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Universidad de Barcelona de Geografía e Historia |
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LA CONFERENCIA DE ALGECIRAS. |
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En el mes de mayo de 1898, el marqués de Salisbury, primer ministro del Reino Unido, pronunció en el Albert Hall de Londres el famoso discurso de las naciones moribundas. "Las naciones vivas se irán apropiando gradualmente de los territorios de las moribundas y surgirán rápidamente las semillas y las causas de conflicto entre las naciones civilizadas [...] naturalmente, no debemos suponer que a una sola de las naciones vivas se le permitirá tener el beneficioso monopolio de curar o desmenuzar a esos desafortunados pacientes [...] "Indudablemente, no vamos a permitir que Inglaterra quede en situación desventajosa en cualquier reajuste que pueda tener lugar; por otro lado, no sentiremos envidia si el engrandecimiento de un rival elimina la desolación y la esterilidad de las regiones en las que nuestros brazos no se pueden alargar."
El discurso estaba encaminado a países como Marruecos, China, el Imperio Otomano... y parecía haberse puesto en marcha con España y la pérdida de sus posesiones de ultramar en beneficio de los Estados Unidos. Sin embargo, las casualidades del destino se aunaron y España se vio beneficiada de la rivalidad franco-británica y la inminente descomposición de Marruecos. Rosario de la Torre escribe lo siguiente: " [...] en su condición de objeto de las decisiones de los más grandes -Francia e Inglaterra- y sujeto de sus propias decisiones sobre el más débil -Marruecos-, la política exterior española se integraría, entre 1898 y 1914, en el proceso de formación y fortalecimiento de la Entente y, por tanto, en la historia del sistema internacional bipolar que finalmente desembocaría en la Gran Guerra. [...] Sobre esta base, la historia de la Conferencia de Algeciras puede articularse en torno a tres ejes. Primero, el proceso por el que Francia e Inglaterra pasaron del antagonismo abierto de la crisis de Fachoda, de 1898, al reparto colonial de 1904 y el papel que jugó en ese proceso un determinado reparto de Marruecos entre Francia y España. En segundo lugar, debe entenderse el sentido y las consecuencias de la respuesta de Alemania que, aprovechando las nuevas circunstancias internacionales originadas por la derrota de Rusia a manos de Japón en 1905, forzó la reunión de una Conferencia Internacional sobre Marruecos con la intención de colocar a Francia contra las cuerdas. Finalmente, hay que comprender el proceso por el que el compromiso colonial franco-británico se transformó en una fuerte alianza política, en cuyo marco se materializaría un determinado reparto de Marruecos que se acompañó de la imposición del Protectorado franco-español."
Desde hacia mucho tiempo España había puesto sus ojos en Marruecos, pues siempre se había considerado a ese país como la línea defensiva al sur de la península . Sin embargo la posición española era muy débil y sabía perfectamente que una decisión unilateral de adueñarse del país chocaría directamente con los intereses de Francia, el Reino Unido y Alemania -que soñaba interiormente en dominar la zona a través de Marruecos-, mientras no se produjera un gran acuerdo de reparto entre las grandes potencias, las aspiraciones de España deberían seguir a la espera.
Francia estaba a la expectativa de los movimientos británicos pero especialmente de los alemanes, el ministro de Asuntos Exteriores, Téophile Delcassé declaraba en privado en diciembre de 1898 : "Para Rusia, como para Francia, Inglaterra es un rival, un competidor cuyos procedimientos son a menudo muy desagradables, pero no es un enemigo y ciertamente no es el enemigo... ¡Ah, si Rusia, Inglaterra y Francia pudiesen convertirse en aliados frente a Alemania."
