| |
|
|
| |
| |
| |
| |
| |
 |
 |
|
 |
|
|
|
|
|
|
 |
|
| |
 |
|
| |
VOLVER A TEMARIO |
|
|
| |
Universidad de Barcelona de Geografía e Historia |
|

|
|
| |
 |
EL SUEÑO DE LA
NACIÓN INDOMABLE |
En el libro: 'El sueño de la nación indomable', el historiador Ricardo García Cárcel se ocupa de diseccionar los diversos mitos de la llamada 'Guerra de la Independencia'.
Nosotros hemos transcrito parte de su introducción y lo recomendamos a todos aquellos que quieran saber más sobre este periodo de la Historia de España. |
Pocos episodios de la historia de España han sido tan polémicos como la guerra con Napoleón y su estela subsiguiente. Ni siquiera se ha podido consensuar un nombre para esta guerra, aunque es denominada por los historiadores como 'guerra de la Independencia' desde los años treinta del siglo XIX (Cecilio López o Muñoz Maldonado) y cuarenta (Agustín Príncipe). Guerra de la Independencia entendida como la lucha de un pueblo que busca garantizar la libertad de su territorio frente al invasor y ocupador extranjero. Sin embargo, y pese a que el término 'independencia' se usa mucho en el discurso patriótico frente al francés ya desde 1808, cuando los liberales o los conservadores se refieren a la guerra a lo largo de ésta o en los años inmediatamente posteriores, no la denominan como guerra de la Independencia, sino como 'Revolución' o 'guerra de la Revolución' (García Marín, 1817). Francisco Cabanes, el primer historiador de la guerra, utilizó el término de 'guerra de Usurpación' (1809), pero no tuvo fortuna. Serán las Cortes del Trienio en 1821-1822 las que empiecen a utilizar el término 'guerra de la Independencia' y esporádicamente vemos también el concepto manejado por algunos liberales como Quintana. |
| |
 |
Pero incluso en los años treinta se es reticente al uso de este término. Canga Argüelles (1833-1836) habla de 'guerra de España'. A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX y durante el siglo XX se institucionalizó el concepto de 'guerra de la Independencia' asumiendo plenamente al contenido nacionalista de la expresión (la obra canónica al respecto será la de Gómez de Arteche, 1868-1903). En los últimos años, algunos historiadores se han referido reiteradamente a la 'invención' del término independencia elevando a la categoría de mito el propio concepto de guerra de la Independencia. La historiografía catalana, desde Vicens Vives, eludió la denominación clásica para referirse a la 'guerra del Francés', uso buscadamente descriptivo y desideologizado que aseguraba el monopolio a escala doméstica del término 'independencia'. La historiografía francesa, por su parte, siempre utilizó expresiones como 'guerra napoleónica de España' o 'guerra Imperial', inscribiendo la campaña en el contexto de la política bonapartista. Los británicos han preferido hablar de 'guerra Peninsular', uniendo a España y a Portugal en el mismo frente para glosar el papel redentor de Inglaterra frente al imperialismo francés.
Con la polémica a cuestas acerca del propio nombre, es obvio que las interpretaciones sobre la guerra han sido múltiples y cargadas de connotaciones tendenciosas y subjetivas.
|
Dicho de otra manera, nos encontramos ante una realidad dibujada permanentemente por los prejuicios valorativos y los usos políticos interesados de la misma, una realidad sembrada de mitos que hacen difícil la recuperación de la presunta verdad histórica. ¿Qué entendemos por mitos? A nuestro juicio, este término tiene un doble significado: Por una parte, personajes, hechos o ideas con valor de referentes colectivos, emocionales y sentimentales, capaces de generar adhesiones globales, de constituirse en espejos de conductas, de despertar añoranzas o advocaciones en el presente, por otra, construcciones distorsionadas de la realidad, fruto de manipulaciones políticas y de instrumentalizaciones del más diverso signo. El valor referencial inherente al mito y la arqueología corrupta del mismo suelen ir unidos. Los mitos nacen, mueren y resucitan en función siempre de una lógica histórica e ideológica. Tras la aparente espontaneidad sublimadora suele haber una discriminación en la selección de las especies-mitos que tiene muy poco de natural. Los mitos en torno a 1808 han tenido y tienen contenidos y funciones muy distintos. Ello se puede constatar a lo largo tan sólo de una generación.
