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Universidad de Barcelona de Geografía e Historia |
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EL APOGEO DE LA PIRATERÍA |
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'En un trabajo honrado lo corriente es trabajar mucho y ganar poco; la vida del pirata, en cambio, es plenitud y saciedad, placer y fortuna, libertad y poder'. Estas eran las palabras del famoso pirata Roberts.
Se entiende por el'Apogeo de la Piratería' la etapa de los siglos XVI y XVII, los siglos del poderío hispano portugués en América.
Francia e Inglaterra habían quedado al margen del reparto del nuevo mundo; y España, como ha sido una constante en su historia, con una política equivocada, agravó más la situación cerrando el comercio de América a los extranjeros. Así, toda nave que sin pabellón español o portugues navegara por aquellas aguas sería considerada a partir de entonces como pirata.
Y aunque tenemos que señalar que muchos de esos hombres fueron apresados y muertos en la horca, nunca faltaron voluntarios para formar nuevas tripulaciones piratas, tripulaciones que vivían bajo sus propias leyes y cuyo su único fin era el de atacar las ricas posesiones españolas y portuguesas por los mares y tierras de América. |
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Antes de comenzar y para tener las cosas claras hemos considerado que lo más acertado sería hacer una definición de términos como Pirata y Piratería, pues su correcta comprensión nos ayudarán a entender mejor este artículo. Pirata: ( Del latín 'pirata', y este del griego 'pe??atn?'). adj. pirático. || 2. clandestino. || 3. com. Persona que, junto con otras de igual condición, se dedica al abordaje de barcos en el mar para robar. || 4. Persona cruel y despiadada.
Piratería . ( De piratear ). f. Ejercicio de pirata. || 2. Robo o presa que hace el pirata. || 3. Robo o destrucción de los bienes de alguien. |
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Tenemos que comenzar diciendo, y quzá esto desmitifique la figura del personaje, que la finalidad básica del pirata ha sido siempre la de conseguir el botín y no el asesinato. Ciertamente, en ocasiones, conseguir los bienes le han forzado a destruir vidas y haciendas, pero este hecho no compromete sus verdaderos fines -aunque eso tampoco les convierte en los personajes 'románticos' con los que les ha regalado la literatura y el cine, personajes románticos basados en una vida de aventuras, el sueño del oro fácil y la eterna sugestión del mar-.
La mayoría de los piratas provenían de la marina mercante -en ocasiones se unían al gremio al ser capturados por los bucaneros- o eran militares desertores de las Marinas Reales -no demasiado poderosas por aquellos lejanos tiempos-, ya que las Armadas otorgaban por entonces unos salarios paupérrimos y una disciplina férrea y despiadada. Motivos más que suficientes como para enrolarse en la piratería a la más mínima oportunidad.
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Los tiempos de crísis, y durante los siglos XVI, XVII y XVIII estos fueron casi continuos, no son los más adecuados para buscar la parte más noble del ser humano, y más cuando a las desigualdades económicas entre ricos y pobres sumamos la injusticia social imperante en la época, la corrupción de las clases dominantes o, la carne de cañón en que era utilizado el pueblo para servir los intereses de los poderosos reyes en sus guerras.
Estas circunstáncias dieron alas para que muchos hombres, descontentos de la sociedad en la que vivían, ingresaran de lleno en la piratería. Si luchaban, luchaban por ellos y no por las ambiciones de ningún soberano. Si robaban, lo robado era para ellos y no para llenar las arcas de algún aristócrata o banquero, y si morían, bueno, eso ya lo habían considerado cuando emprendieron este tipo de vida.
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Como señala Rafael Albella: 'Esta vida independiente despertaba en los piratas un extraordinario afán de proselitismo. Al capturarse un barco, la primera demanda, después del expolio, naturalmente, era invitar a los apresados a seguir la vida aventurera de los saqueadores. Muchos relatos de las fechorías de los piratas, han extendido la creencia de que éstos mataban a mansalva a sus cautivos. Antiguas litografías representando a un hombre sometido al tormento del plano inclinado sobre la borda de un navío, mientras un pirata en una chalupa se ensaña a hachazos con las víctimas, no obedecen a la realidad. Casos de ferocidad aislada y monstruosa no pueden desvirtuar la tónica general, que respetaba las vidas de los cautivos especulando con su rescate'.
Una cosa parecida pero diferente era el 'Corso' y los 'Corsarios', veamos que dice el diccionario sobre estos temas.
Corso . ( Del latín cursus , carrera). m. Campaña marítima que se hace al comercio enemigo, siguiendo las leyes de la guerra. || 2. Mar. Campaña que hacían por el mar los buques mercantes con patente de su gobierno para perseguir a los piratas o a las embarcaciones enemigas. Ir, salir a corso. Venir de corso. corsario , ria . ( De corso ). adj. Se dice del buque que andaba al corso, con patente del gobierno de su nación. || 2. Se dice del capitán de un buque corsario y de su tripulación. || 3. familiarmente pirata. Patente de corso. f. Autorización que se tiene o se supone para realizar actos prohibidos a los demás. || 2. Cédula o despacho con que el Gobierno de un Estado autorizaba a un sujeto para hacer el corso contra los enemigos de la nación.