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En medio de su acostumbrado, cuando no eterno, aislamiento España, con el gobierno de Francisco Silvela, abandonó la política germanófila para acercarse a París y contrarrestar con ese movimiento la presencia británica en el Mediterráneo. Marruecos -como no puede escapar a la comprensión de nadie- se convertirá en moneda de cambio y en la transacción terminará implicándose Gran Bretaña. Está fraguándose el germen de la coalición para cualquier posible agresión de Alemania. En un mundo tan cambiante la acostumbrada soledad británica -buscándose solamente aliados en los momentos necesarios- debía concluir de una forma inmediata, la temible alianza franco-rusa había unido a sus dos principales adversarios, una nueva forma de imperialismo estaba naciendo de una forma absolutamente imparable, junto a ese imperialismo surgía, como consecuencia del mismo, un rearme total de las grandes potencias, a finales del siglo XIX, los británicos necesitaban aliados permanentes. |
El Reino Unido estaba convencido que tarde o temprano España y Francia pretenderían apoderarse de Marruecos, oponerse a los deseos españoles no constituía ningún problema pero el conflicto podría surgir al pretender cuestionar las aspiraciones francesas. Gran Bretaña necesitaba aliados y no más enemigos -el crecimiento armamentístico alemán era cada vez más evidente-
Desde el año1894, la muerte de Muley Hassan y la más que complicada sucesión de Abd el-Aziz , fueron las señales que anunciaban a todas luces que el reino independiente de Marruecos tocaba a su fin. El Reino Unido se había opuesto en un principio a que Marruecos se desmembrara entre España y Francia pero, después de su fracaso al intentar acercarse a Alemania que Lansdowne había tratado de conseguir en el año 1900, y al experimentar, en carne propia, la soledad internacional que el Reino Unido padeció durante la guerra anglo-bóer (1899-1902) marcaron un giro absoluto de la política de Gran Bretaña, dejando a Marruecos que corriera su propia suerte con tal de ganarse el favor de Francia.
La Guerra contra los Boers fue determinante para el Reino Unido. La palabra "boer" viene del holandés y significa granjero. Los primeros colonizadores holandeses llegaron a Sudáfrica en 1652, y se asentaron en la punta meridional del continente, donde fundaron la Ciudad de El Cabo. Más tarde se mezclaron con los refugiados protestantes franceses (hugonotes) y surgió la población bóer original. desde un principio marcaron severas medidas exclusionistas respecto de los grupos negros khoikhoi y bantú. |
| Cuando finalmente se estableció el dominio inglés en la zona, muchos de los bóers, que miraban con recelo la llegada de los británicos a sus dominios, se negaron a vivir bajo su gobierno -al que consideraban ajeno a sus intereses- y, en la década de 1830, emigraron y se refugiaron en el interior; el llamado Estado Libre de Orange y las provincias del Transvaal fueron así creados, gracias a lo que después se conocería como el Gran Trek . En 1886 el descubrimiento de oro en Witwatersrand, propició que miles de mineros y prospectores británicos así como colonos invadieran la zona. Los bóers protestaron firmemente por la invasión de los cazadores de fortuna británicos, a quienes denominaban uitlanders (extranjeros) y que no mostraban demasiados escrúpulos ni respeto para conseguir sus fines, como muestra de sus sentimientos, les gravaron con unos onerosos impuestos y les denegaron el derecho al voto. |
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El resentimiento en ambas partes siguió aumentando durante unos años y la situación se fue complicando paulatinamente, al final se produjo una revuelta por parte de los uitlanders en Johannesburgo contra el gobierno bóer. Más tarde, la resistencia de los bóer frente a los ingleses desembocó en las llamadas Guerras Bóer (1899-1902), que, tras duros enfrentamientos y férrea resistencia, pusieron fin a su independencia.
Las negociaciones de paz comenzaron el 23 de marzo de 1902, y el 31 de mayo los líderes bóers firmaron el Tratado de Vereeniging. El acuerdo concluyó las hostilidades, otorgando el autogobierno al Transvaal y al Estado Libre de Orange, como colonias del Imperio Británico, y permitió la utilización del afrikaans (lengua de los boers) en las escuelas y en los tribunales. Inglaterra acordó a cambio pagar 3 millones de libras esterlinas de indemnización para la rehabilitación, y concedió la amnistía y la repatriación a los soldados bóers que prometieran su lealtad al monarca británico.
