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Universidad de Barcelona de Geografía e Historia |
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El frente español en Marruecos se derrumbó como un castillo de naipes una vez que Annual cayó en manos del rebelde Abd-el-Krim, Silvestre no había fortificado la retaguardia de modo que, desde Annual hasta Melilla no había más que desierto.
La Legión y los Regulares de Ceuta llegaron a "marchas forzadas" a la población de Melilla con la orden de defender la posición al precio que hiciera falta, este hecho devolvió en parte la tranquilidad a la Plaza. Poco a poco, según llegaban a la ciudad los enloquecidos soldados que habían logrado huir de la matanza, comenzó a verse la dimensión real de la tragedia.
Pronto llegaron las peticiones de socorro desde Monte Arruit. El general Berenguer dudaba en que decisión tomar; dejar condenados a aquellos hombres -que no llevaban ni seis meses en África- en manos de los rifeños era inhumano, pero mandar refuerzos dejando desguarnecida Melilla tampoco parecía una salida viable. Finalmente Berenguer decidió que Monte Arruit podía ser sacrificado. En el propio libro del militar español sobre las campañas africanas puede leerse: "Aquel sacrificio no fue estéril, aunque extremadamente doloroso; él salvó a Melilla, reteniendo a la morisma cuando todavía estaba indefensa; él provocó la reacción nacional, que permitió la reconquista, y con ella, lavar la mancha que oscurecía nuestro orgullo."
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En fin, que lo que parecen destilar las palabras de Berenguer es que lo de Monte Arruit fue una auténtica suerte para España, y sobre todo para restablecer ese orgullo patrio que tanto gusta a los militares. En ningún momento hace una verdadera y justa valoración de la campaña de Silvestre -con sus incomprensibles decisiones-, de las tropas, del material -un ejército que seguía confiando en la caballería, obsoleta desde la guerra franco-prusiana, y que no se había preocupado de armarse con carros de combate-, de las auténticas causas del Desastre, probablemente porque, si así lo hubiera hecho, debería asumir la importantísima parte de culpa que tuvo en el mismo como Alto Comisario. Más fiables son las palabras del general Gómez Jordana, jefe de Estado Mayor de Berenguer: "Después del Desastre... fueron facilitados al general Berenguer cuantos medios solicitó: pero ¿como? Como pueden suministrarse los materiales procedentes de un saldo. Todo incompleto y mezclado, todo improvisado, todo imperfecto. Los hombre sin instrucción; los jinetes sin saber montar siquiera, desprovistos por tanto de conocimiento alguno de su difícil e importante misión (y con esa caballería pretendía el difunto general Weyler que se hubiera socorrido Monte Arruit); las baterías sin artificieros ni apuntadores, y sin municiones, que habían de adquirirse en el extranjero o esperarlas de los rudimentarios e imperfectos talleres nacionales; los infantes sin apenas saber manejar un fusil. |
Un conglomerado en suma de material y de hombres y de donativos, muchos de ellos completamente inútiles, que se iban echando sobre los muelles de Melilla en vertiginoso alud..."
El balance no podía ser más trágico. España había experimentado mayor número de bajas que en cualquier confrontación bélica de las que hubiera tomado parte. Las cifras son difíciles de establecerse con exactitud, las Cortes admitieron 13.000 muertos, aunque posiblemente fueran muchos más. Furneaux, en su obra sobre Abd-el-Krim señala que los españoles perdieron cerca de 18.000 hombres desde los sucesos de Abarrán, "virtualmente un ejército entero" .
La catástrofe marroquí forzó, como no puede escapar a nadie, la caída del gobierno español. Maura fue llamado por el rey, la gravedad del momento obligaba a ir hacia un gobierno de salvación (de concentración) en nombre del "sacrificio por la patria" . Lo más importante, lo realmente primordial en este momento era demostrar firmeza y serenidad. El mismo Maura escribió: " [...] se ha suscitado la necesidad de restablecer a todo trance y sin demora la autoridad y el decoro de España ante los marroquíes, para quienes solo es inteligible un lenguaje mímico-bélico. Si no recobrásemos en la zona del Desastre el pretigio y la superioridad, pronto se cosecharían los sangrientos resultados en las otras comarcas... La reacción de desquite vindicadora es ahora lo primero de todo."
