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  Universidad de Barcelona de Geografía e Historia  

 

 
 

 

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- El campo de Auschwitz
- Cronología medieval
- La guerra civil a décadas vista
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- Cronología cátara
- La huella del Franquismo
- Mahoma y el Islam
- Por qué estalló la Guerra Civil?
- El Día de Difuntos
- Tony Curtis
 

 

 

 

 

 

 

 
     
LA GUERRA CIVIL A DÉCADAS
VISTA
     
        ATRÁS
     

La significación de la Guerra Civil tanto para los partidarios de Franco como para los militantes de izquierda de todo el mundo no explica del todo la fascinación aún más amplia que hoy todavía sigue ejerciendo el conflicto. A la sombra de la Segunda Guerra Mundial, Corea y Vietnam, la guerra española solo puede resultar insignificante. Como ha señalado Raymond Carr, comparada con Hiroshima o Dresde, el bombardeo de Guernika parece un "pequeño acto de vandalismo". Y sin embargo provocó una polémica más encendida que casi cualquier otro incidente de la Segunda Guerra Mundial. Y esto no se debe -como algunos podrían pensar- a la fuerza del lienzo de Picasso, sino porque fue la "primera" destrucción total de un objetivo civil indefenso mediante un bombardeo aéreo. En consecuencia, la Guerra Civil española ha quedado grabada a fuego en la conciencia europea, no solo como el ensayo de una guerra mundial de mayores dimensiones que se iba a producir más tarde, sino como un presagio de apertura de las compuertas de una nueva y horrible forma de guerra moderna, universalmente temida.

 

 

 
  Franco en el frente de Cataluña  

Debido al compartido temor colectivo hacia lo que podía significar la derrota de la República española, hombres y mujeres, trabajadores e intelectuales se unieron a las Brigadas Internacionales. En 1936, la izquierda europea vio claramente lo que durante tres años la derecha democrática decidió ignorar: que España era el último baluarte contra los horrores del hitlerismo. En una Europa que todavía ignoraba los crímenes de Stalin, las Brigadas organizadas por los comunistas parecían luchar por cosas que aún merecía la pena salvar, como los derechos democráticos y las libertades sindicales. El voluntarios creían que luchando contra el fascismo en España, también lo combatían en sus propios países. El buceo en las sórdidas luchas de poder en la zona republicana entre comunistas por un lado, y socialistas, anarquistas y trostkistas del POUM por otro, no puede disminuir el valor del idealismo de las personas implicadas en ellas. Además, hay un matiz inmensamente trágico en los refugiados italianos y alemanes que huían de Mussolini y Hitler y que, finalmente, se alzaron en armas contra sus perseguidores para verse derrotados otra vez.

   
  Brigadas Internacionales  

Pero hacer solo incapié en el impacto de los horrores de la Guerra Civil y en la importancia de la defensa contra el fascismo es perder de vista uno de los aspectos más positivos de la experiencia republicana: el intento de empujar a España hacia el siglo XX. En la Europa gris de los años de la Depresión, lo que estaba sucediendo en el país parecía un experimento emocionante. El célebre comentario de Orwell lo veía así: "De inmediato reconocí que aquél era un estado de cosas por el que valía la pena luchar". Los logros culturales y educativos de la República eran solo los aspectos más conocidos de una revolución social que tuvo más impacto en el mundo contemporáneo que los de Cuba y Chile en los años sesenta: España no solo era cercana, sino que sus experimentos sociales se realizaron en un contexto de desencanto generalizado respecto a los errores del capitalismo. En 1945 la lucha contra el Eje estaba íntimamente ligada a la conservación del viejo mundo. En cambio, durante la Guerra Civil la lucha contra el fascismo aún se veía, simplemente, como el primer paso para la construcción de un nuevo mundo igualitario y libre de los males de la Depresión. En el transcurso de la guerra, las exigencias del esfuerzo bélico y los conflictos internos iban a interponerse en el camino hacia el pleno florecimiento de las colectivizaciones industriales y agrarias de la zona republicana. No obstante era, y es, fuente de estímulo el modo en que la clase obrera se enfrentó a la doble tarea de combatir el viejo orden y construir uno nuevo. El líder anarquista Buenaventura Durruti expresó a la perfección ese espíritu cuando le dijo a un periodista: "No nos dan miedo las ruinas, porque vamos a heredar la tierra. La burguesía puede hacer estallar o arruinar su mundo antes de abandonar el escenario de la historia. Pero nosotros llevamos un nuevo mundo en nuestros corazones".