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Como resultado del conflicto los ingleses perdieron unos 28.000 hombres y los bóers unos 4.000, así como unos 20.000 civiles que murieron de enfermedades en los recién ideados campos de concentración -cuando no exterminio-, auténtica aportación del ingenio británico a la historia de la humanidad.
Tras su política de acercamiento a Francia España se esforzó por mejorar sus relaciones con el Reino Unido -pues comprendió que ese país era la llave para sus aspiraciones en Marruecos-. Su primer paso fue renunciar a las fortificaciones de la bahía de Algeciras (que podían intimidar Gibraltar) y acto seguido afirmó aquello que los británicos querían escuchar y que no era más que España apoyaba el mantenimiento del estatus de Marruecos.
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Sin embargo, por las palabras de Silvela al ministro de exteriores francés Delcassé, se podían ver las auténticas aspiraciones de España: "En el primer rango de nuestros aliados naturales está Francia, a la que no separamos de Rusia. Nos gustaría unirlas a Alemania porque nos parece que una entente sobre tan amplias bases sería la más sólida garantía del mantenimiento de la paz, pues bastaría realmente para hacer fracasar las ambiciones inglesas sin necesidad de recurrir a un conflicto armado". Si la inclusión de Alemania en el bloque propuesto no fuera posible, Silvela se declaraba dispuesto a unirse, en cualquier caso, a Francia y Rusia: "Nosotros les pediríamos que nos garantizasen la integridad de nuestros territorios actuales, comprendiendo en ellos nuestras posesiones africanas, poniendo a cambio, a su servicio, si fuera necesario, las fuerzas militares de las que pudiésemos disponer".
En palabras de Rosario de la Torre: "El proyecto de Silvela buscaba la garantía exterior de la integridad española en la formación de un esquema de alianzas posible: la reconciliación de Francia y Alemania y la combinación de estos dos países con Rusia para contrarrestar la preponderancia naval británica. Pero la situación internacional no evolucionó en la dirección deseada por Silvela: ni se formó una alianza antibritánica ni España consiguió la garantía que solicitó a la alianza franco-rusa. Ocurrió algo muy distinto: bajo el impulso de Delcassé, [...] se pusieron las bases del acercamiento franco-británico. [...] Pero Delcassé no empezó buscando un compromiso con Inglaterra, quizá porque estaba convencido de que Londres se opondría ferozmente a sus planes sobre Marruecos y, como consecuencia, decidió que era mejor forzar la situación colocando a los británicos ante el fait accompli de sendos acuerdos con Italia y España que respetasen los intereses británicos en torno a Gibraltar, Tánger y el libre comercio. El acuerdo con Italia buscaría mantenerla al margen del reparto de Marruecos; el acuerdo con España satisfaría sus viejas ambiciones, ofreciéndole una zona de influencia que coincidiese con los intereses británicos."
Rosario de la Torre continua explicando: "Delcassé mantuvo su propuesta: una declaración pública en favor del mantenimiento del statu quo marroquí, un reparto secreto de Marruecos en dos zonas de influencia [entre Francia y España], que se aplicaría sobre el terreno cuando la situación variara, y un programa para una acción diplomática concertada"
La jugada francesa estaba a punto de cuajar satisfactoriamente para los intereses galos. El embajador francés en el Reino Unido, en estrecho contacto personal, primero con Salisbury, después con el secretario del Foreign Office, Henry Lansdowne, había puesto encima de la mesa los múltiples problemas coloniales que habían venido separando a Londres y París durante más de veinte años, las aspiraciones galas contaban con el beneplácito del gobierno británico que deseaba superar sus problemas y reforzar las relaciones con los franceses. En este marco de cordialidad el gobierno británico fue informado de las intenciones galas: "... en el hipotético caso de una liquidación general de Marruecos" , Francia se reservaría la "influencia exclusiva" sobre la mayor parte del país, se neutralizaría Tánger y se entregaría a España una extensión de la costa mediterránea y de su área de influencia.
