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  Universidad de Barcelona de Geografía e Historia  

 

 
 

 

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  BU HAMARA /EL ROGHI.  
 

Durante el tercer periodo del califato cordobés un personaje llamado Abu Yecid, maestro de escuela, se sublevó contra los Fatimitas, haciéndose durante algún tiempo el señor de gran parte de África del norte. Fue conocido por Bu Hamara, el hombre de la burra, porque se decía que: "montaba un asno gris tan rápido que cuando cogía el trote los caballos tenían que galopar para seguirle".

Sea como fuere, y no sin problemas, Abu Yecid acabó por ser atrapado por el rey Fatimí que para castigar su rebeldía le mandó desollar vivo.

Muchos años después, acabada la guerra hispano-marroquí, aquella en la que se cubrió de gloria el general Prim y los 'Voluntarios Catalanes', durante el reinado de Sidi Mohamed, un moro que se titulaba así mismo Jarife -descendiente de Mahoma-, de nombre Chilali el Roghi, causó graves problemas en la corte del soberano marroquí. Sin embargo los problemas fueron resueltos definitivamente cuando el rebelde fue asesinado en la ermita de Muley Idris. Desde entonces los funcionarios del Majzen comenzaron a llamar "Roguis" a todos los rebeldes.

A principios del siglo XX aparece otro singular personaje, del que ya hablaremos más adelante, se rebela contra el sultán Abd El Aziz aspirando a sustituirle en el trono, ciertamente el joven sultán no reunía las condiciones necesarias para llevar las riendas de un país tan complicado como Marruecos. Muchos líderes religiosos y hombres de poder señalaban al soberano como el inductor a que los extranjeros entraran en el país y sin dilación pasaron a buscar por todas partes un hombre capaz de arreglar aquella situación.

En tales circunstancias aparece por la frontera de Argelia un personaje llamado Yilali Ben Dris Zerhuni el Yussefi que se proclamaba, como era de rigor, descendiente del profeta.

Desde el primer momento comenzó a predicar a todo el que le quisiera escuchar sobre la tibieza y corrupción del sultán y sobre los peligros de Marruecos de caer en manos extranjeras. Su fama comenzó a extenderse rápidamente por entre el pueblo, y como sigue la tradición de montar en una borriquilla, todos le llaman Bu Hamara ("el hombre de la burra"); mientras que en Fez, ciudad donde se encuentra el Sultán, se le designa como "El Roghi".

El acuerdo entre Bu Hamara y todos los descontentos se firmó rápidamente y pronto se llamó a una sublevación general contra el sultán, para convencer a los que todavía dudan se hace correr el bulo que Bu Hamara es el príncipe Muley Mohamed, primogénito de Muley el Hassan y verdadero heredero de la corona (ciertamente este príncipe debía haber sido el legítimo sucesor pero fue separado del trono a última hora por su padre en favor de su hermano).

Pues bien, Bu Hamara, con los apoyos conseguidos por todos aquellos que se oponían al Sultán logró reunir la nada despreciable cifra de unos 40.000 hombres y 30.000 caballos, toma su centro de operaciones en Tazza, donde habita en el Palacio del Gobierno.       

Abd el Aziz no da en un principio demasiada importancia al levantamiento del rebelde y sus seguidores pero después del primer descalabro sufrido por sus tropas frente a los insurgentes empieza a preocuparse y envía contra el sublevado un fuerte ejército, en un principio Bu Hamara resulta derrotado pero poco después en un ataque por sorpresa logra vencerlas completamente. Ese mismo viernes el imán lo reconoce como sultán al utilizar en las palabras de oración: "En el nombre de Dios clemente y misericordioso y de nuestro señor Muley Mohamed Ben Hassan, heredero de los mundos, que la protección de Ala sea con él..."

Abd el Aziz no se cruza de brazos, reúne 18.000 caballos y y 14.000 infantes que lanza contra el rebelde. La sorpresa es de tal magnitud que las tropas de Bu Hamara son completamente derrotadas y él mismo debe escapar a toda prisa para no caer en manos de los hombres del sultán.

Poco tiempo después El Roghi reaparece en la zona del Rif, se instaló en la Alcazaba de Zeluán y se convierte en un Señor de una importante parte de la zona rifeña. Sus primeros pasos fueron imponer el orden en su área de control e impulsar y proteger el comercio, estableció aduanas, creó una policía de fronteras, cobró tributos e hizo el primer censo de las kabilas. Declaró su amistad hacia España y sus deseos de mantener las mejores relaciones posibles con la Plaza de Melilla (mientras tanto los españoles se mantienen reservados y a la espectativa).

Al poco tiempo de su "reinado" se encontró mineral de hierro en la zona, muchos fueron los países que se interesaron en la explotación del yacimiento pero Bu Hamara, a cambio de un buen fajo de billetes, cedió la explotación al Sindicato Español de Minas del Rif , integrado por la Casa Figueroa de Madrid y la Casa Güell de Barcelona, que inmediatamente comenzaron los trabajos para la extracción del mineral.   