El desastre de Anual sufrido por las tropas españolas provocó un desconocido incidente histórico con características de esperpento. El antiguo Capitán del Ejército Libertador de Cuba Santiago Espino Rodríguez, horrorizado ante la masacre sufrida por los españoles organizó una Legión Cubana para pelear en Marruecos bajo bandera española -hay cosas que uno no llegara a entender nunca-. Ese ejército de ultramar estaba constituído en su mayoría por cubanos, pero también había voluntarios de Puerto Rico, españoles residentes en Cuba y dominicanos. La "legión Extranjera Cubana" zarpó del puerto de La Habana el 21 de Septiembre de 1921 y desembarcó en Marruecos con una dotación completa que incluía varios médicos y enfermeras y hasta un capellán católico.
La cosa no prosperó porque los españoles querían que esa "Legión" operara bajo el mando español, cosa que los antillanos no aceptaron. Así que embarcaron de nuevo y se volvieron a Cuba -excepto algunos de ellos que deseosos de aventuras ingresaron en la Legión española-.
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El programa del nuevo gobierno nacia, como ya hemos visto, con la intención primordial de recuperar todo lo perdido en Marruecos, lo que se llamó la "campaña del desquite". La presencia de Cambó en el Ministerio de Hacienda tenía que propiciar que el país se regenerara económicamente -en un principio, el catalanista Cambó no era partidario de entrar en ningún gobierno español, sin embargo, Maura aprovechó el momento histórico y Cambó no pudo negarse-.
En la primera reunión de ministros quedó claro que se tratarían de depurar responsabilidades en el ejército. El general Picasso había sido designado por el gobierno saliente como presidente de una comisión que buscara las razones y los responsables de lo ocurrido en África. Picasso, ratificado por el nuevo gobierno, se encomendó a cumplir la orden recibida aunque sabía que no sería sencillo y que no podría contar con la ayuda de sus propios compañeros de armas. |
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Berenguer había presentado su dimisión, de una manera discreta, cuando Picasso fue designado para iniciar la investigación y posteriormente la volvió a presentar al gobierno entrante. Pabón comentó: "La sinceridad y la nobleza de las sucesivas dimisiones de Berenguer son tan indudables como el acierto de su actitud." La dimisión no fue aceptada y se le confirmó en su cargo, además no se permitió a Picasso profundizar sobre Berenguer mientras fuera el general en jefe.
Carlos Seco Serrano apunta otro hecho significativo: "En el tema de las responsabilidades se implicaba, por otra parte, el problema de las Juntas. Aunque estas montaron a su vez un nuevo frente crítico contra el Ejército de Marruecos, lo cierto es que lo ocurrido en Annual -y la conversión de las campañas limitadas en una guerra dura- se volvía contra ellas. Desde el primer momento, tanto Maura como Cambó presionaron al ministro de la guerra para que procediese drásticamente, a su disolución. [...] No solo Maura y Cambó, sino el propio Rey había expresado su opinión favorable a una disolución de las Juntas, que propiciaba la coyuntura creada por la situación en Marruecos."
La Cierva, ministro de la Guerra, se afanó para que los fallos a la hora de el envio de refuerzos y material se solventaran lo más rápidamente posible. El mismo La Cierva escribió en sus notas: "El Estado Mayor organizó la instrucción y el entrenamiento de todas las fuerzas de la Península, con ejercicios tácticos, marchas y tiro... Se proveyó a las tropas de vestuario, pagando grandes sumas que de tiempo anterior se adeudaban, mediante un descuento voluntario hecho a favor del Tesoro, y se aceleró la confección de tiendas de campaña, que no existían ni en la Península ni en África; se compraron mantas, distribuyendo los pedidos entre todos los fabricantes de España, y, en fin, se imprimió enorme actividad a todos los servicios..."
La Cierva se trasladó a Melilla para entrevistarse con Berenguer, Cavalcanti -nuevo comandante general de la Plaza- y Abd-el-Kader, un jefe moro amigo de España que demostró su fidelidad en los peores momentos, con el fin de perfilar el plan de reconquista por parte de las tropas españolas.