El Reino Unido estuvo de acuerdo con la política sobre Marruecos, prefería tener al sur de su colonia de Gibraltar a la débil España antes que a la poderosa Francia y estuvo de acuerdo que esa zona se le cediera a los hispanos, también estuvo de acuerdo que fueran los franceses los encargados de negociar con los españoles -más que negociar debería decirse imponer- y que ellos quedaran al margen de todo contacto con España sobre ese problema. El embajador francés Paul Cambon en el Reino Unido opinaba así sobre España frente al primer ministro británico: "Los españoles son un pueblo que tiene dificultades para concretar, no saben cómo llegar a una conclusión, tienen un tipo de mentalidad que prefiere irrealizables pero ilimitadas esperanzas a tangibles pero limitadas realidades... ¿Debería depender nuestro acuerdo de sus sueños y no concluirlo entre nosotros en un tiempo limitado después de haber ido por delante?".
Por el acuerdo franco-británico de 8 de abril de 1904, Francia reconoce a Inglaterra la posesión de Egipto, mientras que los ingleses dejan a Francia libertad de acción en Marruecos, respetando siempre los intereses comerciales británicos (es un acuerdo que, en realidad, lo que hace es repartirse zonas de influencia).
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La "negociación" franco-española sobre Marruecos -la palabra "negociación" es un eufemismo- se abrió el 19 de abril. El Gobierno español era muy consciente de que la posición de Francia, después de su alianza con el Reino Unido, era mucho más fuerte hacia cinco años y que eso se traduciría en una drástica reducción de la zona de influencia española en África. Por esa razón España aceptó rápidamente la oferta francesa de territorios, temiendo que todavía se redujeran más su circunscripción en Marruecos si continuaba aspirando a más tierras en la zona y aceptó, incondicionalmente, todas las pretensiones galas en favor de los intereses del Reino Unido (libertad de comercio, internacionalización de Tánger etc). Una vez más, España agachaba la cabeza y transigía con tal de conseguir algunos acres en Marruecos.
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Delcassé quería que los términos de las "negociaciones" con España sobre el reparto de Marruecos permanecieran en absoluto secreto, los españoles, por su parte, que Francia reconociera públicamente el área de influencia española. Finalmente, España aceptó mantener en el más absoluto secreto sus acuerdos y mantenerse a la espera de lo que le dijera Francia, ya que cualquier precipitación hispana podría provocar un levantamiento militar marroquí -en caso contrario los galos estaban decididos a romper su acuerdo, todavía verbal, con España-. Finalmente, y tras el compromiso hispano de no hacer nada en su zona de influencia "sin consultar primero a Francia" , el tratado franco-español se firmó el 3 de octubre de 1904.
Un acontecimiento, al menos en apariencia, muy lejano de los intereses españoles influirá decisivamente, por el conocido efecto dominó, en la política hispana en Marruecos. En Extremo Oriente se desarrollaba una guerra entre Rusia y Japón. La causa de la guerra fue que la expansión rusa en Asia oriental chocó con los planes japoneses de tomar posiciones en el continente asiático. Japón había propuesto un acuerdo mutuo que reconocía los intereses de su país en Corea y los de Rusia en Dongbei Pingyuan (Manchuria), y aseguraba la integridad de China y Corea, pero Rusia lo rechazó prácticamente sin estudiarlo. En la noche del 8 de febrero de 1904, la armada japonesa lanzó un ataque sorpresa contra Port Arthur y después bloqueó la flota rusa. El 10 de febrero se produjo la declaración oficial de guerra por parte de Japón. |
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Después de una serie de estrepitosas e incomprensibles derrotas -al menos para los ojos de las potencias euripeas- por parte del ejército ruso el zar Nicolás II aceptó la oferta de mediación del presidente de Estados Unidos Theodore Roosevelt . Los japoneses, que a pesar de la victoria se hallaban económicamente empobrecidos, también accedieron a negociar. El 5 de septiembre de 1905 se firmó el Tratado de Portsmouth. Rusia entregó Liaoyang y Port Arthur, cedió la mitad sur de la isla de Sajalín , abandonó Dongbei Pingyuan (Manchuria) y reconoció la influencia japonesa sobre Corea. Japón convirtió a Corea en protectorado y en 1910 lo anexionó formalmente. |
La posición y el prestigio de Rusia se vieron gravemente afectados delante del resto de potencias, que no habían considerado a Japón enemigo delante del "oso ruso". Al no poder continuar su política de expansión por el Asia oriental, su atención se volvió hacia las cuestiones balcánicas y hacia el dominio del mar Negro. En ese escenario, podía producirse un choque de intereses con Austria-Hungría y también con Alemania.
