Universidad de Barcelona de Geografía e Historia  

 

 
 

 

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      ATRÁS.  
 
 
  ISABEL II.  
 

Isabel II  (1830-1904), fue reina de España desde el año 1833 hasta el 1868, era hija del soberano Fernando VII y de la cuarta esposa de éste, María Cristina de Borbón, nació en Madrid el 10 de octubre de 1830 y al cumplir los tres años ya era reina, ya que su padre falleció el 29 de septiembre de 1833. No podemos dejar de señalar que su llegada al trono provocó una serie de problemas dinásticos que llevaron a España a tres guerras civiles, ya que el hasta entonces heredero del monarca español, al no tener éste hijos varones, era su hermano, Carlos María Isidro, quien no aceptó el nombramiento de Isabel como princesa de Asturias y heredera del trono cuando el Rey derogó en 1832 la prohibición de reinar a las mujeres (la llamada Ley Sálica).

El reinado de Isabel II tenemos que fijarlo como su comienzo real en 1843 ya que durante su minoría de edad primero tuvo la regencia de su madre (hasta 1840) y posteriormente la del general Espartero (hasta 1843).

ISABEL II

En 1834 la reina regente, María Cristina, en nombre de su hija Isabel II promulgo el llamado Estatuto Real, una Constitución incompleta que trataba de restaurar las antiguas leyes fundamentales del reino dándolas una capa de modernidad -pero rehuyendo el carácter netamente liberal de la Constitución de 1812-. En palabras de Joaquín Tomás Villarrolla, catedrático de Teoría del Estado y Derecho Constitucional: "[...] la teoría de las leyes fundamentales era una invocación bienintencionada que pretendía conferir al Estado autoridad y raíces históricas; pero, en rigor, los mecanismos del gobierno establecidos en el mismo no tenían su origen en las antiguas y veneradas instituciones de la nación, sino en las nuevas doctrinas constitucionales y representativas.[...] era una Constitución otorgada, de naturaleza y significación parecidas a la concesión por Luis XVIII, en 1814, a los franceses. Los adversarios del nuevo texto subrayaban, peyorativamente, esta condición, presentándolo como una pura concesión de la Corona y señalando la ausencia del parecer y voto de la nación en su elaboración y aprobación."

Mientras esto ocurre, los carlistas están teniendo sus primeros éxitos militares hasta el punto que el Pretendiente al trono entra en España, por lo que el consejo de ministros y el de Estado deciden, por unanimidad (17.05.1835), solicitar la cooperación militar de Francia, Gran Bretaña y Portugal. La idea del gobierno español es que Francia ocupe la zona del País Vasco-navarro y la marina británica controle la costa Cantábrica.

Como era de esperar, los gobiernos británico y francés se niegan en redondo en participar directamente en el conflicto español por temor a que esta pueda tener consecuencias imprevistas en sus relaciones internacionales pero apoyan la creación de cuerpos de voluntarios que estén dispuestos a combatir en la guerra española. Evans forma una legión auxiliar en Gran Bretaña y el gobierno francés traspasa a España una parte de su Legión Extranjera argelina. Portugal, al contrario de lo visto hasta ahora, manda tropas regulares para combatir a los carlistas.

En el año 1835 se convocan las Cortes, con el nuevo Estatuto Real estas tienen el poder legislativo, pero este poder tiene que ser compartido con el soberano (en este caso con la reina regente) que es quien debe sancionar las leyes y hacerlas entrar en vigor.

Estas Cortes carecen de periodicidad y es el rey el que las convoca (en al Artículo 24 se puede leer textualmente: "Al Rey le toca exclusivamente convocar, suspender y disolver las Cortes" o Artículo 38, "En el caso de que el Rey suspendiere las Cortes, no volverán estas a reunirse sino en virtud de una nueva Convocatoria" o el 43 ; "Cuando de orden del Rey se disuelvan las Cortes, quedan anulados en el mismo acto los poderes de los Procuradores del Reino. Todo lo que hicieren o determinen después, es nulo de derecho")

Como dice el Artículo 31; "Las Cortes no podrán deliberar sobre ningún asunto, que no se haya sometido expresamente a su examen [al del Rey] en virtud de un Decreto Real."