Berenguer expuso las directrices de su operación sabiendo que el gobierno no admitiría nuevos errores tácticos o cualquier tipo de improvisación que pusiera en peligro la vida de más hombres. El gobierno esperaba de Berenguer un plan eficiente que restableciera los territorios perdidos y el prestigio de una España que miraba hacia Marruecos con gran recelo. El primer paso debía pasar obligatoriamente por la recuperación de Nador: "Conseguido ese objetivo, fortificados los puestos... se puede organizar [el] avance hacia Tahuima y Zeluán, como segunda operación, quedando ocupada esta alcazaba en la que quedaría como guarnición, y para sostener sus comunicaciones, [la] columna procedente de la Restinga. [Las] fuerzas procedentes de Nador, regresarían a este punto, para organizar desde allí la ocupación de todo el valle de Segansan y su posición dominante en Atlaten. [...] Resultado de esta serie de operaciones sería encerrar la zona del Gurugú en un círculo de posiciones que permitiera su recuperación ulterior, y limpiarlo de enemigos, consiguiendo así una absoluta garantía para la seguridad de la Plaza [...] Consecuencia también de estas operaciones podría ser aplicar una severa sanción a la cabila de Beni bu Ifrur, que parece ser la que más se ha distinguido por su rebeldía, hostilidad y falacia contra nuestras tropas. Realizado este primer ciclo de operaciones [...], se podría organizar [la] ocupación de Monte Arruit, objetivo que exige la satisfacción nacional, y la de Yazanen, sobre la costa de Beni bu Gafar [...] y así sucesivamente [...] podrían proseguir las operaciones hasta llegar a la línea formada por Yazanen, Ras Medua, Tauriat-Zag, Tauriat Hamet, Kaddar, Harcha, aproximándose de este modo a la reconstitución de la línea del Kert, pero sin llegar a ella, porque su desbordamiento nos pondría en contacto con [la] cabila Beni Said que debía diferirse hasta haber conseguido el castigo y desarme de la provincia de Guelaya [...] Alcanzados estos objetivos [...] estimo preferible continuar a la línea del Muluya, reocupando el Zaio, para garantizar así la provincia de Quebdana y tomar contacto con la zona francesa." |
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Mientras tanto Abd-el-Krim no permanecía con los brazos cruzados, su segundo paso era extender su rebelión a la zona de Yebala -en Ceuta- con el fin de debilitar a los españoles. Para esa acción su hermano se desplazó a ese área.
El gobierno español aprobó el plan de Berenguer. El día 12 de septiembre se da el pistoletazo de salida para las operaciones de reconquista. La toma de Nador, salvando sus ferreas defensas, fue un éxito.
Como Berenguer suponía y esperaba la toma del pueblo de Nador hizo reaccionar a Abd-el-Krim, el siguiente paso del ejército hispano, después de asegurar las posiciones de Zoco el Had, era el de atacar con tres columnas -mandadas por Cabanellas, Berenguer y Sanjurjo- el campo atrincherado rifeño en el Sebt, el cabecilla apostó, por su parte, numerosas tropas para evitar el avance español. Berenguer la llamó "la batalla definitiva" ya que el propio Krim se puso al frente de sus hombres.
La batalla se decantó en favor a los españoles, el propio Berenguer telegrafió al ministro de la Guerra con estas palabras: "Ha sido un día hermoso de gloria para nuestras armas, tanto por la bizarría con que se ha batido la tropa, logrando vencer a un numeroso enemigo que no cedía el campo hasta que se llegaba a él, como la precisión con que han maniobrado las columnas y pericia demostrada por sus jefes. Estimo que hemos dado un paso importantísimo, no solo porque hemos ido a combatir a la harca de Gurlaya y del Rif en su máximo de concentración, sino porque las posiciones ocupadas favorecen considerablemente nuestro avance."
Después de esta trabajada victoria ya podían iniciarse las operaciones militares para la toma del estratégico monte Gurugú -que domina la ciudad-, mientras que Abd-el-Krim se retiraba sobre el Kert. La ocupación definitiva del Gurugú tuvo lugar el 10 de octubre, el 14 era tomada la población de Zeluán sin resistencia. Las tropas españolas habían restablecido los límites alcanzados tras las campañas de 1909.
En un segundo viaje del ministro de la Guerra, Juan de la Cierva, a Melilla se trazaron los planes básicos de lo que deberían ser los siguientes pasos de España en el Protectorado. En primer lugar debían de asegurarse las rutas comerciales, especialmente las que se encontraban en la zona de Yebala -area de Ceuta- para que las poblaciones de Larache, Tetuán, Ceuta y Tánger -la línea por extensión incluia Xauen, que aunque en el interior, era una clave de seguridad para toda la zona-. |
El segundo paso se refería a la parte central del Protectorado. Berenguer seguía manteniendo que ocupando la costa se podría avanzar hacia el interior. La idea del general era clara, si se controlaba el frente marítimo se controlaba Marruecos, pero para esto era necesario tomar algunos puntos referenciales en el litoral marroquí y crear un sistema de vigilancia marítima.