No puedo dejar pasar la oportunidad de narrar desde el libro "Historia de la Incompetencia Militar" y en palabras de su autor, Geoffrey Regan, como se produjo el descalabro de la flota rusa de Zinovy Petrovitch Rozhestvensky: "A Rozhestvensky le tocó navegar nada menos que 18.000 millas para encontrase con un enemigo que había derrotado ya a una flota más poderosa que la suya. [...] no existía base alguna en un radio de 18.000 millas y dependía para el suministro de carbón de encuentros previamente acordados en el mar con la compañía alemana Hamburg-Amerika. En su trayecto a lo largo del Báltico y del Mar del Norte sus histéricos vigías vieron barcos torpederos japoneses en los lugares más inverosimiles y bajo los disfraces más extraños [...] En el Mar del Norte un "ataque en toda regla" de buques japoneses resultó ser una flotilla de barcos pesqueros británicos procedentes de Hull. Increiblemente, los buques rusos atacaron a la flotilla pesquera, dañaron a varios buques y hundieron uno de ellos, sufriendo además los daños derivados de las colisiones entre sí. Rozhestvensky evitó a duras penas provocar una guerra entre el Reino Unido y Rusia y recibió la condena generalizada y las befas y cuchufletas de todos los periódicos del mundo. [...] Mientras tanto el almiraztango de San Petersburgo [...] había decidido enviar refuerzos al almirante. [...] Cuando llegó a oídos del almirante que se le enviaban viejos buques para que se unieran a su flota, decidió hacer todo lo posible para evitar la cita. Al llegar al norte de África uno de los buques rusos se enredó con un cable submarino; cuando su capitán cortó el cable cortó también las comunicaciones de Tánger con Europa durante cuatro días. Con lo que siguieron las befas y cuchufletas. [...] A pesar de los esfuerzos por convertir su flota en una unidad de combate, Rozhestvensky tuvo que hacer frente a la constante ineficacia de sus subordinados. [...] El peor problema para Rozhestvensky era que sabía, así como lo sabían sus oficiales, que lo mejor que podía hacer era dar la vuelta y arriesgarse a que les llamaran cobardes. [...] En una práctica de artillería, Rozhestvensky vio como sus destructores no acertaron ni uno solo de los blancos estacionarios. Cuando los buques se reunieron de nuevo, la bandera de señales marcaba un solo impacto, en el barco que remolcaba el blanco. [En cuanto a los torpedos ] de los siete que abandonaron sus tubos, uno se atascó, dos viraron noventa grados en dirección al puerto, uno noventa hacia estribor, dos mantuvieron un rumbo estable pero no dieron en el blanco, y el último describió círculos y más círculos "sumergiéndose y emergiendo como una marsopa" y aterrorizando a toda la flota.[...] Cuando la flota rusa se encontró con la japonesa en Tsushima [...] fue la completa destrucción de la flota rusa."
