yo creo que he sentido una noche el frio de una gumía rozando mi cuello. Me desperté castañeando los dientes. Esto no es para mí. Yo sirvo muy bien para vender calcetines en casa, pero para esto, no. Más vale que dejen a los moros en paz de una vez, y que nos vayamos a casa..."

Con esta moral de la tropa y esta situación debía enfrentarse Silvestre y, en general, el mando español. Sin embargo, el general era optimista y creía que en el repliegue las pérdidas serían mínimas. Su obsesión pasaba porque Annual no se convirtiera en un segundo Igueriben.

SOLDADOS ESPAÑOLES EN EL RIF.

Pero, aunque el general Silvestre se las prometía muy felices, la salida desde el campamento de Annual podía ser cualquier cosa, pero en absoluto sencilla. En primer lugar se debía de evacuar la meseta hasta llegar al llano, todo esto bajo el fuego enemigo. Había cuatro kilometros sin ningún tipo de protección hasta llegar a un desfiladero flanqueado por montañas y desde donde los rifeños podrían hacer un perfecto tiro al blanco. Desde allí el camino se elevaba brúscamente en dirección a Izumar (otros cuatro kilómetros). Aquí, como dicen Fernández de Reguera y Susana March: "Podía optarse por seguir el fondo del encajonado y difícil barranco o meterse en la pista, de cuatro metros de anchura y de tan imperfecto trazado en sus curvas y violentas pendientes, que la llamaban "el Tobogán". La opción no ofrecía grandes dudas, porque un punto y otro resultaban batidos, y los que por allí transitasen quedarían a la merced de quienes se apostaran en las cumbres de los flancos."

Pero la cosa hubiera sido hasta sencilla si este calvario hubiera concluido en Izumar, desgraciadamente para los soldados españoles la retaguardia no había sido fortificada por Silvestre y en esta posición no podía encontrase de nada que sirviera para organizar una mínima resistencia, debía continuarse avanzando por el lecho de otro barranco flanqueado también por cotas desde donde los rifeños podían disparar sin ninguna dificultad, después quedaban unos kilómetros de montaña, la llanura de Sepsa y finalmente Ben-Tieb, donde había munición y se suponía que se podría organizar una defensa.

Este era el camino de retirada del ejército español por el Rif, fruto de la improvisación y de una campaña descabellada en Marruecos. Como escribe Geoffrey Regan: "[...] las tropas de Silvestre estaban divididas entre unos 144 puestos avanzados, blocaos y fuertes, algo que iba a tener considerables repercusiones para los españoles. Las guarniciones habituales de los blocaos españoles estaban compuestas por una cifra que oscilaba entre doce y veinte hombres, aunque los centros como Batel, Dar Drius, Buy Meyan contaban con una guarnición compuesta por 800 hombres. [...] Abd-el-Krim conocía bien la situación en que se hallaba el ejército español en África. Sabía que su moral era baja y sabía que su resistencia sería mínima."

Vila San-Juan, cronista del periódico El Noticiero Universal de Barcelona, en su libro "Lo que no tiene nombre. Crónicas de Marruecos" creemos que explica como nadie hasta ahora las razones de la presencia española en Marruecos: "Nos hemos empeñado en conquistar el Rif por... "guapos" -hay una frase más castizamente española, pero más grosera- y vamos de fracaso en fracaso, porque no hay arranque humano -por muy bien inspirado, dirigido y ejecutado que esté- que soporte el peso arrollador de la Lógica. [...] Por "guapos" hemos querido imponernos en todo el mundo y todo el mundo nos ha traído de la mano hasta casa, jurándonos que somos invencibles y que nuestras derrotas han sido siempre gloriosas. [...] Por "guapos" arremetimos primero contra los moros, apartándonos en absoluto de nuestros compromisos diplomáticos, y más tarde les concedimos generosamente nuestro desprecio en el que se fundaron para barrernos -"por guapos" a su vez- desde Igueriben hasta Melilla"

El 22 de julio de madrugada hubo una nueva reunión entre Silvestre y sus oficiales. La idea del general continuaba siendo la de abandonar Annual inmediatamente protegidos por los escuadrones de Alcántara y dos mías de la Policia (la palabra "mía" viene del árabe marroquí "mya", y este del árabe clásico "mi'ah" ,significa literalmente: cien. En Marruecos, fueron unidadades regulares indígenas compuestas de unos 100 hombres de infantería o de otros tantos de caballería.). Aunque algunos oficiales señalaron que era mejor resistir hasta que llegara ayuda desde Melilla (se calculaba que ésta llegaría el día 27), Silvestre desestimó tal opción e insistió en que la única manera de conservar la vida y que Annual no se convirtiera en un segundo Igueriben era retirarse hasta Ben-Tieb. Se inutilizarían las baterias, se abandonaría el material y se marcharía a toda prisa del campamento. La guarnición de Biymeyán se retiraría hacia Annual y la de Talilit hacia Sidi-Dris.

Creemos que, después de conocer las intenciones que tenía el general, las palabras que aquí vamos a reflejar de García Figueras son altamente significativas: "El consejo decidió emprender un repliegue sobre la línea de Izumar-Ben-Tieb -y así lo anunció al alto mando en su último telegrama, remitido a las 4.45 de la madrugada del día 22- Pero se olvidó que la retirada combatiendo es la operación más difícil de realizar en Marruecos, dado el sistema peculiar de guerra del marroquí; se olvidó también de que, en ese caso, el terreno nos es desfavorable, y que ambas dificultades , a más de las derivadas de una retaguardia que no estaba desarmada y en la que no habíamos tenido la menor previsión respecto al establecimiento de centros de resistencia que pudieran ser utilizados en cualquier circunstancia desfavorable, han de salvarse con una organización perfecta de repliegue, con unas órdenes terminantes y precisas, y con una disciplina de ejecución absoluta. Todo ello faltó, y para mayor desgracia, faltó el mando, Silvestre fue muerto a la misma salida de Annual..."