El tercer paso era continuar las operaciones por el frente que ya se había abierto, el de la vía Nador-Gurugú y que era de resultados, hasta el momento, muy satisfactorios, continuando paulatinamente el avance hacia el río Kert. Además, en esta zona se estaban tomando puestos costeros que apoyaran la labor terrestre: "Sería además preciso ocupar en la bahía de Alhucemas el terreno suficiente para que fuera efectiva nuestra acción sobre ella, problema que requiere un preparación cuidadosa y potente y una época adecuada de año para tener realización. [...] Y por último, con la ocupación de Sidi Dris y Afrau quedaría la cortina de costa a que me refiero casi totalmente cogida por nuestra intervención, bastando solo la ocupación de pequeños puestos marítimos que permitan inspeccionar el tráfico que se realice en la costa." |
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Berenguer estimaba en un año el tiempo en el que tardarían en concluirse las operaciones en el Protectorado para su dominio y control y el Gobierno aceptó los pasos que debían darse esperando que los resultados fueran satisfactorios, pero con el temor que la población hispana, que ya había dado suficientes muestras de estar muy poco convencida del valor de esa guerra, se revolviera en contra del Estado.
A finales de octubre el ejército hispano estaba a punto para reconquistar un lugar emblemático y de amargo recuerdo: Monte Arruit (24 de octubre). La operación militar española no encontró ningún tipo de resistencia por parte de los rifeños, que debían haberse retirado del lugar días atrás, tan solo encontraron lo que quedaba de los cadáveres de los soldados españoles que defendieron el puesto. El propio Berenguer escribió: "Tuvo que establecerse el campamento de las tropas fuera de la posición, por temor a fatales consecuencias para la salud." El historiador español Abrahm Reolid escribe: "Berenguer tuvo que reencontrarse en Monte Arruit con los fantasmas de los hombres a los que había dejado morir, fantasmas que nunca le abandonarían..."
Sin embargo, no pensemos ni por un momento que la situación del ejército español en África era sencilla. Los mandos sabían perfectamente que, aunque se estaban recuperando posiciones, Abd-el-Krim era el que seguía dominando el Rif, se había apoderado de una gran cantidad de armas -se estiman en 20.000 fusiles, 400 cañones de montaña y 129 de campaña- y todavía tenía en su poder a prisioneros españoles. |
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Una vez finalizada la ocupación de Monte Arruit, Berenguer delegó en Cavalcanti, con una serie de instrucciones muy concretas, para que continuara la campaña por esa zona, mientras que él regresaba a Tetuán para hacerse cargo de la situación en ese área. Con la ayuda de una bandera del Tercio, buena cobertura artillera y cuatro batallones llegados desde la Península se tomó Magan. La toma de esta posición repercutió en que las harkas de la zona entablaran inmediatamente conversaciones con los españoles para someterse, la zona occidental quedaba de esta forma estabilizada.
En contra de lo que había sido la anterior campaña de Silvestre por el agreste y desconocido Rif, el general Berenguer obró con prudencia y método. Consolidó posiciones, se preocupó del armamento y material de las tropas y de que estas tuvieran los debidos apoyos artilleros en sus ataques, elaboró un concienzudo plan de ocupación de forma escalonada y con la mentalidad de permanecer y no de tan solo llegar...
Ante este súbito cambio de la estrategia militar en África -a la que tan poco nos tiene acostumbrado el ejército español- nos asaltan una serie de preguntas: ¿Por qué no se hizo antes? ¿Fue necesaria la muerte de tantos hombres para tomar tal determinación? ¿Se pecó de prepotencia frente al enemigo? |
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Tras consolidar el aéra de Yebala y Gomara Berenguer vuelve a Melilla, en esa Plaza es informado de la toma de Axdir por Cavalcanti -seis días más tarde tomará Yazanen y Tafasor- mientras que Sanjurjo se desplaza desde Segangan hasta Zoco el-Had. Los planes se van cumpliendo y Abd-el-Krim se ve obligado a retirarse al otro lado del río Kert, la situación, por lo tanto, era muy similar al momento anterior del Desastre de Annual.
