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Universidad de Barcelona de Geografía e Historia |
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FILIPINAS, LA GUERRA OLVIDADA . |
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Ya hemos visto que el año 1898 resultó nefasto para España, en él se perdieron los últimos restos coloniales de lo que fue uno de los Imperios más grandes jamás conocidos. El golpe más duro fue, sin duda, la pérdida de la isla de Cuba, la colonia más querida para los hispanos -probablemente por ser una de las primeras-, pero junto a las posesiones antillanas se perdió también otro archipiélago; Filipinas.
Muchos la han llamado "la guerra olvidada" porque cuando se recuerdan los sucesos del año 98 parece que en ese archipiélago no pasó nada o que incluso no perteneciera a España en aquellos momentos, posiblemente la rápida americanización del archipiélago -prácticamente nadie habla castellano en el territorio, aunque de una manera un tanto simbólica siguen manteniendo los nombres en ese idioma- ha propiciado el alojamiento, no solamente físico, sino cultural sobre la antigua colonia. |
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En el siglo V (después de Cristo) una mezcla de culturas relativamente homogéneas dio como resultado una nueva civilización filipina. Comerciantes procedentes de lugares tan lejanos como India se convirtieron en visitantes frecuentes de las islas. Las influencias del Próximo Oriente, de la India y de China trajeron muchos cambios en la economía y en la vida social. Se empezaron a desarrollar varias industrias primarias -minería, metalurgia, explotación forestal- y se introdujeron el oro y las monedas como sistema de cambio comercial. En el siglo XII, el poderoso reino de Sri Vijaya, con base en Sumatra, aportó una influencia considerable a Filipinas. A principios del siglo XIII, el Islam se extendió por las islas meridionales del archipiélago y se estableció firmemente en ellas. La dinastía china Ming mantuvo relaciones comerciales y diplomáticas con las islas a lo largo del siglo XV. |
La primera noticia que tuvieron los españoles de que existían enormes archipiélagos de islas en el Pacífico fue gracias a la vuelta que el portugués Fernando de Magallanes hizo alrededor del mundo. En el siglo XVI y gracias a la contumaz idea de buscar una ruta hacia oriente los españoles llegaron hasta esas aguas, así fue como ese marino descubrió esas islas en 1521, aunque para ser ciertos hay que decir que fue Elcano el que dio noticia de la situación de esas islas ya que Magallanes murió durante la travesía.
El deseo de tener una base española cerca de las tierras de las especies motivó a los españoles a mandar una expedición de 380 hombres y una flotilla de cinco galeones y fragatas al mando de Miguel López de Legazpi, que fue nombrado "Adelantado" por el virrey Luis de Velasco.
Legazpi desembarcó en Bohol en 1565 y estableció la autoridad española en la isla de Cebú -tomando posesión de las Islas de Poniente- . La escasez de alimentos le obligó a buscar nuevos asentamientos, por lo que Legazpi extendió el control español sobre gran parte de Filipinas (con la excepción del archipiélago de Sulú y la isla de Mindanao). La división existente de los distintos pueblos le permitió derrotar a los jefes locales uno por uno. En 1569 fue nombrado gobernador y capitán general de Filipinas. Legazpi demostró ser un competente y activo administrador de la nueva colonia. Introdujo el sistema de encomiendas aplicado por los españoles en las colonias americanas y fomentó las relaciones comerciales con otras zonas, en especial con China. Los españoles introdujeron el catolicismo en el archipiélago inspirados por el capellán y sobrino de Legazpi fray Andrés de Urdaneta. En 1571 Legazpi marchó a Luzón, destacado enclave comercial, que cayó bajo su dominio y el 24 de junio fundó formalmente la ciudad de Manila, desde donde España gobernaría Filipinas durante más de 300 años.
