Universidad de Barcelona de Geografía e Historia  

 

 
 

 

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  EL GOLPE DE ESTADO DE PRIMO DE RIVERA.  
 

En la segunda parte del siglo XIX, fechas en las que nació nuestro protagonista, los Primo de Rivera constituían una poderosa familia dentro de la sociedad castrense. Sus comienzos, en Jerez de la Frontera, debemos asimilarlos a una familia convencional elitista, o lo que es lo mismo, católica y numerosa -fue el sexto de once hermanos-, casa solariega, servicio de catorce criados y un estilo de vida "rentista y lujoso".

Nuestro personaje nació un 8 de enero de 1870. Su abuelo paterno, el general José Primo de Rivera, ya había combatido en la primera Guerra Carlista y fue ministro de Marina en 1839. Además, su tío Fernando Primo de Rivera era también general y, como veremos fue una figura clave en los comienzos de su carrera militar.

A los 14 años inició, junto con su hermano Juan,  su formación militar bajo la tutela de su tío y en 1890 ascendió a teniente. Su primer destino fue, tres años más tarde fue Marruecos, donde fue enviado junto a su regimiento por la hostilidad que demostraban las tribus beréberes en la zona. En aquellas tierras Miguel Primo de Rivera vio la posibilidad de conseguir el protagonismo con el que tanto había soñado.

Fue en África donde gracias a una acción de combate consiguió el rápido ascenso a capitán e incluso la codiciada Laureada de San Fernando, aunque muchos críticos han querido ver la mano de su tío en la recompensa y en el ascenso. Sea como fuere, lo que si podemos señalar es que su tío intercedió directamente para que Arsenio Martínez Campos se lo llevase como ayudante a Cuba en 1895.

PRIMO DE RIVERA.

Incapaz de solucionar los problemas de la isla, Martínez Campos fue destituido un año más tarde, aunque a Miguel Primo de Rivera su periplo antillano no le fue del todo mal porque fue nuevamente condecorado y ascendido a comandante contando tan solo con 26 años.

El hundimiento del Imperio español -perdida en 1898 de Cuba, Puerto Rico y Filipinas- marcaron profundamente al futuro dictador español, desde ese año comenzó a interesarse por aspectos políticos, especialmente después de haber leido la obra de Joaquín Costa titulada "Oligarquía y caciquismo" en donde se aludía a un hombre con "poderes supremos" capaz de hacer una "política quirúrgica" en una España agotada y desangrada por problemas de índole interior y exterior. Otro de los personajes del momento que influenciaron en el joven militar fue Antonio Maura que defendía "una revolución desde arriba" o en sus propias palabras: "[...] una dictadura cívica, inteligente, austera, preparatoria de la regularidad jurídica en la vida popular y en la del Estado."

Al igual que otros muchos oficiales del Ejército, Primo de Rivera llegó a la conclusión que los culpables de todos los males de España y de la reciente pérdida de las últimas colonias de ultramar eran los políticos, llegando a considerar al estamento militar como una víctima más del Desastre de 1898. Nuestro hombre llegó a tener varios lances de "honor" con aquellos que no estaban de acuerdo con sus argumentos. El historiador Julio Fernández señala muy acertadamente: "No cabe duda que en esos momentos de resentimiento político comenzaron a fraguarse en la mente del militar las creencias que España solamente podía ser regenerada a través del ejército y una dictadura de carácter militar." El historiador Rafael Barrios añade al respecto: "Lo que Primo de Rivera entiende es que tras el llamado "regeneracionismo" político se pretende esconder un secreto a voces; la falta de categoría y la corrupción de la vida política española. No deben ser en ningún caso los políticos los que se encarguen de devolver al país a la normalidad, ellos no podrán hacerlo porque, a sus ojos, han traicionado a la nación. Solamente un estamento, el militar a demostrado su sacrificio y lealtad, a él debe corresponder la dirección de España..."

     
  PRIMO DE RIVERA ESTUVO DESTINADO EN FILIPINAS Y CUBA DURANTE UNAS ETAPAS DE SU VIDA.  
     

