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Universidad de Barcelona de Geografía e Historia |
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| HISTORIA DE LA PRIMERA REPÚBLICA. |
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El día 11 de febrero de 1873, mientras Amadeo de Saboya se dirigía con su familia a Portugal, el Congreso y el Senado español reunido en sesión conjunta, tras recibir el mensaje del soberano en el cual se comunicaba su abdicación, proclamaron la República tras una votación que dio como resultado 258 votos a favor y 32 en contra. De esta manera se dio la paradoja que unas Cortes, en su mayoría monárquicas, fueron las que decidieron que el sistema de gobierno del Estado español debía ser una República. Aquel día Castelar dijo en la tribuna oratoria: "Con Fernando VII, murió la monarquía tradicional; con Isabel II, la monarquía parlamentaria; con la renuncia de don Amadeo de Saboya, la monarquía democrática. Nadie trae la República; la traen todas las circunstancias; la trae una conspiración de la sociedad, de la naturaleza y de la historia. Señores, saludémosla como el sol que se levanta por su propia fuerza en el cielo de nuestra patria."
En la sesión del día siguiente se configuró el que debía ser el nuevo poder ejecutivo. Tras ser nombrado Cristino Martos presidente de la Asamblea nacional, el ejecutivo fue constituido por un gabinete presidido por Estanislao Figueras(1) y cuyas principales carteras recayeron en Castelar (Estado), Pi y Margall (Gobernación), Salmerón (Gracia y Justicia), Córdova (Guerra), Echegaray (Hacienda)... En resumidas cuentas, una extraña mezcla de republicanos, demócratas monárquicos e incluso un esparterista. |
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Como era lógico, el primer paso del nuevo gobierno era procurar consolidar el nuevo régimen instaurado en el Estado de una forma pacífica -con la idea de tratar de articular una futura República Federal-, tratándola de convertir en el gobierno legal del pueblo español y sin caer en la tentación de implantar un régimen de carácter revolucionario dictatorial dirigido por una minoría ilustrada.
El historiador Raymond Carr, en su libro "España 1808-1975" escribe: "[La futura República federal] se encontró con una oposición bicéfala: la de los radicales que deseaban una República no federal, sino unitaria, que esperaban dominar, y la de los federalistas extremistas, que deseaban la república federal inmediatamente, no como una imposición de arriba abajo, sino como expresión del impulso revolucionario de la base, o sea de abajo arriba, A diferencia de sus dirigentes, muchos de los federalistas de las provincias eran en el fondo revolucionarios antiparlamentarios." |
Este era el ejemplo de Andalucía, que con su tremendo y eterno problema agrario a cuestas, creyó que había llegado el momento de efectuar la revolución social; por supuesto que en su forma más sencilla: ocupación de las tierras por los jornaleros.
Cataluña, y en especial su capital, Barcelona, había sido un elemento esencial para la llegada de la Primera República. Su burguesía vio en ella una nueva oportunidad para iniciar una auténtica "revolución burguesa" al estilo de las que se estaban desarrollando en el resto de Europa, en esta revolución los poderes oligárquicos, tan presentes siempre en Andalucía y Castilla, debían dejar paso a una nueva burguesía industrial. El campo debía dejar paso a la ciudad y la agricultura a la industria. No es que la burguesía catalana fuera republicana, ellos sabían perfectamente que la palabra "República" ejercía una extraña y peligrosa fascinación en los obreros, pero aun sintiéndose "amadeistas" consideraban que el nuevo orden podía considerarse un mal menor si se alcanzaban los fines deseados.
Por otro lado, el proletariado industrial catalán vio en la nueva República la vía perfecta para conquistar sus exigencias sociales, exigencias que, aunque de carácter un tanto incierto pues no eran homogéneas, podían conquistarse por una "Revolución Social".
