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Universidad de Barcelona de Geografía e Historia |
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La Primera Guerra Mundial |
Podríamos decir sin temor a equivocarnos que la Primera Guerra Mundial empezó casi por accidente y terminó de forma similar. Ha sido el conflicto más sangriento de todos los conocidos; murieron más soldados franceses, británicos e italianos durante la Primera Guerra Mundial que durante la Segunda. Fue el primer conflicto genuinamente global y la guerra no se libró unicamente en Francia y Flandes, sino también en las montañas, los desiertos, los mares y el aire.
La Primera Guerra Mundial marcó decisivamente el siglo XX, fue la chispa que encendió la Revolución Rusa y encumbró a los Estados Unidos como primera potencia mundial. Las fisuras de sus fallidos acuerdos de paz (en Versalles) llevarían al mundo a otro terrible conflicto solamente veinte años después.
Pero los ideales por los que aquellos hombres lucharon y murieron siguen moldeando nuestro mundo en la actualidad: nacionalismo, democracia, el derecho internacional y los derechos de las naciones.
Conocedores del poco tiempo que tenemos hoy en día, hemos querido tratar la Primera Guerra Mundial de una forma concisa y dinámica, de manera que pueda ser comprendida de forma sencilla por cualquiera que se acerque hasta nuestra página. Esta es una breve reseña de la guerra que debía de acabar con todas las guerras y que, como suele suceder en estos casos, solo fue la antesala de la siguiente... |
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El conflicto comenzó el 28 de julio de 1914 como un enfrentamiento localizado entre el Imperio Austro-Húngaro y Serbia; ésta guerra 'local' se transformó en un enfrentamiento armado a escala europea cuando la declaración de guerra austro-húngara se extendió a Rusia, histórico valedor de Serbia, el 1 de agosto de 1914; y finalmente pasó a ser una guerra mundial, en la que participaron 32 naciones, finalizada en 1918. Veintiocho de ellas, denominadas ‘aliadas’ y entre las que se encontraban Gran Bretaña, Francia, Rusia, Italia y Estados Unidos, lucharon contra la coalición de los llamados Imperios Centrales, integrada por Alemania, Austria-Hungría, el Imperio otomano y Bulgaria. La causa inmediata del inicio de las hostilidades entre Austria-Hungría y Serbia fue el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Habsburgo, heredero del trono austro-húngaro, cometido en Sarajevo (Bosnia, entonces parte del Imperio Austro-Húngaro; en la actualidad Bosnia-Herzegovina) el 28 de junio de 1914 por el nacionalista serbio Gavrilo Princip. No obstante, las causas profundas del conflicto remiten a la historia europea del siglo XIX, concretamente a las tendencias económicas y políticas que imperaron en Europa desde 1871, año en el fue fundado y emergió como gran potencia el II Imperio Alemán.
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Entierro del archiduque Francisco Fernando |
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La verdadera causa de la guerra fue el nacionalismo exagerado de los Estados europeos. Alemania, orgullosa de sus triunfos de 1870 en la guerra franco-prusiana, pretendía ser la potencia dominadora en Europa y crearse un Imperio colonial. Esto no podía ser aceptado por el Reino Unido, que veía peligrar sus posesiones de ultramar ante el imperialismo germano. Francia deseaba vengarse de la humillación de 1870 y recuperar Alsacia y Lorena. Rusia aspiraba a unir a los pueblos eslavos bajo su mando y apoderarse de Estambul para conseguir una salida al Mediterráneo. En el Imperio Austro-Húngaro cada nacionalidad (había, por lo menos, 10 distintas) deseaba sacudirse el yugo de Viena. Tampoco los norteamericanos entaron en la lucha hasta el tercer año (1917), aunque desde el primer momento mostraron sus claras simpatías por los aliados.
Serbia aspiraba a reunir en un solo Estado (lo que fue Yugoslavia) a todos los países eslavos del sur de Austria-Hungría. Movido por este sentimiento, y como ya hemos mencionado anteriormente, un estudiante de Bosnia asesinó al heredero de la corona de Viena, Francisco Fernando, en una visita protocolaria a Sarajevo. Fue la chispa que desencadenó la guerra.