Después de un tiempo apartado de responsabilidades y después de contraer matrimonio fue enviado al Campo de Gibraltar al frente al Batallón de Cazadores de Talavera. En Algeciras el futuro dictador vivió sus más tranquilos momentos. Él mismo los describía como "los felices años de Algeciras". Sin embargo, como suele ser habitual, esa felicidad fue efímera y acabó bruscamente al morir su mujer como consecuencias de un parto. Miguel Primo de Rivera regresa a Madrid, deja a sus cinco hijos en manos de su madre y hermana para que se hagan cargo de su educación y acepta el cargo de su tío, que en aquellos momentos ocupaba el cargo de ministro de la Guerra, como su secretario personal.

Con 38 años ya es coronel pero el ambicioso militar necesita más, y eso solo se lo puede dar África, en donde los ascensos y el reconocimiento personal se pueden alcanzar rápidamente por méritos de guerra. Además, el Protectorado del Rif era para muchos militares españoles una nueva oportunidad colonial después de lo que sucedió en 1898. En palabras de Rafael Barrios: "África se convirtió en la revancha de las ansias coloniales españolas tras la pérdida de Cuba y las Filipinas."

Su tan ansiada oportunidad le llegará en el año 1909, cuando se abren las hostilidades con los rifeños -aquellas que darían pie a la Semana Trágica de Barcelona-. Primo de Rivera reacciona rápido ante las primeras noticias y pide el traslado a la zona de conflicto. Una vez en África logra un notable hecho al conquistar el monte Gurugú -que domina la cercana población de Melilla- sufriendo tan solo una baja entre sus hombres. Primo de Rivera volvió a Madrid para regresar luego a África y ganar el ascenso a general de brigada con tan solo 41 años. Rafael Barrios explica al respecto: "Será en esta época cuando el ya general Primo de Rivera empiece a tomar conciencia de sus sueños de juventud, según su propio biógrafo, Eduardo Aunós, en los años africanos el futuro dictador pasaba horas imaginandose a sí mismo como Jefe de Estado e incluso escribiendo listas sobre quien serían sus ministros."

     
   
     

Es en este preciso instante cuando el futuro dictador decide entrar en el mundo político. En 1913 funda "La Nación", diario monárquico independiente donde realmente no se puede ver ninguna tendencia política definida -eso si, el periódico deja ver muy claramente un extrapolado sentimiento patriótico y una aunténtica devoción por la monarquía-. De hecho, nuestro personaje "se dejó querer" por cualquier partido que pudiera garantizarle un asiento en el parlamento español. Según Javier Tusell: "Primo de Rivera era un personaje contradictorio que criticaba a los políticos de su tiempo pero ansiaba convertirse en uno de ellos, que predicaba el regeneracionismo pero que no tenía un sistema político alternativo y que defendía el abandono de Marruecos pese a que él se había aprovechado claramente de la acción militar en la colonia."

Este último aspecto, el del abandono de Marruecos, puede llevarnos a confusión pues durante la etapa franquista los historiadores afines al régimen, como César Gonzalez Ruano -entre otros muchos-, trataron de "maquillar" el pensamiento del propio Primo de Rivera para acercarlo más a los intereses del momento. Escribe el propio señor César Gonzalez: "Primo de Rivera tenía un convencimiento respecto a nuestra actuación en aquella zona que se resolvía en un clarísimo dilema: o se abandonaba Marruecos o se dominaba Marruecos. Y aunque alguna vez habló de abandonismo, no fue, ciertamente, con gran convencimiento, y siempre, desde luego, condicionado a que se viera poco menos que imposible la dominación completa."

Veamos ahora lo que dijo el propio general el 25 de marzo de 1917, con motivo de ser recibido por la Real Academía Hispanoamericana de Cádiz: "Marruecos ni parte alguna de África es España misma; la generosa y abundante sangre en África derramada no podrá tener nunca justificación más honda y más útil que la de habernos puesto en posesión de algo que sirva para recuperar Gibraltar" . Posteriormente en noviembre de 1921 habló así en el Parlamento: "Yo estimo, desde un punto de vista estratégico, que un soldado más allá del estrecho es perjudicial para España."