No tardó en consolidarse una vía marítima entre Filipinas y la Nueva España (las colonias americanas), el llamado "Galeón de Manila", una ruta regular que unía, desde finales del siglo XVI, Acapulco con la ciudad filipina de Manila. Durante dos siglos estos barcos transportaban a oriente la plata y el oro americano y regresaban con las especies y la seda procedentes de aquellas lejanas tierras. |
Magallanes dio el nombre de islas de San Lázaro a las Filipinas, la actual denominación la toman de un navegante llamado Ruy López de Villalobos, que las rebautizó así durante una de las expediciones fallidas al archipiélago. El nombre fue impuesto en honor del entonces Príncipe de Asturias y futuro Felipe II.
Desde un primer momento se estableció en las posesiones de Filipinas una extraña dualidad, muy diferente del resto de colonias de Nueva España, que controlaba el archipiélago. La dirección de la capital y, posteriormente, de todas las islas conquistadas se dejó en manos de la administración religiosa que actuaban en ellas como misioneros, mientras que la política y el Estado continuaba en manos del Rey.
Cuando el soberano español repartió las tierras de la nueva colonia -las llamadas "encomiendas", derechos otorgados a algunos súbditos españoles para beneficiarse del trabajo y de los impuestos de los indígenas- los más beneficiarios fueron los eclesiásticos lo que motivó que se despertara un intenso odio hacia los sacerdotes -muchos de ellos fueron torturados hasta la muerte por parte de los tagalos (principal pueblo indígena de Filipinas) castigándoles por su avaricia-. |
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Para hacerse una somera idea del poder que llegaron a tener la Iglesia en Filipinas solamente hay que comprobar que en el año 1901 los eclesiásticos poseían la mitad de Manila y acumulaban 400.000 hectáreas de regadío. Pero aunque tenían realmente el poder económico del archipiélago no controlaban el comercio, este se dividía en dos ramas, por un lado estaba en manos de los comerciantes chinos y, por otra, en las cuestiones de intercambio con la metrópoli, este corría a cuentas de los barcos del rey, que como hemos dicho, realizaban la ruta del "galeón de Manila".
España sabía perfectamente que los Estados Unidos habían puesto sus ojos en la isla de Cuba, temiendo que tarde o temprano sucediese lo peor comenzó a desviar sus inversiones de las Antillas hacia Filipinas, donde se pensaba que a los americanos no se les había perdido nada (todo un derroche de previsión hispana). El propio ministro de Marina aseguro que la recolonización de las islas Filipinas "era indispensable para España. [...] se abrían las puertas de un imperio marítimo, fuente inagotable de prosperidad y de riqueza".
En 1869 se produjo un hecho muy significativo que parecía alentar las esperanzas de España, en ese año se inauguró el canal de Suez. A partir de ese día el viaje entre España y Filipinas duraba entre veinte y treinta días -siempre dependiendo de los temporales y otras circunstancias puramente metereológicas-. Barcelona fue el puerto beneficiado con el comercio filipino pues a él llegaban todos los productos del archipiélago.
Las esperanzas que tenían los españoles en Filipinas tenían una sólida base. Las islas tenían un poder adquisitivo similar al de Japón de manera que los productos españoles también podían ser vendidos sin problemas en el archipiélago, cosa que no ocurría en las islas de Cuba y Puerto Rico. Una muestra de los planes de España fue la fundación, en 1851, del Banco Español Filipino, primera entidad financiera moderna del continente asiático. |
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Los españoles no habían tenido graves problemas con los filipinos, había habido pequeñas insurrecciones, más de carácter social que por razones independentistas -incluso había regimientos de tropas filipinas que combatían regularmente con el ejército español- pero nada realmente importante. Las razones del nacimiento de las ansias de independencia debemos de buscarlas en varias fuentes. La principal de todas ellas era que los filipinos ansiaban ser considerados ciudadanos normales, con los mismos derechos y deberes que el resto de los españoles. La poca perspectiva histórica de los diferentes gobiernos de España, perspectiva que, aun hoy está plenamente vigente, pues siguen sin ver más allá del centro de la península, motivó un sentimiento de rechazo especialmente por parte de los Tagalos. El descontento por la exclusión se comenzó manifestando por la creación de asociaciones de carácter autonomista. |
De esta manera nació en 1892 la moderada Liga Filipina, fundada por José Rizal. Este político e intelectual pretendía que el archipiélago abandonase las leyes coloniales y se integrase plenamente en las instituciones españolas. Otras tomaron una vía más radical, como la "Venerable Sociedad Suprema de los Hijos del Pueblo", conocida por "Katipunan", se trataba de una sociedad secreta de marcado corte independentista que no desestimaba en ningún momento utilizar los medios violentos para conseguir sus fines. Su líder era Emilio Aguinaldo y sus objetivos eran: "[...] luchar por la soberanía de Filipinas, promover una sociedad más solidaria y defender y extender los valores democráticos."