Desgraciadamente no podemos dejar de lado el aspecto político que rodeó la campaña de Marruecos, el problema de las Juntas seguí vivo y ese problema fue aprovechado para buscar responsabilidades en la más alta de las instituciones: La Corona. Carolyn Boyd escribió: "El Desastre de Annual dotó de fundamento a las acusaciones que se venían lanzando contra las Juntas Militares desde hacía cuatro años, ofreciendo a sus oponentes la oportunidad de investirse del papel de profetas en su tierra [...] Se acusaba a las Juntas de ser las causantes de la desmoralización, desorganización y fragmentación de la oficialidad, de la escasa dotación presupuestaria del ejército y de la supresión de los ascensos por méritos, que eliminó todo incentivo al valor y sacrificio." |
El general Cabanellas, después de haberse recuperado la posición de Zeluán, masacrada por los moros que no respetaron los términos de la rendición, originó que escribiera una dura carta a los miembros de las Juntas:
"Acabamos de ocupar Zeluán, donde hemos enterrado quinientos cadáveres de oficiales y soldados. El no tener el país unos millares de soldados organizados les hizo sucumbir. Ante estos cuadros de horror no puedo menos de enviar a ustedes mis más duras censuras. Creo a ustedes los primeros responsables... Han vivido ustedes gracias a la cobardía de ciertas clases, que jamás compartí. Que la Historia y los deudos de estos mártires hagan con ustedes la justicia que merecen..."
La Cierva, aunque las Cortes estaban cerradas, empezó a esbozar un proyecto de ley que permitiera de nuevo los ascensos por méritos de guerra como recompensa para los militares coloniales, parecía que las Juntas estaban acabadas definitivamente, pero un giro inesperado las volvió a hacer resurgir. Y es que el problema iba a estar en el transcurso del tiempo, aquí es donde se iba a centrar el conflicto; las Cortes estaban cerradas y la guerra se prolongaba, obligando a los soldados a partir hacia el frente africano. Cuando las Cortes abrieron de nuevo sus sesiones, los minoritarios miembros del PSOE encabezados por Indalecio Prieto trataron directamente las responsabilidades del desastre en África, y su ataque se dirigió directamente contra la Corona y el ejército. Prieto trató de unificar a los militares africanistas con el rey para convertirlos en culpables directos de lo ocurrido en Annual.
Se acusó al soberano de incitador del avance de Silvestre hacia el abismo de Annual por una serie de telegramas que el rey envió al general español -aunque las copias que se conservaban de los mismos no señalaba nada que pudiera apuntar hacia esa dirección-. Ricardo Trigo escribe: "El fiero ataque del PSOE hacia la Corona y a los militares africanistas, acusados que en su feudo de Marruecos conseguían satisfacer ambiciones personales, propició un respiro a las Juntas, que pasaron a un segundo plano. [...] Se planeó un ataque hacia las dos instituciones a las que el PSOE creía que debía combatir para conseguir sus fines, al ejércto acusándole de corrupción y al rey, su gran valedor"
El propio monarca, años después y ya en el exilio, explicaba de esta manera los acontecimientos al periodista Cortés Cavanillas: " [...] el marxismo, el sindicalismo y el anarquismo eran fuerzas larvadas que se transformaron en potencias organizadas contra el sistema liberal y el régimen democrático [...] Si ellos [liberales y demócratas] no fueron capaces de frenar la cabalgata revolucionaria, ¿cómo podía un rey constitucional evitar las fases de un proceso histórico que además se veía favorecido por la natural idiosincrasia del pueblo español? [...] ¿Qué podía hacer un rey al que la ley fundamental obligaba a mantenerse en silencio y a estar pendientes de las votaciones del Parlamento? [...] El general Silvestre era un bravísimo soldado, al que yo sinceramente quería y al que había distinguido con mi aprecio, como a cuantos en lucha desigual estaban defendiendo el honor de España. De ahí la burda leyenda de que la catástrofe se produjo por una orden directa mía a Silvestre para que conquistara Alhucemas el día de Santiago. La verdadera responsabilidad de aquel desastre adjudíquensela a los que se negaron a votar los créditos militares imprescindibles en aquellas circunstancias..." |
Como los socialistas vieron que su intención de atacar a la figura del rey podía perjudicarles más que beneficiarles, cambiaron radicalmente de táctica. Ahora el objetivo de sus críticas se centró en el general Berenguer, el Alto Comisario español en Marruecos, un blanco más asequible para los intereses del PSOE.
