Universidad de Barcelona de Geografía e Historia  

 

 
 

 

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  AMADEO I DE SABOYA .  
 

Después de la caída de Isabel II el trono español estaba vacante. El gobierno provisional de la REVOLUCIÓN, primero bajo Serrano como regente y luego con Prim como Presidente del Consejo, luchó por crear una monarquía constitucional capaz de conseguir los apoyos de unionistas, progresistas y demócratas. Serrano tuvo que admitir, aún a su pesar, parte del programa demócrata: sufragio universal maculino, libertad religiosa, institución del jurado y libertad de prensa y de asociación para tratar de no romper la coalición que había derrocado a Isabel II. A cambio de eso los demócratas permitieron que las carteras ministeriales pasaran a sus adversarios unionistas y progresistas y aceptaron una monarquía siempre que quedara excluida la reina derrocada "aquella mujer imposible y sus herederos" .

Sin embargo, este reconocimiento monárquico dividió al partido demócrata, los demócratas extremistas que se habían convertido en republicanos rechazaban de plano cualquier idea monárquica. Los republicanos "de provincias" trataron de conseguir sus objetivos con la revolución de 1868 -era una revolución dentro de la revolución- lo que motivó la unión de unionistas y progresistas, unión que continuó hasta el momento de elegir candidato al trono.

     
   
     

Los republicanos eran en su mayoría federalistas. Como dice Raymond Carr: "Su principal teórico , Pi y Margall, consideraba el federalismo como la única deducción lógica en política de las premisas de la libertad individual [...] Por ello el federalismo estaba de moda en los círculos radicales y no se puede dejar de pensar que el partido naciente lo adoptó porque representaba lo que parecía ser uno de los últimos progresos del pensamiento europeo. Las consecuencias de esta actitud sobre el destino del republicanismo fueron decisivas. Por una parte dio al partido abundantes seguidores entre los entusiastas de las provincias [...] podía canalizar el provincialismo catalán, el resentimiento de las provincias del Sur por la pérdida de la iniciativa revolucionaria y buena parte del infantilismo revolucionario..."

Aunque Madrid fuera el centro intelectual del movimiento republicano no cuajó entre la población, patéticamente orgullosa de ser villa y Corte. Mientras esto ocurría en la capital en el resto de las provincias sucedían cosas muy diferentes. En septiembre de 1869 los entusiastas federales de Cataluña, Aragón y Levante consideran que ha llegado el momento revolucionario, el gobernador de Tarragona es asesinado por una manifestación republicana y la reacción desde el gobierno central es de represión absoluta.

GRABADO QUE REPRESENTA AL PUEBLO CATALÁN LUCHANDO POR LA REPÚBLICA FEDERAL.

Durante nueve días los sublevados esperaron un levantamiento general en todo el Estado, levantamiento que nunca llegó, de manera que el gobierno dominó fácilmente la revuelta y los dirigentes extremistas que encabezaron la misma tuvieron que exiliarse. Las medidas del gobierno también fueron severas, se eliminó a los republicanos, hubieran participado o no, de los puestos en los concejos municipales que se habían obtenido tras las elecciones de 1868. Una vez "reforzado el principio de autoridad" , gracias a una depuración política, el país estaba dispuesto para recibir a un nuevo monarca.

Prim era el general más influyente del momento, su idea era la de promocionarse más por el sector civil que por el militar, pero pronto comprendió que, según las circunstancias que imperaban en el momento, su verdadero poder emanaba realmente de su estatus de militar y como ministro de la Guerra.

Mientras tanto, la coalición revolucionaria de progresistas y unionistas liberales se había pronunciado cláramente en favor de una nueva monarquía. Así se determinó en el artículo 33 de la Constitución.

De los sueños de unos de tener una monarquía con todos sus atributos y el de otros de tener una democracia con todas sus consecuencias nació lo que sería una "monarquía constitucional" según el modelo belga. Los pocos republicanos que quedaban en las Cortes protestaron de forma apasionada por la llegada de un nuevo soberano. Sin embargo, sus críticas no fueron tomadas en consideración.