El lector, al que consideramos sobradamente sagaz, podrá sacar sus propias conclusiones una vez leidos los textos aquí presentados.

Sin embargo pronto dejará de lado sus coqueteos políticos para ascender de nuevo en el escalafón militar. En el año 1919 será nombrado teniente general -siendo destinado un año después a Valencia-. Ante el grave problema que los anarquistas, muy activos por aquel tiempo, presentan en su zona, el propio Primo de Rivera apunta a sus colaboradores la receta para acabar con el problema: "Una redada, un traslado, un intento de fuga y unos tiros empezarán por resolver el problema."

Durante los primeros años veinte una serie de acontecimientos marcarán decisivamente su vida, en primer lugar la muerte de su tío, en segundo lugar una crisis interna del país donde el "regeneracionismo" parecía haber fracasado estrepitosamente y por último, el Desastre de Annual.

En cuanto a la situación del país, Melquíades Álvarez, miembro del partido Reformista en aquellos momentos nos da un esbozo: "Todo en España está en crisis, todo se desmorona, desde la autoridad soberana del poder hasta la disciplina militar, sin la cual es imposible que pueda vivir un pueblo. Impera arriba la arbitrariedad; abajo el desorden; en todas partes la violencia."

En marzo de 1922 se encargó de la difícil capitanía general de Cataluña, con sede en Barcelona, donde se encontró con un ambiente social y político muy enrarecido, proveniente de la hostilidad del nacionalismo catalán más radicalizado, del gran descontento laboral y del deterioro del orden público, con pistolerismo incluido. Su política de firmeza le valió el apoyo del catalanismo conservador de la Lliga Regionalista.

El expediente Picasso, abierto por orden del gobierno para depurar responsabilidades por el desastre de Annual de 1921, así como el pendiente rescate de los prisioneros en manos del jefe rifeño Abd-el-Krim -la mayoría de ellos capturados en Monte Arruit-, creó un clima de gran malestar dentro del Ejército. En otro plano, una serie de actos terroristas sonados, como los asesinatos del presidente del gobierno Eduardo Dato (marzo de 1921), o del cardenal y arzobispo de Zaragoza Juan Soldevila y Romero (1923), acentuaron el deterioro social en medio de una situación económica cambiante, provocada desde 1918 por el final de la I Guerra Mundial y de la bonanza económica que resultó de la neutralidad española en la misma. Entre tanto, el gobierno presidido por el liberal Manuel García Prieto desde diciembre de 1922 no conseguía controlar la situación, inmerso en el estado crítico de todo el sistema político de la Restauración.

Carlos Seco Serrano escribe: "La iniciativa de Primo de Rivera se desarrolló en poco tiempo -no hubo "larga y secreta conspiración"-, y, desde luego, eludiendo por lo pronto al Rey, al que siempre pensó el general situar ante los hechos consumados [...] Contaba o creía contar con la plataforma militar de Cataluña, a cuyo frente se encontraba." El propio Primo de Rivera aseguraba: "Empecé a conspirar, pero a la luz del día y con poca reserva, evadiendo toda ocasión de entrevistarme con el Rey."

Una de las dudas que siempre han acechado a los historiadores es la participación de Alfonso XIII en el golpe, Seco Serrano explica al respecto: "Pero los hilos de la conspiración los llevaban, en Madrid, cuatro generales: Cavalcanti, Federico Berenguer, Saro y Dabán [...] Fue de ellos de quienes vino al Rey la noticia de que algo se tramaba." El propio general Saro aseguraba tiempo después: "La consigna para los cuatro generales era de no dejarse convencer por nadie, de derribar, si era preciso, la Monarquía y de salir con las guarniciones fieles a someter a las que se negaran a secundar el movimiento, si alguna se volvía atrás" Cavalcanti también fue muy significativo en sus palabras: "[...] todos ellos estaban al lado del Rey, pero siempre que el Rey no se opusiera al movimiento militar." El propio Alfonso XIII reconocía años después: "Ahora yo quería saber que fuerza tenía el gobierno para acabar con la sublevación... Alhucemas me respondió, con el asentamiento de los ministros, que no podían garantizar nada, pero que, no obstante, había que someter a Primo de Rivera a un Consejo de Guerra. Ante esta respuesta no había duda en la elección. Entre una posible salvación o una Numancia política, opté por Primo de Rivera, al que telegrafié ordenándole su traslado a Madrid." El soberano decidía aceptar la dictadura para salvar el trono, no colaboró en el plan pero lo ratificó, con su postura "colaboracionista" traicionó al pueblo español y este no se lo perdonó. El primer paso para la llegada de la República lo había dado el propio Rey al aceptar la imposición de un gobierno militar.