De todas maneras no adelantemos acontecimientos sobre los últimos momentos del ínclito general Silvestre, más adelante podremos dar las diferentes teorías que se barajaron al respecto de su desaparición. Lo único que podemos asegurar a ciencia cierta es que el día 22 de julio fue el último en la vida del militar español. Por cierto, rasgo de gran gallardía, supongo que eso es lo que debe ser el espíritu castrense mal entendido, el general, sabedor de lo que se avecinaba, dispuso inmediatamente de un coche para que trasladara a su hijo, militar también y que se encontraba destacado en esos momentos en Annual, sano y salvo hasta Melilla. Desgraciadamente los hijos de otros padres dejarían su sangre, cuando no su vida sin que nadie les pusiera a salvo de las balas del enemigo.

En otro orden de cosas, la aguada que había partido desde el campamento de Annual aquella misma mañana hasta el río había sido rechazada por el compacto fuego de los rifeños, las tropas de Abd-el-Krim, siguiendo las órdenes de éste, habían estado construyendo trincheras por la noche desde donde imposibilitaban que los españoles se acercaran al río.

Desde el campamento se vio en la lejania una gran contingente de rifeños que avanzaban en dirección a Annual tomando posiciones. En palabras de Geoffrey Regan: "El general, tan confiado tiempo atrás, empezó a sentir pánico [...] El rey le había enviado un telegrama en el que le instaba a tomar la bahía de Alhucemas para el 25 de julio, día del cumpleaños de su majestad. Silvestre se dio cuenta que estaba acorralado por su propia reputación de "comefuegos" y hombre que hace lo que dice. Estaba ya claro que la situación local era desesperada [...] La mañana del 22 de julio, después de una reunión con los oficiales, ordenó una retirada a gran escala. No había previsto ningún plan y dijo simplemente a las tropas que se marchasen "por sorpresa". La conmoción que causó la orden del propio comandante en jefe hizo perder los nervios a la mayoría de la tropa, formada por conscriptos, que rompieron filas y huyeron presas del pánico. Sus oficiales no hicieron nada para detener la estampida, mientras que Silvestre, que al parecer no tenía ni idea de cómo gobernar la situación, se limitaba a decir a sus tropas, "corred, corred, ese diablo está a punto de llegar". En realidad ya estaba allí..."

Para el historiador español Abraham Reolid: "En los últimos momentos de su vida Silvestre no solamente demostró o ratificó ser un incompetente como militar sino que su actitud puede rayar directamente en la cobardía. Muchos soldados españoles que se retiraron ordenadamente junto a sus jefes tuvieron pocas bajas entre sus filas llegando sin demasiados problemas hasta la misma ciudad de Melilla. La cobardía de Silvestre a la hora de dar la precipitada orden de evacuar sin tino ni concierto el campamento base de Annual propició el desastre"

Por su parte, en el libro "El Desastre de Annual", Fernández de la Reguera y Susana March refieren de esta manera la evacuación del campamento español: "El general braceaba, voceaba, azuzaba a la gente para que se apresurase a salir de la posición. Soldados y oficiales corrían de un lado a otro azoradamente, aturdidos. Las órdenes se sucedían seguidas, con frecuencia, de contraórdenes. Los toques de los cornetas parecían sonar al unísono, mezclados en el confuso galimatías."

Carlos Seco Navarro en su obra "La España de Alfonso XIII" nos da una visión un tanto diferente en la forma pero igual de desastrosa en el fondo, de las palabras de Silvestre: "En aquel espantoso amanecer de Annual, las tropas que abandonaban la posición, y a las que faltaban órdenes concretas y precisas, convirtieron la retirada en desbandada, en marcha alocada, presas de un pánico colectivo que a partir de determinado momento fue imposible contener. Desde el baluarte, un Silvestre desesperado les apostrofó: "Huid, soldaditos, que viene el coco..." Una reacción extrema tal vez hubiera podido dominar la avalancha humana, regrupando a los fugitivos en torno al hombre al que siempre había acompañado un carisma que parecía infalible."

A estas alturas hasta el último soldado español del campamento sabe a ciencia cierta que no acudirán fuerzas de auxilio desde Melilla ni desde ningún otro sitio, que las unidades destinadas a proteger la salida y avance de la columna desde el campamento son insuficientes cuando no inoperantes y que tendrán que retirarse bajo el tupido fuego de los hombres de Krim, hombres que ya dominan las cotas y para los que será muy sencillo disparar, casi sin apuntar,contra un ejército tan numeroso que se retira a la desvandada..

La salida de las tropas españolas del campamento de Annual fue una auténtica calamidad. Los vehículos motorizados, la mayoría de las veces ocupados por oficiales que habían abandonado a sus hombres a su suerte, partieron a toda velocidad hacia Melilla. En el camino estos "valientes militares" se quitaban condecoraciones y estrellas y todo aquello que pudiera relacionarlos con la oficialidad (pensaban que si caían en manos del enemigo tendrían más posibilidades de sobrevivir siendo meros soldados que mostrándose como oficiales). Mientras tanto los soldados, desorganizados y mal mandados habían hecho un tapón en la salida del campamento al tratar de escapar todos al mismo tiempo. Como escriben Fernández de la Reguera y Susana March: "Todos quieren huir. Chocan ciegamente, brutalmente unos con otros. Tropiezan en las cargas derribadas, en los hombres y animales muertos, en los carros volcados; se enredan en los correajes, fusiles, macutos y otros objetos abandonados; caen en confuso montón, que los rifeños acribillan, y allí se debaten enloquecidos de terror, maldiciendo, agonizando, luchando salvajemente para zafarse y escapar.[...] La columna cruzaba depositando un aluvión de muertos y heridos que iban quedándose atrás, pisoteados y sangrientos"

La entrada al desfiladero no acabó con la matanza. Las fuerzas de flanquo españolas, insuficientes a todas luces, no podían contener el ataque rifeño. Finalmente la columna tomó la pista, aquella conocida por "el tobogán". Según Fernández de la Reguera y Susana March: "El caos era inenarrable. La harca se había apoderado de las lomas de la izquierda del desfiladero, después de desalojar a la Policia, que se les unió en masa, contribuyendo a aniquilar a los españoles. La posición "C" había sido abandonada. Solamente seguía ocupada la avanzadilla, pero por desertores indígenas que disparaban sobre las fuerzas en retirada."

