Universidad de Barcelona de Geografía e Historia  

 

 
 

 

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      ATRÁS.  
 
 
  EL PUÑO CERRADO .  
 

El texto seleccionado es de Vila San-Juan, de su libro "Lo que no tiene nombre. Crónicas de Marruecos". Nuestro escritor fue cronista del hoy desaparecido periódico "El Noticiero Universal" de Barcelona, durante la Campaña de Marruecos. El tono y la forma del escrito pueden llamar un tanto la atención del lector, ni que decir tiene que éste debe ponerse a la altura de las circunstancias y comprender que estos textos fueron escritos en la década de los 20 del siglo XX y las cosas desde entonces han cambiado mucho.

 

"He aquí una nueva hazaña de Abd-el-Krim. Este jefe rebelde que pretende pasar por diplomático, que manda notas a la prensa extranjera alegando sus derechos de independencia, que contesta a cuantas cartas se le envían y que se apresura a desmentir, muy indignado las informaciones de los corresponsales de guerra cuando no conviene a sus intereses, ha ordenado el fusilamiento del capitán de Estado Mayor don Sigfrido Sainz, del comandante de caballería señor Gómez-Zaragoza y del capitán de artillería señor Correa, prisioneros de la jarka rebelde en el campamento de Aydir.

El capitán don Sigfrido Sainz fue el autor de la carta que dio lugar a los incidentes ocurridos en Melilla, con motivo del rescate de prisioneros.

La noticia del fusilamiento de los tres citados oficiales, no se ha confirmado, pero lo abonan los siguientes datos:

Se sabe que desde hace tiempo estaban separados de los demás prisioneros los comandantes Villar y Gómez-Zaragoza y el capitán Sainz, quienes lo hicieron saber así a sus familias respectivas, no dando noticias más que de ellos tres.

A raiz de la muerte del comandante Villar todos los prisioneros escribieron a sus familias que se hallaban bien, pero los señores Gómez-Zaragoza y Sainz no lo hicieron, lo cual confirma la noticia de su muerte.

Noticias de hoy recibidas por diferentes conductos obligan a ser pesimistas y en algún centro oficial, se daba por cierto el fusilamiento de los tres cautivos.

Un movimiento de indignación popular, lógico y justiciero, ha acogido la noticia, y no hay otra palpitación en toda España en la hora que escribo estas cuartillas que las del odio a Abd-el-Krim.

Es justo.

La cobardía de este caudillo rifeño que a través de toda esta etapa de la guerra, ha sabido dirigir sagazmente no solo la lucha sangrienta, sino la fría y calculada de las oficiosidades y trabajos de zapa, sin dar jamás la cara ni aventurarse a correr al azar de un peligro, ha llegado con estos torpes fusilamientos al límite más inconcebible.

Porque los tres militares que, dignamente, bizarramente -hagámosles el honor que quizás no pudiéramos extender a otros cautivos- cayeron prisioneros en poder del enemigo, tras combatir como valientes y exponer mil veces su vida en ocasiones bien críticas, era algo simbólico en esta guerra donde tanto tenemos todos que aprender.

PRISIONEROS ESPAÑOLES DE ABD EL KRIM.

Se les ha ido a buscar a su cautiverio para hacer de sus cadáveres un banderín. No intentaron fugarse, no faltaron a las leyes del prisionero, no dieron motivo a una sola represión. ¿Por qué se les fusila?...

Desde hace varios días viene tomando incremento en la opinión, en los círculos políticos y en la prensa de toda España que el rescate de los prisioneros se hace cada día más difícil por las brutales exigencias dele enemigo y el decidido empeño del gobierno de no soltar un céntimo, como anunció el presidente en el Senado. La horrible idea del abandono de los cautivos ha ido delizándose poco a poco entre políticos partidarios de la penetración pacífica y duradera -ellos tendrán sus razones- y ha llegado hasta el pueblo en forma de tal presentación, que ha habido un momento de duda.

Y Abd-el-Krim abandonando su ropaje hipócrita de jefe del Ejército que blasona en defender un ideal, se ha despojado de su careta y ha dicho de un modo indudable hasta donde llega su avaro cinismo. Fusilando a los tres pretigiosos oficiales ha sacudido el corazón de España enseñando bajo el sol, la entraña viva de sus ambiciones.

Porque todos nos hemos dicho lo mismo, al leer la trágica noticia: Así irán cayendo todos.

Y tal vez cuando la política se resigne "patrioticamente" a dar los millones codiciados, solo puedan servir para rescatar un puñado de huesos y carne putrefacta, roto torpemente por un grupo de salvajes.

Este fusilamiento es algo que escapa al poder humano basado en el desprecio.

Indigna y apena, porque no es ese el final que merecen los hombres que lucharon por su Patria noblemente; porque no cabe en corazón alguno que pueda España asistir impasible al espectáculo de esta fiera que se titula jefe de jarka y paulatinamente va escogiendo sus víctimas apartándolas, enfermándolas, gozando luego en machucar sus cráneos ante un muro de piedra que un día sostuvo en alto la bandera española.

Se habla estos días de un avance final, de una posible terminación de la guerra. Yo soy el primero en aplaudir el proyecto y aquí he venido sosteniendo la absoluta necesidad de cortar esa sangría, por la que desaparece toda la sangre joven de España; pero no es posible, decorosamente, terminar esta guerra sin castigar con mano firme, con puño cerrado, enérgico y vengador -santamente vengador- al salvajismo de que durante toda la campaña se ha hecho gala en campo enemigo.

En toda España quien como un solo hombre levanta su puño cerrado, pidiendo venganza al leer estas crueldades que simboliza el último fusilamiento de los señores Sainz, Gómez-Zaragoza y Correa, para los que todo patriota debe teber hoy y siempre, un recuerdo de gratitud porque dieron generosamente su sangre por todos nosotros, que juntos constituímos la Patria.

Y este puño cerrado, Dios haga que halle motivo de paz y que desesperado de no alcanzar justicia, no decida hacerlo por sí mismo, no solo en campo enemigo, sino en el propio."

 
 
         
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