REUNIÓN CARLISTA

Todas estas limitaciones llevan emparejadas un ansia de conseguir nuevas libertades por parte de los progresistas. Finalmente el 13 de agosto de 1934 se produce la Rebelión de los Sargentos de la Granja en apoyo a la Constitución de 1812. Los militares presionan a la reina regente que, sin más remedio que aceptar las condiciones de los amotinados, dictará un decreto según el cual: "Como reina gobernadora de España ordeno y mando que se publique la Constitución de 1812, en el interín que, reunida la nación en Cortes, manifieste expresamente su voluntad, o de otra Constitución conforme a las necesidades de la misma"

Tras el motín de los sargentos los liberales no se conforman con la aceptación de la Constitución de 1812 sino que consiguen una convocatoria extraordinaria de las Cortes con objeto de redactar una nueva Constitución que remplace a la de Cádiz. La regente se limita a aceptar y promulgar esa nueva Constitución (1837) reconociendo que la soberanía del pueblo reside en esas Cortes.

La nueva Carta Magna no es tan farragosa como la promulgada en Cádiz, recoge los derechos fundamentales (por ejemplo el Artículo 9 recoge: "Ningún español puede ser procesado ni sentenciado sino por el juez o tribunal competente, en virtud de las leyes anteriores al delito y en la forma que estas prescriban" ), de la propiedad, de la libertad de prensa (Artículo 2: "Todos los españoles pueden imprimir y publicar libremente sus ideas sin previa censura, con sujeción a las leyes" ) y no incluye las normas electorales.

     
  LOS SARGENTOS DE LA GRANJA Y LA REINA REGENTE, MARÍA CRISTINA.  
     

Los poderes del monarca son amplios, aunque no se le confiere obligación alguna en su "trabajo" (el artículo 44 dice: "La persona del Rey es sagrada e inviolable, y no está sujeta a responsabilidad. Son responsables los ministros" ).

María Cristina de Nápoles, la reina regente, no mantiene ningunas simpatías por el liberalismo y tiende instintivamente hacia posiciones absolutistas, esta mentalidad propiciará su caída. Un movimiento revolucionario exigen a la reina que respete la constitución y que se someta a las leyes. Falta del apoyo de los moderados la "soberana" debe permitir a Espartero que forme el gobierno que él desee y finalmente acabará por abdicar de la regencia (12.10.1880) y marchará al exilio en Francia, dejando como regente a Espartero (elegido por las Cortes para ese cargo el 10 de mayo de 1841)

JURA DE LA CONSTITUCIÓN POR PARTE DE ISABEL II.

En 1843 el país ya estaba cansado de la Regencia de Espartero, regencia que empezaba a tomar unos extraños tintes absolutistas. Es un deseo público que se adelante la la mayoría de edad de Isabel II, que en esos momentos contaba con 13 años -la mayoría de edad para poder reinar era a los 14 en aquellos momentos-, pero todos temen que Espartero la aplace hasta los 16 para continuar en el poder.

Como las Cortes no le son adictas para conseguir sus fines, Espartero las disuelve, lo que es una invitación a que sus enemigos comiencen a preparar un levantamiento. Andalucía y Cataluña son los dos primeros lugares en que se producen los pronunciamientos, poco a poco, paso a paso todo el país se levanta contra Espartero.

El regente sale hacia Andalucía con un fuerte ejército. Sin embargo es tarde, la causa está perdida. Serrano entra en Madrid y toma posesión del ministerio.

Espartero busca una salida digna al asunto, embarca en un buque español, donde redacta una enérgica protesta y posteriormente pasa a una nave británica con la que marcha al exilio. Mientras tanto, el gobierno provisional convoca a las Cortes (8 de noviembre) para que declaren la mayoría de edad de Isabel II, dos días después la soberana jura la Constitución.

Comienza de la mano del Partido Moderado el periodo histórico conocido como la DÉCADA MODERADA. En estos primeros años dice la "leyenda popular" que estuvo bajo la influencia del apuesto general Serrano -eufemismo en el que se esconde que fueron amantes-, al que ella llamaba familiarmente "el general bonito", pero la hora política de Serrano aun tendría que esperar un tiempo. El hombre de esta época fue el general Narváez, un militar prestigioso y autoritario que representaba al liberalismo más conservador y que fue el artífice directo de esta Década Moderada.