Mientras tanto, el final de esta columna de muerte estaba saliendo todavía de Annual. Los últimos hombres inutilizaron desesperadamente los cañones y destruyeron todo aquello que pudiera ser de alguna utilidad al enemigo. Los soldados de Ceriñola tenían como objetivo cubrir a los últimos soldados de la columna que salía en esos momentos desde Annual. La idea de Silvestre de confiar a la Policia indígena las alas y el frente de la columna era, a simple vista, una insensatez digna de su mando. Insensatez por el recuerdo de Abarrán y lo que allí había ocurrido, en donde los indígenas se volvieron en un momento determinado contra los españoles y acabaron por masacrar la guarnición

La matanza continuaba, los soldados que caían heridos quedaban, en la mayoría de los casos arrinconados por sus propios compañeros que trataban de escapar desesperadamente. Fernández de la Reguera y Susana March nos explican en su libro "El desastre de Annual" uno de los episodios más escalofriantes de la guerra: "[...] Y fue entonces cuando descubrió a los moros. No solamente en la cumbre de las lomas, en las laderas había también grupos de enemigos apostados. Uno de los grupos se movió. Descendían corriendo en dirección a los heridos. Eran seis rifeños. Derribaron a los dos heridos que marchaban en cabeza, golpeándolos con las culatas de los fusiles. Después les abrieron las braguetas. Les cortaron sus partes. Los heridos lanzaban aullidos espantosos. Y en seguida enmudecieron. Los moros les habían taponado las bocas introduciendo en ellas los despojos sanguinolentos"

En otra parte del mismo libro se relata lo siguiente : "Aparecieron las mujeres. Eran ocho o diez. Las seguían unos cuantos chiquillos. Las mujeres traían a un hombre. Le identificó por el número 42 del cuello de la guerrera. Pertenecía al regimiento de Ceriñola, como él."

El relato continua de esta manera: "Las mujeres llevaban garrotes. Los descargaban ferozmente en la cabeza y en la espalda del soldado. No se defendía el soldado. Avanzaba tambaleándose. Se quejaba roncamente. Solo se llevaba las manos a la cabeza ensangrentada. Cuando el soldado cayó, las mujeres se arrojaron sobre él. Empezaron a golpearle en el rostro con piedras, hasta dejarlo convertido en una informe masa sanguinolenta."

La cabeza de la columna consiguió llegar a Izumar pero allí no había nada para hacerse fuertes. De hecho la posición había sido abandonada, posiblemente de una manera precipitada, por sus ocupantes y destruida concienzudamente con el fin que los moros no pudieran aprovechar nada. La única ventaja que ofrecía el puesto es que se encontraba en un lugar donde las montañas quedaban un tanto apartadas y los rifeños aminoraron el fuego ya que era mucho más complicado hacer blanco al aumentar la distancia.

Si las tropas de Krim hubieran bajado desde las cotas que rodeaban la posición y se hubieran lanzado decididamente hacia los soldados españoles, la masacre hubiera adquirido caracteres mucho más terribles de lo que por si ya fueron, los españoles carecían de cualquier forma de contrarrestar un ataque de ese tipo, pero el moro, quizá por su propia idiosincrasia, no es partidario de la lucha cuerpo a cuerpo a no ser que tenga las cosas muy seguras o muy desesperadas, y no se daban ninguno de esos casos en este preciso momento. Además, los rifeños desconocían las posibilidades hispanas de rechazar un ataque frontal o que éste prosperara pero en base a graves perdidas para sus tropas. Era mucho más sencillo disparar desde cubierto e ir mermando al ejército español poco a poco.

La columna, por tanto, tuvo que continuar su avance al no poderse refugiar en Izumar. El camino ahora se adentraba por el lecho arenoso del barranco. Los soldados españoles volvían a estar a tiro facil de los rifeños y éstos no dudaron en comenzar a descargar sus "fusilas" contra ellos. Los cuerpos caídos, bien por heridas o por simple agotamiento, llegaron a ser tantos que impedían el paso a los que trataban de escapar de aquella ratonera. Los pocos soldados españoles que aún conservaban su armas disparaban desesperadamente contra las lomas tratado de cubrir a la columna.

El día 22 por la mañana el teniente coronel Fernando Primo de Rivera trataba de ocupar la posición entre Yebel-Uddia y la posición llamada "B". Junto a él avanzaban los escudrones de Alcántara, una compañía de Ceriñola y otra de ingenieros. Él fue el primero que vio llegar a los desesperados miembros del campamento de Annual.

Su primera idea fue la de reorganizar a aquellos hombres, tratar de utilizar a los que todavía pudieran ser útiles, a los que llevaran armas y munición con la intención de hacerse fuertes y tratar de contener a los rifeños. Todo fue inutil, los soldados hicieron caso omiso a los gritos del teniente coronel y continuaron su marcha.

Ante como se presentaban los acontecimientos, Fernando Primo de Rivera tuvo que desistir de toda estrategia que contara con la participación de los hombres de Annual. Lo único que pudo hacer, para mitigar el constante fuego de hostigamiento que sufrían los españoles, fue cargar contra el enemigo tratando de cubrir el flanco de la columna.

Tanto la posición llamada "B" como Yebel-Uddia se encontraban envueltas en llamas, posiblemente sus defensores las habían abandonado y prendido fuego para tratar de evitar que los rifeños las utilizasen, aunque no había que descartar que hubieran sido masacradas por los moros e incendiadas después. Ahora, cerca de la posición denominada "A", los escuadrones de Primo de Rivera, apoyados por los Regulares del comandante Llamas Martín, se dedicaban a tratar de acabar con las mías de desertores, la Policia Indígena que había, como se decía entonces, "chaqueteado" y que disparaba contra los soldados españoles.

Retomo ahora el libro de Fernández de la Reguera y Susana March para ilustrar otro de esos capítulos espeluznantes de la guerra: "Los habitantes de los poblados próximos a la ruta contemplan indiferentes o regocijados el tremendo espectáculo. Después van aproximandose a las tropas en fuga. Son hombres y mujeres indígenas. Recogen las armas que arrojan los soldados. Se apoderan de los mulos, derribando en tierra a los heridos que cabalgan sobre ellos. Su audacia crece ante la impunidad. Tumban a un hombre de un garrotazo. Tumban a otro. Los rematan a palos y pedradas en el suelo. Los demás cruzan, siguen, parecen no ver el martirio de sus compañeros, ni escuchar sus estremecedores aullidos.

