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Universidad de Barcelona de Geografía e Historia |
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Aunque ciertamente este tema se aleja un poco del estudio principal de nuestro trabajo lo incluimos por varias razones de peso, para comenzar; por la importancia del personaje dentro de la tormentosa política hispana del siglo XIX, un segundo motivo lo encontraríamos en su incuestionable papel de protagonista en la Guerra de África de 1859 y para concluir, pero no menos importante y si mucho más sugestivo, porque su muerte es, aun hoy, uno de los hechos más misteriosos de la Historia de España.
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El futuro general JOAN PRIM I PRATS nació el 6 de diciembre de 1814 en la población catalana de Reus (Tarragona), en el seno de una familia liberal, ingresó a los 20 años en el Ejército para defender los derechos al trono de la reina Isabel II, en la ya iniciada primera Guerra Carlista - la muerte de Fernando VII , ocurrida el 29 de septiembre de 1833, enfrentó a los partidarios de los derechos al trono de su hermano Carlos María Isidro de Borbón , con los de su hija Isabel II , heredera según la Pragmática Sanción que derogaba la Ley Sálica.- Por su intervención en el conflicto se le otorgó en 1837 la Cruz Laureada de San Fernando. Al finalizar la guerra en 1840 había alcanzado el grado de coronel, y como militante del Partido Progresista fue elegido diputado en febrero de 1841. |
Se puso al lado de todos aquellos que pretendían acabar con la "corrupta" regencia del general Baldomero Fernández Espartero, colaboró activamente en la conspiración de octubre de ese año promovida por Leopoldo O'Donnell y se levantó en armas desde Cataluña en 1843, contribuyendo a la caída de aquél. Por ello, la Reina le concedió los títulos de conde de Reus y de vizconde del Bruch, así como el nombramiento de gobernador militar de Barcelona, cargo del que pronto dimitió para ausentarse de España. Espartero había sustituido a la madre de Isabel II como regente y su política se caracterizó por reprimir duramente conspiraciones tanto de signo moderado como democrático.
Según Raymond Carr la política del general Espartero con Cataluña fue una de las principales causas de su caída: "El coronel Prim, que, con Serrano, había encabezado la oposición "militar" de izquierda en las Cortes, observó que el gobierno central no se interesaba por poner fin al contrabando, que era la muerte de los industriales catalanes. "Solamente hallo vejaciones, dificultades y una oposición de todo tipo. Todo está podrido, los hombres y las instituciones. Mis paisanos [los catalanes] me conocen lo bastante para no dudar de mis palabras... mis esfuerzos han sido estériles porque así lo ha querido el gobierno, porque no le preocupa que nuestra industria se hunda, que nuestras fábricas queden abandonadas y Cataluña arruinada. Por esta razón las conmociones se hacen inevitables." El descontento catalán y la táctica de la amenaza revolucionaria determinaron en Espartero y en sus generales el que habría convertirse en reflejo condicionado de Castilla. "Cataluña debe ser gobernada con la vara""
La demolición de la Ciudadela militar de Barcelona, levantada por el ínclito Felipe V, para dominar la ciudad rebelde fue tomada como una imagen patriótica para los catalanes, mientras que fue considerada como una traición por parte del gobierno y la castigó según este criterio. El radicalismo español propició el radicalismo catalán, Espartero podía haber salvado la situación pactando con los catalanes moderados, en lugar de eso asedio y bombardeó la ciudad desde el castillo de Montjuïc, imponiéndola después una crecida multa. Solamente a última hora trató de recuperar su popularidad perdonando la deuda que la ciudad se negaba a pagar... era demasiado tarde... |
En mayo de 1943 había habido diversos pronunciamientos contra Espartero por Andalucía (Sevilla el 17 de julio), sin embargo, aunque el peso de esa zona peninsular era importante, necesitaba de otra que consolidara el levantamiento. En junio lo hace Cataluña cuya Junta Suprema de Barcelona, ejerciendo sus derechos soberanos, depuso a Espartero y designó al general Serrano ministro universal (29 de junio) En la llamada "Revolución Catalana" destacó la figura del coronel Prim, un progresista bien conocido.