Ricardo de la Cierva escribe: "Ya tenían su República los republicanos ¿Qué hicieron con ella? Hundieron a España en la guerra civil, y no solamente en una sino en tres a la vez..." Ciertamente, y aún conociendo las ideas del señor La Cierva, resulta un tanto complicado salir en defensa de la República, nadie pondrá en duda su honestidad e ilusión pero, como veremos a continuación, dejó demasiado que desear. Sin embargo las palabras que acabamos de leer son completamente inexactas, y nosotros añadiríamos que casualmente intencionadas, las tres guerras que hace mención el señor La Cierva son; las revueltas de Cuba, la "Carlista" y la "Cantonal", aunque para ser ecuánimes y no caer en la fácil demagogia hay que apuntar que dos de ellas son heredadas, pues los carlistas ya se habían levantado en armas con Amadeo de Saboya y los problemas en Cuba eran una constante mucho tiempo antes que el régimen republicano se instalase en España, y es que una verdad a medias, aunque sea para justificar antipatías políticas, no deja de ser una mentira... |
| Desde buen principio se enfrentaron dos instituciones republicanas: la Asamblea con su mayoría radical y el Gobierno. Según la opinión de Raymond Carr: "La acción de los radicales en los primeros meses de la República la han descrito casi siempre los republicanos en términos de traición y de intriga. Pero nada de políticamente inmoral hay en su intento de impedir una República Federal que se les antojaba un desastre, mediante el uso de la mayoría parlamentaria que había creado la propia República. Martos, el dirigente radical, deseaba una República conservadora, unitaria y laica que pudiera reagrupar la Coalición de Septiembre en torno al partido radical; para asegurarla debía impedir que la convocatoria de las Cortes Constituyentes la realizara un gobierno republicano federal. Ello suponía la ruptura de la coalición republicano-radical. " |
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Carr continua diciendo: "Según las propias palabras de Martos, los radicales, en su empeño a derrotar al federalismo y "restablecer la unidad de la nación", eran "enemigos de la situación que habían creado"." La situación tras el fracaso de impedir la convocatoria de las Cortes Constituyentes no podía concluir de forma sencilla.
El fracaso político de Martos para evitar los pasos hacia una República Federal le llevó a concebir algo más definitivo y arriesgado, planeó un golpe de Estado conservador-radical. Para conseguir sus objetivos buscó ayuda en los autoproclamados "eternos salvadores de la patria", o lo que es lo mismo, el ejército. Ciertamente, los militares odiaban profundamente a la República, pero odiaban aún más la República Federal.
Aunque algunas secciones del ejército se movilizaron el golpe fracasó. Pi y Margall, en el Ministerio de la Gobernación, se movió rápidamente, ordenó desarmar a la milicia y mandarla a casa antes que pudieran hacer cualquier otra cosa que pusiera en peligro el orden establecido. La futura República Federal se salvaba a cambio de los llamados "radicales", que por su acción en la conspiración, tendrían que ser separados inmediatamente de cualquier puesto de gobierno -muchos de ellos tomaron el camino del exilio-. Los federales y un puñado de republicanos unitarios se convirtieron en los únicos partidos políticos de España.
En ese momento se hubiera podido declarar unilateralmente la tan ansiada República Federal pero Pi y Margall -posiblemente el hombre más poderoso en esos momentos en el Estado español- quería que ésta llegara gracias a las urnas. El propio Pi y Margall reconocía en uno de sus libros: "Es indudable que tras el 23 de abril yo tenía un poder inmenso; a consecuencia de los acontecimientos del 23 de abril el gobierno se había convertido en una dictadura revolucionaria. [...] Incluso antes de la retirada de los demás partidos confiaba en el triunfo de los federales en los colegios electorales, y por consiguiente, todavía más cuando, por malevolencia y falta de confianza en sus propias fuerzas, tomaron esa decisión."
En Cataluña, en algunos aspectos, la política avanzaba más rápido que en las mismas Cortes. Recién proclamada la República, Estanislao Figueras tuvo que marchar a toda prisa hacia Barcelona para tratar de convencer a los políticos que no declararan el Estado Catalán (dentro de la República Federal española). El federalismo todavía tenía que esperar.
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Un nuevo y grave problema se cernía sobre el nuevo régimen. En palabras de Raymond Carr: "El colapso de la disciplina militar era inevitable cuando llegó al poder un partido obligado a la abolición del sistema de quintas; los soldados abandonaban sus unidades. La Diputación Provincial de Barcelona tomó la cuestión en sus manos y convirtió el ejército regular en una fuerza de voluntarios (9 de marzo). Por todas partes, la restauración de los Voluntarios de la Libertad, disueltos en 1869, y la aparición de varios cuerpos francos, creó un gran número de personal semi-militar que fácilmente podía infectar a las tropas con su propio matiz de democracia militar. Y lo que es peor, un puñado de extremistas veía en la destrucción de la disciplina un deber patriótico." |
Dada la situación, muchos militares de carrera se marcharon del ejército ante la imposibilidad de hacerse respetar por sus hombres. En Cataluña, según un informe "el ejército era inutilizable..." y eso preocupaba en Madrid, donde sabían que en cualquier momento -y sin poder intimidar a Cataluña y a los catalanes con el poder militar- la situación podría volverse insostenible. Hasta ese momento, y al menos de una forma teórica más que real, Barcelona seguía siendo fiel a la República, pero la situación podría cambiar cuando menos se esperara.
Sin embargo fue en la costa valenciana y en el sur donde los federalistas se hicieron realmente fuertes, la caída del ejército y de las fuerzas de orden público dejaron las manos libres a un montón de extremistas, en la mayoría de los casos sin una clara idea política, que comenzaron a implantar repúblicas cantonales independientes. No podemos dejar pasar la oportunidad de hablar del célebre cantón de Jumilla y su famoso manifiesto: "La nación jumillana desea vivir en paz con todas las naciones vecinas, incluida la murciana, pero advierte que les declarará la guerra si osan hollar su territorio..."
