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Universidad de Barcelona de Geografía e Historia |
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LA GUERRA CIVIL A DÉCADAS
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Se han publicado libros, tratados, enciclopedias y tesis sobre la guerra civil española para cansar y aburrir hasta a los más interesados en el tema.
Desde VADEHISTORIA nosotros recomendamos LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA, UNA HISTORIA CONCISA, de Paul Preston, para todos aquellos que quieran conocer lo ocurrido en España desde 1936 a 1939 y no tengan demasiado tiempo para adentrase en obras farragosas. No es un libro que pretenda alcanzar un equilibrio perfecto entre ambos bandos, el autor vivió durante muchos en España, años bajo la dictadura franquista y, en esas circunstancias, es un poco dificil poder ser ecuanime. También resulta complicado ser ecuánime o poder dispensar a un régimen dictatorial que sumió a España en un total oscurantismo durante cuatro décadas.
En este capítulo vamos a ver su INTRODUCCIÓN, simplemente una pequeña reflexión de la guerra española desde la perspectiva de varias décadas después. |
"A escala geográfica y humana y dejando atrás los horrores tecnológicos, la Guerra Civil española se ha visto empequeñecida por conflictos posteriores. No obstante, ha generado alrededor de quince mil libros, epitafio literario equiparable al de la Segunda Guerra Mundial. En parte, esto refleja la medida en que incluso después de 1939, la guerra siguió librándose entre los nacionalistas victoriosos y los republicanos derrotados y exiliados. Pero además, y sobre todo por lo que respecta a observadores extranjeros, la pervivencia del interés por la tragedia española estaba intimamente ligada a la prolongada vida de su vencedor. El ininterrumpido disfrute del general Franco de un poder dictatorial, logrado con la ayuda de Hitler y Mussolini, suponía una afrenta exasperante para los oponentes del fascismo de todo el mundo. Además, nunca se permitió que la destrucción de la democracia en España se convirtiera en un desaparecido vestigio de las humillaciones del período de pacificación: lejos de intentar cicatrizar las heridas de la contienda civil, Franco se esmeró por mantener la guerra como una llaga viva y ardiente, tanto dentro como fuera de España. |
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Recortable de la columna Durruti |
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El recuerdo de la victoria franquista sobre el comunismo internacional fue frecuentemente utilizado para solicitar los favores del mundo exterior. Tal fue el caso cuando justo después de la Segunda Guerra Mundial se hicieron frenéticos esfuerzos para disocir a Franco de sus antiguos aliados del Eje. Ello se hizo subrayando su oposición al comunismo, al tiempo que se restaba importancia a su igualmente firme oposición a la democracia liberal y al socialismo. Durante la guerra fría se utilizó el irrefutable anticomunismo del bando nacional para consolidar una imagen de Franco como baluarte del sistema occidental, como el "centinela de Occidente" según la frase acuñada por sus propagandistas. En el interior de la propia España, los recuerdos de la guerra y de la consiguiente y sangrienta represión fueron cuidadosamente alimentados para mantener lo que se ha llamado "el pacto de sangre". El apoyo social al dictador provenía de una insólita coalición entre los más privilegiados -terratenientes, industriales y banqueros- y lo que se ha dado en llamar las "clases de servicio" del franquismo -aquellos miembros de la clase media y trabajadora que por diversas razones (oportunismo, creencias o circunstancia geográfica durante la guerra) compartieron su suerte con la del régimen y, finalmente, aquellos católicos españoles comunes que apoyaron a los nacionalistas como defensores de la religión, la ley y el orden. Los recuerdos de la guerra iban aser muy útiles para reafirmar la vacilante lealtad de alguno de estos grupos, o de los tres.