Raymond Carr escribe: "De haber triunfado la revolución a través de Barcelona y de Prim los progresistas se hubieran encontrado en una posición fuerte, pero el ejército de Espartero fue derrotado en el campo de batalla por Narváez, moderado que consideraba la revolución como una operación militar desprovista de contenido popular. [...] A Seoane y Zurbano, tras perder en Cataluña, les fue confiada la defensa de Madrid con un ejército consumido por las deserciones, que se sucedían al ritmo de quinientas diarias. [...] En Torrejón de Ardoz (22 de julio de 1843), tras un cuarto de hora de tiroteo libre, las tropas se abrazaron. La victoria le costó a Narvaez tres heridos leves..." |
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Después de la caída de Espartero, durante la llamada "Década Moderada" (1844-1854), Joan Prim asumió la capitanía general de Puerto Rico (1847-1848) y se enfrentó a las autoridades civiles de la isla, que le obligaron a renunciar a su puesto y regresar a la península.
Desde mayo de 1851 hasta finales de 1853 Prim defendió como diputado el proteccionismo económico que propugnaba la industria catalana. Asistió a continuación como observador a la guerra de Crimea, escenario bélico del que regresó para volver a ser elegido diputado en noviembre de 1854 (ya iniciado el Bienio Progresista) y formar parte de las Cortes Constituyentes. En 1855, fue nombrado capitán general de Granada por Espartero, que había vuelto a desempeñar el cargo de presidente del gobierno. Un año más tarde ascendió a teniente general, finalizó su labor en Granada y se le designó senador, ya como integrante de la Unión Liberal, agrupación liderada por O'Donnell a la que llegó tras abandonar el Partido Progresista.
En 1859, el nuevo presidente del gobierno, O'Donnell, le destinó a combatir en la recién iniciada guerra de Marruecos, donde el militar catalán demostró su valía -especialmente en las batallas de Castillejos o Tetuán-, que le valieron el título que le otorgó la reina de marqués de los Castillejos, con Grandeza de España. En 1862, le tocó dirigir la participación española en la expedición europea a México que pretendía obtener el pago de lo adeudado por ese país a Gran Bretaña, Francia y España, el compromiso de los mexicanos a pagar lo que se debía hizo que españoles y británicos se retiraran.
Ese mismo año, abandonó la Unión Liberal e ingresó de nuevo en el Partido Progresista, cada vez mas decidido a participar en el derrocamiento del régimen isabelino, demasiado autoritario y corrupto para lo que tenía que ser una moderna potencia europea. Raymond Carr escribe: "El pecado político capital de Isabel II fue que con su negativa a admitir a los progresistas en el poder sometió a dura prueba su fidelidad a la dinastía empujándoles a la revolución. En 1863 y 1864, si les hubiera puesto un cargo ante los ojos y les hubiera llamado a Palacio de vez en cuando, hubiera convertido a hombres como Prim y Mandoz en fieles servidores, dispuestos a correr riesgos considerables ante sus partidarios para evitar una ruptura insalvable con el trono. [...] Su error consistió en negarse a convertir un parlamentarismo adulterado en un régimen políticamente estable..." La incapaz y decadente Isabel II se deslizaba con su postura ante un suicidio político. A pesar de su destierro a Oviedo en 1864 continuó conspirando para acabar con la reina. |
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Desde el extranjero, donde se exilió viendo el rumbo que tomaban los acontecimientos, continuo promoviendo diversos pronunciamientos y, por fin, y no sin ciertas dificultades, aglutinó en el Pacto de Ostende (1866) a todas las fuerzas antiisabelinas.
La revolución que acabaría con Isabel II empezó en la ciudad de Cádiz, donde se produjo el pronunciamiento (18 de septiembre de 1868), no por nada especial, sino porque el general se encontraba en la cercana Gibraltar en esos momentos, desde allí llegó en un barco proporcionado por Mr. Bland, un agente naviero británico.
