Universidad de Barcelona de Geografía e Historia  

 

 
 

 

Nuestrocine

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
   
 
             
 
      ATRÁS.  
 
 
  LA GUERRA DE MARRUECOS DE 1909.  
 

Los comienzos del siglo XX para España pueden resumirse en las palabras del diario de Alfonso XIII de enero de 1902, que con 16 años estaba a punto de ser coronado como monarca constitucional: "[...] Porque yo me encuentro al país quebrantado por nuestras pasadas guerras, que anhela por alguien que le saque de esta situación; la reforma social en favor de las clases necesitadas; el Ejército, con una organización atrasada a los adelantos modernos; la Marina, sin barcos; la bandera, ultrajada; los gobernadores y alcaldes que no cumplen las leyes, etcétera. En fin, todos los servicios desorganizados y mal atendidos". El lustro siguiente, de 1902 a 1907 es un periodo políticamente confuso, de gran inestabilidad gubernamental y donde los gabinetes se suceden al mismo ritmo que las crisis.

     
   
     

Debido a la política francesa España se vio arrastrada a Marruecos. esto siendo en cierta parte cierto, no es del todo correcto. España desde siempre había puesto sus ojos en Marruecos, sin embargo era muy consciente de sus limitaciones a la hora de emprender una labor tan complicada como la de dominar amplias extensiones de tierras de las que apenas se conocía nada, esas limitaciones quedaron más evidentes después de la guerra contra los Estados Unidos, donde el ejército y especialmente la marina quedaron prácticamente destruidos.

España siempre ha tenido un problema añadido al que podría tener Francia en su aventura marroquí, ese problema que tiene nombre propio y no puede extrañar a nadie es el de Ceuta y Melilla, sus viejas plazas de soberanía en África, de manera que a lo largo de la historia las relaciones entre ambos países han debido ser forzosamente directas, pasando por muy diferentes estados dependiendo del momento. A España siempre le ha interesado que la zona más próxima a sus ciudades africanas se mantuviera en calma porque de esa manera aseguraba que se mantuviera un status quo de tranquilidad en sus dominios.

     
   
     

Cuando España reconoce al Sultán de Marruecos en el año 1907 le impone, como es lógico para sus intereses, el compromiso ineludible de pacificar el rebelde territorio del Rif, aquel que se encuentra justamente junto a sus dos enclaves africanos, porque desde hacía ya algunos años un personaje conocido como El Roghi era el que dominaba realmente la zona, usurpando la autoridad del Sultán y creando una inestabilidad que no era bien vista por los ojos hispanos.

El Roghi era un farsante, mezcla de santón y agitador, que se proclamaba a si mismo como el hermano mayor del Sultán y que reclamaba para sí el trono del mismo. Las palabras de Allendesalazar, político español, son muy significativas al respecto: "Lo importante era que allí había un santón que hablaba bien, obraba milagros y estaba dispuesto a hacer la guerra contra el Sultán. No podía imaginarse nada más atractivo para los habitantes del Rif, y Bu Hamara fue inmediatamente proclamado Roghi (pretendiente) al trono de Ab-el-Aziz (el Sultán)" . El soberano marroquí, alarmado por la situación, mandó varios ejércitos con el fin de dominar el foco rebelde pero, una vez tras otra, sus tropas fueron derrotadas.

Sin embargo El Roghi, posiblemente un tanto inquieto y temeroso a nuevas acometidas del soberano, optó por retirarse hacia el profundo Rif, situando su nueva sede en la alcazaba de Zeluán, a unos treinta kilómetros de la ciudad de Melilla, con este acto cualquier autoridad que hubiera podido tener en la zona el Sultán en el pasado desapareció definitivamente. De hecho España se vio obligada a negociar con él, enfrentándose con esta postura, a una contradicción política memorable. Por una parte España había reconocido en 1907 la autoridad del Sultán, pero por otra no lo hacía al negociar con el usurpador, El Roghi, en territorio que, al menos de una forma teórica, pertenecía al todavía monarca.