Los moros se llevan a un soldado. Tiran de él. No hace ninguna resistencia el soldado, completamente embrutecido por el terror y la fatiga. Lo golpean, lo hieren, lo torturan. Y la orgía de sangre crece.

Otros hombres son conducidos a los poblados. Allí los martirizan, los rocían después con aceite. Están vivos aún, cuando surgen las llamas de las humanas hogueras. Y los alaridos brotan llenando de horror todo el espacio."

Acciones y situaciones como estas e incluso peores son relatadas por los supervivientes de Annual que logran llegar a Melilla: " [los moros] se agachaban a recoger un fusil, un correaje, cualquier objeto que les llamara la atención y lo cargaban en las caballerías. Examinaban cuidadosamente los cadáveres. Sacaban el contenido de los bolsillos. Les quitaban las botas o alguna prenda. Entreabrían con un machete las rígidas, casi pétreas mandíbulas, desencajándolas para extraer los dientes de oro. Se incorporaban después y seguían. [...] Uno de los heridos que reptaba sobre el vientre, fue alcanzado. El moro cabalgó sobre sus costillas. Se escuchaban las patéticas súplicas de aquel desgraciado. El moro le cogió por los pelos. Tiró de la cabeza violentamente hacia atrás y se la seccionó de un solo tajo de gumía. El tronco mutilado despidió un chorro de sangre [...] El moro levantó el brazo. Agitó la cabeza. Amarilleaba estanpándose contra el cielo azul. Después la arrojó. La cabeza rodó, golpeándose empolvada y trágica. El moro se echó a reir".

Finalmente, tras largas horas de marcha bajo un sol abrasador la columna, o los restos que quedaba de ella, llegaron a la posición de Ben-Tieb, donde Silvestre había planificado que se retirara el ejército de Annaul. Los moros dejaron de hostigar a las tropas españolas mientras que el teniente coronel Primo de Rivera no dejaba de cargar con sus agotadas monturas a los pocos rifeños que aún continuaban disparando.

En Ben-Tieb algunos oficiales trataron de reorganizar deseperadamente las tropas, en la posición había municiones y la posibilidad de hacerse fuertes a la espera de refuerzos de Melilla. Sin embargo las maniobras de los mandos fracasaron ya que la columna hizo caso omiso de las órdenes de los oficiales y continuó su penosa marcha en dirección a Dar-Drius, a unos quince kilómetros de Ben-Tieb. Comenzó a correr la voz entre los hombres que en Dar-Drius se encontraba el general Navarro con tropas de refuerzo, munición, agua y víveres.

Y ciertamente algo había de verdad en todo aquello, aunque fuera todavía de una manera remota, el general Navarro se desplazaba inmediatamente desde Melilla hacia Dar-Drius pero sin tropas de refresco y menos con víveres.

Su misión consistía en tratar de detener a la columna lo antes posible e intentar reorganizarla. Se le habían prometido algunos refuerzos que partírian desde Melilla para tratar de apoyar a los hombres de la columna pero tampoco podían enviar un fuerte contingente ya que la posibilidad que la plaza española fuera asediada iba cogiendo cada vez más forma.

El teniente coronel Pérez Ortiz estaba al mando de la guarnición de Dar-Drius, por allí las cosas se mantenían en tranquildad posiblemente porque los rifeños de la zona todavía ignoraban la debacle del ejército español en Annual. El campamento estaba aceptablemente construido, con parapetos de adobe y barracones aspillerados. Tenía la aguada próxima y disponía de munición y víveres.

Dar-Drius ya conocía las noticias de lo acontecido en Annual por los diferentes vehículos que escapaban en dirección a Melilla. El teniente coronel Pérez Ortiz dispuso las medidas necesarias para apoyar a la columana en caso que fuera hostigada por los moros, a la vez que dispuso la posible defensa de la posición en caso de un ataque rifeño. El parar aquel grupo de hombres no fue tarea sencilla, los soldados agotados por la marcha y en muchos casos heridos "no obedecían las órdenes o no lograban entenderlas."

Tras numeroso esfuerzos que se convirtieron en horas de lucha contra los soldados que se negaban a parar, se logró retener a la mayoría de la columna (aunque muchos de ellos continuaron su marcha con el objetivo de llegar hasta Melilla), se les aseguró la llegada del general Navarro y que se enviarían refuerzos desde Melilla para reforzar el enclave. Además, los heridos fueron mínimamente atendidos, los soldados pudieron beber, comer algo y descansar. La protección que ofrecía Dar-Drius elevó un tanto la moral de aquellos maltrechos hombres, ya no se escuchaban disparos y los moros no se atrevían a acercarse.

A media tarde del día 22 llegó el general Navarro a la posición y quedó impresionado al ver el estado de las tropas procedentes de Annual. La columna había quedado prácticamente aniquilada durante sus horas de huida, inmediatamente pidió novedades sobre otros destacamentos de la zona. En palabras de Geoffrey Regan: " Los fuertes y bases españolas cayeron como fichas de dominó."

La primera acción del general Navarro es la de hacer una profunda evaluación sobre las fuerzas y recursos con los que podía contar, así como la de inspeccionar los medios defensivos con los que cuenta la posición..

Su primera orden, cosa que no hizo Silvestre, fue la de mandar desarmar a las cábilas amigas pues no confiaba en absoluto que mantuvieran su lealtad cuando se enteraran de lo que había ocurrido aquella misma mañana en Annual. Su segunda orden es que todas las posiciones dependientes de Dar-Drius fueran abandonadas y que los hombres se replegaran hacia el campamento base, para proteger su retirada salieron dos baterías y los escuadrones de Alcántara, fuerzas que fueron suficientes para reprimir los tímidos intentos rifeños por atacar a las fuerzas españolas en su retirada.

Sin embargo Navarro seguía teniendo sus reservas a la hora de pensar si Dar-Drius era el lugar idoneo para hacer frente a las tropas de Abd-el-Krim; no confia ni en sus defensas ni en su posición, algunos oficiales aseguraban que partir del puesto era condenar a los hombres a una muerte segura, allí tenían el agua necesaria, había buen número de víveres y munición más que abundante.