En el año 1896, los tagalos se sublevaron inesperadamente y comenzaron una guerra de guerrillas contra los españoles. En un principio el gobernador de Filipinas, general Blanco, no dio demasiada importancia a la revuelta pero al llegar hasta él informaciones donde se demostraba que la conspiración estaba muy ramificada y alcanzaba a banqueros, sacerdotes, ricos propietarios tagalos etc, mandó que se efectuasen numerosas detenciones.
La respuesta española, con su guarnición de 14.000 hombres -entre Ejército de Tierra, Guardia Civil y Carabineros, a los que había que sumar 3.000 de la Armada-, fue innecesariamente dura. Entre las injusticias que se llevaron a cabo destaca la de José Rizal, que fue acusado de colaborar con el "Katipunan", detenido, juzgado y fusilado por las tropas coloniales. Esta muerte supuso un tremendo equivoco que perjudicó directamente a los intereses españoles pues lo único que consiguió fue que los autonomistas moderados se convirtieran en independentistas radicales. |
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Las noticias de la revolución en Cuba avivó la llama del independentismo. El general Blanco ordenó el estado de guerra en todo el archipiélago y alistó urgentemente "Batallones de Voluntarios" entre los españoles que vivían en Manila. Sin embargo, y aun contando con tropas llegadas desde la península, la situación parecía imposible de dominar. El general Blanco, que había demostrado su incapacidad a la hora de contener la rebelión es sustituido por el general Polavieja.
El nuevo militar comenzó su paso por las Filipinas con una dura política de represión, donde las detenciones indiscriminadas, los Consejos de Guerra sumarísimos y los fusilamientos se multiplicaron. Aunque la guerrilla estaba mal organizada, peor armada y dividida tenían zonas prácticamente bajo su control, como la isla de Luzón e incluso habían, en un acto más simbólico que real, proclamado la República de Filipinas el 31 de octubre de 1896.
Aunque la política del general Polavieja es efectiva y comienzan a recuperarse territorios antes dominados por los rebeldes, su política excesivamente dura no está bien vista en las altas esferas, convirtiéndose en blanco de innumerables críticas, de manera que, cansado de las mismas, dimite de su cargo de gobernador de Filipinas. Le sucederá el general Fernando Primo de Rivera, que desde un principio comprende la necesidad de negociar para llegar a un cese de las hostilidades.
Primo de Rivera (1) pretende utilizar toda la mano izquierda que sea posible y, aun sin demostrar debilidad, ya que persistieron las operaciones militares en la zona, prometió a los rebeldes iniciar un profundo proceso de reformas entre las que se encontraba la igualdad de derechos entre los nativos filipinos y los españoles peninsulares , la autonomía económica para todo el archipiélago, diputados propios en las Cortes españolas y la expulsión de las órdenes religiosas, todo eso a cambio de la rendición. |
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Finalmente, el 23 de diciembre de 1897, Primo de Rivera y los rebeldes firmaron la llamada Paz de Byakna-bató. Los líderes de la insurrección como Emilio Aguinaldo emprendieron camino al exilio, no sin antes recibir una fuerte suma compensatoria por parte del gobierno español para que pudiera garantizar su subsistencia. La paz parecía asegurada, sin embargo faltaban dos factores con los que Primo de Rivera no contaba.