En 1845 se promulga una nueva Constitución, obra de los moderados en contra del pensamiento de los progresistas. Las palabras del pensador catalán Jaume Balmes resultan muy adecuadas para explicar este caso: "Hace más de treinta años que estamos confeccionando constituciones, y no se ha querido ver que para tener una buena Constitución bastaba una declaración, o mejor diremos un recuerdo". Balmes abogaba por encontrar una Constitución que pudiera servir para los intereses de todos y no solamente de unos pocos, cosa que no ocurrirá hasta la Carta Magna de 1876.

La inflexibilidad de la Constitución de 1845 se demuestra simplemente en que no tiene preparada en sus artículos la posibilidad de ser reformada, se la presenta como una modificación a la de 1837, sin embargo es mucho más restrictiva y tendrá una vida tan corta como las anteriores, pues quedará derogada por la de 1856.

El 10 de octubre de 1846 se celebra la boda de Isabel II con su primo, el infante Francisco de Asís, duque de Cádiz.

El matrimonio, prácticamente impuesto por las Cortes y el pueblo español no convence en absoluto a los contrayentes pero para tratar de acabar con las interferencias extranjeras, especialmente las de Francia y el Reino Unido, este último se tomó el matrimonio de la monarca española como asunto de estado, propiciaron que los consejeros presionaran a la soberana para que aceptara el matrimonio con su primo. El historiador Theo Arodson escribe: "Cuando alrededor de la medianoche del día 28 de agosto de 1846 Isabel salió de su habitación para dar su consentimiento a sus ministros, tenía los ojos enrojecidos. Al enterarse de la noticia la reina Victoria estalló en cólera. No cabía duda de que Inglaterra había sufrido una severa derrota diplomática."

ISABEL II Y FRANCISCO DE ASÍS.

Comienza en estos años una época de inestabilidad en el país con el comienzo de la Segunda Guerra Carlista (1846), los manifiestos emitidos de Espartero desde Londres para mantener despierto el "espíritu" de los suyos. Estos conspiran, en vez de tomar el camino de convertirse en partido político y acceder a las elecciones.

En marzo de 1848 se produce otro hecho determinante que demuestra la inestabilidad de la época, estalla la insurrección progresista en Madrid. Esta revolución es un reflejo de las diferentes movimientos europeos y es protagonizada por los jóvenes del Partido Progresista _que no contaban con el apoyo del resto de partido-, apoyados por algunos militares, encabezados por el Coronel Gándara, y con las clases bajas urbanas. Entre sus objetivos se encuentra el sufragio universal, la plena democracia, la consideración de las clases trabajadoras y la República. Cuando los revolucionarios saltan a la calle no son más de 600 y el gobierno es capaz de sofocar la revuelta fácilmente.

El 28 de junio de 1854 los generales O' Donell, Dulce Ros de Olano y Messina protagonizan el levantamiento de Vicálvaro. La caída de los moderados es fruto de su desunión y el gobierno de José Sartorius se debate entre la corrupción y la inoperancia, lo que propicia el pronunciamiento militar. En el Manifiesto de Manzanares, redactado por Cánovas del Castillo y firmado por O' Donell se podía leer: "Nosotros queremos la conservación del trono, pero sin camarilla que lo deshonre; queremos la práctica rigurosa de las leyes fundamentales, mejorándolas, sobre todo la electoral y la de imprenta; queremos la rebaja de los impuestos, fundada en una estricta economía; queremos que se respeten, en los empleos militares y civiles, la antiguedad y los merecimientos; queremos arrancar los pueblos a la centralización que los devora, dándoles la independencia local necesaria para que conserven y aumenten sus intereses propios, y como garantía de todo esto queremos y planteamos, bajo sólidas bases, la Milicia Nacional. Tales son nuestros intentos, que expresamos francamente, sin imponerlos por eso a la nación [...] que fijará las bases definitivas de la regeneración liberal a la que aspiramos. Nosotros tenemos consagradas a la voluntad nacional nuestras espadas, y no las envainaremos hasta que ella esté cumplida."