Sin embargo El Roghi, viendo la clara debilidad del Sultán, no solamente se conformó con un reconocimiento por parte de España sino que dando un paso más decidido inició inmediatamente contactos con otros países extranjeros.

Una vez consolidados los contactos políticos y gracias al capital francés, uno de sus primeros pasos fue el de habilitar el puerto de la Restinga, que se convirtió inmediatamente en un centro al más puro estilo de la Isla de la Tortuga, o lo que es lo mismo, donde el contrabando (especialmente el de armas de todo tipo y nacionalidad) se convirtió en un ejercicio muy lucrativo (especialmente para algunos hombres de negocios franceses).

El puerto de la Restinga chocaba directamente con los intereses de España, primero porque era un inmediato competidor al puerto de Melilla y segundo porque alimentaba directamente los intereses de Francia en la zona, intereses que algún día los españoles pretendían explotar. Vistas y reconocidas las causas a España no le quedaba otro remedio más que hacer llegar a El Roghi un ultimátum donde se le avisaba que si no clausuraba de inmediato el puerto de la Restiga España debería de intervenir militarmente.

Un hecho iba a marcar definitivamente la política del Roghi, un barco de Marruecos bombardeó inesperadamente el puerto de la Restiga. Como era de esperar, Francia no movió un dedo ante el ataque porque ellos también habían reconocido en su momento la autoridad del Sultán en Marruecos, de esta manera el usurpador se dio cuenta que para mantener su posición en la zona debía de entenderse con los españoles y no esperar nada de Francia. Así fue como se produjo una distensión en las relaciones con España y se reiniciaron las actividades políticas y comerciales.

Mientras esto ocurría el soberano marroquí preparaba un nuevo ataque contra El Roghi con el fin de incorporar definitivamente el Rif a sus territorios. El ejército imperial, trasladado por mar, desembarcó junto a la frontera de Argelia, tratando de buscar la espalda al usurpador. Avanzó hasta los restos del puerto de la Restiga donde tuvo que frenar su avance ante las defensas que El Roghi había preparado.

Una serie de circunstancias van a ser decisivas para la historia de España y su radical cambio de rumbo en su política colonial, en primer lugar la actitud francesa, que cada vez es más clara en su posición de no respetar los acuerdos a los que las potencias extranjeras llegaron en Algeciras, por otra, la incapacidad por parte del sultanado de mantener el control de la zona próxima a Melilla. De hecho hay una circunstancia determinante, la situación del ejército del Sultán atrapado en su avance empieza a ser preocupante, tan preocupante que el 29 de marzo, después de negociar con El Roghi, los españoles consiguen que éste permita refugiarse al maltrecho ejército imperial atrapado en La Restringa, en la cercana ciudad de Melilla. La caballería española escoltará al ejército del Sultán para evitar conflictos de última hora y lo hace desarmar antes de penetrar en la ciudad.

El golpe de efecto a escala internacional ya está dado y la excusa para comenzar la penetración por el Rif, sin romper los acuerdos de Algeciras es perfecta. El Sultán se había compro metido a mantener el orden en la zona cercana a Melilla, sin embargo, como así reconocían las potencias extranjeras al conocer los hechos, su incapacidad había quedado claramente de manifiesto, habilitando a los españoles a ocupar posiciones en el Marruecos para proteger y mantener sus intereses económicos en las minas del Rif y la defensa de su ciudad africana.

Pocos días después los españoles dan una nueva vuelta de tuerca a la situación política ocupando la zona de La Restringa y poco después Cabo de Agua.

La excusa que se ofrece a las potencias extranjeras es que una vez vencido el ejército del Sultán España teme que El Roghi reabra el puerto y vuelva a dedicarse al contrabando. La intervención española es doblemente valida, pues por un lado se dedica a impedir el contrabando, manteniendo el espíritu del Acta de Algeciras, y por otro defiende el terreno que el soberano marroquí se había comprometido a guardar.