Como escribe Raymond Carr: "Votada la Constitución monárquica y sofocado el levantamiento republicano, la principal tarea del gobierno consistía en encontrar un rey, demorar esta cuestión suponía dejar la Constitución "sin la poderosa sanción de los hechos". La busqueda de un rey dividió a la coalición de septiembre según las ambiciones excluyentes de sus elementos constitutivos. Tanto los unionistas liberales como el grupo de demócratas progresistas deseaban hacer rey a su propio candidato para poder dominar su reinado. Pero por debajo de esta obstinación había una auténtica divergencia política. Montpensier [uno de los candidatos] como rey significaba una monarquía fuerte, católica, gobernada por los unionistas como representantes de la oligarquía conservadora. Contra el duque de Montpensier, demócratas y progresistas proponían a Fernando, el ex rey de Portugal, y, cuando éste renunció a la candidatura, a uno de los príncipes del nuevo reino "revolucionario" de Italia. Esto suponía un reinado democrático, moderadamente anticlerical, con el poder en manos del ala izquierda de la coalición de septiembre."

Prim había apostado en un principio por un candidato de la casa Hohenzollern, pero esa candidatura se vino abajo por la guerra franco-prusiana. Napoleón III declaró que Francia se consideraría insultada si ocupara el trono de España un príncipe alemán y para evitar fututros conflictos con el país galo España dio marcha atrás. Finalmente el general catalán decantó su apoyo por el aspirante de la Casa de Saboya. De ninguna manera estaba de acuerdo con pretendientes de Orleans y menos de la Casa de Borbón: "Ni Borbones ni Orleans, que en el fondo son todos una misma familia..."

El Reino Unido entre en el problema sucesorio y manda en julio de 1870 un telegrama a Victor Manuel II de Italia rogándole que presione a su hijo, el duque de Aosta, para que acepte el trono español en nombre de la paz europea. El rey de Italia comunica a su hijo la propuesta, a la que el futuro soberano español contesta: "Sabéis que la lucha política no me atrae y que me disgustaría alejarme de Italia. Además debo deciros que siento en mis adentros como una secreta repulsión..."

Finalmente, la guerra explota entre Prusia y Francia, el resultado del conflicto se resume en que será el fin del Segundo Imperio galo y el nacimiento del Segundo Reich alemán. Sin el básico apoyo de los franceses Victor Manuel II aprovecha la situación e invade Roma (que hasta ese momento era territorio pontificio) convirtiéndola posteriormente, y en contra de los deseos del Papa (que se considerará prisionero del Estado italiano) Pio IX, en capital de Italia.

EL DUQUE DE AOSTA. FUTURO AMADEO I.

Amadeo de Saboya sufre en esos días una profunda depresión creyéndose indirectamente culpable de la guerra europea y de lo sucedido en Roma -el duque de Aosta era un católico profundo-. España aprovecha el momento y presiona de nuevo al italiano ofreciéndole el trono, lo que sería un glorioso alejamiento de los problemas de su país.

Las presiones del propio soberano Victor Manuel II consiguen que pocos días después Amadeo envie el siguiente telegrama a Madrid: "Con el consentimiento del rey, mi padre, os autorizo a que respondaís al mariscal Prim que puede presentar mi candidatura, si cree que mi nombre puede unir a los amigos de la libertad, del orden y del régimen constitucional. [...] Aceptaré la corona si el voto de las Cortes me prueba que ésta es la voluntad de la nación española..."

El 16 de noviembre se realiza la votación en las Cortes, 191 votos de 311 proclamaban oficialmente rey al duque de Aosta. Hubo 60 votos a favor de la República Federal, 27 por el duuqe de Montpensier y uno por su esposa, la infanta Luisa Fernanda (hermana de Isabel II), 8 en pro del general Espartero, obteniendo Alfonso de Borbón (hija de la reina destronada) otros dos votos. 29 diputados pretextaron ausencia, 4 enfermedad y 19 votaron en blanco, entre los que se encontraba el de Cánovas que afirmaba que aun rey no se le podía votar como si fuera un presidente de la República.

Una Comisión marchó a Italia a presentar sus respetos al nuevo soberano. El informe que hizo la misma del nuevo monarca causó muy buena impresión en el general Prim, Amadeo de Saboya tenía majestuosos modales pero su trato era sencillo, sabía escuchar a sus nuevos colaboradores, se sintió muy intresado por la situación del país y "era sobrio de palabra" . Aunque la elección había sido tardía el general catalán estaba convencido que se había acertado plenamente con el nuevo soberano.

El día de Navidad de 1870 Amadeo se despidió de sus padres y partió hacia España embarcando en el "Numancia". Como anécdota solamente podemos destacar que el barco fue atrapado por un temporal que estuvo a punto de hacerlo naufragar en dos ocasiones.

