Universidad de Barcelona de Geografía e Historia  

 

 
 

 

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TEXTOS.
 
 
TEXTO CARTAGENERO
 

Hemos visto que las primeras relaciones que tuvo la República española con los Estados Unidos vinieron derivados de los sucesos del barco "Virginius". A punto estuvo de iniciarse una guerra entre ambos países, sin embargo, las buenas maneras a la hora de negociar de Castelar salvaron la situación. El segundo capítulo es la rocambolesca historia de Cartagena, que ahora pasaremos a exponer.

La admiración por parte de algunos cantonalistas -y por republicanos en general- hacia los Estados Unidos era casi ilimitada, se sabe que muchos políticos pretendían hacer una República española a imagen y semejanza de la norteamericana. El extremismo en este aspecto era Roque Barcía, quien ya antes de la Revolución de septiembre había escrito una "Historia de los Estados Unidos" para mayor gloria del país del Tío Sam.

Roque Barcía acabó por ser el líder de la insurrección cantonal de Cartagena, cuando la República mandó la toma de esta población para acabar con los problemas que ésta estaba produciendo en la zona, Barcía tomó una doble decisión; el llamado documento cartagenero básicamente se divide en dos partes; una parte es una carta enviada al gobierno de Madrid y la otra es otra enviada al embajador de los Estados Unidos.

   
CARTA AL GOBIERNO CENTRALISTA  
     
 

Siendo víctima Cartagena de un atentado nunca visto contra el derecho de Humanidad, hacemos saber al Gobierno centralista que, si en el término de veinticuatro horas no se suspende el bombardeo, que está asesinando a un pueblo inocente en nuestros castillos, en nuestros baluartes, en nuestros buques, enarbolaremos la bandera anglo-americana.

Si el matar silenciosamente a la mujer y al niño se llama derecho; sí está en esta barbarie el derecho patrio, Cartagena maldice a la patria.

Elija el Gobierno de Madrid: o dejamos de ser tratados como tigres, o pediremos ser criaturas humanas en el seno de un pueblo libre, digno, trabajador y honrado.

Cartagena 16 de diciembre de 1873.

 
     
     
     
  CARTA AL EMBAJADOR DE LA REPÚBLICA ANGLOAMERICANA.  
     
 

Sr. Embajador: Suplicamos a Vuecencia se sirva transmitir a su Gobierno las siguientes palabras de un pueblo héroe, de un pueblo mártir, de un pueblo fuerte, de un pueblo invencible.

Hace veinte y un día y veinte y una noche que están vomitando sobre nosotros el hierro de la muerte, como si fuéramos fieras del bosque o perros rabiósos.

Ninguna autoridad ha dado aviso a los niños, a las mujeres, a los enfermos y a los ancianos.

Ninguna autoridad ha dicho a la madre española: muere con tu esposo, pero salva a tu hijo.

Ningún Gobierno nos ha intimado a la rendición; nosotros no nos hubieramos rendido, no nos rendiremos, aunque nos dijeran que nos rindiéramos.

Pero el hecho es que no nos han dicho que nos rindamos. Nadie ha pronunciado una sola palabra; nadie nos ha dado un consejo, nadie nos ha dado una sola razón; con nosotros se hace lo que con una víbora; aquí te cojo, aquí te aplasto.

No nos aplastará, Sr. Embajador; el objeto es aplastarla.

Nosotros no sabemos a estas horas quién nos combate; no sabemos si son ladrones; no sabemos si son asesinos; no sabemos si son incendiarios; y resistiremos hoy, resistiremos mañana, y siempre, a esos presuntos incendiarios, a esos ignorados ladrones, a esos silenciosos asesinos.

Sépalo la América, sépalo la Europa, sépalo el mundo, aquí se comete un atentado horrible contra el derecho de familia, de la patria, de la civilización, del cristianismo, del ser humano; y en nombre del ser humano, del cristianismo, de la civilización, de la patria y de la familia; en nombre del pueblo y de Dios preguntamos a la gran República americana si no autoriza en un caso extremo, como medio último de salvación, enarbolar en nuestros buques, en nuestros castillos, en nuestros baluartes un pendón federal glorioso y acatado en todo el Norte.

El pendón que ondeará en Filadelfia, aquel Congreso que supo dar un día generoso, un día infinito, un día sacrosanto a las nacientes libertades americanas.

Tenemos una gloria inmensa en ser españoles, raza de héroes, genio de gigantes.

Tenemos una gloria inmensa en heredar el nombre y las cenizas de nuestros mayores: mas si España consiente estos sacrificios gentiles, esta crueldad desconocida, esta crueldad inmolada en los Kamulkos de la Siberia, aprenda España que hay en el mundo una criatura más grande que ella, la Humanidad.

Delibere la Unión del Norte sobre estas maldades de Occidente y háganos saber su resolución con la calma del justo.

Sí, con calma, pueblo americano, porque Cartagena tiene que ser como la roca de los mares, que ni se rompe, ni se rinde, ni tiembla.

Cartagena 16 de diciembre de 1873.

 

     
     
     
No tenemos la menor idea si el Gobierno de los Estados Unidos de Norteamerica recibió algún día esta carta llegada desde Cartagena y menos aún, si llegaron a deliberar sobre el asunto que ella exponía. Si lo hicieron y creyeron en aquello de "tomarse la calma del justo" para responder a la llamada... se equivocaron... Cartagena se rindió a las fuerzas de la República pocos días después.
   
   
   
 
 
 
  ATRÁS.