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El libro de Preston al que nos referimos |
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En general, los privilegiados se mantuvieron distanciados de la dictadura y despreciaron su propaganda. Sin embargo, aquellos que se implicaron en las redes de corrupción y represión del régimen, los beneficiarios de las matanzas y el pillaje, eran especialmente susceptibles de que solamente Franco se interponía entre ellos y las venganzas de sus víctimas. En cualquier caso, para muchos que trabajaban para el dictador en la gigantesca burocracia de su partido único, el "Movimiento", en su organización sindical o en su amplia red de prensa como policías, guardias civiles, humildes serenos o porteros, la Guerra Civil era una parte esencial en su "curriculum" y sus sistema de valores. Y fueron ellos quienes, en los años setenta, constituyeron lo que se conoció como "el búnker", los franquistas intransigentes, dispuestos a seguir combatiendo por los valores de la Guerra Civil desde los sótanos de la Cancillería. Pero un compromiso similar y aún más peligroso los consagraba como defensores de la herencia de lo que los derechistas españoles llamaban el "18 de julio" (por la fecha del alzamiento militar de 1936). Desde 1939, en las academias militares se había educado a los oficiales en la creencia de que su misión era defender a España del comunismo, el anarquismo, el socialismo, la democracia parlamentaria y los separatistas que pretendían destruir su unidad. Por tanto, después de la muerte de Franco, "el búnker" y sus partidarios militares intentaron, una vez más, destruir la democracia en España en nombre de la victoria nacionalista de 1936.
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Cartel republicano que representa a Franco |
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Quizá para estos ultraderechistas los esfuerzos de la propaganda nacionalista por mantener los odios de la Guerra Civil eran gratuitos. Sin embargo, el régimen consideraba esencial tal propaganda de cara a aquellos partidarios españoles que prestaron a Franco un apoyo pasivo que abarcara la renuencia. Los católicos y los miembros de las clases medias que experimentaron horror ante la visión de los desórdenes republicanos y el anticlericalismo promovido por la prensa izquierdista, fueron inducidos a cerrar los ojos a los aspectos más repulsivos de la sangrienta dictadura mediante un recuerdo constante y exagerado de la guerra. Al cabo de unos meses del cese de las hostilidades, su publicó una voluminosa "Historia de la Cruzada" en fascículos semanales, que glorificaban el heroismo de los vencedores y retrataba a los vencidos como marionetas de Moscú, como miserables egoistas o como locos sanguinarios perpetradores de sádicas atrocidades. Hasta muy entrados los años sesenta, una sarta de publicaciones, muchas de ellas dirigidas a los niños, presentaban la guerra como una cruzada religiosa contra la barbarie comunista.
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Más allá de las fronteras herméticamente cerradas de la España de Franco, los derrotados republicanos y sus simpatizantes extranjeros rechazaban la interpretación franquista de que la Guerra Civil había sido una batalla de las fuerzas del orden y la verdadera religión contra una conspiración judeo-bolchevique-masónica. Por el contrario, sostenían que la guerra había sido la lucha de un pueblo oprimido en busca de una calidad de vida decente contra la oposición de las atrasadas oligarquías españolas terrateniente e industrial y de sus aliados nazis y fascistas. Por desgracia, las opiniones profundamente divididas sobre las razones de su derrota les impedían presentar una visión monolíticamente coherente de la guerra, como hicieron sus oponentes franquistas. De un modo que debilitó su voz colectiva, pero que enriqueció enormemente la literatura sobre la Guerra Civil, se enzarzaron en un vociferante debate sobre si la habrían ganado en el caso de que hubieran desencadenado la guerra revolucionaria abogada por los anarquistas y los trotskistas, en oposición al aumento del esfuerzo bélico impuesto por los todopoderosos comunistas del PCE.
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Posteriormente, los simpatizantes republicanos se enzarzaron en un debate sobre "guerra o revolución", incapaces de ponerse de acuerdo sobre las causas de la derrota de la izquierda. Durante la Guerra Fría, este debate fue utilizado con éxito para difundir la creencia de que fue la opresión estalinista de la revolución en España lo que permitió la victoria de los nacionales. El Congreso para la Libertad Cultural, dependiente de la CIA, patrocinó numerosas investigaciones sobre la Guerra Civil que propagaron tal idea. El éxito de la antinatural alianza entre anarquistas, trostkistas y los partidarios de la Guerra Fría ha oscurecido el hecho de que Hitler, Mussolini, Franco y Chamberlain -y no Stalin- fueron responsables de la victoria nacionalista. Sin embargo, las nuevas generaciones han seguido investigando la Guerra Civil, aveces estableciendo paralelismos con las luchas de liberación nacional de Vietnam, Cuba, Chile y Nicaragua, y otras veces buscando en la experiencia española solo el idealismo y el sacrificio asociados de manera tan singular y actualmente ausentes de la política moderna. |
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