En el año 1908 el trono del Sultán Ab-el-Aziz  está en franco peligro. Su hermano Muley Hafid se ha levantado en su contra y se ha iniciado una abierta guerra civil por todo el país. En muy poco tiempo el hermano rebelde ya controla la zona interior de Marruecos. El Sultán incapaz de dominar la situación pide ayuda a las potencias extranjeras, que se niegan a actuar. Finalmente en el mes de agosto se librará la decisiva batalla entre los dos hermanos. El político español Allendesalazar nos narra de una manera sublime el desarrollo del combate: "Hubo cargas de caballería perfectamente inútiles, se corrió la pólvora por ambos lados, las facciones tribales cambiaron de bando durante la batalla, y al final se procedió al saqueo del ejército derrotado". Ab-el-Aziz , vencido, escapó hacia Casablanca, donde abdicó en presencia francesa, Marruecos tenía, por lo tanto, un nuevo Sultán.

Ahora España se encontraba frente a una encrucijada, por un lado veía frenado su tímido despliegue por el Rif con la llegada de un nuevo Sultán. La justificación española para la toma de La Restringa y Cabo de Agua se basaba en que el antiguo soberano no era capaz de mantener el orden, la llegada del nuevo ponía en entredicho la postura de España si seguía manteniendo sus posiciones militares con la zona pacificada. Por otro lado, el nuevo monarca exigía a los españoles la eliminación de El Roghi, y las autoridades hispanas eran reacias pues tenían que reconocer que este les había sido de gran utilidad y todavía podía serlo.

Finalmente las cosas se clarificaron para España casi de una manera casual. Un grupo de obreros españoles que trabajaban en Beni bu Ifrur fueron sorpresivamente atacados el día 7 de octubre por fuerzas rifeñas. El Roghi, que quería ganarse la confianza de los españoles lo más rápidamente posible (porque en ello le iba la cabeza), castigó con excesiva dureza a los responsables de la agresión, lo que motivó el levantamiento de las tribus de la zona, las mismas que lo habían aupado al poder, lo acusaban ahora de colaboracionista con los españoles. Finalmente El Roghi, ante el cariz que estaban tomando los acontecimientos, tuvo que huir del área, cosa que ahorró por el momento a los españoles muchos quebraderos de cabeza delante del Sultán.

En febrero de 1909 Alemania, viendo que sería imposible parar las aspiraciones galas, firmaba un tratado con Francia por el que reconocía los legítimos intereses franceses en Marruecos (los germanos sacaban una generosa participación en la explotación de las minas marroquíes), meses más tarde, en junio, suscribía una tratado de iguales características con España. De esta manera, salvando el escollo alemán, se daba carta blanca para la intervención en Marruecos de los dos países europeos, olvidando, como suele suceder en estos casos, lo pactado años atrás en la ciudad de Algeciras.

El Sultán marroquí había pedido ayuda directa a España para modernizar su ejército, la negativa española a las pretensiones regias motivada por los compromisos alcanzados por las potencias extranjeras en Algeciras, en donde se exigía la apertura de un concurso internacional para suministrar armas a Marruecos, provocó un cierto grado de hostilidad del monarca con los españoles, hostilidad que se vio reflejada por la actitud del mismo, una actitud que mostraba una despreocupación por parte del Sultán de lo que estaba pasando por la zona rifeña. Y lo que realmente estaba pasando es que se mantenía una total anarquía por el área, lo que obligaba a tener paralizadas las ricas minas del Rif en contra de los intereses económicos españoles. La política hispana trataba de presionar para que el Sultán se hiciera cargo de la pacificación de la zona como le comprometían sus acuerdos alcanzados con España, pero las negativas españolas a las pretensiones armamentísticas del soberano habían fomentado en él una política de resentimiento e incluso rechazo hacia España. Así una de las condiciones que exigía el Sultán para hacerse cargo del problema rifeño era la inmediata evacuación por parte de los españoles de La Restinga y de Cabo de Agua, cosa que era del todo imposible ante la inseguridad reinante en la zona y la duda de que el monarca actuara una vez los españoles se hubiesen retirado de ambas posiciones