Navarro temía especialmente a un levantamiento rifeño en masa en la retaguardia que envolviera y dejara la posición de Dar-Drius absolutamente aislada, en ese caso el sitio podría prolongarse durante un tiempo indeterminado y la ayuda podía llegar demasiado tarde. El general conocía la situación militar de la zona, pues venía de Melilla, y sabía que se tardaría mucho tiempo en articular una columna de socorro.

Navarro telegrafía a Melilla, expone rápidamente y de forma clara el momento en que se encuentra el destacamento español: "La situación solo podría salvarse con la llegada de refuerzos."

En la madrugada del día 23 el general Navarro ordena que los Regulares que todavía permanecían fieles (que eran tropas indígenas) partieran hacia Nador y que allí fueran desarmados -esa era la confianza que los mandos españoles tenían de las tropas regulares rifeñas-, continuan las dudas sobre la permanencia en Dar-Drius, pero al comprobar que las tropas de Krim se estaban preparando en número considerable en la ruta de retirada, Navarro decide que es preferible llegar hasta Batel, a unos 20 kilómetros, donde se encuentra el ferrocarril. Pasado el mediodía el general ordena la evacuación de Dar-Drius, decisión que no fue compartida por algunos de sus oficiales.

Tras largas meditaciones y no menos dudas el general Navarro ordenó que los preparativos para la evacuación de Dar-Drius se hiciera con el mayor sigilo posible para evitar cualquier tipo de información a los espias rifeños, espias que se encontraban apostados en puntos cercanos de la posición y que observaban cualquier movimiento de las tropas hispanas. Los heridos fueron "cargados" en los vehículos, insuficientes a todas luces para la cantidad de hombres que los necesitaban.

Se trató de armar a algunas unidades en vanguardía y en retaguardía para proteger a la columna, aunque desde el primer momento se vio que eran insuficientes. En medio de la misma marchaba el general Navarro y su estado mayor. Los disparos rifeños comenzaron a poco de salir de Dar-Drius, la columna se estiró tratando de escapar del fuego enemigo, los heridos que no pudieron montar en los vehículos y que avanzaban a pie comenzaron a rezagarse. Ellos serían los primeros sacrificados por los moros.

OFICIALES DE ALCÁNTARA.

Navarro trató de organizar guerrillas para que batieran a los rifeños, los escuadrones de Alcántara los apoyaron y tras duros combates consiguieron hacer recular al enemigo, momento en el que la columna aprovechó para acelerar el paso en su loca escapada hacia Batel. Al llegar al río Gan, afluente del Kert, la carretera zigzaguea, circunstancia que aprovecharon los rifeños para acrecentar el fuego hacia la columna.

La columna se encuentra con barricadas en la carretera para obstruir el paso de los vehículos y retrasar la marcha de los que van a pie. En ese momento carga sobre la columna española la caballería mora, su primer contacto contra los soldados españoles es devastador.

El teniente coronel Primo de Rivera carga sobre ellos y gracias al apoyo de dos compañías de infantería se logra rechazar a la caballería indígena.

Los vehículos inutilizados por las balas del enemigo van quedándose atrás, en ellos aún permanecen los heridos, heridos que serán rematados por los moros, nadie mueve un dedo por ayudarles. Los cañones son inutilizados antes de ser abandonados, lo mismo ocurre con el material, los soldados lo abandonan para continuar más ligeros la marcha.

Tras una nueva marcha infernal y a un kilómetro de Batel, Navarro ordena que la columna se detenga, hay que cerciorarse que la posición no está en manos del enemigo ya que caer en una emboscada que resultaría fatal. Cuando cae la tarde, y tras cerciorarse que está bajo bandera española, la columna entra en el puesto de Batel, los moros ocupan varios puntos desde donde continuan hostigando a la columna. Cuando el general Navarro entra en Batel se entera por los soldados que integraban el puesto que la vanguardía de la columna a seguido la marcha contradiciendo las órdenes del general.

En Batel, lugar donde concluye el ferrocarril, se han dejado a los heridos para que partan en tren hacia Melilla. Durante el año 1921 el ejército utilizaba esta cosa que puede contemplarse en la foto siguiente, lo llamaban el "Tractocarril" y era lo más parecido a un tren que existía por el momento (aunque parece ser que no era demasiado popular debido a las continuas reparaciones que este trasto necesitaba).

Navarro se reunió con sus oficiales, la situación de Batel era peor que la de Dar-Drius. Para empezar apenas había agua y municiones y el tamaño no permitía que entraran todas las tropas. Bajo esta perspectiva el general ordenó que una parte de la columna marchara hacia Tistutin y que los heridos fueran inmediatamente embarcados en el ferrocarril con dirección a Melilla, había que pensar que todavía los rifeños no habían destrozado la línea.

     
   
     

Aquí se nos muestra una nueva forma de improvisación, parece realmente increible que un general que va a hacerse cargo de una situación tan delicada como la que estaban sufriendo las tropas españolas, desconozca las posibilidades de los diferentes puestos de la zona. Ciertamente Dar-Drius era una posición comprometida pero contaba con agua provisiones, defensas y capacidad para albergar a la tropa durante largo tiempo. La marcha hacia Batel era descabellada, el puesto era igualmente peligroso y no contaba con ningún tipo de recurso ni munición, su única ventaja era el ferrocarril pero el general desconocía si en esos momentos ya estaba cortada la línea. Parece mentira que Navarro no estudiara las posibilidades de los puestos antes de aventurarse a movimientos tan absurdos.

Cuando una parte de la columna partió hacia el puesto de Tistutin, con la esperanza que todavía quede allí alguien para contarlo o que al menos no estuvieran allí asentados los rifeños y calleran en una emboscada, se arreglaron parte de los graves problemas de espacio que había en la posición de Batel , sin embargo no pudo acabarse con el problema de la sed y el hostigamiento por parte de los fusileros rifeños que continuaban disparando contra la posición. En palabras de Fernández de la Reguera y Susana March: "Algunos hombres desertaban buscando la salvación en la fuga; partían enloquecidos por la sed; o era el terror lo que los inducía a escaparse y afrontar una muerte segura."