Al ver la fuerte oposición que estaba causando por parte de sectores de la vida política del país Berenguer optó por dimitir, Sus razones se justifican en la frase: "No puede ejercer el mando aquel que está sometido a sospecha." El gobierno español, contento por como se estaba desarrollando la campaña de Marruecos no aceptó su dimisión y le pidió que se trasladara inmediatamente a Madrid. A su llegada a la capital le esperaba en la estación el gobierno en pleno y el propio soberano, un golpe sorprendente pero eficaz. Con este movimiento se pretendía dar a entender a los socialistas y a todos los que los apoyaban que el gobierno seguía confiando plenamente en Berenguer.
Sin embargo aquella maniobra no amedrentó un ápice a los opositores del general que retomaron sus críticas contra el militar. Fernández Almagro escribe: "Los impugnadores de su obra [se refiere a Berenguer], cada día más, se consideraron desafiados con la presencia, en la estación, del Rey y el Gobierno en pleno, como si el general Berenguer volviese de las Navas de Tolosa o de la vega de Granada..." |
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Sus enemigos le acusaban de lentitud y de vacilación a la hora de iniciar la campaña de reconquista, de haber sido demasiado condescendiente con Silvestre cuando inició su avance por el Rif y del abandono de los hombres de Monte Arruit para que fueran el blanco de las iras de los rifeños. Muchos de ellos pensaban y mantenían, haciendo suyas las palabras del general Weyler, que el destacamento español hubiera podido ser auxiliado si Berenguer hubiera mandado rápidamente una columna de socorro.
Las Juntas Militares, viendo la oportunidad del momento -pues los ataque contra los africanistas, concentrados en la figura de Berenguer, les habían fortalecido-, optaron por tomar la iniciativa. En un primer momento se quejaron de no haber sido consultadas sobre asuntos militares de "gran trascendencia para el bien de la patria" , al no obtener respuesta decidieron atacar directamente al ministro de la Guerra, amenazándole de una sublevación en caso de que no dimitiese. El profesor Pabón define a La Cierva como: "no era un hombre que evitase o atenuase los conflictos." Los juntistas se habían buscado esta vez un mal enemigo.
La respuesta del ministro fue informar al gobierno inmediatamente de lo sucedido y poner en su conocimiento que estaba dispuesto a acabar con las Juntas de una manera fulminante. Citó en su ministerio al que consideraba autor de la nota y a varios cabecillas de su cuerda, tras leerles el aviso que le habían hecho llegar sobre una presunta revuelta en caso que no dimitiese, ordenó en su presencia que se obrara directamente contra la Junta y todos aquellos que se hubiesen solidarizado con ella. Aunque los militares dieron inmediatamente marcha atrás y pidieron formalmente excusas, era demasiado tarde, y la labor de La Cierva estaba muy lejos de concluir. A los pocos días con presencia del soberano y el propio Maura, La Cierva insistió para que las Juntas fueran disueltas por Decreto y que fuera el Ministerio de la Guerra el que tuviera plenos poderes en los asuntos militares.
Debido a las relaciones, siempre amistosas, que el Rey mantenia con muchos miembros de las Juntas Militares, La Cierva optó porque las mismas fueran disueltas por una Real Orden; "[...] sin que su Majestad el Rey tuviera que firmar nada", pero a Maura no le valían prendas y quería que Alfonso XIII se involucrara el el proceso político, así que lo de la Real Orden no prosperó y el soberano se vio obligado a firmar el Decreto por el que las Juntas quedaban definitivamente disueltas. |
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Un nuevo problema surgía en el horizonte político español, se refería a los prisioneros de guerra que Krim tenía retenidos, el cabecilla rifeño ya había pedido un rescate por los prisioneros y se mantenía a la espera de la decisión del gobierno hispano. Tanto el mundo político como el social de la península se decantaron en dos claras y contrapuestas tendencias; los que abogaban por pagar y acabar con las penurias de los militares retenidos y los que mantenían que pagar por los rehenes era suministrar un dinero al enemigo que le sería útil para potenciar sus efectivos. |
Como puede leerse en los últimos capítulos del libro "La España de Alfonso XIII", escrito por el eminente Carlos Seco Serrano: "Las condiciones fijadas por Abd-el-Krim eran exorbitantes. Tres millones de pesetas por los prisioneros, un millón como indemnización por las pérdidas sufridas en el propio campo y la entrega de todos los presos detenidos en el Rif, por cualquier concepto."