Mientras tanto las compañías mineras seguían paralizadas por la situación de inestabilidad y perdiendo dinero. El Sultán, siguiendo su política de castigo hacia España, argumentaba que había sido El Roghi quien había negociado con los españoles las concesiones mineras, por lo que estas concesiones no tenían ninguna validez. Los franceses, mientras tanto, pretendían sacar partido de la situación de inestabilidad entre Marruecos y España y se disponían a hacerse cargo de las minas del Rif ante la inoperancia española. Será Allendesalazar quien con sus palabras nos deje clara la situación que en esos momentos se vivía: "No estaba solo en juego los beneficios o pérdidas inmediatos de unas empresas privadas, sino el principio mismo de nuestra penetración pacífica en Marruecos, e incluso una parte vital de la zona que desde hacía años España se reservaba como exclusiva. Si los franceses nos comían el terreno al sur de Marruecos, todo estaba perdido...Si intervenir en el norte de Marruecos era malo para España, el dejar intervenir a otro país europeo era aún peor"

Por otra parte estaba Melilla, ahogada por la situación de inestabilidad y sitiada comercial y económicamente. En palabras de Francisco Saro en su obra "Los orígenes de la campaña del Rif de 1909": "Había que tomar una determinación para acabar con la ya larga asfixia, bloqueo y ruina de Melilla, que se hacía más intolerable porque la prosperidad reciente había hecho olvidar cómo estado semejante fuera el habitual en aquella plaza".

El ejecutivo español pareció despertar de su largo letargo y se movió, unas profundas negociaciones con Francia abortaron el interés del país vecino por los ricos yacimientos mineros del Rif , momento en el cual el gobierno de Maura decidió finalmente la explotación de las minas de su zona aunque tuvieran que estar protegidas por el ejército

     
   
     

Ni que decir tiene que esa posición española tan bizarra a la vez que gallarda era lo que viene a ser llamado en el argot popular como "un brindis al sol". El ejército hispano, que ya había dado sobradas muestras de su inoperancia en el año 1860, aunque la pírrica victoria frente a los "moros" hubiera salvado los muebles y que en 1898 se había hundido estrepitosamente en la guerra contra los Estados Unidos, no había mejorado en absoluto ni había aprendido de sus múltiples errores; con fusiles Mauser de 1893 (buenos en su momento pero ahora irremediablemente obsoletos), con los viejos cañones Krupp de 90mm de "Puntería Directa" (eufemismo encubridor de que en los cálculos de tiro no intervienen las matemáticas sino el ojo), ametralladoras Colt retiradas de otros ejércitos por su mal funcionamiento, con tres balas por dotación diaria por hombre y con uniformes de dril, alpargatas de cáñamo y una preparación de sus tropas prácticamente inexistente (simplemente un dato, en 1910 se estimaba que el 52,6 % de los hombres eran analfabetos en España), iniciar una campaña en África bajo esa perspectiva parecía una auténtica locura, parece que se olvida con demasiada frecuencia que los ejércitos están formados por hombres, hombres que si no están en buenas condiciones y bien pertrechados, no actúan con eficacia, esto que puede resultar obvio parecía no serlo tanto para las altas instituciones políticas de la nación, y no hace falta ser un gran estratega, ni haber tenido que recibir la "laureada" para señalar que el adiestramiento continuo implanta en los soldados una respuesta inmediata condicionada a la orden recibida, la falta del mismo solo puede llevar a la improvisación y al desconcierto

Las noticias de los preparativos bélicos españoles llegan hasta los rifeños que llaman a la "guerra santa" contra los cristianos invasores. Finalmente se desencadena un hecho significativo que se considera el inicio de la guerra de 1909, el 9 de julio de ese mismo año unos cuatrocientos kabileños atacan a un destacamento militar que protegía a los obreros del ferrocarril de la Compañía de Minas del Rif, se producen cinco muertos teniéndose que replegar el resto hasta Melilla. El gobernador militar de la ciudad, el general José Marina, despliega a parte de sus fuerzas y aunque sufre una fuerte oposición rifeña, logra vencerla y represalia muy duramente el ataque contra el destacamento español.