Desde 1854 hasta 1856, de nuevo el Partido Progresista se volvió a hacer con el poder, es EL BIENIO PROGRESISTA. Este periodo estuvo agitado por numerosas revueltas sociales, una tremenda epidemia de cólera y un proyecto de Constitución muy avanzada que no llegó a cuajar. Su principal dirigente, Espartero, volvía así al primer plano de la vida política española. Lo más trascendente de cuanto ocurrió en este periodo fue, sin duda, la desamortización civil llevada a cabo en 1855 por el ministro de Hacienda Pascual Madoz (implantación del sistema métrico decimal).

La crisis generalizada lleva a que la reina se sienta con fuerza para despedir a Espartero en 1956 y nombrar en su lugar al general O'Donell que, con la fundación de la "Unión Liberal" -partido a mitad de camino entre el viejo moderantismo y el progresismo desanimado-. Fue un periodo de relativa estabilidad social, durante el cual O'Donnell jugó un activo papel en el exterior -tanto en su gobierno ejercido desde 1858 hasta 1863 como en el que presidió entre 1865 y 1866-, tratando de conseguir que España volviera a tener cierto peso internacional, hasta el punto de poder hablarse de una etapa neoimperialista, como muestran la guerra en Marruecos (con la firma del Tratado de Wad-Ras, en 1860, que delimitaba las posesiones españolas en el norte de África); la intervención en México (llevada a cabo, junto a franceses y británicos, en 1861 y 1862) para conseguir que el país azteca pagara las deudas que tenía y en Cochinchina (como apoyo a las tropas francesas que intervinieron en el territorio desde 1859); la anexión de la República Dominicana (1861-1864); y la provocación de la guerra del Pacífico (1864-1866) , que, entre otros avatares, se manifestó en el bombardeo español en 1866 del puerto peruano del Callao.

ISABEL II EN EL EXILIO.

La última etapa del reinado de Isabel II (1864-1868) fue de clara descomposición de la vida política española, junto a esto, la vida privada de la soberana motivaba críticas muy duras y su honorabilidad estaba puesta en entredicho, siendo blanco de comidillas y chascarrillos entre el pueblo de Madrid.

El 22 de junio de 1866 se produce la sublevación de los sargentos del Cuartel de San Gil. El levantamiento contra el reaccionario gobierno del general Narváez es planeado por Prim, Morriones, Joaquín Aguirre, Manuel Becerra y Sagasta. En los primeros momentos del levantamiento mueren cuatro oficiales, el gobierno reacciona y pone al frente de las tropas gubernamentales a los generales Serrano y O'Donell que finalmente, y tras duros combates, logran vencer la resistencia de los amotinados.

El 16 de agosto progresistas y demócratas se reúnen, a instancias del general Prim, en Bélgica para preparar la revolución contra el régimen de Narvaez.

Sin embargo no les dará tiempo a derribar al viejo militar, pues el 23 de abril de 1868 muere el general Ramón María Narváez a causa de una pulmonía. Junto a la eterna crisis económica, aparecieron reiteradas sequías y problemas de adaptación de una economía que no había comenzado su desarrollo verdadero. Los nuevos grupos sociales en ascenso (la clase media y la clase obrera) exigían un cambio en profundidad. La respuesta del régimen no fue otra que resistir mediante la fuerza. En el último momento, con Luis González Bravo como presidente del gobierno desde abril de 1868, el régimen rozó el sistema dictatorial.

Finalmente en septiembre de 1868 se produjo la Revolución, llamada LA GLORIOSA. Con el apoyo del ejército y de la armada la insurrección no podía fracasar. Los pocos militares que permanecieron fieles a la soberana se juegan su última carta en la incruenta batalla de Alcolea (28 de septiembre de 1868), la victoria de los rebeldes abrió las puertas al triunfo de la revolución de 1868, la cual supuso el destronamiento definitivo de Isabel II, quien en 1870 abdicó desde su exilio parisino en su hijo Alfonso XII para favorecer la vuelta de la Casa de Borbón al trono español. Una vez iniciado su exilio, se separó de su esposo y, desde entonces, no volvió a intervenir en las decisiones políticas (salvo en su propia abdicación), ni siquiera cuando, en diciembre de 1874, su hijo inició el periodo histórico que habría de llamarse Restauración. Isabel II murió el 9 de abril de 1904 en París (Francia), ciudad donde vivió desde su derrocamiento, contaba con 74 años de edad.

 
 
     
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