Universidad de Barcelona de Geografía e Historia  

 

 
 

 

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      ATRÁS.  
 
 
  DE MAURA A PRIMO DE RIVERA.  
 

En palabras de Carlos Seco Serrano: "La imagen política de don José Sánchez Guerra se ha visto velada, en su trascendencia histórica, por dos circunstancias; la que, unido a Dato, le vincula a la crisis del maurismo, en 1913; la que le identifica con la crisis de la Monarquía, en 1930. En ambos casos es preciso dejar a salvo la honestidad del personaje, nunca guiado por afanes de medro personal ni por ambición de mando, sino por convicciones ideológicas..."

Natalio Rivas, personaje que conoció a José Sánchez Guerra profundamente, lo describe de esta manera: "Tenía defectos -¡quien no los padece!-, pero lo mismo en la vida política que en la privada, observó una conducta singularísima. Sujeto siempre a error, cuando encontraba definido lo que él creía su deber, no vacilaba, no había nada que le desviara de lo que juzgaba el camino recto. Erró en varias ocasiones, pero nunca guiado por intereses menudos; la buena fe siempre fue su compañera. Los hombres políticos de mi tiempo, tan injustamente juzgados por las nuevas generaciones, siempre procedieron con laudable desinterés, pero alguna vez cedieron a las sugestiones de la intriga, la conveniencia o la comodidad. Sánchez Guerra no pecó jamás a este respecto."

La primera acción y objetivo de Sánchez Guerra era la de normalizar la difícil situación política del país poniendo fin al estado de excepción y la situación de la ciudad de Barcelona -donde debían de restablecerse las garantías constitucionales, suspendidas tiempo atrás-.

CARROS DE COMBATE EN ÁFRICA.

En lo referente al conflicto de Marruecos la mayoría de los partidos del momento pedían la repatriación de las tropas inmediatamente, o lo que es lo mismo, el abandono del Protectorado. Sánchez Guerra, que defendía la presencia española en África, buscó una salida intermedia; continuó con las acciones de reconquista pero abandonó la idea de un desembarco en Alhucemas -aunque este pudiera ser definitivo para concluir el conflicto marroquí- ante la posibilidad de que este resultara un fracaso y pudiera convertirse en una nueva matanza de tropas españolas.

Esta actitud de Sánchez Guerra no contentaba a nadie, los militares la miraban con recelo pues lo que realmente pretendían era continuar con su campaña de reconquista y afianzar las posiciones españolas en el Rif, tampoco a los que reclamaban la repatriación de las tropas quienes seguían abogando por el abandono total del Protectorado.

Ardanaz, sucesor de Sanjurjo como Comandante General de Melilla, logró pacificar la dificil zona de Beni bu Yhay, sin embargo, y pese a los innegables avances por la zona, Abd-el-Krim continuaba mostrándose intratable con sus intrépidas acciones contra los intereses españoles, como el hundimiento del vapor correo "Juan de Juanes" -bombardeado desde la costa- o el cañoneo del islote de Alhucemas o el Peñón de Vélez.

Mientras estos hechos ocurrían, Berenguer continuaba avanzando por la zona occidental. Los generales Sanjurjo y Marzo y el coronel Serrano consiguen la toma de Tazarut, la capital de El Raisuni, aunque para ser ciertos y no faltara la verdad habría que señalar que la total sumisión de la rebelde zona de Yebala estaba muy lejos de producirse.

Sin embargo, aunque los avances por el Protectorado eran evidentes, la lucha política continuaba en la península, donde los grupos contrarios al gobierno exigían el presto estudio del Expediente Picasso por parte del Parlamento para determinar las responsabilidades ocurridas en Annual.

Un factor un tanto inesperado, pero no por ello menos preocupante, comenzaba a tomar cuerpo rápidamente fomentado por una acosadora campaña de prensa. Si en un principio había sido el general Dámaso Berenguer el blanco de las culpas de lo sucedido en África, ahora las responsabilidades apuntaban mucho más alto, al mismo soberano, según los planteamientos formulados meses atrás, en el Parlamento, por Indalecio Prieto.

EL GENERAL SANJURJO EN LAS OPERACIONES AFRICANAS.

Sánchez Guerra pensó que un acercamiento de un intelectual tan reconocido como Unamuno a la figura regia serviría de contrapeso a algunas lenguas antimonárquicas, lo peor de todo es que el filósofo y escritor vasco se sentía, posiblemente por algún malentendido, relegado por Alfonso XIII -al que incluso culpaba por su cese como rector de la Universidad de Salamanca-.