Aunque Berenguer había sostenido repetidas veces la idea de pagar por los rehenes: "Debe irse, sin vacilaciones, a la liberación." , la opinión de Antonio Maura era un tanto discrepante con las espectativas del general, para el político España no debía ceder y , más aun, si se tenía en cuenta el positivo desarrollo de las operaciones que se estaban desplegando en el Rif . La mejor solución debía encontrarse en proseguir negociando, evitando que las conversaciones con Krim se rompieran, debían de mostrar su mejor cara con el caudillo rifeño mientras el ejército hispano continuaría con su labor de reconquista.
La campaña continua bajo las perspectivas trazadas y, de esta forma, el 10 de enero se reconquista Dar-Drius; surge ahora un problema nuevo en lo referente a que hacer con el Protectorado una vez que se han alcanzado los objetivos y estabilizado la línea del Kert. Para algunos la acción militar no debía abandonarse hasta no haber concluido con el cabecilla rifeño, en el extremo contrario se encontraban los criterios abandonistas como el de Primo de Rivera, y en un tercer lugar las ideas de Cambó, que presentaba sus reparos en una acción directa sobre Alhucemas en contra de los criterios del propio Maura que contemplaba el pensamiento que: "La campaña quedaría truncada si no se remataba con el establecimiento en la bahía de Alhucemas de la posición necesaria para apoyar el Protectoradp en la región rifeña..."
Sin embargo hasta entre los militares había serias discrepancias sobre una posible operación en la zona de Alhucemas, el coronel de Estado Mayor Cortina escribió de esta manera a Maura: " [...] la lectura del plan de Alhucemas producen en mí una impresión penosísima, que faltaría a mi deber no comunicándosela y que además no podré expresar en la carta que redactaré referente a la cooperación de la Marina. A mí me parece que eso de Marruecos llega a un grado de desorganización absoluta, y que o no hay plan ninguno o que el que hay no se quiere que lo sepa el Gobierno por ser seguro que no lo aceptaríamos, y se nos va entreteniendo. Yo creo que la pública opinión empieza a saturarse de esfuerzo y sacrificio. [...] Pues todo palidece ante el plan de Alhucemas que se ha recogido de un archivo. Se prescinde de la aviación que a juicio de todos tiene que funcionar semanas antes de moverse un soldado. Se prescinde de la Ensenada del Morro, único sitio de desembarco posible según los marinos con alguna garantía contra los levantes. Se eligen sitios en que a 500 metros de la costa donde no hay dos metros de profundidad, haciendo dificilísima la protección de la escuadra. Se señalan puntos de ataque con acantilados casi a pico y se dispone de fuerzas de la escuadra que no podrán concurrir prescindiéndose de otras que podrán sustituirlas con ventaja. [...] Por último y sin que yo lo garantice, la situación de las fuerzas de Melilla parece que no es una garantía de éxito y que la brumadora desproporción de los aprestos militares se debe a eso, o sea que para la última operación de Dar Drius hubo que movilizar 21.000 hombres para expulsar a 99 rifeños. Repare Vuecencia, que en los comienzos de este gobierno tomó el Consejo de Ministros la dirección política de la campaña y del Protectorado, y esto ha ido cayendo en desuso y poco a poco volviendo a la autonomía militar de los últimos años tan deplorable..."
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Una fuerte crisis de gobierno estaba a punto de producirse puesto que Cambó no estaba dispuesto a apoyar las ideas expansionistas del gabinete en el Protectorado, una cosa era recuperar los territorios que aseguraran la seguridad de las zonas de Ceuta y Melilla y otra bien diferente plantear una campaña militar total sobre todo el Protectorado español. Según el pensamiento del líder catalanista lo único que se podría sacar si España continuaba con sus aspiraciones de controlar todo el Protectorado marroquí eran serios problemas y más muertes.