Destaca entre todos el levantamiento de Alcoy (9 de julio de 1873) y el de algunos pueblos andaluces por ser puramente revoluciones sociales que se produjeron al considerar que la República solamente había sido un cambio político. En Alcoy el alcalde republicano federal fue asesinado y los obreros se hicieron con el control de la ciudad. Raymond Carr escribe: "En la comarca de Jerez los trabajadores se impacientaban porque pese a todas sus promesas los federales no les habían ayudado en su lucha tradicional contra el trabajo a destajo; el diputado republicano local se ponía al lado de los patronos. En Montilla la masa se hizo con la ciudad y quemó algunas de las casas de los ricos. Esta revolución primitiva puede caracterizarse por la baladronada de uno de sus héroes: "He matado al hombre más rico de Montilla." La revolución fue, en todas partes, el golpe de mano de una minoría de activistas políticos. Expresaba las esperanzas traicionadas de los intransigentes federalistas locales que veían alejarse de ellos el poder. Estos hombres violentos consiguieron desacreditar el republicanismo durante una generación." |
El colapso que sufría el ejército favoreció estos levantamientos cantonales. Los militares que todavía quedaban estaban luchando contra la insurrección Carlista que se había producido durante el reinado de Amadeo de Saboya y que se prolongaba todavía, de este modo es sencillo aseverar que la revolución carlista fue la que dio alas a los triunfos cantonalistas, aunque una y otra no podemos decir que estuvieran relacionadas entre sí o conspiraran juntas.
El cantón de Cartagena fue posiblemente el peor golpe que pudiera sufrir la República ya que los rebeldes se adueñaron de cuatro de los mejores barcos que en ese momento tenía el Estado. |
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La "escuadra cartagenera" sembró de terror la costa del Mediterráneo próximo, bombardeando las ciudades de Alicante y Almería e impuso tributos en los puertos. A la derecha grabado de la época que muestra el bombardeo de Almería por las fragatas cartageneras "Vitoria" y "Almansa" el 29 de julio de 1873 -la ciudad andaluza se había negado a contribuir con fondos al cantón de Murcia-.
El gobierno no contaba de ningún barco con las condiciones adecuadas para oponerse a los de Cartagena, ya que, casi al mismo tiempo se había producido un levantamiento similar en Cádiz -donde se encontraba otra parte de la flota-, la rebelión fue encabezada por Fermín Salvochea, "verdadero pionero del anarquismo español" , tal y como fue definido. El Gobierno ordenó que la fragata "Zaragoza" regresara de las Antillas inmediatamente, pero estaba claro que nada podría hacer contra las cuatro blindadas de Cartagena. Es entonces cuando se toma una medida desesperada pero eficaz, se declaró por decreto "piratas" a los barcos cantonales, pidiendo a las demás potencias que se apoderaran de ellos.
El 20 de julio la fragata prusiana "Friedrich Karl" apresó a la goleta cantonal "Vigilante", casi a la entrada de Cartagena y poco después, el 3 de agosto, en compañía de la británica "Swifsure", se apoderaron de las fragatas "Almansa" y "Vitoria". Después de una reunión entre franceses, británicos y alemanes decidieron no considerar a los barcos apresados como piratas así que liberaron a la tripulación pero retuvieron los barcos, que fueron finalmente entregados al gobierno republicano. Al conocerse los hechos en Cartagena la indignación de la ciudad fue tremenda, la mayoría quería declarar la guerra a Prusia esperando que Francia apoyara su decisión e incluso que otras naciones ayudaran a Cartagena.
Uno de los episodios más absurdos de la Primera República se dio cuando los cantonales cartageneros se apoderaron del castillo de San Julián, lo que motivó un telegrama del capitán general del Departamento al ministro de Marina: "Castillo San Julián enarbola bandera turca" . Realmente lo que enarbolaban los rebeldes era la bandera roja de la República Federal pero en Madrid llegaron a creer, durante un tiempo, que los turcos estaban invadiendo la península.
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La revuelta incontrolada de los cantonales empujaba inexorablemente a la República hacia la derecha para tratar de recuperar el orden. Pi y Margall, segundo presidente, no estaba de acuerdo de enfrentarse militarmente a la rebelión y esperaba que los insurrectos volvieran a la legalidad por la persuasión y no por las armas. Finalmente, Pi y Margall dimitió el 18 de julio(2) y para sucederle fue designado Salmerón, que estaba convencido en restablecer el control del país y sospechaba que los rebeldes no presentarían batalla a un ejército regular(3).