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En definitivas cuentas y para que nos aclaremos todos, un 'Corsario' no dejaba de ser más que un 'pirata' admitido, reglamentado y tutelado por una nación, una especie de mercenario que a cambio de buen dinero, pirateaba por los mares defendiendo los intereses de un estado atacando y mermando la hacienda económica de un país o paises 'enemigos' -no hacia falta que estuvieran en estado de guerra- o competidores.
Para realizar su actividad, los corsarios tenían en su poder documentos que autorizaban aquello que ellos hacían, estos documentos recibían el nombre de “Letter of marque” o también “Patente del Corso”.
La primera nación en practicar esta lucrativa actividad fue Francia. Como Francisco I carecía de Marina, estimuló a los armadores particulares y hacia 1537 el Caribe estaba repleto de una buena colección de piratas franceses. Posteriormente, y viendo que los resultados eran óptimos, Inglaterra comenzó también a prestar su atención en América y, soñando en el botín, surgen los primeros corsarios ingleses en el Caribe, bajo la protección de la soberana Elizabeth (Isabel I en castellano). La mayoría de estos individuos eran nobles venidos a menos, y si no lo eran, la reina estaba dispuesta a darles entrada en la nobleza. Es bien sabido que el embajador de España pidió a la reina de Inglaterra la ejecución de Drake, por pirata, después de toda una serie de correrías por diversas plazas de las Antillas. En respuesta la reina Elizabeth -aquella que llevo el sobrenombre de 'la reina virgen'- aguardó junto al río Támesis al marino... para nombrarle allí mismo caballero. Sin embargo, tenemos que apuntar desde nuestra página, que no todos los corsarios al servicio de Inglaterra consiguieron el título de caballero. Algunos de ellos, una vez finalizada sus patentes, continuaron con su actividad convertidos en simples piratas, llegando a abordar hasta a buques británicos.
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Rafael Abella señala: 'Como es natural, las guerras legalizaban las actividades de los piratas y corsarios, toda vez que las acciones de ambos quedaban automáticamente englobadas en el marco general de las hostilidades. Eran entonces malos tiempos para el bandidaje marítimo, pues los corsarios debían de acatar las leyes de la guerra -no pudiendo atacar a barcos aliados- y los piratas no tenían más remedio que someterse a la disciplina de la Armada, realizando la misma tarea pero con menos independnecia y lucro. Cuando llegaba la posguerra, con su secuela de inadaptados y con el hábito de guerrear afincado en grandes masas de individuos, el corso y el pirata atravesaban etapas esplendorosas. Un dato concreto: desde 1697, en el que se firmó el tratado de Ryswick, hasta 1701, Inglaterra se mantuvo en paz. Durante este breve período, la piratería británica conoció un auge superior al de los tiempos isabelinos'.
En su afán por conseguir dinero explotando todas las posibilidades posibles surge una actividad nueva entre los piratas; algunos de ellos se hacen negreros. Su misión desde ese momento será la de apoderarse en äfrica de seres humanos para venderlos en el Nuevo Mundo como esclavos. Cabe mencionar a John Hawkins que, tras 'piratear' por las Américas en el 1568, decidió darle otro rumbo a su oficio dedicándose al lucrativo negocio de la esclavitud y pobló de negros africanos toda la zona del Caribe .
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Rafael Abella sigue mostrándonos algunos aspectos de gran interés sobre la piratería: 'La mentalidad de aquellos hombres era extraña y multiforme. Hablamos de los piratas auténticos -sin degeneraciones bucaneras o filibusteras-, cuyo único anhelo era el atraco marítimo por el gusto de llevar una existencia libre e independiente, ni de los que actuaban con un móvil patriótico que escudase sus depreciaciones, como era el caso de los corsarios. Había tipos como el capitán Roberts, gentilhombre galante cuya devoción y respeto a la mujer fueron proverbiales en todas las acciones cuyo botín daba abundancia de damas. Otros, como el capitán Daniel, que raptó a un sacerdote para que dijera misa en su barco y mató a un marinero por estar irrespetuoso durante la celebración de la misma. Otros, como el capitán Misson, llegaron a crear un estado pirata, en el que los postulados de la Revolución Francesa se hicieron efectivos con cincuenta años de anticipación. Eran gente dura, con facetas contradictorias, propensos a la ira, fáciles al halago, difíciles de someter y malos de engañar. Ofrecerles resistencia era ir a la muerte'.
Casi podemos asegurar que el primer pirata del mar Caribe fuese un español, un tal Bernardino de Talavera. Veamos el texto de Cesáreo Fernández Duro que nos sacará de dudas:
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'[...] un tal Bernardino Talavera, hombre vividor, amigo de regalo, acosado por los acreedores que tenía en la Isabela, se apoderó de una de las naves surtas en el puerto, en compañía de 70 compañeros de su especie, y se arrojó a probar fortuna. Tuvo el contratiempo de que le echaran mano en Jamaica (1511) y le condujeran a la Española, donde por sus delitos fue justiciado'. Pronto comenzaron las correrías por la zona, América fue descubierta en 1492 y en 1511 ya era apresado el primer pirata...