Maura quiso dar un contundente golpe de efecto y se jugó la última carta para defender sus pretensiones en la zona, amenazando directamente a Cambó que una retirada suya del gobierno propiciaría la del gobierno entero; para debatir profundamente sobre el tema marroquí el propio Maura planteó una reunión de urgencia en la población de Pizarra -en Málaga-. Allí acudieron los ministros clave y los altos mandos del ejército. |
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Las palabras del ministro de la Guerra La Cierva resumen perfectamente lo tratado en la población de Pizarra: "En esta interesantísima conferencia opinaron todos los técnicos que, para dar por terminada con fruto la campaña, era necesario expulsar o aprehender definitivamente al Raisuni y dominar el Rif con la ocupación de las costas de Alhucemas y Gomara..."
En una de esas sorprendentes decisiones que tan propias son del ejército español, en lugar de enfrentarse con Abd-el-Krim, los mandos hispanos decidieron acabar con el-Raisuni, caudillo de los diferentes grupos tribales de Yebala -la zona próxima a Ceuta-. En agosto de 1922, éste desbandó a sus soldados y se retiró a Tazarut.
En Pizarra también se dio forma a lo que sería el futuro ataque en Alhucemas, se descartó desde un principio una acción terrestre comenzándose a planificar un ataque desde el mar, mediante un desembarco. La operación debía ser una réplica del Desembarco en los Dardanelos, aunque salvando todos los problemas y complicaciones que ella había acarreado a las tropas británicas -esta acción fue realizada durante la Primera Guerra Mundial-. Una vez tomada la decisión cayeron en cuenta que España no tenía lanchas de desembarco para realizar una operación anfibia, por lo que hubo que adquirirlas a toda prisa y se compraron al Reino Unido, precisamente, las barcazas que participaron en los Dardanelos.
Comenzaron a acumularse en Melilla las fuerzas que garantizarían el desembarco. Por fin llegaron los tan deseados carros de combate, los aviones y demás elementos que garantizasen el éxito de la operación. |
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En enero de 1923 España paga el dinero a Abd-el-Krim para que libere a los rehenes españoles -ante la operación militar en Alhucemas el gobierno considera oportuno que ningún soldado español permanezca en manos rifeñas-, estos son liberados el primer día de febrero -tras 18 meses de cautiverio y la muerte de 138 de los 489 prisioneros, por enfermedad o subalimentación-. El líder rifeño, sin dudarlo un momento, aprovechará los casi cuatro millones que le paga España para entrenar a su ejército, comprar nuevas armas y para poner en marcha una administración propia bajo su control.
En medio de toda aquella vorágine militar, que eran los preparativos para una gran operación anfibia en Alhucemas, surgió la crisis institucional tan temida por Maura. Las elecciones municipales que se habían producido en España en febrero de 1923 otorgaron una cantidad de votos a los liberales que les hicieron alentar futuras esperanzas de gobierno, lo que ponía entre las cuerdas el inestable "gobierno de salvación" que se había formado tras el Desastre de Annual. |
Al abrise de nuevo las Cortes el 1 de marzo había dos temas sobre el tapete de delicada solución; la ofensiva en el Rif y el restablecimiento de las garantías constitucionales suspendidas en Barcelona desde 1919. Los liberales se desmarcaron del gobierno cuando comprobaron que la respuesta de Maura a los propósitos de restablecimiento de las garantías en la ciudad condal fue negativa.
Los conflictos que provocó esta actitud de Maura y las reacciones de la izquierda -sin contar con la posición de Cambó- suponía un duro golpe para el "gobierno de salvación" , el miembro del gobierno González Hontoria -enfrentado a La Cierva- dimite una vez que, superados los episodios de las Juntas y encarrilado el tema de Marruecos, considera que su aportación al gobierno debe concluir para tratar de salvarlo.
En palabras de Carlos Seco Serrano: "Como en el caso de Cambó; Maura había conseguido demorar la crisis que, en todo caso, podía haber significado una simple remodelación, esto es, algo que no implicase la conversión del Gobierno de concentración en Gobierno de partido; aunque los enfrentamientos en el seno del Gabinete tomaron un cariz lamentable, dado el temperamento y la escasa prudencia del ministro de la Guerra. Pero ahora venía a sumarse a la amenaza de una crisis superable por simple remodelación, la una ruptura con los partidos que permitían la vida del Gobierno. Fue Romanones quien -probablemente a disgusto- decidió el desenlace, acogiéndose a la bandera de la "unidad liberal" -cuando fue él quien inició el estado de suspensión de garantía en Barcelona, tres años atrás. Retiró a Cortina, y, con él, su apoyo al Gobierno. [...] Maura planteó la dimisión del Gabinete." |
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