Primo de Rivera solicitó de inmediato al gobierno de Sagasta que diera los pasos necesarios para que se produjeran los cambios prometidos, en un principio el ejecutivo pareció cumplir con lo pactado pero pronto se produjo un incumplimiento, aunque hay que señalar que fue por ambas partes; en algunas zonas que no se habían producido revueltas comenzaron los levantamientos y, no nos engañemos, tampoco el gobierno español estaba dispuesto a cumplir con todo lo pactado, en especial con aquello que equiparaba a los filipinos con los peninsulares. |
El otro factor al que no se había parado atención era los Estados Unidos que en plena expansión colonialista había puesto desde hacia muchos años sus ojos en la isla de Cuba y buscaba una excusa para poder adueñarse de ella..
Finalmente, el 15 de febrero de 1898 la encontró, o en opinión de algunos, la creó. El estallido del acorazado MAINE en el puerto de La Habana, fue el pretexto perfecto para los estadounidenses, que culparon directamente a los españoles de lo sucedido. El MAINE, un crucero acorazado de segunda clase, era el nuevo símbolo de la flota americana, había sido enviado desde Washington para proteger los intereses americanos en la zona, aunque el gobierno de los Estados Unidos intentaba justificar su presencia allí como si se tratara de una visita amistosa.
El MAINE llegó a su destino el 25 de enero, la prensa americana se congratulaba por su presencia en aguas españolas. El periódico "El Journal" escribía en grandes titulares: "¡Al fin nuestra bandera en La Habana!". Para el periódico "The World" el titular no variaba en el fondo, aunque si un poco en la forma: "La hora de la liberación de Cuba esta cercana." |
Los primeros días del MAINE en La Habana fueron absolutamente tranquilos, sin incidentes de ningún tipo, el barco llevaba más de tres semanas en el puerto de La Habana, su misión estaba más que cumplida -en el hipotético caso que tuviera que cumplir alguna-.
El día siguiente a la trágica explosión la consternación reinó por toda la ciudad, con cierre de oficinas, tiendas y locales en honor y en recuerdo de las víctimas. El entierro de los cadáveres frutos del desastre fue una imponente manifestación de duelo en la isla.
Estados Unidos abrió una investigación mientras que una comisión española hacia lo mismo. En el momento de establecer conclusiones, la comisión española pidió tener un intercambio de opiniones con sus colegas norteamericanos. Nada se consiguió. Cuando los españoles, temerosos de lo que se les venía encima, propusieron que un arbitraje internacional se hiciera cargo de las conclusiones, Washington también se negó en rotundo. |
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Ante las conclusiones solo cabían dos alternativas posibles, el de una explosión fortuita -como ya había ocurrido en otros barcos anteriormente como el "Oregón" y el "Nueva York" (2) - o bien por una acción exterior, fruto de una acción realizada por los propios españoles o, porque en su defecto, estos no hubieran sido capaces de garantizar la seguridad de un barco norteamericano en sus aguas.
Entretanto la prensa estadounidense se encargaba de cargar bien las tintas contra España llegando incluso a recrear, a base de dibujos, el momento en el que se colocaba una mina debajo del casco del MAINE, su posterior explosión y el hundimiento del buque. Sus objetivos se estaban cumpliendo y una ola de indignación, odio y ganas de venganza comenzaban a invadir a la sociedad norteamericana. Nueve de cada diez americanos creían en la culpabilidad de España, los vientos de guerra comenzaban a soplar alarmantemente.