   
  Cartel republicano  

Todo ello sugiere que quizá el interés por la Guerra Civil española se basa en la nostalgia por parte de los que la vivieron, desde la derecha y la izquierda, y en el romanticismo político por parte de los jóvenes. Después de todo, hay motivos para presentarla como "la última gran causa". No fue casual que la contienda inspirara a los más grandes escritores de la época de un modo que no se ha repetido en ningún conflicto posterior. Sin embargo, dejando de lado la nostalgia y el recuerdo, es imposible exagerar la verdadera importancia histórica de esta guerra: más allá de su impacto en la propia España se convirtió, en gran medida, en el centro de gravedad de los años treinta. Baldwin y Blum, Hitler y Mussolini, Stalin y Trotski tuvieron papeles importantes en el conflicto español; fue en España donde se forjó el Eje Roma-Berlín a medida que quedaban implacablemente expuestas las insuficiencias de la política de pacificación. Por encima de todo, se trató de una guerra española, o más bien de una serie de guerras españolas, y también fue el gran campo de batalla internacional del fascismo y el comunismo. Y mientras el coronel Von Richthofen experimentaba en el País Vasco las técnicas de la "Blitzkrieg" (guerra relámpago), que más tarde perfeccionó en Polonia, agentes de la NKVD soviética reprodujeron los juicios de Moscú con los cuasitrotskistas del POUM como protagonistas.

   
  Milicianos en combate  

Tampoco carece de relevancia el conflicto español desde el punto de vista contemporáneo. En cierto modo, la guerra surgió de la violenta oposición de las clases privilegiadas y sus aliados ante los intentos reformistas de los gobiernos republicanosocialistas para mejorar las condiciones de vida de los miembros más desfavorecidos de la sociedad. Apenas necesitan señalarse los paralelismos con el Chile de los años setenta o la Nicaragua de los ochenta. Del mismo modo, la facilidad con que la República española se desestabilizó mediante desórdenes hábilmente provocados tuvo ecos sombríos en Italia, e incluso en España en la década de los ochenta. Afortunadamente, en 1981 la democracia española sobrevivió a los intentos de derribarla llevados a cabo por militares nostálgicos de una España franquista de vencedores y vencidos. La Guerra Civil también se debió a la determinación de la extrema derecha en general, y del Ejército en particular, de aplastar los nacionalismos vasco, catalán y gallego. España no presenció una "limpieza étnica" como la llevada a cabo en la guerra civil de la ex Yugoslavia. Sin embargo, Franco intentó, sistemáticamente, durante y después de la guerra, erradicar todos los vestigios de nacionalismos locales, políticos y lingüísticos. El genocidio cultural llevado a cabo por el nacionalismo centralista de Castilla ha provocado comparaciones entre las crisis española y bosnia.

   
  Cartel de la Guerra Civil  
En la propia España, el cincuenta aniversario de la guerra en 1986 se caracterizó por un silencio casi ensordecedor. Hubo programas de televisión y algunas discretas conferencias académicas, una de las cuales, bajo el título de "Valencia, capital de la República", tuvo su póster publicitario diseñado por el artista y poeta Rafael Alberti, que se basó en la bandera republicana, extraoficial pero efectivamente prohibida. No hubo conmemoración oficial de la guerra. Era un acto de prudencia política por parte del gobierno socialista, plenamente consciente de las susceptibilidades de una casta militar educada en los odios antidemocráticos del franquismo. Más áun, era una contribución a lo que se ha llamado "el pacto del olvido", acuerdo tácito y colectivo de la gran mayoría del pueblo español de renunciar a cualquier ajuste de cuentas tras la muerte de Franco. Un rechazo de la violencia de la Guerra Civil y del régimen surgido de ésta, prevaleció sobre cualquier sentimiento de venganza.
   
  Las tragedias de la guerra civil (foto de Agustín Centelles)  
De hecho, en 1986, año del cincuenta aniversario del estallido de una guerra que condenó a España al ostracismo internacional durante casi cuarenta años, el país fue formalmente admitido en la Comunidad Europea. Diez años más tarde, se demostró el continuo debilitamiento del franquismo y la lenta consolidación de la democracia cuando el gobierno español, con el apoyo de todos los partidos, concedió la ciudadanía española a todos los miembros supervivientes de las Brigadas Internacionales que habían luchado contra el fascismo durante la Guerra Civil. Era un tardío, pero bienvenido, gesto de gratitud y reconciliación, recuerdo de una España violenta y ensangrentada que ojalá haya desaparecido para siempre".
 
     
                         
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