Buscando una posición reconciliadora Sánchez Guerra pidió a Romanones para que mediase entre Unamuno y el soberano con el fin de conseguir el propósito deseado. Finalmente se consiguió el anhelado encuentro y, aunque no fue un triunfo rotundo, si abrió la puerta para que el Rey comenzara a relacionarse con la más alta "aristocracia" intelectual del país; Marañón, Cajal, Ortega y Gasset, Baroja etc -de esta serie de reuniones salió, como una de las consecuencias más conocidas, el viaje que el propio Alfonso XIII realizó a la zona de Las Hurdes, después de haber escuchado los comentarios que sobre esa zona extremeña le hiciera el doctor Marañón-.

El siguiente paso en los planes políticos de Sánchez Guerra era la complicada cuestión castrense, y más específicamente el de plantar cara al eterno conflicto de las Juntas Militares -un problema que llevaba demasiado tiempo sin solución y que afectaba directamente a toda la milicia-, para ello decidió viajar junto con el Rey Alfonso XIII al lugar donde estas habían nacido y desarrollado, en donde todavía tenían una fuerza considerable; la ciudad de Barcelona.

     
  ALFONSO XIII EN LAS HURDES.  
     

En un principio, y para evitar cualquier tipo de suspicacia, la visita no fue calificada como militar sino encubierta por un simple viaje a la ciudad condal con el fin de conocer los problemas de la población de primera mano -algo parecido a lo que ya hiciera el soberano en Las Hurdes-. El primer día de la vista el monarca se reunió con las altas autoridades políticas de la ciudad y no fue hasta el segundo cuando acudió a un banquete militar, banquete al que le acompañaba Sánchez Guerra.

Cuando llegaron los postres Primo de Rivera levantó su copa para hacer un brindis por la "inquebrantable adhesión a la corona y a la patria de la guarnición de Cataluña". Alfonso XIII tras hacer un somero repaso de los acontecimientos ocurridos en África concluyó diciendo: "No os pido más que os acordéis de que todos nosotros somos oficiales del Ejército español y tenemos unas ordenanzas que estamos obligados a cumplir y una disciplina que observar"

El mensaje del monarca estaba no claro sino cristalino, las reglas que los militares habían jurado observar, recogidas en las ordenanzas, suponían que no podían tomar ningún tipo de iniciativa, y menos cuando estas podían poner en peligro el orden y la disciplina, cuando no el propio estamento militar. El mensaje estaba claramente dirigido a las Juntas, para que se atuviesen al estricto cumplimiento de las ordenanzas.

Hubo quejas desde algunos sectores por la posición que tomó el gobierno e incluso el mismo Lerroux aseguró: "El acto de Barcelona solo se explica por el hecho de que el Gobierno, sin valor para disolver las Juntas, se escudó en el Rey." Por otra parte los conservadores aplaudieron las palabras del monarca e incluso Sánchez de Toca, presidente del Senado aseguro que: "[...] las palabras del soberano debieran ser esculpidas en bronce."

El general Burguete sustituyó a Berenguer en la Alta Comisaría cuando el segundo fue encausado por los resultados del Expediente Picasso. Burguete iba a tomar una serie de decisiones no demasiado oportunas para los planes de España en su Protectorado. Carlos Seco Serrano escribe: "Pero Burguete iba a hacer retroceder la situación, reiniciando negociaciones con el viejo caudillo [el Raisuni]; negociaciones que culminarían mediante un acuerdo que solo en apariencia cabía entender como satisfactoria. España devolvía al Raisuni Tazarut, a cambio de su promesa de abstenerse de toda acción política, garantizando la sumisión de Beni Arós, Beni-Said, Sumata y Beni Ysed. Recibiría una fuerte indemnización y el pago de las mensualidades que le hubieran correspondido por su "mehala" [en Marruecos, nombre que se daba al cuerpo de ejército regular. N.A.] También en el Marruecos oriental acudió Burguete a procedimientos "diplomáticos": el 21 de septiembre se entrevistó en Málaga con el ex Sultán Muley Hafid, a fin de que este actuase como mediador con Abd-el-Krim para la devolución de los prisioneros. Era desconocer los sentimientos que ambos hombres se profesaban, la gestión de Burguete no dio resultado alguno..."

Marruecos volvió a la primera página política por cuestiones diferentes; se descubrieron irregularidades en la Comandancia de Larache, irregularidades de más de un millón de pesetas "descuidados" en Intendencia, por lo que se reabrieron las batallas dialécticas entre Junteros y Africanistas.

Otro problema con que contaba el gobierno era la situación política de Barcelona. Habían trascurrido siete meses desde que el nuevo gobierno había restablecido las garantías constitucionales, y ese hecho había sido ignorado por el gobernador de la ciudad condal, el general Martínez Anido, que gobernaba la ciudad al margen de la legalidad vigente. La destitución por Sánchez Guerra del general Martínez Anido, reemplazado por el general Ardanaz, abrió una dura crisis política.