Las tropas españolas toman diferentes puntos estratégicos en la zona cercana a Melilla. El general Marina pide refuerzos al gobierno pues la ciudad ha quedado un tanto desguarnecida tras el despliegue militar. El gobierno de Maura envía a la Brigada de Cazadores de Barcelona, lo que propicia los primeros disturbios en la Ciudad Condal. El dolor de las familias que ven a sus hijos embarcar en el puerto de Barcelona, el grito de las mujeres preguntando por las "Cuotas" (librados del ejército por 1.500 pesetas) será la chispa que desencadenará la llamada "Semana Trágica".

El director de la Correspondencia de España, uno de los periódicos más prestigiosos del momento, escribía un artículo el 12 de julio de 1909 muy significativo, con el título de "La trompa bélica suena" se podía leer lo siguiente: "Morirán unos cuantos soldados, ascenderán otros cuantos, enseñaremos una vez más nuestro desbarajuste, nos pondremos por centésima vez en ridículo llamando al tiroteo escaramuza; a la escaramuza, acción de guerra; al encuentro de avanzadas, combate; al combate, batalla campal; enviaremos más generales que coroneles, más jefes que oficiales, más oficiales que soldados, más promesas que realidades, y por todo sacar, sacaremos una cosa: sangre al pueblo y dinero al contribuyente [...] Yo digo que ir a Marruecos es la revolución, y al decirlo sirvo a la Patria y al Rey mucho mejor que haciendo creer al Rey y a la Patria que el ir a Marruecos conviene a la nación y a la monarquía."

Las acciones militares de los días 23 y 24 de julio a punto estuvieron  de saldarse con un auténtico descalabro militar, finalmente las tropas pudieron regresar a duras penas hasta Melilla, eso si, con un gran número de bajas.

Marina, preocupado por el rumbo que estaba tomando la situación, decidió enviar suministros a las posiciones avanzadas por si estas se veían en la obligación de resistir por algún tiempo hasta que se consolidasen los refuerzos esperados de la península. Los suministros, de vital importancia para posteriores operaciones en la zona, debían ir perfectamente custodiados por una fuerte columna que hiciera prácticamente imposible el ataque de los rifeños, el avance debía hacer se  por un lugar cercano al Monte Gurugú y denominado "el barranco del lobo". Ciertamente las tropas que iban a intervenir en la operación eran recién llegadas a África pero no se esperaba demasiada resistencia por parte de las tropas kabileñas. El general Pintos Ledesma fue el encargado de comandar la misión, misión que a las postres resulto ser una auténtica matanza pues los rifeños esperaban apostados el paso de la columna española.

El resultado de la acción denominada del "barranco del lobo" resulta ser, como ya hemos mencionado, un desastre, las tropas españolas caen víctima de la emboscada y de la incompetencia de los hombre que las comandaron y que fueron incapaces e incompetentes para la acción que se les había encomendado, simplemente si se hubieran mandado que una serie de avanzadillas que sopesaran la posibilidad de una emboscada en una zona que invitaba a ello todo hubiera podido evitarse, pero Pintos Ledesma subestimó al enemigo y como dice Geoffrey Regan en su extraordinario libro; "Historia de la incompetencia militar":

"Un jefe militar que subestima a su enemigo se regala a sí mismo una triple dificultad. Además del enemigo real con el que ha de habérselas, para el que no dispondrá de la preparación adecuada, tendrá que enfrentarse al enemigo que ha imaginado y para el que sí se ha preparado, así como a la resistencia de aquellos miembros de su estado mayor y oficiales inferiores que no comparten sus puntos de vista. [...] En la guerra resulta difícil disfrazar la evidencia del fracaso. Los muertos pueden permanecer en el campo de batalla pero representan bajas en las propias filas, estadísticas en los periódicos y familias afligidas [...] Y por encima de todo las bajas son un recordatorio constante del papel que el comandante ha de jugar en la carnicería de la guerra. [...] Se puede aprender mucho de las operaciones de reconocimiento y del trabajo de información y espionaje, pero aún en ese caso el comandante debe recordar que sigue ignorando mucho más de lo que sabe".