La revolución sorprendió a la Corte veraneando, ajena a todos los acontecimientos del momento, en la ciudad de San Sebastián y reaccionó tarde y mal. Mientras una parte del Ejército "rebelde" se dirigía a Madrid, Prim conseguía las adhesiones de las ciudades de Andalucía y Levante y marchaba hacia Cataluña, donde sus paisanos lo reciben como un héroe -El capitán general de Cataluña Cheste, leal a la figura de Isabel II, decidió que era más importante mantener el orden y conservar intacto el Ejército que salvar a la dinastía, por lo que se negó a combatir a las tropas de Prim- |
La llamada revolución de 1868 había triunfado y dado comienzo así al Sexenio Democrático con el objetivo de crear por primera vez en España una verdadera y auténtica monarquía constitucional.
El gobierno provisional, presidido por Francisco Serrano, duque de la Torre, le encargó a Prim el Ministerio de la Guerra el 8 de octubre. El 18 de junio del año siguiente asumió la presidencia del gobierno, sin abandonar el Ministerio de la Guerra. Desde su cargo, defendió la monarquía constitucional frente a algunas aspiraciones republicanas. Los demócratas extremistas se habían convertido en republicanos y trataron de hacer durante el verano de 1869 una revolución dentro de la revolución, que sería de carácter republicano y federal, a última hora todas sus aspiraciones se vieron truncadas y el movimiento quedo en agua de borrajas. Finalmente, y después de muchas gestiones, se encontró un candidato al trono en la figura del duque de Aosta. Prim presentó la candidatura de Amadeo de Saboya, que las Cortes aceptaron el 16 de noviembre de 1870 -aunque fue rechazado por los republicanos, alfonsinos y carlistas-. No pudo recibir al ya rey Amadeo I, puesto que el 27 de diciembre de 1870 sufrió un atentado en Madrid (nunca esclarecido) de resultas del cual falleció tres días más tarde, antes de que se produjera la llegada del nuevo monarca a la capital de su reino.
Hasta aquí hemos visto de una forma somera la vida de Joan Prim i Prats, pero la pregunta que nos asalta y a la que queremos hacer referencia en esta sección es: ¿Quién mató a Prim?
El propio general, al ser preguntado instantes después del atentado, por los ejecutores del mismo contestó: "No lo sé, pero no me matan los republicanos" |
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Desde el mismo momento de su muerte los frentes sobre los autores del magnicidio se diversificaron, por una banda estaban los republicanos, por otra, un personaje oscuro llamado Montpensier, que aspiraba al trono de España, y no podemos olvidar a los alfonsinos -seguidores de Alfonso, hijo de Isabel II- que temían que otra dinastía se asentara en el reino de España, e incluso a algún nostálgico de Isabel II -cuando no, la propia reina-.
No era descartable el propio general Serrano, que podía perfectamente formar parte de ese círculo sospechoso, su condición de regente y todo su poder político estaba a punto de finalizar cuando Amadeo llegara a España y cabía pensar que el nuevo hombre de confianza del soberano sería Prim.
Los 18.000 folios que ocupó el sumario del proceso se centraron en la figura del periodista republicano José Paul y Angulo, que se vio acusado por Moreno Benítez -Benítez afirmó que había sido informado por personas de confianza del ejecutor del atentado-, también testificó contra Angulo el ayudante personal de Prim, que creyó reconocer su voz a la hora de ordenar fuego contra el general, sin embargo, González Nandín, que les acompañaba en el carruaje, afirmó que la voz pertenecía a otra persona. Sea como fuere, Paul Angulo que se veía condenado de antemano, se exilió a Francia, donde murió en 1892, no sin antes repetir una y mil veces que él no había tenido nada que ver con el asesinato de Prim, aunque es un tanto extraño que una persona sin recursos pueda vivir cómodamente sin trabajar. ¿Quién pagaba sus necesidades personales?