El gobierno austro-húngaro, que consideraba (y no sin razón) que el asesinato había sido obra del movimiento de la Gran Serbia, decidió suprimir esta agrupación enviando una expedición militar a Serbia. El 23 de julio, Austria-Hungría envió un ultimátum a Serbia que contenía diez condiciones concretas, la mayoría de las cuales estaban relacionadas con la eliminación de la propaganda antiaustriaca en ese país. Ésta, alentada por Gran Bretaña y Rusia, aceptó las exigencias austro-húngaras salvo dos de ellas el 25 de julio, pero Austria replicó que la respuesta serbia no era satisfactoria (aunque los serbios hubieran contestado afirmativamente a todas las peticiones imperiales desde Viena ya se había tomado la decisión de iniciar acciones militares). Los rusos intentaron convencer políticamente a Austria para que modificara los términos exigidos, y declararon que si los austriacos atacaban Serbia, ellos se movilizarían contra Austria.
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Mapa de los países durante la Primera Guerra Mundial |
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Austria declaró la guerra a Serbia el 28 de julio, ya fuera porque creía que Rusia no llegaría a unirse a Serbia o porque estaba dispuesta a correr el riesgo de un conflicto europeo general con tal de poner fin al movimiento nacionalista serbio. Rusia respondió movilizándose contra Austria. Alemania advirtió a Rusia de que si persistía en su actitud le declararía la guerra, y consiguió que Austria accediera a discutir con Rusia una posible modificación del ultimátum enviado a los serbios. No obstante, Alemania insistió en que los rusos retiraran sus tropas inmediatamente. Rusia se negó a hacerlo y Alemania le declaró la guerra el 1 de agosto.
Los franceses comenzaron la movilización de sus fuerzas ese mismo día; las tropas alemanas cruzaron la frontera de Luxemburgo el 2 de agosto y Alemania declaró la guerra a Francia al día siguiente. El día anterior, el gobierno alemán había informado al gobierno belga de su intención de marchar sobre Francia cruzando Bélgica, a fin de evitar que los franceses utilizaran esta ruta para atacar Alemania. Las autoridades belgas se negaron a permitir el paso por su territorio de las tropas alemanas y recurrieron a los países firmantes del Tratado de 1839 —en el que se garantizaba la neutralidad de Bélgica en el caso de un conflicto en el que estuvieran implicados Gran Bretaña, Francia y Alemania— para que se cumpliera lo establecido en dicho acuerdo. Gran Bretaña, uno de los países signatarios del Tratado de 1839, envió un ultimátum a Alemania el 4 de agosto en el que se exigía que se respetara la neutralidad de Bélgica; Alemania rechazó la petición y el gobierno británico le declaró la guerra ese mismo día. Italia permaneció neutral hasta el 23 de mayo de 1915, cuando rompió su pacto con la Triple Alianza para satisfacer sus aspiraciones territoriales y declaró la guerra a Austria-Hungría.
Alemania tenía que luchar en dos frentes: contra Francia en el oeste y contra Rusia en el este. Para evitarlo, uno de los más inteligentes estrategas de todos los tiempos, el general Schlieffen, diseñó un plan muy atrevido. Se trataba de envolver al ejército francés, coparlo contra la frontera y destruirlo. Así se esperaba acabar la lucha contra el ejército galo en solo seis semanas, como ya había sucedido en la guerra franco-prusiana. Luego, Alemania podría hacerse cargo de los rusos.