El descalabro del aliado ruso contra los japoneses obligó a Francia a estrechar más los lazos con un aliado de "más confianza", y ese no podía ser otro que el Reino Unido. Los recientes acuerdos entre ambas potencias sembraron la alarma en Berlín, que se vio aislada en el continente europeo. El káiser Guillermo II necesitaba, si no el apoyo, sí el consentimiento de una potencia como Inglaterra para lanzarse a conseguir nuevos mercados y nuevas colonias en otras partes del mundo. Marruecos fue el escenario escogido por Alemania para tratar de definir su nueva estrategia -cuya política dirigía el canciller Von Bulow- su campaña trataba de debilitar a Francia con el deseo de acercarse a Gran Bretaña y desbaratar la Entente franco-inglesa. Para tratar de deshacer definitivamente esa Entente por otro de sus costados, Alemania tomó además otra iniciativa: en julio de 1905, Guillermo II propuso al zar Nicolás II un acercamiento mutuo mediante la firma de un tratado defensivo en la ciudad finlandesa de Bjorkö, que en realidad nunca llegó a ponerse en vigor.
El káiser Guillermo II de Alemania no vio con buenos ojos, desde el principio, el tratado por el cual Francia debía de quedarse con Marruecos, cediéndole unas migajas a España bajo el beneplácito del Reino Unido. Los movimientos franceses que trataban de imponer, a un Marruecos agobiado por las deudas, una serie de medidas que colocaban el territorio bajo su jurisdicción motiva la visita de Guillermo II a Tánger en 1905, dispuesto a participar en la "tarta" de Marruecos. El káiser presionó al Sultán para que convocara una auténtica reunión internacional donde se tratara del futuro de Marruecos. Según las palabras que el emperador germano dio en la ciudad africana: "Alemania posee en Marruecos grandes intereses. El comercio sólo puede prosperar si todas las potencias tienen los mismos derechos bajo la soberanía del Sultán y respetan la independencia del país. Mi visita significa el reconocimiento de esta independencia"
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La crisis desatada por esta visita totalmente inesperada del kaiser alemán a tierras marroquís provocó la dimisión de Delcassé y la convocatoria de una Conferencia internacional, a propuesta de Alemania y Marruecos. Francia en el primer momento se negó en redondo en que se celebrara cualquier tipo de reunión internacional que pudiera afectar directamente a sus intereses en Marruecos.
La resistencia gala fue vencida gracias a la intervención directa del presidente norteamericano Theodore Roosevelt, que ya había participado en la Conferencia de Madrid, en 1880, sobre Marruecos.
Finalmente, y no sin pocas trabas y si muchos recelos, la convocatoria de la conferencia fue realizada y la base que se tomó para su asistencia fue la de los países que firmaron el acta de Madrid en 1880; Francia, Portugal, Reino Unido, Imperio Austro-Húngaro, Rusia, España, Italia, Suecia, Alemania, Estados Unidos, Holanda y Bélgica. Se buscó un lugar enclavado en Europa pero que estuviera lo suficientemente cerca de Marruecos para que no pareciera que se tomaban acuerdos de algo abstracto y lejano, así, tras barajar algunos otros nombres, el lugar elegido fue la ciudad de Algeciras (Cádiz) y su pistoletazo de salida fue el 16 de enero de 1906. |
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Las delegaciones de funcionarios y diplomáticos, junto con una gran cantidad de periodistas, curiosos y turistas, convirtieron a Algeciras durante tres meses en una población cosmopolita, con gran ambiente festivo, como reflejaban los comentarios de Javier Betegón, corresponsal del diario madrileño La Época y autor de un libro titulado "La conferencia de Algeciras. Diario de un testigo".