El sumario no desvelaba satisfactoriamente las pruebas necesarias para señalar como responsable directo a Paul y Angulo, mientras que en la calle los culpables parecían estar muy claros para los ojos de la opinión pública, que señalaba directamente a Montpensier y a Serrano.
La propia viuda del general creía en la culpabilidad de Serrano en el complot para matar a su marido. Cuando Amadeo I visitó la capilla ardiente, le aseguró que nada le detendría hasta no capturar a los culpables. Francisca Agüero respondió: "Vuestra Majestad no tendrá que buscar muy lejos" . Y con la mirada señaló a Serrano, que se encontraba a su lado. |
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Francisco Ciprés, cabo del ejército, identificó a José María Pastor, jefe de la escolta de Serrano, como promotor de un anterior intento de asesinato contra Prim. A la misma hora, habían sido descubiertos una serie de mensajes cifrados que parecían indicar la trama de un magnicidio y cuyos autores permanecían bajo la protección del jefe de escolta.
Aunque Parto no cesó de declararse inocente, los responsables de las cartas interceptadas no cesaron de acusarle. Francisco García Mille alegó que el propio Pastor le habría posibilitado salir de la cárcel para cometer el atentado, prometiéndole un indulto para matar a Prim. La cosa se complicó cuando tres miembros carlistas señalaron también a Pastor como incitador del magnicidio y que el propio jefe de escolta les dio cobijo, posteriormente, en su casa. |
García Mille declaró que uno de los acusados, temiendo ser vendido por su "protector" había hecho confesión de su participación en el asesinato, escribiendo lo sucedido en la pared del dormitorio de la casa de Pastor donde había alojado. Cuando el juez se personó en el domicilió de Pastor, éste acababa de mandar encalar la pared.
Sea quien fuere el responsable directo de la muerte de Prim las implicaciones en el magnicidio por parte de Pastor parecen muy evidentes. En palabras de la historiadora María Pilar Queralt: "Es, además, muy sospechoso que Serrano suspendiera toda diligencia al respecto cuando se hizo con la presidencia del gobierno provisional y el Ministerio de la Guerra. Los bienintencionados alegan que lo hizo para evitar que la implicación de su protegido ensuciara su imagen, pero no es difícil imaginar que quisiera echar tierra sobre su propia implicación en el tema." |
Montpensier, que había sido un candidato en la sombra del trono de España, se vio desvinculado del tema gracias a la boda de su hija, María de las Mercedes de Orleans con el rey Alfonso XII, en 1878. De hecho, la llegada de Alfonso XII acabó con todos los problemas sobre el asesinato de Prim; el sumario quedó sobreseído y se exculpó a Pastor de cualquier responsabilidad.
Para el círculo íntimo del general Prim siempre se señaló a Montpensier como la mente conspiradora contra el general y a Paul Angulo en ejecutor. |
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Personas afines al duque habían llevado a cabo varias tentativas contra Prim en 1870, pero habían sido descubiertas o delatadas antes que pudieran cumplir con sus objetivos, en una de ellas aparecía el nombre de Paul y Angulo como depositario del dinero para pagar a los magnicidas...
María Pilar Queralt también abre otra alternativa: "Cabe también la posibilidad de que los fondos [para la muerte de Prim] procedieran de una vía cubana; Prim tenía en su contra tanto a los esclavistas como a los sectores más inmovilistas del ámbito colonial. En cualquiera de las dos suposiciones, siempre se habría utilizado a Pastor como intermediario, quien, a su vez, se habría valido de Paul y Angulo como ejecutor."
Sea como fuere, parece que el asesinato de Prim estaba decidido desde mucho tiempo atrás, había demasiados intereses creados para permitir que el general continuara estando vivo. Con las palabras de Raymond Carr concluimos este apartado: "El más capaz de los conspiradores era un hombre de orden; militar, habiéndose quedado con la cartera de Guerra, sabía pensar como un político civil; progresista...". Si Amadeo de Saboya perdió mucho, España perdió más...
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