El gobierno español trataba de buscar apoyos internacionales que apoyaran su tesis por la cual la explosión del barco había sido por causas internas ya que no se había encontrado rastro de ningún objeto que pudiera justificar un atentado. Todos los países contestaron afirmativamente y añadieron que tratarían de mediar para solventar de una forma pacífica las "cuestiones o diferencias" que pudieran separar a los Estados Unidos y a España y, aunque bien es cierto que las potencias europeas mandaron una nota a los Estados Unidos para que reconsiderara su posición, a la hora de la verdad todo quedó reducido a un acto de buena voluntad, sin mayor trascendencia.
La guerra contra España estaba decidida y finalmente estalló en sus posesiones antillanas. |
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En este contexto histórico, crítico para la supervivencia de España, el cónsul norteamericano en Singapur prometió la ayuda de los Estados Unidos a Aguinaldo si regresaba a Filipinas para encabezar la insurrección contra los españoles. El líder independentista no se lo piensa dos veces y regresa al archipiélago, por aquel entonces la flota estadounidense ya se estaba acercando a aguas españolas en Filipinas -la flota del extremo oriente, al mando del Comodoro Dewey, era la encargada de enfrentarse a la española-. |
El desastre de Cavite no tenemos solamente que achacarlo a que los barcos americanos fueran superiores a los españoles, había que contar también con la incompetencia española, que no supo preparar las defensas necesarias para dificultar el ataque de los Estados Unidos -ciertamente, las principales tropas y efectivos eran desviadas a las Antillas, por lo que las pérdidas humanas sufridas en Filipinas no podían ser reemplazadas por la llegada de nuevos contingentes-.
La marina norteamericana llevaba esperando este momento desde tiempo atrás, de hecho la flota había recibido una serie de órdenes para que marchara hasta Hong Kong para abastecerse de carbón ante la inminente guerra con España. Los Estados Unidos habían decidido ampliar el teatro de operaciones, que originariamente eran las Antillas, hasta las Filipinas pues este archipiélago presentaba un gran valor estratégico como punta de lanza en Asía -como quedó posteriormente demostrado en la Segunda Guerra Mundial-.
El 24 de abril, el Comodoro Dewey recibió la orden de atacar las posiciones españolas y el 27 puso rumbo a Manila. Tres días después entró en la bahía de Manila, donde la batería costera del Fraile hace fuego. Enterado de los movimientos de Dewey, el almirante de la flota española en Filipinas, Patricio Montojo, dispuso su flota en semicírculo a diez millas de la costa de Cavite. A diferencia de la estadounidense, constaba de anticuados navíos. Al amanecer del 1 de mayo y tras recibir de las baterías costeras que defendían la bahía algunos disparos de cañón que ni siquiera se aproximaron a su flota, Dewey avanzó hacia la flota española con el "Olympia" en cabeza, le seguían los cruceros "Baltimore", "Releigh" y "Boston" y los cañoneros "Petrel" y "Concord".. Rompieron fuego algunas baterías de los puertos y de los barcos españoles, pero se suspendió al ver que el enemigo estaba fuera de alcance. Con gran violencia respondieron los estadounidenses haciendo pronto blanco, destrozando las naves y diezmando a las tripulaciones. Antes de las 8 de la mañana, Dewey ordena la retirada pues cree equivocadamente que está falto de municiones. Cuando los norteamericanos continúan el ataque solamente el crucero "Antonio de Ulloa" estaba en condiciones de disparar, aunque su resistencia duró muy poco tiempo, pues fue destruido inmediatamente. Poco antes del mediodía la escuadra española ya no existía y la flota norteamericana bombardeaba el arsenal de Cavite. Media hora más tarde, el comandante general del puesto, Enrique Sostoa, enseñó bandera blanca -presionado por los cónsules extranjeros, que trataban de evitar que los norteamericanos bombardearan la ciudad y pusiera sus intereses en peligro-. Del lado español, se registraron 161 muertos y 281 heridos, algunos de ellos filipinos que combatían bajo bandera española; en tanto que del estadounidense, sólo hubo una víctima mortal además de varios marineros heridos. |
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La derrota de Cavite supuso el aislamiento físico de Manila ya que los norteamericanos con su flota tenían incomunicada a la ciudad para cualquier intento de refuerzo por vía marítima. Mientras tanto en la urbe se preparaba la defensa de la misma, se contaba con suficientes provisiones como para resistir durante largo tiempo y se esperaba que España reaccionara y mandara refuerzos, Desde el 8 de junio comenzaron los ataque tagalos, que fueron rechazados sin grandes contratiempos.