Abraham Reolid señala: "La destitución de Martínez Anido fue el preludio de otro golpe de efecto ejecutado por Sánchez Guerra: la supresión de las Juntas Militares (o Comisiones Informativas). El gobierno informó a los diferentes capitanes generales del hecho y avisó de las consecuencias que se podrían derivar si no se cumplía su mandato. Quedó así extendida formalmente la partida de defunción de las Comisiones Informativas, herederas de las Juntas de Defensa. Sin embargo, los que pensaran que con esto había concluido la actividad política de los militares estaba muy equivocado"

SÁNCHEZ GUERRA.

La llegada del Expediente Picasso a las Cortes propició posturas enfrentadas, por un lado los conservadores negaban la existencia de responsabilidades políticas, el Bloque Liberal aseguraba que el gobierno de Allendesalazar debía someterse a la cuestión de las responsabilidades porque sí que las había, Indalecio Prieto -de la minoría socialista- pedía la separación del Ejército del general Berenguer -y de algunos otros militares-, actuar contra el gobierno de Allendesalazar, clausurar las Academias militares, prohibición de los tribunales de honor, disolución del Cuerpo de Intendencia y derogación de la Ley de Jurisdicciones, que permitía a los militares juzgar una serie de delitos "contra el Estado" . Por supuesto que en su línea, Prieto atacaba a la figura del Rey como responsable de lo acontecido en Annual. Según Abraham Reolid: "A Prieto poco le importó la falsificación de pruebas o la aceptación de simples rumores con tal de tratar de acabar con Alfonso XIII..." Pero fueron los catalanes quienes propiciaran la crisis, la Lliga se había decantado en un principio abstencionista en la votación, sin embargo Cambó se mostró dispuesto por apoyar las tesis de Maura en el último momento: "He de decir, señores diputados, que el señor Maura me ha convencido plenamente [...] Esta minoría no solo suma sus votos a un acuerdo de acusación, sino que concreta su acusación al Gobierno que regía los destinos de España cuando ocurrió la catástrofe de julio."

Dos ministros del gobierno Sánchez Guerra dimitieron al haber pertenecido anteriormente al gobierno de Allendesalazar, el presidente planteo la crisis aunque el Rey le confirmó en el poder. Sin embargo, era imposible una continuación prolongada de la situación y Alfonso XIII empezó a pensar en una combinación Maura-Cambó para tratar de sacar adelante los problemas que estaba generando el Expediente Picasso. Sin embargo algo tuvo que ocurrir, posiblemente el rechazo de Maura a las pretensiones del monarca para que el soberano recibiera solamente a Cambó.

El propio político catalán escribió: "El 30 de noviembre de 1922 me llamó el Rey. En la larga conversación que tuvimos, me explicó la situación deplorable del país, la debilidad del gobierno y los síntomas de descomposición que se presentaban. Recordó con grandes elogios mi gestión tanto en Fomento como en Hacienda, y dijo que había dado a los dos Ministerios una sensación de competencia y de autoridad como ningún otro Ministro desde que él había llegado a la mayoridad. Dijo que no tenía confianza más que en mí, porque Maura ya estaba viejo y caído, y que creía que yo era el único hombre capaz de salvar el país. Él quería darme el poder total, para que gobernase con Cortes o sin Cortes, en el momento que me estorbasen. Estaba dispuesto a jugarse su suerte con la mía, pero con una sola condición, que yo debía de dejar de ser el líder de las aspiraciones catalanas, que debía de domiciliarme en Madrid y no sentirme más que español porque toda solidaridad mía con Cataluña me creaba una hostilidad en el resto de España..."

     
  LOS MOROS LLAMABAN A LA AMETRALLADORA LA "FUSILA LOCA".  
     

Pero el soberano, como ha ocurrido en otras ocasiones, no entendía en absoluto la posición del líder catalán, Cambó no era un independentista, era un nacionalista que luchaba contra el eterno problema centralista de España. El catalanismo de Cambó contenía una visión de toda España. En palabras de Abraham Reolid: "La visión política de Cambó contemplaba una España con Cataluña y no una España a costa de Cataluña..."

Cambó entendió la propuesta real como un insulto intolerable; "salí del palacio indignado contra el Rey". Su catalanismo inquebrantable no podía consentir las imposiciones del monarca. Según el propio interesado fueron esas palabras las que le llevaron a tomar la posición política que hundiera al conservadurismo "para devolver al Rey la bofetada" y que permitió llegar al poder a los liberales.

Mientras que en Marruecos se trataba de poner fin a las operaciones militares "en términos de dejar a salvo el prestigio del Ejército" antes de traspasar el control del Protectorado a manos civiles, en la península los políticos hablaban de reformas de la Constitución, de reformas agrarias, de repatriar las tropas de África, de la crisis económica, del creciente nacionalismo catalán, del Expediente Picasso y sus repercusiones políticas... El estado del país era de profunda crisis.