Un correo desde Tistuin comunicó a Navarro que el heliógrafo había informado que desde Melilla se mandaban tres compañías de auxilio. La única opción posible en ese momento para los soldados de Batel y Tistuin era esperar a que llegaran los refuerzos. Navarro sospechaba que a esas alturas los rifeños ya habrían cortado e inutilizado el ferrocarril, así se lo comunicó a alguno de sus oficiales, de esta manera se reducían las posibilidades que las tropas de auxilio rompieran el cerco establecido por los moros.

A medida que el tiempo pasaba la situación en las posiciones españolas era cada vez más deseperada, los sitiados presuponían que las tropas de auxilio no había poddio romper el cerco rifeño, como realmente había ocurrido, la comunicación heliográfica no era sencilla, los moros habían encendido hogueras para que el humo entorpeciera las comunicaciones. Finalmente desde la Comandancia de Melilla llegó una orden directa que debía transmitirse al general Navarro: "Retírese a Monte Arruit"

Monte Arruit era era un campamento español que había sido establecido en 1912, un frontal que servía de entrada recordaba la fecha. Allí se encontraba un fuerte contingente español pero, como ya parece ser una constante, el pozo más cercano se encontraba tan aislado que si los moros lo controlaran harían imposible la aguada y los defensores se verían condenados al tormento de la sed. Alguien había permitido, algún inconsciente, que se levantasen las cantinas a unos veinte metros fuera del parapeto. Las cantinas habían sido ocupadas por los rifeños y desde ese punto hostigaban a los españoles.

El 28 de julio se iniciaron los preparativos para la marcha. La tropa estaba absolutamente desmoralizada y, aunque los oficiales se esforzaban en levantárles el ánimo anunciándoles que en Monte Arruit había agua y alimentos e incluso que podrían recibir refuerzos porque hasta allí llegaba la carretera y el ferrocarril, no podían evitar que los hombres pensaran en que tendrían que salir de nuevo a campo abierto donde serían un blanco sencillo para los tiradores rifeños. El camino hasta Monte Arruit era de 15 kilómetros y los hombres estaban consumidos por la fatiga, el hambre y la sed.

A las dos de la madrugada del día 29 la columa inició su marcha hacia el campamento español de Monte Arruit. Los heridos y enfermos eran portados en camillas o sobre las pocas cabalgaduras que todavía estaban en poder de los sitiados.

Las tropas del capitán Arenas estaban encargadas de cubrir la retaguardía de la columna, mientras que en la vanguardía marchaba el propio general Navarro, al frente de las tropas. Desde el mismo momento de abandonar la posición de Tistutin los rifeños comenzaron a hostigar la retaguardía de la columna.

A medida que amanece los disparos rifeños se multiplican, la columna se desorganiza y fragmenta: las guerrillas que guardan los flancos deben retirarse hasta el centro de la columna mientras que en la retaguardía se lucha casi cuerpo a cuerpo. Las tropas de Policía, que todavía permanecían fieles a los españoles desertan y se revuelven contra ellos, aún así las tropas del capitán Arena aguantan la acometida. La Policía indígena se dedica a rematar a los soldados españoles heridos en la retaguardía.

Monte Arruit ya es visible, la masa de soldados de la columna entra en un momento de locura colectiva y se lanza a la carrera hacia el campamento español, algunos oficiales que tratan de impedir la avalancha son muertos por sus propios soldados. Solamente resiste la retaguardía, que aún sin municiones aguanta a punta de bayoneta y se repliega ordenadamente, poco antes de entrar en Monte Arruit su jefe, el capitán Arenas cae muerto por un disparo en la cabeza.

Los tres cañones de la batería ligera, los últimos que se conservaban en la retirada deben ser abandonados y caen en manos de los moros. Son unos 900 hombres los que entran en Monte Arruit, más de 400 han quedados muertos por el camino.

De los cinco o seis mil hombres que había en Annual a las órdenes de Silvestre solo quedan 900. ¿Y de los repartidos por las diferentes posiciones? Sumaban 12.000 ó 14.000 ¿Qué ha sido de ellos? Nadie tiene respuestas. Monte Arruit tiene ahora en su interior 3.000 supervivientes del "Desastre" esperando algún tipo de ayuda de España.

La situación de las posiciones españolas en ese momento era desesperada, la que llevaba por nombre "A" había sido masacrada y no hubo supervivientes, tampoco había sobrevivido nadie en la "B", lo mismo había ocurrido en Yebel Uddia, en El Morabo, Ulad Aisa, Axdir Asús, Ishafen, en Timayast... Solamente continuaba la resistencia en Sidi-Dris y en Afrau.

Para continuar esta parte del relato es imprescindible que miente a Jesús Nuñez, él ha sido "directamente culpable" que nos preocupáramos de las acciones de la Guardía Civil durante los días del "Desastre de Annual", y especialmente su contribución a la defensa de la zona de Melilla. Nuestro más sincero agradecimiento.

Decididamente, Melilla y su zona más cercana, la de Nador, eran los siguientes objetivos de los hombres de Krim una vez que el frente se hubiera caído como un castillo de naipes y aquí es donde entra en escena la Guardia Civil. En 1920 la Comandancia de la Guardia Civil de Marruecos había quedado estructurada en 4 compañías de Infantería, con cabeceras en Ceuta, Tetuán, Melilla y Larache; 1 escuadrón de Caballería con cabecera en Ceuta y dos secciones de Caballería destacadas respectivamente en Melilla y Larache.

La Compañía de Melilla, mandada por el capitán José García Agulla contaba con 75 hombres, compuesta por dicho capitán, 2 tenientes, 1 alférez, 46 clases de tropa de Infantería (1 suboficial, 1 sargento, 3 cabos, 2 cornetas, 4 guardias 1º y 35 guardias 2º) y otras 25 de Caballería (1 sargento, 3 cabos, 1 trompeta, 2 guardias 1º y 18 guardias 2º), a estas fuerzas hay que sumar la de otros números que al enterarse del "Desastre" se replegaron sobre Melilla e incluso otros campamentos militares, aunque otros al resultarles imposible la acción organizaron la defensa de sus Casas-Cuarteles..