Cuando la nave llegó a Cartagena el monarca fue informado que el general Prim había sido víctima de un atentado -en la calle del Turco- y que se encontraba gravemente herido y sin demasiadas esperanzas. Una Comisión española aconsejó al rey que permaneciera en el barco por su seguridad a la espera de la llegada de su escolta, sin embargo Amadeo declinó el consejo e insistió en conocer Cartagena.

ESCUDO DE AMADEO DE SABOYA

Aquella noche el soberano fue despertado para comunicarle que a las cinco de la madrugada el general Prim había fallecido. Amadeo I ordenó, pese a los repetitivos consejos de la Comisión que le advertían que los asesinos del conde de Reus se encontraban todavía en libertad, que le fuera preparado el viaje para partir hacia Madrid inmediatamente.

Al llegar al último tramo de su viaje el monarca montó un caballo alazán y comunicó al regente Serrano que deseaba marchar solo al frente de la comitiva -formada por todo un plantel de generales-. Serrano aconsejó al rey que era preferible que hiciera su entrada en la corte en un carruaje y no a caballo donde podía ser un blanco sencillo para otro posible atentado. Pero Amadeo I, firme en su idea le contestó: "Debo marchar solo, y os suplico que me sigáis a veinte pasos de distancia".

Desde allí el soberano se dirigirá a la basílica de Atocha, donde yacía el cadáver de Prim en su capilla ardiente. Tras orar unos momentos por el hombre que le hizo rey expresó su deseo de ir a dar las condolencias a la esposa del fallecido.

El encuentro con la condesa de Reus fue emotivo, el rey se acercó hasta ella, cortésmente le besó la mano al tiempo que le decía en francés: "Señora condesa de todo corazón os compadezco [...] os prometo que no descansaré hasta apresar a los asesinos del general" Al escuchar estas palabras la viuda de Prim contestó: "Pues Vuestra Majestad no tendrá que ir muy lejos para buscarlos" . Con esta frase hacia refererencia al general Serrano, al que muchos señalaban como culpable directo por la muerte de Prim; "el hombre de Estado más grande de la Revolución" .

El nuevo monarca no suscitaba entusiamo entre el pueblo e incluso la aristocrácia española le dio de lado, era torpe para hablar en castellano y le costaba mucho entender a sus ministros cuando le hablaban deprisa. Con todo, Amadeo era el hombre ideal para el papel de rey constitucional. "Mi conducta -dijo en una ocasión- estará marcada por la mayoría parlamentaria de la mitad más uno."

Amadeo I y sus consejeros trataron de implantar un nuevo sistema político de tipo bipartidista, con un partido liberal y otro conservador fuertes, antecedente del sistema político que se impondrá en la llamada Restauración. Sin embargo, como veremos a continuación, la progresiva desintegración del bloque revolucionario hara fracasar cualquier intento de estabilizar la vida política del país.

El general Serrano, primer jefe de gobierno de Amadeo I, formó un gabinete de conciliación revolucionaria -unionistas, progresistas y demócratas-. En las elecciones de marzo de 1871 los republicanos y los carlistas se unieron -demostración que la política hace extraños compañeros de viaje- con el único objetivo de "acabar con lo de ahora".

Pese a los muchos intentos de reconciliación de la coalición, el general Serrano fracasó en todos ellos y tuvo que dimitir en julio de 1871. La coalición revolucionaria podía darse por muerta. El poder fue asumido por los progresistas bajo el gobierno de Ruiz Zorrilla, sin embargo el partido que Prim había mantenido unido se escindió en radicales, capitaneados por Ruiz Zorrilla y progresistas conservadores, encabezados por Sagasta.

Con la caída del gobierno de Ruiz Zorrilla en octubre de 1871 llegó la hora de Sagasta, debilitando el movimiento de radicales y demócratas. Sin embargo, las presiones políticas de la oposición consiguieron que que Sagasta dimitiera y que Serrano formara un gobierno claramente conservador en mayo de 1872. Su vida fue corta. Según Raymond Carr: "Serrano creía que solo se podía acabar con la perspectiva de una rebelión republicana suspendiendo las garantías constitucionales. El rey se negó a ello aunque Serrano tenía una mayoría segura. [...] Esta decisión hizo inevitables unas Cortes y un gobierno radicales. Y esto selló el destino de la dinastía. Cuando Ruiz Zorrilla logró finalmente la disolución, los unionistas liberales se apartaron de la monarquía que solo habían aceptado por el fracaso de su propio candidato. Serrano anunció su intención de no servir nuevamente al rey; el mismo Serrano y muchos de sus amigos [...] devolvieron sus condecoraciones, se negaron a aceptar las invitaciones para ir a la Corte y, se retiraron de la política, como habían hecho los radicales durante el ensayo conservador."