Salmerón se dirigió al general Pavía en unos términos un tanto desesperados, la República se jugaba mucho en su próximo movimiento, quizá su propia existencia, sin embargo no podemos dejar pasar en las palabras del presidente una clara ratificación de sus sospechas hacia la voluntad de los cantonales: "Si dispone de un solo soldado capaz de disparar su fusil contra los cantonalistas, habrá salvado el orden."
Pavía era un militar competente, en primer lugar reorganizó sus tropas y valoró sus efectivos. Reestableció la disciplina entre sus hombres y con 60 cañones mandados por oficiales de caballería -tuvo que adaptarse a lo que encontró- y 3.000 hombres tomó Sevilla en dos días. El resto de los puntos de resistencia cantonal fueron derrumbándose como un castillo de naipes y en quince días la revuelta cantonalista había sido aplastada.
Solo Málaga y Cartagena resistieron, la primera cayó al poco tiempo y la segunda fue sitiada. La única esperanza de los rebeldes era que sus aliados extremistas en las Cortes triunfaran, con su derrota, el 3 de enero, perdieron todas las esperanzas. |
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Salmerón con su política agresiva contra los cantonalistas solamente logró atraer hacia si mismo los odios y críticas de la izquierda. Finalmente las circunstancias le obligaron a dimitir (4). Su sucesor fue Castelar, en el pasado había sido un federalista convencido pero varió su rumbo y trató de moverse hacia la derecha. Castelar trataba de acercarse a los republicanos radicales tratando de preservar "la unidad nacional, esa obra maravillosa de muchos siglos". De esta manera Castelar podemos decir que instauró una auténtica "Dictadura Republicana" pues gobernó por decreto tras suspender las garantías constitucionales. El ejército, uno de sus principales objetivos a recuperar después de prácticamente haber desaparecido, empezó a confiar en él cuando restauró la pena de muerte (5), licenció a los voluntarios que podían ser, por su inestabilidad, fuerzas peligrosas para el sistema, eliminó los periódicos extremistas que podían movilizar a los obreros, se apoyó en la banca (consideró que el capital podría fomentar la estabilidad del régimen) y los radicales volvieron del exilio. |
El 4 de diciembre el general Pavía le dijo a Castelar: "Le seguiré a usted a cualquier parte..." Castelar era la esperanza del conservadurismo pero el blanco de las iras de los republicanos de izquierdas, iras encarnadas en Salmerón, que no había sabido asimilar su marcha de la presidencia republicana. La tendencia izquierdista de su propio partido hizo zozobrar a Castelar en las Cortes y abría el paso a una nueva etapa completamente federal. El general Pavía, capitán general de Madrid en ese momento, no estaba dispuesto a que la anarquía volviese a la vida política española y al conocer la derrota de Castelar el 3 de enero decidió que: "como militares y ciudadanos [tenían la obligación] de salvar a la sociedad y al país de un gobierno federalista".
Una pequeña acción militar y un breve comunicando por el que los miembros republicanos debían de abandonar las Cortes finiquitó la Primera República española, quedando el destino político de España en manos de un general de artillería -parece más que demostrado que en ningún momento la Guardia Civil irrumpió en el Hemiciclo armas en mano, esas acciones hay que contemplarlas en fechas más recientes-. Aunque Pavía no era el típico general reaccionario -había luchado junto a Prim para derrocar a Isabel II e instaurar un soberano constitucional- se acogió al eterno tópico que "el ejército representa la voluntad nacional", bajo un "slogan" similar, el general Francisco Franco aniquilaría otra República española.
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(1) Estanislao Figueras acabó sobrepasado por los acontecimientos, un día al salir de las Cortes se fue a dar un paseo por el parque del Retiro y "sin decir una palabra a nadie tomó el tren y no se bajó hasta llegar a París"
(2) Después de la marcha de Estanislao Figueras a París se produjo un vacío de poder que a punto estuvo de concluir con el levantamiento militar del general Manuel Socías, aunque este no se llegó a producir. Finalmente, y ante la pasividad de los parlamentarios, el coronel José de la Iglesia tuvo que personarse en el Congreso y anunciar que nadie saldría de allí hasta que no se eligiera un nuevo Presidente de la República, es decir jefe del Estado y del Gobierno. Eligieron a Pi y Margall, que en su primer discurso al Parlamento declaró que no tenía programa y que realmente no sabía que hacer para acabar con los problemas del país.
(3) Salmerón se reunió con los militares más significativos para acabar con el caos reinante en los cantones aun sabiendo que ningún miembro de la cúpula militar era republicano.
(4) La dimisión de Salmerón se aceleró ante la negativa del Presidente de la República a dar su conformidad para que los militares ejecutaran varias sentencias de muerte, imprescindibles, según ellos, para la recuperación de la disciplina.
(5) Castelar confirmó las sentencias de muerte que Salmerón se había negado a ratificar. |
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