Por indicación de un oficial del Ejército, los números y familiares del destacamento de San Juan de las Minas debían replegarse hacia Segangan en donde existía otro puesto de la Guardía Civil. Sin embargo cuando llegaron al mismo comprobaron que también había sido abandonado, habiéndose replegado su guarnición a Nador, sufriendo allí el inesperado ataque de los rifeños que les obligó a refugiarse en la casa-cuartel.

Al llegar la noche y agotadas las municiones, inutilizaron los fusiles máuser, tratando de escapar. Sin embargo, fueron sorprendidos y hechos prisioneros. Salvaron sus vidas, gracias a la mediación de unos indígenas de la cábila de Beni-Bu-lfrur, que a cambio de un precio de 125 pesetas por persona, los disfrazaron y trasladaron a Melilla a donde llegaron el 28 de julio.

Al conocer en Melilla las noticias de la tragedia se organizó la defensa de la ciudad. La Guardia Civil fue especialmente encargada de controlar el paso de Nador, donde llegaban los supervivientes del holocausto. El 24 de julio las cabilas rebeldes iniciaron el ataque a Nador, en donde la guarnición española estaba muy disminuida al haberse marchado el grueso a Annual. Por esa razón, cualquier persona, civil o militar que pudiera empuñar un arma se dispusieron a defender la posición, los activos en ese momento rondaban los 200.

El teniente Fresno, personalmente, hizo bajar a todos los soldados que encontró del último tren que pudo escapar de Arruit, poniéndolos inmediatamente a disposición del teniente coronel Pardo para que cooperaran en las labores de defensa, hizo lo mismo con todos los soldados que encontró que llegaban desde Annual.

Los españoles se atrincheraron en dos puntos, la iglesía y la fábrica de harina, esperando los refuerzos de Melilla, al atardecer del día 25, debido a la intensidad del ataque enemigo, el teniente coronel Pardo ordenó el abandono de la iglesia y consideró que era mejor mantener a todos los efectivos reunidos en una única posición. Por otro lado pronto surgió el problema de la escasez de víveres y municiones.

Los rebeldes, con un cañón tomado en Annual, abrieron fuego sobre el edificio, causando grandes destrozos a la vez que hacían sobre él incesante fuego de fusilería. El asedio se fue prolongando durante diez días, sin que los ansiados y prometidos refuerzos de Melilla llegaran.

En palabras del propio Jesús Nuñez: "El día 2 de agosto, con casi cincuenta bajas propias entre muertos y heridos, agotadas las municiones y los víveres, con el edificio en ruinas por las explosiones de las granadas y los disparos de cañón así como sin esperanza de poder recibir ya el prometido auxilio de Melilla, que distaba tan sólo quince kilómetros, el teniente coronel Pardo, para salvar la vida de los defensores, familiares y demás paisanos que se encontraban con ellos, decidió aceptar la rendición y ordenó la entrega de las armas."

Esta vez el pacto de rendición se cumplió por parte rifeña y se respetaron las vidas de los defensores. Una vez abandonado el semiderruido edificio se formó una columna con los supervivientes que con una bandera blanca al frente se dirigieron a Melilla.

Nuestros pasos se dirigen ahora a Zeluán, allí la casa-cuartel de la Guardia Civil fue atacada por los rifeños. Sus defensores, superados por el fuego enemigo determinaron replegarse sobre la alcazaba en donde se habían hecho fuertes cerca de quinientos hombres, en su mayor parte soldados huídos de otras posiciones.

El día 3 de agosto, tras diez días de heroica resistencia y haber agotado sus municiones y víveres, los componentes del Puesto de Zeluán, al igual que el resto de fuerzas del Ejército que allí se quedaron defendiéndose contra un enemigo infinitamente superior, fueron convencidas por los rifeños de que se les respetarían sus vidas y podrían marcharse a Melilla si entregaban sus armas, finalmente, ante la imposibilidad de defender la alcazaba los españoles aceptaron la propuesta. Sin embargo esta vez el pacto no se cumplió como en Nador . Al poco de abandonar la alcazaba oficiales, soldados y guardias civiles, fueron brutalmente perseguidos, torturados, degollados y arrebatados sus uniformes antes de quemar sus cuerpos. El resultado, más de 400 muertos.

La Guardia Civil colaboró activamente en las acciones de reconquista del Protectorado, "asentandose nuevamente en los antiguos puestos perdidos, haciéndose cargo de la seguridad publica en los territorios recuperados y por otro prestar el consabido servicio de campaña." El diario "Heraldo de Madrid" escribió estas líneas el 31 de julio de 1922, donde se refleja el comportamiento de la Guardía Civil durante los momentos que siguieron al "Desastre": "Si en vez de soldados que, constreñidamente, están en filas, hubiéramos llevado Tercios de la Guardia Civil, que los componen voluntarios, con la décima parte -léase bien- con la décima parte de los soldados que se enviaron a Melilla, el general Berenguer hubiera logrado un avance rápido y la consiguiente desmoralización de las cábilas, que se envalentonaron al ver que nuestros soldados no sabían tirar y que una compañía de guerrilla no lograba hacer un solo blanco en las cercanías del grupo de moros que atacaban. [...] Pregúntese a cualquier general o jefe si prefiere, para combatir en Africa, disponer de 5.000 guardias civiles o que de los Cuerpos le entreguen 50.000 soldados, y dirán que aquella campaña no es de número, porque no hay terreno donde mover las fuerzas y la impedimenta es agobiante, sino que es de calidad porque se tiene eficacia, movilidad y poco peso muerto".

Desde España, los políticos no pueden creer las noticias que les llegan de África. A pesar de los gastos e inversiones en el ejército es evidente que los medios militares son anticuados e insuficientes. Mucha gente de las altas esferas se ha enriquecido vendiendo al ejército material obsoleto. El interés de Madrid en esta empresa había sido desde el primer momento muy complicado. El ejército español, después de la pérdida de Cuba y el resto de las colonias de ultramar, anhelaba una pequeña oportunidad para restablecer su dañado prestigio internacional. La oficialidad española, muy influenciada por una facción, que era conocida como la de "los africanistas", deseaban no sólo un Protectorado, sino un nuevo imperio africano conquistado, a ser posible, a sangre y fuego.