Los unionistas pasaron a ser el ala más poderosa del país -entre otras cosas, ellos controlaban el ejército-, por lo que el soberano les encargó que formaran gobierno. El gobierno de Ruiz Zorrilla y las Cortes elegidas en agosto de 1872 eran puramente radicales, sin ninguna de las grandes figuras conservadoras de la Revolución.

FIRMA DE AMADEO I.

Diferentes decisiones tomadas por el gobierno, como la abolición de la esclavitud en la isla de Puerto Rico o la radical reducción del presupuesto eclesiástico suscitó la oposición de diferentes sectores de la población.

Para acabar de ensombrecer la situación se produjeron dos acontecimientos de vital importancia: el levantamiento Republicano en la población de El Ferrol y lo que vino a llamarse "El asunto Hidalgo" .

En palabras de Raymond Carr: "Se creía que Hidalgo era el responsable del fusilamiento de oficiales de artillería por parte de los amotinados en el abortado levantamiento de San Gil de 1866. Esto era falso. Sin embargo, no pudo desmentir la especie. Después de la Revolución fue ascendido rápidamente -por sus pasados servicios a los progresistas- y en noviembre de 1872 fue nombrado capitán general de las provincias vascongadas. Para no servir bajo su mando, todos los oficiales de artillería se declararon enfermos. Hidalgo les arrestó. Ruiz Zorrilla estaba decidido a refairmar el control civil sobre el Ejército, y como a todos los radicales, les disgustaba el "aristocrático" espíritu del cuerpo de oficiales de artillería. Consecuencia del conflicto fue que el gobierno tuvo que aceptar la dimisión de todo el cuerpo de oficiales de artillería y entregar el mando a sargentos y oficiales de infantería. En esta solución extrema el jefe del gobierno contaba con el apoyo de su mayoría en las Cortes. El rey desaprobaba la acometida a la artillería, pero carecía de poder para oponerse a ella, puesto que recurrir a los conservadores hubiera significado coaligar a radicales y demócratas en contra de la dinastía. Después de cumplir su última obligación como rey constitucional firmando el decreto contra los oficiales de artillería, Amadeo I abdicó (febrero de 1873)."

AMADEO I A CABALLO.

No fue la impopularidad general que el pueblo le demostraba -por mucho que el soberano trato de contrarrestarla paseando en solitario por las calles de Madrid y preocupándose por sus habitantes no consiguió ganarse su afecto-, tampoco el rechazo que le demostró la ráncia aristocracia del país que se declaraban abiertamente "monárquicos sin rey" y se jactaban entre ellos de su indiferencia hacia el soberano, ni la perpetua amenaza de los partidarios carlistas y de los republicanos -que en el fondo no dejaban de ser más que pequeñas minorias descontentas- lo que hizo que Amadeo I de Saboya acabara abdicando del trono español, no fue sino la ruptura producida en la Coalición después de la muerte del general Prim (su auténtico valedor en el trono). Con la retirada de los conservadores la monarquía pasó a estar en manos de un partido sin ningún tipo de sentimiento monárquico. Ruiz Zorrilla era fiel al soberano pero sus aliados, Martos y Rivero, estaban dispuestos a abrazar una República si eso les confería un mayor poder político.

La mayoria de los Republicanos se encontraron con la República sin haberselo propuesto, aunque hemos de apuntar a las figuras de Rivero y Figueras como unas de las más destacadas a la hora de la caida de don Amadeo de Saboya. Rivero era dirigente de la minoría parlamentaria republicana y se sentía muy resentido por el oscurantismo al que estaba condenado como figura política. Sus movimientos y acuerdos con Figueras para remover el asunto Hidalgo con el fin de derribar la monarquía e implantar una república tenía que llevarle a la presidencia de la misma, presentándole ante la sociedad como un "salvador de la patria". Como señala Raymond Carr: "Su propia soberbia parlamentaria [la de Rivero] acabó con sus planes, pero la intriga Figueras-Rivero fue la que aseguró finalmente la proclamación de la República en una sesión conjunta del Senado y el Congreso."
     
  LA MARCHA DE AMADEO I SEGÚN EL HUMORISTA JAN.  
     
     
 
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