La Conferencia de Madrid (del 19 de mayo al 3 de julio de 1880) fue el primer paso para la desintegración de Marruecos como Estado independiente. En el acta final se llegó a las siguientes conclusiones: se reconocia a los europeos el tener propiedades en Marruecos, se reconocia a todas las potencias el derecho a tener protegidos, se ensanchaba el campo de intervención colonial: ningún cambio podrá ser introducido en Marruecos sin el acuerdo internacional. Francia, Inglaterra y España aumentan significativamente sus representaciones consulares . A los funcionarios con altos cargos políticos residentes en Tánger se les da la categoría de ministros plenipotenciarios . Se instalarán cónsules en todos los puertos; hay que añadir también un número creciente de funcionarios y personal contratado, en buena parte marroquí, protegidos , libres de dependencia del Majzén. Junto con los diplomáticos, las misiones religiosas. Destacarán las misiones franciscanas españolas a partir de la paz de 1860: primero se instalan en la costa, después en el interior. Serán, además de predicadores cristianos, excelentes informadores sobre la situación del país y propagandistas de la cultura europea occidental. Las instituciones (embajadas, consulados, misiones) facilitan la instalación creciente de europeos en Marruecos. La apertura comercial impulsa, desde 1860, la inmigración.
Habían transcurrido 25 años desde la Conferencia celebrada en Madrid y en esta nueva oportunidad el Imperio alemán tenía puestas sus esperanzas en dominar políticamente la Conferencia internacional de Algeciras de 1906 y sacar el máximo provecho de ella para consolidar sus intereses, esperaba el apoyo del Imperio Austro-Húngaro y de Italia y confiaba aislar las pretensiones francesas para finalmente conseguir que en Marruecos se produjera una política de "puertas abiertas" que le permitieran intervenir en el país libremente y evitar el control absoluto que Francia pretendía adquirir sobre ese territorio aprovechando sus posiciones consolidadas en África. |
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La Conferencia comenzó, como suele ocurrir en estas ocasiones, tocando temas de menor importancia, las primeras diferencias comenzaron a manifestarse cuando se planteó la creación de un Banco internacional del Estado en Marruecos. Francia, a través de sus representantes Révoil y Régnault, solicitó prácticamente el control absoluto del mismo además de dirigir la organización de la policía marroquí, con una cierta participación, aprovechando que pasaba por allí, de España. Como era de esperar los diplomáticos alemanes se opusieron a estas pretensiones. Lo prioritario debía ser -siguiendo la más pura mentalidad germana- la eficacia del banco y la igualdad de derechos y oportunidades para los clientes, o lo que es lo mismo, trataban de que no fueran discriminadas sus empresas en Marruecos. Respecto a la policía, intentaron que estuviera bajo el control de representantes neutrales, lo que significaba la exclusión de Francia en la operación, amenazando con retirarse de la Conferencia si no se les hacía caso. Sin embargo, no se lo hicieron y Francia solamente accedió a hacer algunas concesiones y pese a las protestas formales alemanas finalmente tuvieron que aceptar las pretensiones galas.
La política alemana, férrea e incluso agresiva en ocasiones, se vio hábilmente contrarrestada por la francesa que comenzó ganándose a Estados Unidos y a los pequeños países convenciéndoles que la única salida viable que tenía la crisis marroquí era la de una intervención directa en la zona. España, como Francia esperaba desde un principio, se alineó en la posición postulada por los franceses, lo mismo que el Reino Unido, que temeroso del poder que cada día, como era cada vez más evidente, se acrecentaba en el Imperio alemán, necesitaban un socio sólido que pudiera contrarrestar los movimientos alemanes, tanto en África como en el continente europeo.