En junio se presentaron barcos de diferentes países con la intención de salvaguardar los intereses de sus súbditos en el archipiélago. El Imperio Alemán mandó a toda su flota del Pacífico, con un fuerte contingente por si había que desembarcar -Alemania ansiaba que España le cediera las islas Filipinas y el gobierno hispano estaba barajando seriamente esta posibilidad, pero las presiones británicas, que no querían ver a los alemanes dominando una de las más importantes rutas del Pacífico, abortó la operación-. Mientras que las fuerzas británicas tenían orden de apoyar a los barcos norteamericanos -El Reino Unido tenía la secreta aspiración de sacar partido de la guerra hispano-americana, y ese partido era el de adueñarse de las Islas Canarias-, la flota alemana ayudó un poco al bando español; rescatando a soldados y civiles cercados y hundiendo algún buque que enarbolara bandera filipina.
El 16 de junio, en un último y desesperado intento de salvar el archipiélago, zarpó de Cádiz rumbo a Filipinas la escuadra de reserva, mandada por Manuel de la Cámara. Tampoco era gran cosa y se reducía a dos acorazados no muy fiables -pura chatarra-, unos cuantos mercantes armados y algunas unidades menores que nada hubieran tenido que hacer frente a la armada estadounidense. Al llegar a Port-Said -Canal de Suez-, las presiones británicas, que como ya hemos señalado tenían unas pretensiones ocultas, hicieron que el Gobierno egipcio les negara el carbón y la flota se vio obligada a regresar a España. Era el final de la tenue esperanza para los defensores de Manila.
Desde el 30 de julio los combates se acentúan, los tagalos lanzan varios duros ataques sobre las posiciones españolas, ataques que son repelidos llegando incluso a la lucha cuerpo a cuerpo. Un informe nos da una idea de la dureza de los combates, en el mes de julio los españoles utilizaron 858.000 cartuchos de Mauser, 392.000 de Rémington y más de 5.500 granadas de fuego artillero.
El día 7 de agosto los mandos americanos dan 48 horas a España para que evacue a todos los civiles de la ciudad, cumplido ese plazo comenzarán el bombardeo de la urbe. La respuesta española es clara; no pueden evacuar a nadie porque están rodeados y de esta forma los civiles no pueden ir a ningún lado seguro. Dos días después el Comodoro Dewey pide que la ciudad se rinda para evitar una matanza. El mando español pide poder consultarlo con el gobierno vía telégrafo, la solicitud es rechazada.
Finalmente, aunque el día 12 ya se había firmado entre España y Estados Unidos el armisticio (en Washington), la flota americana comienza a bombardear al amanecer del día 13 las posiciones españolas que después de unas horas se rinden a los estadounidenses. El medio millar de hombres, españoles en su mayoría, que murió en la batalla de Manila lo hizo inútil e injustificadamente, cuando la guerra había ya terminado. La caída de Manila y la entrada de las tropas americanas en la capital supuso el fin de la guerra en Filipinas. |
Julián Companys escribe: "El resultado desastroso de los combates para España obligó al Gobierno español a pedir el fin de las hostilidades. El embajador de Francia en los Estados Unidos realizó las gestiones necesarias y la Administración norteamericana dio a conocer las condiciones mínimas que España debía aceptar, y que servirían de base para un futuro compromiso. Madrid aprobó las propuestas, ya que no había alternativa posible, y así se llegó al Protocolo de Washington, de 12 de agosto, que establecía el cese de la lucha y la apertura de negociaciones en París, a partir del 1 de octubre, para la firma de un futuro tratado de paz." |
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El 10 de diciembre se firmó el Tratado de París, de las Antillas se perdió absolutamente todo y por Filipinas España recibió una compensación de 20 millones de dólares. En caso que España se hubiera negado a las exigencias norteamericanas los Estados Unidos amenazaron con reanudar la guerra.