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Francisco José, emperador austriaco |
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Pero el Plan Schlieffen fracasó por la impericia de los mandos alemanes. A Schlieffen le había sucedido como Jefe del Estado Mayor de Alemania el general Moltke, llamado 'el joven', sobrino del famoso fundador del ejército prusiano pero a años luz de la capacidad militar de la que hizo gala su tío. El Plan Schlieffen preveía que el ala izquierda alemana retrocediera ante los ataques franceses, y que la derecha penetrara por Bélgica y llegara casi hasta la costa para envolver París y atacar el grueso del ejército galo por la retaguardia. En el momento de la verdad, los príncipes reales que mandaban el ala izquierda se negaron a 'ser vencidos', y los belgas opusieron más resistencia de la prevista. Entonces Moltke cortó el avance de su derecha y ordenó atacar más bien de flanco que por retaguardia al ejército francés de la frontera. En ese momento, la guarnición de París, trasladada apresuradamente en taxis, atacó de costado el ala derecha alemana, produciéndose la batalla del Marne (9 de septiembre de 1914), que, al provocar el repliegue alemán, trastornó el curso de la guerra: ambos ejércitos se atrincheraron.
El resto de la lucha en el frente oeste fue una sucesión de desventuradas ofensivas, con las que se intentaba romper el frente enemigo y buscar la victoria en una nueva y decisiva batalla envolvente. Todas estas ofensivas fueron casi idénticas: un bombardeo por parte de la artillería que duraba varios días, seguido inmediatamente por el asalto de la infantería a pecho descubierto. Y todas terminaban igual: el enemigo prevenido por los primeros cañonazos, se retiraba a refugios profundos; y, cuando atacaba la infantería salía del escondite y la barría con las ametralladoras. Las carnicerías eran espantosas, las ganancias de terreno mínimas. Los aliados atacaron en Champaña en febrero de 1915, en Arras en mayo, y en ambos sitios en septiembre. Sus bajas en estas tres ofensivas fueron 50.000, 300.000 y 145.000 hombres respectivamente, lo que habla de la dureza de la lucha.
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Batalla de Somme |
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Geoffrey Regan narra así uno de los capítulos más duros del conflicto: " El 1 de julio de 1916 marca el día más aciago de la historia militar británica. A la caída de la noche el ejército británico había sufrido 57.470 víctimas -una cifra sin precedentes-, pese a que no había sido derrotado. Nada menos que 12 de las divisiones que participaron en la batalla de Somme sufrieron 3.000 víctimas cada una. Las pérdidas del 1º de Hampshire fueron tales que al final de la jornada no quedaba nadie que pudiera contar lo que le había sucedido al batallón. Las estadísticas nada dicen, naturalmente, del sufrimiento humano; de hecho, cuanto más se citan mas nos alejamos del hecho esencial de que los soldados deberían haber recibido el tratamiento propio de una mercancia escasa, siendo intercambiados con criterios muy ahorrativos y solo por algo que mereciera realmente la pena. Con 57.470 bajas, los beneficios deberían haber sido enormes para que la ecuación pudiera equilibrarse, y sin embargo en este caso fueron mínimos. Se cometieron errores pero el mayor de todos consistió en prepararse para tamaña pérdida de soldados y obtener una recompensa tan pequeña".
Y es que aunque la zona alemana fue bombardeada con 12.000 toneladas de obuses, solo 900 eran de alto explosivo, por lo que los alemanes apenas se enteraron de nada (el frente era de 24 kilómetros, por lo que correspondía a medio kilo de proyectil explosivo por cada diez metros cuadrados). Se informó a los hombres que los alambres de espino habían sido elminados por la artillería, pese a que éstos podían verlo de pie intacto y que las trincheras alemanas también habían sido destruidas.
Cuando los alemanes salieron de sus escondrijos y montaron las ametralladoras y cañones de corto alcance los británicos estaban en tierra de nadie. A los segundos de abandonar sus trincheras los soldados británicos eran literalmente segados por el fuego alemán. Como el ataque artillero no había acabado con las alambradas germanas, cuando llegaron hasta ese punto los soldados británicos tuvieron que parar y tratar de buscar un camino a través del alambre. Los soldados corrían de un lado a otro de las defensas enemigas tratando de buscar un lugar por el cual pasar mientras que las ametralladoras les barrían del campo de batalla.
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