     
   
     

Como hemos podido observar, todas estas recomendaciones que aparecen en el libro de Geoffrey Regan fueron absolutamente pasadas por alto por el mando español, las consecuencias serían desastrosas. La noticia de la matanza acontecida en el "barranco del lobo" conmocionó a toda una España que esperaba una guerra rápida y victoriosa frente a un ejército indígena sin ley ni orden y considerado muy inferior al español, pero como la historia ha demostrado en miles de ocasiones, el desprecio por considerar al enemigo inferior por su raza o lugar de origen solo sirve para nublar el juicio sobre la capacidad real del mismo. Así, los hechos puntuales de África obligaron a los españoles a despertar y tener que enfrentarse en ese momento a la más cruel de las realidades, pero especialmente el desastre caló en la ciudad de Barcelona, lugar de procedencia de la mayoría de los cerca de mil hombres muertos, por lo que estalló una violenta insurrección.

Dice la tradición militar: "Los grandes comandantes cometen errores, pero aprenden de ellos" , eso es lo que pareció suceder entre el mando español. El general Marina paraliza todas las operaciones militares a la espera de recibir refuerzos desde España, no quiere dar un paso sin saber que será seguro y que no se convertirá en una nueva sangría. Como escribe Carlos Seco Serrano en su más que recomendable libro "La España de Alfonso XIII": "A mediados de agosto se habían acumulado ya fuerzas en número de 30.000 hombres, 2.000 caballos, 3.000 mulos y 62 piezas de artillería; en septiembre esas cifras se redondeaban: 40.378 infantes, 3.100 caballos y 141 piezas".

Con este poderoso contingente militar Marina, ahora si, decide dar el golpe final para acabar con los continuos ataque kabileños que se suceden en contra de la ciudad de Melilla. El mando español decide que es preciso dominar inmediatamente, para reforzar la seguridad de la ciudad, la península de Tres Forcas. El día 20 de septiembre ocurrirá uno de esos hechos de armas que si hubiera sucedido en cualquier otro país se hubieran realizado varias películas sobre el tema. Aquí, por suerte o por desgracia, sacaron unos tristes cromos en su época y podemos estar muy contentos. José Cavalcanti, comandando un escuadrón de caballería, el de Cazadores de Alfonso XII,  efectúa la famosa "carga de Taxdir" contra la Harka que tenía rodeado al Batallón de Cazadores de Cataluña y logra romper el cerco. El numero de enemigos en proporción es aproximadamente de 10 a uno.

Cavalcanti lanza una segunda carga contra la Harka, sufriendo e infligiendo numerosas bajas al enemigo y después una tercera, prácticamente al paso porque los caballos estaban absolutamente extenuados, en esta última se aprovecha para retirar las bajas españolas. Seguidamente José Cavalcanti mandará ocupar una posición hasta que llegó en su ayuda el Batallón de Cazadores de Tarifa. Con estos actos los españoles acabarán dominando toda esa área, la península de Tres Forcas, tan importante para la seguridad del asentamiento español de Melilla.

Cavalcanti consigue por su acción en combate la "laureada" y no se otorga a título colectivo porque en 1909 todavía no se daba ese supuesto. A cambio se le concedió, el 23 de Noviembre de 1910, la Corbata de la Orden de San Fernando, el propio rey Alfonso XIII prendió la Corbata de la Orden en el Estandarte del Regimiento sostenido por el Coronel Jurado.