Los españoles de mi generación (los nacidos en la postguerra española) recibimos, en nuestra infancia, un auténtico aluvión de imágenes épicas de esta guerra, institucionalizada ya como 'guerra de la Independencia Nacional'. Se la consideraba el eslabón decisivo de una larga cadena de manifestaciones de la identidad colectiva, caracterizada por el victimismo y la capacidad de resistencia a invasores extaños, cadena que empezaría con Numancia y Sagunto. El mito de la España indomable de 1808, que se opone a la dominación del déspota foráneo, ha estado presente hasta en el cine seudohistórico que se hacía en el franquismo con vocación épica. Recuérdense a este respecto, películas como 'Agustina de Aragón', de Juan de Orduña (1950), que rememoraba a la heroína defensora de Zaragoza frente a los franceses. El mito evoluciona en el propio franquismo. Es un buen ejemplo la película 'Carmen la de Ronda', de Tulio Demicheli (1959), con el corazón partido de la cupletista entre el casticismo representado por el bandolero y el europeísmo representado por el soldado francés. Y ella en medio, muriendo, al no poder o no saber elegir. Unos años antes tal contraposición en términos de equiparación era impensable.
|
| |
 |
|
El correlato del mito de la España indómita era el de la 'anti-España', la de los afrancesados, los traidores, los que renunciarían a la lucha contra el invasor por comodidad o cobardía. La excepción a la regla de la dignidad española.
Pasó el tiempo y aquellos mitos del franquismo más duros dieron paso a otros, surgidos al calor de los primeros años del desarrollismo y la tecnocracia dominante. La glorificación épica se deslizo de 1808 a 1812. Nacía o renacía así, el mito liberal de las Cortes de Cádiz. El patriotismo xenófobo daba paso al patriotismo integrador, abierto a lo foráneo. Los héroes ya no eran Daoiz y Velarde o Agustina de Aragón, sino los diputados capaces de elaborar la Constitución de 1812. Se subraya de estos diputados, como gran mérito, el adanismo, su capacidad de ser pioneros de una nueva época, avanzadilla de la modernidad, dispuestos a enterrar el Antiguo Régimen y crear el Nuevo. Su obra se concretaba en dos conquistas: la configuración de la nación española y la apuesta por la revolución liberal. En plena fase final del franquismo, aquellos liberales de Cádiz eran vistos como los hipotéticos modelos referenciales de la España progresista que aspiraba a hacer caer otro régimen: la dictadura de Franco.
|
| |
 |
|
No había unanimidad, desde luego, en la configuración del mito liberal de las Cortes de Cádiz. Algunos sublimaron los logros de 1812 en el terreno de la soberanía nacional. La Constitución de 1812 crearía un sentido cívico de nación, vinculado a los derechos de los ciudadanos que la integran. Una nación que nacería de la firme voluntad de los ciudadanos de defender su identidad colectiva frente a cualquier agresión despótica exterior. Otros glosaron las conquistas de 1812 en el ámbito revolucionario, por lo que supusieron de final de un régimen trasnochado, reaccionario, fuera de su tiempo histórico. Unos historiadores se dedicaron a evocar 'la revolución que fue' (Artola), destacando los logros acumulados por la misma en varias etapas; otros (Tuñón) se dedicaron a explorar nostálgicamente el filón de la revolución 'que no pudo ser', entre suspiros y evocaciones fatalistas de la España imposible, ésa que nunca podrá ser. El mito gaditano tenía pues dos lecturas; la optimista y la victimista, la de la España posibilista y la de la España del exilio.
En la última década, como decíamos al referirnos al nombre de la guerra, parece impuesto una historiografía revisionista de los viejos y los nuevos mitos, de la épica del 2 de mayo de 1808 y de la épica constitucionalista de 1812. A caballo de los nacionalismos periféricos, los nacionalismos sin Estado, se ha intentado enterrar la mitología de la guerra nacional española y asimismo se ha devaluado la significación de las Cortes de Cádiz en sus dos escenarios referenciales: la soberanía nacional y la conquista de la revolución. Al respecto ha emergido la palabra 'invención'. Se ha institucionalizado los conceptos de la presunta invención de la guerra de la Independencia como guerra nacional y de la invención de España por parte de los diputados gaditanos. Todo sería inventado. Todo sería creado 'ex nihilo'. El presunto adanismo de los diputados liberales ha sido metabolizado por algunos historiadores contemporaneístas hasta hacer suyo ese concepto, convirtiendo la historia nacional anterior a 1812 en pura ficción.
|
| |
 |
|
Desde esta óptica, el discurso nacional de la llamada 'guerra de la Independencia' nunca existió o fue simple explosión emocional reaccionaria. España emergería como nación a través de la soberanía nacional proclamada por la Constitución de 1812, pero ello únicamente de manera teórica o conceptual. La realidad nacional no estaría presente más que en el articulado de la Constitución. Tras el mito de la invención de la nación española, tan propalado hoy, late una convicción muy compartida entre la nueva historiografía nacionalista: la de la inexistencia histórica real de la nación española. España solo sería un Estado plurinacional con muchos lastres históricos a sus espaldas, en busca de una nación imposible.
|
|
|