Después de una guerra rápida y de una paz vergonzosa nos queda simplemente concluir con una anécdota bien conocida por todos los amantes de la historia. Los llamados héroes de Baler, los "últimos de Filipinas".
Baler era una pequeña población filipina a 150 kilómetros de Manila en donde un pequeño destacamento de soldados españoles resistió durante casi un año (337 días) los diversos ataques tagalos parapetados en la iglesia de la población. Aunque los filipinos les comunicaban que la guerra había concluido los sitiados no les creían y se mantenían fuertes en su posición, cuando los sitiadores les enseñaban los periódicos españoles, creían que se trataba de una buena imitación. Solo se dieron cuenta de que aquella prensa era real cuando el teniente Saturnino Martín leyó una noticia sobre el matrimonio de un amigo suyo. Ante la evidencia la guarnición aceptó el deponer las armas.
Los soldados de Baler, recibidos en la península con increíble frialdad, quedaron en la memoria colectiva española como "los últimos de Filipinas", aunque para ser ciertos debemos de reconocer que continuaron llegando soldados hasta el año1902
El gobierno español, despreocupado de sus hombres, nunca supo exactamente cuantos soldados permanecieron prisioneros de los tagalos, el presidente del Senado calculaba que entre 10.000 y 12.000, pero no se atrevía a dar un número fijo, un informe filipino hablaba de 11.000. |
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Las naciones siempre tienen una guerra que olvidar, conflictos en donde no se perdona a los vencidos, aunque esos vencidos sean tus propios soldados. El gobierno de Madrid fue ruin con aquellos a los que envió a morir o al cautiverio que, cuando regresaron, les regateó las pensiones y los sueldos atrasados. Incluso se les llegó a pretender pagar en moneda filipina en vez de con dinero español. "Todos esos reveses convirtieron a aquellos soldados en seres silenciosos, doloridos y humillados y amargados, que tan solo explicaron retazos de lo que les ocurrió allá, en las lejanas selvas asiáticas." Filipinas fue el desastre español olvidado, una guerra que no se podía ganar y que tan solo dejó tras de sí una estela de muerte y frustración. |
España quedaba circunscrita una vez más al espacio europeo, situación desconocida para los hispanos desde 1492. Preguntado Sagasta sobre los aspectos del conflicto respondió de esta manera: "Fuimos a la guerra porque no teníamos otro remedio. Estábamos frente a un terrible dilema; o la guerra con todas sus consecuencias, o el deshonor, y el deshonor habría concluido con todo y con todos."
Después del Desastre del 98 surge una nueva corriente en el Estado español llamado "Regeneracionismo". Como recordaba el propio Maura en uno de sus discursos de 1902: "Tras el Desastre la palabra regeneración estuvo en todos los labios." El Regeneracionismo era una corriente reformadora de signo intelectual y político que se puso en marcha en España después de su gran crisis tras la guerra hispano-americana y que se desarrollaría hasta la Dictadura de Primo de Rivera (1923).
(1) No confundir con Miguel Primo de Rivera, el que llegó a ser dictador español en los tiempos de Alfonso XIII y padre de José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange.
(2) En aquellos años, la construcción naval, utilizando el acero, comportaba ciertos riesgos en cuanto al almacenamiento de explosivos. El aumento de la temperatura en los departamentos destinados a almacenar las municiones fueron causa de fuego y explosivos en varios barcos. |
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