     
  EL GOLPE DE ESTADO DE PRIMO DE RIVERA VISTO POR JAN EN SU LIBRO: "NOSOTROS, LOS CATALANES".  
     

El 13 de septiembre de 1923, Primo de Rivera, rotas las posibilidades de diálogo con el Gobierno de Españadio, entrega a la prensa el célebre manifiesto dirigido al país -aunque el documento lleve fecha de día 12 el mismo se entrega el 13-.

Cuando Primo de Rivera proclamó la dictadura, tras la consulta al resto de los capitanes generales y con el visto bueno del propio Rey Alfonso XIII, estableció un régimen que partía de una gran improvisación doctrinal. En el manifiesto justificador del golpe, hecho público el 13 de septiembre, se mostraba depositario del "clamoroso requerimiento" del pueblo, que imponía dicha actitud con el objeto de llevar a cabo la liberación de la patria respecto de los "profesionales de la política" . Asimismo, en dicho texto, que pasaremos a ver seguidamente, se atribuyó la personificación de la solución propuesta por el regeneracionismo.

     
 

MANIFIESTO DE PRIMO DE RIVERA AL PUEBLO ESPAÑOL.

Españoles:

Ha llegado para nosotros el momento más temido que esperado (porque hubiéramos querido vivir siempre en la legalidad y que ella rigiera sin interrupción la vida española) de recoger las ansias, de atender el clamoroso requerimiento de cuantos amando la Patria no ven para ella otra salvación que libertarla de los profesionales de la política, de los hombres que por una u otra razón nos ofrecen el cuadro de desdichas e inmoralidades que empezaron en el año 98 y amenazan a España con un próximo fin trágico y deshonroso. La tupida red de la política de concupiscencias ha cogido en sus mallas, secuestrándola, hasta la voluntad real. Con frecuencia parecen pedir que gobiernen los que ellos dicen no dejan gobernar, aludiendo a los que han sido su único, aunque débil freno, y llevaron a las leyes y costumbres la poca ética sana, el tenue tinte moral y equidad que aún tienen; pero en la realidad se avienen fáciles y contentos al turno y al reparto y entre ellos mismos designan la sucesión.

Pues bien, ahora vamos a recabar todas las responsabilidades y a gobernar nosotros u otros hombres civiles que representen nuestra moral y doctrina. Basta ya de rebeldías mansas, que sin poner remedio a nada, dañan tanto y más a la disciplina que está recia y viril a que nos lancemos por España y por el Rey.

Este movimiento es de hombres, el que no sienta la masculinidad perfectamente caracterizada, que espere en un rincón, sin perturbar los días buenos que para la Patria preparamos. Españoles: ¡Viva España y viva el Rey...!

 
     

Es realmente significativa la postura de José Ortega y Gasset, máxima figura de la intelectualidad del momento, que recibia a la dictadura con toda clase de parabienes y aplaudió a los militares cuando tomaron el poder. En palabras del propio Ortega: "Si el movimiento militar ha querido identificarse con la opinión pública y ser plenamente popular, justo es decir que lo ha conseguido por entero. Nada puede halagar tanto a la masa de españoles como que se les diga... que unas cuantas personas con nombres propios y notorios son los responsables de sus desventuras. Por supuesto, la gran masa de españoles que está convencida de eso no ha sido capaz en cincuenta años de sacudirse el gravamen de tan nefandas personas. No ha sido capaz siquiera de intentarlo... Calcúlese la gratitud que esa gran masa nacional sentirá hacia esos magnánimos generales que, generosamente, desinteresadamente, han realizado la aspiración semisecular de veinte millones de españoles, sin que esto les cueste esfuerzo alguno."