Después de tres años de gobierno conservador, los liberales volvían al poder de la mano de García Prieto en el mes de diciembre de 1922. El programa que trataron de desarrollar era sin duda el más democrático y de corte avanzado que hasta ese momento se había diseñado, en donde se incluía la democratización del Senado, la tolerancia religiosa, el cambio de dirección en la política del Protectorado. Asimismo, el gobierno presidido por el marqués de Alhucemas tomó la valiente decisión de esclarecer, por medio de una comisión, las zonas oscuras que el informe Picasso no había podido abordar por prohibición de los gobiernos conservadores.

GOBIERNO DEL MARQUÉS DE ALHUCEMAS.

No contentos de haberse puesto a los militares en contra, el gobierno del marqués de Alhucemas se enfrentó también directamente con el estamento eclesiástico al enmendar el artículo 11 de la constitución, que como consecuencia hacia perder peso y poder a la Iglesia -por ejemplo se la prohibía vender sus tesoros artísticos que ahora pasaban a ser Patrimonio del Estado-. Estas acciones de gobierno provocan agrias protestas hacia García Prieto desde el bando de la derecha, protestas que se acentuaron cuando el gobierno modifico el arancel proteccionista de 1922 y por negarse a declarar la ley marcial en Cataluña para controlar el sindicalismo de la CNT.

El rescate de los prisioneros españoles de Abd-el-Krim fue uno de los pocos soplos de aire tibio de la época, de momento, fue acogido con general aplauso pero "conocidos el trato y las vejaciones de que los prisioneros liberados habían sido víctima a lo largo de su cautiverio, esa misma sensibilidad del español medio volvió a quedar a flor de piel, y esta vez en sentido inverso al que había animado las felicitaciones al Gobierno."

La situación en Marruecos llegó de nuevo al límite en verano de 1923. Tizzi Azza era la llave de las posiciones españolas en la Comandancia de Melilla, si los rifeños lograban hacer ceder aquel punto bien podrían conseguir otro Annual para el ejército español. La posición comenzó a sufrir una serie de duros ataque por las fuerzas de Krim, ataques que fueron repelidos "los soldados españoles describieron más tarde el campo de batalla como un infierno de fuego y acero"

     
  AVANCE POR EL RIF.  
     

Tras la pertinaz defensa de Tizzi Azza -donde Franco acabó siendo condecorado- Abd-el-Krim envió a algunos emisarios a Melilla proponiendo establecer conversaciones de paz, esperaba que los españoles cansados de combates estarían de acuerdo con una salida negociada de Marruecos. En junio, representantes españoles y rifeños se reunieron en un buque español frente a la costa de Alhucemas para tratar de negociar el asunto del Rif. España informó a los representantes de Krim que en ningún caso estaba de acuerdo con la independencia de la zona, no la aceptaba ni la aceptaría, pero a cambio ofrecía cierto grado de autonomía económica y administrativa. La respuesta de Abd-el-Krim tampoco dejó dudas: "Nunca hemos reconocido este Protectorado, y jamás lo reconoceremos. Nos negamos a ello de una vez y por todas, Deseamos ser nuestros propios gobernantes y mantener y preservar nuestros derechos legales e indiscutibles. Defenderemos nuestra independencia con todos los medios a nuestro alcance y elevamos nuestra protesta ante la nación española y ante su inteligente pueblo, quien, creemos, no discute la legalidad de nuestras demandas..." Poco después a estas palabras por parte del rebelde rifeño las conversaciones de paz se daban por concluidas y las tropas españolas reanudaban sus operaciones militares por el Rif.

Presionado por todas sus acciones de gobierno y por todas partes, el Marqués de Alhucemas presenta su dimisión el 3 de abril de 1923 pero el monarca le encarga que forme otro gabinete, que se prolonga con muchas dificultades hasta septiembre, fecha en la que Primo de Rivera, capitán general de Cataluña en aquellos momentos, da un golpe de estado, suspende la Constitución e impone una dictadura militar.

El historiador hispanista Gordon Brudge escribe: "El gobierno de García Prieto fue una gran ocasión perdida para la implantación de una auténtica democracia española al nivel de otras ya existentes en el resto de Europa. La vieja maquina estaba en disposición de ser sustituida por una nueva corriente regeneradora en la política, economía y la sociedad del momento. Por supuesto, esa obra requería importantes cambios, la Constitución demostraba a simple vista que no era una herramienta util al servicio político, esta debía ser reformada cuando no cambiada íntegramente, lo mismo ocurría con el Parlamento, disolver las cortes conservadoras era una labor que debía haberse realizado de inmediato. El fracaso político de García Prieto hundió a España en la dictadura de Primo de Rivera y abrió las puertas a la caída de Alfonso XIII y posterior llegada de la República."

     
   
     
     
     
     
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