La posición de España no era en absoluto sencilla porque debía mostrarse "neutral" entre el Pretendiente, que había cedido la explotación de las minas, pero seguía siendo un rebelde peligroso, y el Sultán, que aunque era el que tenía el poder teórico en la zona, en la práctica no era así y las kabilas del área, inquietas, versátiles un día se sometían y otro atacaban.

En las luchas entre el Sultán y El Roghi España comenzó siendo absolutamente neutral. Las palabras de Maura son muy claras al respecto: "nada de aventuras; ni un paso ni un gesto, ni solos ni acompañados". Pero como consecuencia de algunas actitudes de El Roghi, como la de ceder a una compañía francesa una zona a tan solo ocho kilómetros de Melilla para establecer una factoría comercial que le permitiese un más sencillo contrabando de armas, España cambió su actitud hacia el rebelde.

El siguiente paso hispano fue el de tomar la Bocana de Mar Chica el 29 de enero de 1908, poco después la Restriga -terreno que iba a cederse a la compañía francesa- y el 12 de marzo la posición de Cabo de Agua, frente a las Islas Chafarinas. Ocupaciones realizadas sin la menor oposición por parte de Bu Hamara, a pesar que su prestigio, frente a los intereses y gobernantes franceses y el poder del Sultán, quedaba ciertamente mermado.

García de Obeso escribe: "Se empeñó también Bu Hamara en abrumar a Guelava y Quebdana con impuestos desproporcionados a sus posibilidades ; y en extender su poderío y fuentes de recaudación, con razzias crueles, ejecuciones e incendios de poblados, a las kabilas de Tensaman, Beni-Tuzin y Beni-Urriaguel, de gentes guerreras y celosas de su independencia, que jamás habían tributado un céntimo a nadie ni reconocido nunca la autoridad del Majzen. Los Beni-Urriaguel -que tanto iban a darnos que hacer más adelante-, acuden al comandante militar de Alhucemas pidiendo auxilio contra El Roghí y entonces el general Marina ordena al caíd Filali, que mandaba la mehala de aquél, y siempre triunfante, que no vuelva a molestarlos; y, por si acaso, envía al cañonero "Concha" con una compañía de refuerzo, como advertencia a las fuerzas roghistas. España parecía cansarse de su neutralidad."

El nuevo Sultán de Marruecos, Muley Hafid, considera que es el momento de acabar con los sueños de El Roghi, éste intentó defender "su trono" rifeño pero ante un levantamiento general quedó sitiado en Zeluán. Desesperado Bu Hamara manda un mensaje pidiendo ayuda a los españoles, éstos no contestarán. Ante este panorama no le queda más opción al rebelde que escapar.

Huido de Zeluán, El Roghi se refugió en la Alcazaba de Mesín, pero falto de recursos y hostilizado por las tropas enemigas tuvo que irse retirando continuamente. Aquí creo conveniente retomar las palabras de García Obeso: "Pero las tropas del Majzen siguieron persiguiéndoles encarnizadamente logrando cercarlos. Y aunque El Roghi se defendió con tenacidad y arrojo, fue hecho prisionero en los últimos días de agosto de 1909. [...] Bu Hamara fue conducido a Fez en una mula y cargado de cadenas. No le faltaron en el viaje insultos, burlas ni palos.. Pero como el sultán buscaba un escarmiento ejemplar, el 24 de agosto de 1909, le hizo entrar en la capital en una jaula de hierro y sobre un camello. Como si se tratase de una fiera."

La comitiva condujo a Bu Hamara hasta presencia del Sultán en un espectáculo que solo puede ser calificado de bárbaro y denigrante. Primero pasaron delante del monarca los prisioneros, que arrastraban cadenas y eran portadores de las cabezas de sus compañeros muertos en combate. Después hizo acto de presencia el camello con la jaula de hierro y dentro Bu Hamara, encogido y ensangrentado.

Muley Hafid se acercó hasta el prisionero: "¡Por fin te tengo en mis manos, maldito hijo de perra! ¿Cómo te atreviste a pasar por hermano mío? ¡Cómo osaste levantarte contra tu amo y Señor? ¿Qué sangre corre por tus venas para aspirar al trono, miserable alfaqui? Tus secuaces serán castigados con dureza y a tí te echaré a mis leones...¿Lo oyes, Yilali Ben Dris Zerhuni, que así te llamas? ¡En nombre del Islam, del Imperio y de mis gloriosos antepasados, maldito seas!"

Según unos, Bu Humara fue lanzado a los leones como le prometiera el Sultán, otros afirman que realmente fue fusilado y después su cadáver quemado y desperdigadas sus cenizas. El auténtico fin de aquel rebelde nos es hoy todavía desconocido.

Los festejos por la muerte de Bu Humara se prolongaron durante varios días, mientras sus seguidores eran asesinados o mutilados según el capricho de los vencedores y las cabezas de los partidarios muertos del rebelde colgaban de las almenas de la Alcazaba.. A tanto llegaron los excesos en las celebraciones que los países europeos presentaron una nota de censura conjunta para tratar que el Sultán concluyera con aquel trato inhumano
     
   
  LA JAULA DE EL ROGHI TAL COMO SE PRESENTABA EN EL MUSEO DE FEZ.