En cuanto a los políticos, asumieron perfectamente el nuevo orden. Ossorio y Gallardo opinó: "Cuando los sublevados se jactan de haber recogido el ansia popular, tienen razón. En lo íntimo de la conciencia de cada ciudadano brota una flor de gratitud para los que han interrumpido la rotación de las concupiscencias" . En cuanto a Maura, señaló: "Es el natural desemboque de una política suicida que se debió enmendar. [...] Quiera Dios que Primo de Rivera acierte y salve España." El propio Presidente dimitido, García Prieto, aseguraba: "Ya tengo a un santo más a quien encomendarme: San Miguel Primo de Rivera, porque me ha quitado de encima la pesadilla del gobierno." Desde el Partido Liberal, Romanones formuló estas palabras: "No se debe estorbar la labor de los que vienen con programas de renovación." Tan solo Sánchez Guerra, jefe del Partido Conservador, pareció un tanto reticente con el golpe militar, probablemente por sus enfrentamientos con el general Aguilera.

Los políticos catalanes de la moderada Lliga Regionalista también apoyaron el golpe. Puig i Cadafalch apuntó: "Hombres civiles deseamos el desarrollo de la vida política por los cauces normales de la época. Actualmente estos medios son metódicamente corrompidos por los poderes públicos y por un gran sector de la política..." El Presidente de la Mancomunitat de Catalunya -Mancomunidad de Cataluña- pronto tendría motivos para no estar tan contento con la llegada de los militares al poder.

Y es que el el sector moderado catalán se había equivocado seriamente, en su afán de acabar con el ministro de Estado, el "castellanista" Santiago Alba, que desde que fue ministro de Hacienda se había enfrentado con los catalanes por el eterno problema del dinero -problema que actualmente sigue vigente y que no concluirá hasta el día que en Cataluña se dejen de pagar impuestos americanos para recibir servicios africanos-. Los políticos del Principado creyeron encontrar el apoyo necesario en los militares, que veían con disgusto la "política marroquí" de Santiago de Alba, y apostaron por ellos bajo la vieja máxima de que: "los enemigos de mi enemigo son mis amigos".

Como podemos ver, en un principio el golpe recibio el apoyo de buena parte de la sociedad española, se esperaba de él que cumpliera con las perspectivas regeneracionistas de las que tanto se había hablado desde la perdida de las colonias en 1898. Incluso movimientos obreros como el socialismo comenzó un acercamiento al poder -la UGT, sindicato de matiz socialista se abstuvo de secundar una huelga general a la que había llamado la CNT.-

El dictador veía posible la aceptación del socialismo convirtiendolo a imagen del partido existente en el Reino Unido, la entrada del socialista Largo Caballero en el Consejo de Estado (1924) así parecía demostrarlo. Sin embargo su posición respecto al sindicalismo anarquista era muy diferente y el régimen lucho contra él con todos sus medios -especialmente en Cataluña, donde tenía el seguimiento y apoyo de una gran masa de trabajadores ya que la actividad industrial de ese área hizo nacer un potente proletario-. Tal fue el empeño del gobierno de Primo de Rivera sobre la materia que las organizaciones cenetistas, excluidas radicalmente de la legalidad, no volvieron a hacer acto de presencia hasta el final del régimen, mientras que la UGT se desarrollaba y beneficiaba con la desaparición de su rival.

El periodo de la dictadura del general Primo de Rivera ha quedado dividido por la historiografía en dos etapas muy bien definidas: la del Directorio Militar (1923-1925) y la del Directorio Civil (1925-1930), diferenciadas ambas por los dos gobiernos distintos designados por él. Si queréis entrar en ese capítulo solamente tendréis que hacer clic en el icono "siguiente".

         
         
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