Llegados a este punto creemos conveniente incorporar un nuevo término a nuestra historia de la piratería; 'Filibustero', veamos lo que dice el diccionario al respecto:
filibustero . ( Del francés. flibustier ). m. Pirata, que por el siglo XVII formó parte de los grupos que infestaron el mar de las Antillas. Realmente no podemos señalar que el diccionario sea demasiado explícito en su definición. El término filibustero
proviene realmente del holandés Vrij Buiter ('El que va a la captura del botín'), en inglés se convirtió en 'Freebooter' y en francés 'Flibustier', de ahí viene la palabra “filibustero” que tiene un oscuro significado con el cual se designaba a muchos de los piratas del mar de las Antillas en el siglo XVII, en especial a los ingleses y holandeses. Los filibusteros solían atacar poblaciones costeras, y alguna vez, en raras ocasiones, abordaban barcos.
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Mucho se ha especulado sobre las pérdidas españolas por los ataques de piratas y corsarios. Cuando el problema comenzó a hacerse patente, el soberano hispano Felipe II,
para minimizar los ataques de los piratas a los navíos españoles, ordenó que los barcos que hicieran la ruta de las Indias debían de hacerlo bajo protección. Para ello se organizaron unos convoyes en los que las carabelas y las naos eran escoltadas por galeones -naves de guerra con poderosos cañones capaces de frustrar el ataque de cualquier nave pirata- y carracas. Ateniéndonos a los datos podemos calificar esta idea como de un gran acierto, las flotas fletadas fueron más de 400 y las atrapadas 2, lo que nos proporciona un porcentaje de capturas de un 0,5% (por cierto, las flotas atrapadas lo fueron por Armadas enemigas y no por ataques de piratas).
'El siglo XVII y el XVIII -en palabras de Rafael Abella- vieron el auge de una gama de veleros (corbetas, bergantines, fragatas, goletas, bricks...), ampulosas embarcaciones de tres y cuatro palos, con su intrincado aparejo en el que los trapos triangulares y los cuadrangulares daban una superficie vélica capaz de aprisionar a Eolo. Eran los tiempos en que el descubrimiento de las maderas nobles coloniales abarrotaba la construcción. Caobas, ébanos, tecas, guyacanes, eran los materiales con los que los artesanos de La Rochela, de Nantes, de Plymouth o de Cádiz elaboraban sus obras de arte, desde los impresionantes mascarones de proa hasta el primor recargado de los artesonados de popa. Aquellos albatros con todas sus velas desplegadas se deslizaban literalmente sobre el mar'.
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La organización interna de los piratas basculaba entre la democracía y la más pura anarquía. El sistema de votación resolvía las diferencias elementales y los pequeños delitos normalmente se solventaban con unos simples azotes. Sin embargo, el rigor máximo de la ley pirática se aplicaba a ladrones, asesinos de camaradas y delatores. Los desertores que delataban a sus antiguos 'compañeros de armas' eran perseguidos implacablemente. Los que eran capturados, convictosd y confesos se les condenaba al llamado 'marooning', que consistía a ser abandonados en una isla desierta con una botella de agua, una de pólvora y un arma -las posibilidades de sobrevivir eran mínimas-. Otro castigo, también muy popular, era el de cortar las orejas y la nariz al delator.
El verdadero problema de estos hombres era el alcohol, según relataban los cronistas; el trasiego de licores realizado por un barco pirata era algo descomunal: 'El capitán Swan, pirata del siglo XVII, regresó de vacío sin hacer ni una sola presa después de un largo periplo, pues durante todo el viaje su tripulación estuvo completamente ebria'.
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'Un día del año 1700 el capitán del 'Poole', barco de la Armada Real Británica, avistó en aguas de Santiago de Cuba a un 'sloop' que iba mandado por el pirata francés Emanuel Wynne, y que al verlo, enarboló un pabellón negro sobre el que se recortaban una calavera con dos tibias cruzadas y un reloj de arena. Después de cruzarse unos cañonazos sin consecuencias, el oficial, a su arribada a puerto, hizo un reporte en el que se quedó constancia por primera vez de la existencia de un pabellón pirata [...] Hasta ese momento, corsarios y filibusteros navegaban bajo la bandera de su país o bajo la de la nación que los había comisionado. En ocasiones y como señal de intimidación, habían izado una bandera roja -algunos decían que teñida de sangre-, con cuya señal negaban todo cuartel al barco intimidado [...] Desde la innovación implantada por el pirata Wynne, el viejo símbolo de la muerte quedó incorporado a la iconografía de los piratas...'
Esta bandera, la 'Joly Roger', como se la llamó en el Reino Unido, estaba destinada a helar la sangre de todos aquellos navegantes que tuvieran la desgracia de encontrase con un barco que la enarbolase.
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