Geoffrey Regan nos explica: "[...] los políticos también deberían rendir cuentas por haber permitido que el ejército se desintegrase por falta de suministros y de dinero. La corrupción se había convertido en parte integrante de la vida cotidiana española y en ella estaban implicados tanto los políticos como los profesionales liberales, la iglesia y el ejército. Hizo falta un desastre como el de Annual para que la gente se diese cuenta de las consecuencias de sus acciones. Las revelaciones que salieron a la luz a propósito del comportamiento del ejército español en Marruecos fueron una lección dura de aprender."

De los miles de hombres que estuvieron a las órdenes de Fernández Silvestre, más del 90% eran conscriptos o "quintos", en su mayoría campesinos y analfabetos, pésimamente adiestrados en lo referente a lo militar, peor vestidos (con ropas de verano en invierno porque carecían de otras posibles vestimentas) y pésimamente armados (muchos de los fusiles que utilizaban ya habían sido utilizados en la guerra de 1898 contra los Estados Unidos y no se habían limpiado ni utilizado desde entonces). La comida era tan escasa y sus sueldos, cuando los cobraban, tan bajos que por norma general se veáin en la obligación de cambiar sus municiones por frutas y verduras en los mercados rifeños para subsistir, a sabiendas que más tarde serían usadas contra ellos.

Geoffrey Regan señala muy acertadamente: "El soldado español medio tenía pocos motivos para enorgullecerse de su profesión. Cobraba menos de una tercera parte de lo que cobraba un rifeño como peón caminero y se veía obligado a subsistir a base de café, judías, arroz y pan. No es, pues, extraño que aprendiera a dar tan poco como recibía. Era diestro en evitar las tareas en el frente, en comer tabaco para aparentar que tenía ictericia o en contraer enfermedades venereas a propósito. Aplicaba ortigas a las pequeñas heridas para que se ulcerasen o se provocaba llagas ulcerosas en la pierna con monedas al rojo vivo. Si se considera tal desmoralización resulta más fácil entender el fracaso de Annual."

Raymond Carr escribe: "Los rumores de la corrupción del Ejército se filtraron por la censura y en octubre de 1921 los debates de las Cortes aventaron públicamente estas sospechas; los oficiales gastaban más del doble de sus ingresos pero nunca aparecían en el frente; los capitanes se enriquecían mientras los hombres de cuya alimentación se encatgaban pasaban hambre; la roña invadía los hospitales. [...] Durante 1920 once capitanes que habían actuado como tesoreros de su cuerpo de ejército habían abandonado el ejército para evitar la acusación de malversación; uno de ellos llegó a suicidarse. El dinero que las Cortes españolas habían destinado a la construcción de carreteras fue a parar a los bolsillos de los altos oficiales. Los oficiales inferiores habían robado todo cuanto habían podido en los almacenes del ejército para venderlo e incrementar así sus salarios"

Y continua diciendo : "El ministro de la Guerra creyó que la responsabilidad [de lo de Annual] recaía sobre la baja moral de las tropas españolas. [...] La consecuencia política inmediata fue el apoyo general para un nuevo Gobierno Nacional bajo Maura. Las tropas recibieron nuevos pertrechos con equipo sobrante de la guerra 1914-1918, y Berenguer, lenta y metódicamente comenzó a conquistar de nuevo la parte oriental"

Geoffrey Regan apunta: "Los jefes que les tocaron en suerte [a los soldados españoles] eran deplorables. En Melilla se descubrió que muchos oficiales se habían escondido en las bodegas durante el ataque para aparecer después afirmando que habían sido hechos prisioneros. Otros oficiales escaparon en lugar de hacer frente a los rifeños y no se preocuparon de volver a sus posiciones. Un oficial al oir la alarma en Monte Arruit se apoderó del único coche que había y se fue a Melilla. Cuando se abrieron los almacenes militares de Melilla ante la magnitud de la emergencia resultó que en su interior no quedaba nada: todo había sido vendido a los contrabandistas."

El 16 de noviembre de 1921 se promulgó, tarde y mal como suele ser triste costumbre en España, un real decreto por el que se impone como obligatoria la instrucción primaria en el servicio militar. Se establece que, pasados seis meses desde la incorporación a filas, "no se concederán permisos, licencias ni traslados a todo aquel que no sepa leer ni escribir." Con esta medida se trataba de paliar el pésimo estado educativo en que llegaban a filas los jovenes reclutas hispanos. En el año 1920 la tasa de analfabetismo en España se situaba en el 52,3% de la población.

Aunque el gabinete del gobierno español renunció en pleno al conocer las noticias llegadas desde Annual, era ya demasiado tarde para enderezar una nave que decididamente había perdido el rumbo. El nuevo Presidente del Gobierno, Antonio Maura sentenció: "Todo ha sido causado por el mismo desgobierno y la misma laxitud" . Las palabras de Berenguer al informar a presidencia fueron aún más determinantes: "Todo se ha perdido, Su Excelencia, incluso el honor".

¿Y qué fue del general Silvestre? Hay una leyenda urbana que dice que la tumba del general se encuentra señalada a unos 4 kilómetros de Annual. Las teorías de su desaparición durante los primeros momentos del "Desastre" son diversas. Geoffrey Regan escribe : "No se sabe con certeza como murió Silvestre, pero algunas versiones dicen que fue el propio Abd-el-Krim quien le cortó la cabeza para lucir luego su brillante fajín de general, mientras que otros informes hablan de suicidio". Carlos Seco Serrano nos dice: "[...] Silvestre desapareció en los primeros momentos: víctima de las balas rifeñas, o tal vez suicidado, el general se convirtió en una leyenda fantástica sin que se volviera a saber de él". Sin embargo la teoría más descabellado era que Silvestre había conseguido escapar de la matanza y que se encontraba en un poblado árabe de la zona francesa (algunas tropas españolas escaparon del "Desastre" huyendo al Protectorado francés), esta teoría motivó una expedición de búsqueda al mando del comandante Capaz y en la iba encuadrado su hijo, el teniente Silvestre.

Este artículo fue concluido el 22 de julio de 2007. Justamente ochenta y seis años después del día que comenzó el llamado "Desastre de Annual".

 
 
 
 
 
             
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