Las decisiones acordadas se hicieron públicas en un Acta final. El documento constaba de seis capítulos -123 artículos- que en primer lugar hacia referencia a que se debía respetar el libre comercio entre los ocho puertos más importantes de Marruecos y los países que lo desearan (cuatro quedaron bajo jurisdicción francesa, dos bajo española y otros dos, Tánger y Casablanca como mixtos). El resto de acuerdos, principalmente mercantiles, preveían la creación de un Banco estatal de Marruecos y permitían la penetración económica en el país y la explotación de los recursos naturales, aunque en compensación, aunque de una manera más simbólica que real, se aseguraban monetariamente las arcas del Sultán, en el Acta también se contemplaba la prohibición de la importación y el comercio de armas en todo el imperio cherifiano, excepto los explosivos destinados a la industria y a las obras públicas y las armas destinadas a las tropas del Sultán. El contrabando en la frontera de Argelia sería competencia de Francia y de Marruecos, y en el Rif y en las fronteras con las posesiones españolas, sería asunto exclusivo de España y de Marruecos, los países reunidos en Algeciras no consideraban como una salida viable asegurar a Marruecos su soberanía e su independencia absoluta, aunque se señalaba y reconocía la figura del sultán. Se crearía un cuerpo de policía, cuyos miembros serían reclutados entre los musulmanes marroquíes que tendrían oficiales e instructores españoles y franceses, los cuales prestarían cinco años de servicio en los que organizarían la policía cherifiana. El capítulo tercero del Acta contemplaba, como hemos señalado, la creación del Banco estatal de Marruecos. La concesión del banco correspondería al Sultán y se haría por cuarenta años. El banco podría emitir en exclusiva billetes y actuaría como tesorería-pagaduría del Imperio. La intervención en el banco sería dirigida por cuatro censores nombrados por Francia, Inglaterra, España y Alemania. El banco se dividió en quince partes, de las que Francia obtenía tres, y las demás potencias una cada una. Las demandas judiciales y los pleitos que se interpusiesen ante el banco, cuya sede central se establecería en Tánger, habrían de ser resueltas en última instancia por un tribunal suizo. En el capítulo cuarto se establecía un impuesto único, el tartib, aplicable a los súbditos marroquíes. Se autorizaba a los extranjeros a comprar propiedades en todo el territorio de Marruecos. El capítulo quinto incluía un reglamento sobre las aduanas y sobre la represión del fraude y del contrabando. El capítulo sexto trataba sobre los servicios y las obras públicas, establecía la garantía por parte de las potencias signatarias de que ninguno de ellas se circuncribiría por los intereses particulares, sino que estarían al servicio de los intereses generales. Finalmente se concluía con una declaración de Estados Unidos en la que se eximía de obligaciones y de responsabilidades en la ejecución de los acuerdos, y de un Protocolo adicional por el que se establecía la fórmula para que el documento fuese ratificado por el sultán de Marruecos. |
De alguna manera el documento reconocía la supremacía de Francia en la cuestión marroquí, definiendo su territorio de influencia como el de "la región fronteriza a Argelia" mientras que el español se denominaba como "el Rif y las regiones fronterizas a las posesiones españolas" . En palabras del ministro de asuntos exteriores del Imperio Marroquí pueden leerse claramente lo que fue aquella conferencia y la decepción sufrida tras observar los resultados de la misma: "El viejo Marruecos está perdido sin esperanza. La Conferencia solo se ha preocupado de Tánger y de los puertos donde residen los europeos, donde han creado fuerzas de policía, una caja especial para Obras Públicas, un Banco de Estado; pero nada han hecho para asegurar al Majzén los recursos financieros que necesitaba para mantener un Ejército, percibir impuestos y combatir la insurrección y la anarquía. ". |
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El ministro continua diciendo: "Se han desinteresado por completo del Majzén y de las reformas que deben introducirse en la Administración del Imperio. [desarrollarán] en la costa unos intereses europeos que nosotros seremos incapaces de proteger y que tampoco protegerán los débiles efectivos de policía que [han] previsto. Los desordenes irán aumentando y el Majzén se hundirá en una anarquía que será el preludio de la dominación extranjera."
Aunque Alemania no se había salido con la suya a la hora de dominar la Conferencia de Algeciras si que había conseguido, al menos, poner una serie de obstáculos en el camino de su rival francés. La cuestión marroquí, bajo el prisma germano, no había quedado cerrada y Alemania tenía todavía serias opciones de intervenir en la zona si Francia se comportaba de una manera imprudente. La política germana estaba muy lejos de dar Marruecos por perdido, como veremos en las negociaciones y acuerdos franco-alemanes de 1909 y 1911.
Años más tarde, mediante la Convención de Fez (1912) se estableció el definitivo Protectorado francés. Algunos meses después, a remolque de las decisiones francesas, se instituyó el Protectorado español sobre el resto del territorio marroquí. |
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