Tan solo dos días después cae la localidad de Beni Sicar ante las tropas del general Sotomayor e Hidún ante las de Tovar. El 25 los españoles se apoderan, comandados por Orozco, la cercana y estratégica población de Nador y Zeluán dos días después. El 29 de septiembre el general Arizón corona los 885 metros de altura del monte Gurugú, que dominaba Melilla, y desde el cual los rifeños disparaban sus cañones sobre la ciudad. Necesitado de una victoria militar para frenar las críticas que le atosigan en todo el país y viendo que los objetivos militares parecen haberse cumplido en su totalidad, Maura se adelanta a los acontecimientos y declara que la guerra está concluida. Nuevo error desde el ejecutivo español que no recordó las palabras de Clausewitz cuando definió a la guerra como "el reino de la incertidumbre" . Poco días después del comunicado victorioso de Maura, los españoles reciben un revés en Jemís y el monte Gurugú se pierde ante la dura acometida rifeña y debe ser una vez más reconquistado, por lo que las últimas operaciones militares se extienden hasta finales del mes de noviembre.

Esta victoria no consigue salvar al gobierno de Maura que después de los hechos acontecidos en Barcelona (la Semana Trágica), y sus posteriores derivaciones y con la impopular guerra de Marruecos pierde la confianza del rey Alfonso XIII y es sustituido por Moret. La guerra ahora si que está concluida "victoriosamente", aunque se tardará mas de un año en firmar la paz oficial con el Sultán, que aunque sea de una manera un tanto incierta, es el dueño del Rif.

La campaña de Marruecos de 1909, aunque fundamentó los primeros pasos de España en el territorio de Marruecos, fue realmente desastrosa, quedó de manifiesto una vez más las carencias militares españolas, resultando evidente la precipitación de todos los departamentos y su crónica incompetencia política. La victoria conseguida, no solo no sirvió para cimentar las instituciones del Estado, sino que muy al contrario solo consiguió tambalearlas y a punto estuvo de hacerlo hasta con la propia monarquía. En cuanto a beneficios, si consideramos los territoriales son más teóricos que prácticos, porque aunque se ampliara el llamado "territorio de Melilla" hasta el río Kert, lo cierto es que las tribus de la zona siguieron atacando a las tropas españolas de tarde en tarde bajo las órdenes del nuevo cabecilla del Rif, El Mizzian, un miembro de la tribu de Beni bu Ifrur que aseguraba ser descendiente de profeta Mahoma, y en cuanto a las económicas, la gran indemnización impuesta al Sultán se quedó en agua de borrajas y tan solo se consiguieron algunas mejoras comerciales a la hora de la explotación de la minas del Rif. . Queremos acabar este apartado remitiéndonos a las palabras de Geoffrey Regan, palabras que compartimos:

"La guerra debe ofrecer un balance satisfactorio tras un análisis en términos de costos y beneficios. En ocasiones los errores de cálculo han tenido que ver con los beneficios que debían de obtenerse de la victoria, o con el nivel e intensidad apropiados que podían justificarse en función de las recompensas a obtener.[...] Las guerras modernas, sobre todo las dos guerras mundiales se volvieron irracionales en medida que sus costos fueron tan ruinosos que la victoria era escasamente mejor que la derrota. Para el estratega y el gran estratega, los costos pueden considerarse en términos de beneficios económicos o políticos, pero para el comandante de un ejército los costos han de medirse casi siempre como pérdidas humanas"

El coste económico para el Sultán resultantes de la guerra se convierte en una pesada losa. De nuevo ha de recurrir a un empréstito de 100 millones de francos, concedido por un consorcio bancario franco-alemán con participación española. Con ello debe pagar deuda atrasada, indemnizaciones a Francia por los sucesos de Casablanca de 1907 y a los europeos afectados por los tumultos, además de los 65 millones de pesetas que España le exige por la guerra de 1909. Marruecos deberá hipotecar ahora el total de las rentas de aduanas y otros ingresos públicos para garantizar un préstamos del que, tras los pagos citados, no le queda nada.

     
   
     

El historiador español Abraham Reolid escribe al respecto: "España dejó pasar, una vez más, una posibilidad de afianzarse definitivamente en Marruecos. Si desde 1909 se hubiera realizado una política lógica de protectorado y no de explotación posiblemente no se hubieran dado los sucesos que culminaron con el desastre de Annual".

 
 
             
  ATÁS.   IMÁGENES.   SIGUIENTE.