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Universidad de Barcelona de Geografía e Historia |
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Posteriormente, en el curso de mis conversaciones con Hitler, que fueron seis u ocho, conseguí nuevas prórrogas al plazo fijado para llevar a cabo el 'plan Vaticano'. El tiempo que gané así lo utilicé en investigar la relación de fuerzas en Italia, y, además trataba de establecer relaciones amistosas con altos prelados de la Iglesia católica en Italia, que solo eran posibles mediante mi política de mano blanda, la cual les proporcionaba una ayuda inesperada.
En Roma, por medio del embajador alemán Dr Rahn, conocí al por entonces Superior general de la Orden Salvatoriana, Dr. Pankratius Pfeiffer, quien continuamente me suplicaba por la liberación de antifascistas, así como de miembros de la Iglesia católica que habían sido arrestados. También me pidió por el dirigente juvenil de la izquierda radical Vasalli, un candidato seguro a la muerte, comunicándome un deseo expreso del Papa Pío XII, ya que el padre de Vasalli, un famoso jurista, era muy allegado al Papa. Los planes de raptar al Papa y a la Curia entraron en su fase decisiva a comienzos de diciembre. Solicité entonces al embajador alemán en el Vaticano que me permitiese entrevistarme con otra alta personalidad muy cercana al vértice del Vaticano. Obtuve una entrevista de varias horas de duración con el jesuita Ivo Zeiger, por entonces Rector del Colegio Alemán en Roma. Este diálogo con el Dr. Zeiger fue muy útil para impedir el rapto de la Curia y del Papa. El Dr. Zeiger entregó posteriormente, el 4 de mayo de 1948, un escrito en el que se explicaba en tres páginas el contenido y desarrollo de las conversaciones, en calidad de Nuncio Apostólico del Papa en Alemania. En él se menciona como el anciano superior certosino, el Dr. Edgar Leopold, había salvado su vida por mi intervención. En efecto, fue gracias a mi intercesión por lo que el Dr. Leopold fue perdonado y, asimismo, su Abadía de Pleterje, en Eslovenía, no fue destruida por los alemanes. El propio DR. Leopold confirmó estos particulares en una declaración de fecha 26 de junio de 1967.
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El Vaticano |
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Al finalizar nuestra conversación, pedí al padre Zeiger, quien se encontraba muy preocupado, que comunicase secretamente al Papa que mientras yo me mantuviese al mando de las SS y de la policía en Italia, quedaría garantizado que no pesaba ningún peligro sobre su persona ni sobre la Curia. Tras mis conversaciones con el embajador alemán en el Vaticano, barón Weizsäker, y con el padre Zeiger, llegué a una situación en la que no podía hacer esperar por más tiempo a Hitler, que estaba ya muy impaciente, y tuve que comunicarle que mis preparativos habían tocado a su fin. En aquella ocasión, a primeros de diciembre de 1943, mantuve, en el Cuartel General del Führer, el siguiente diálogo con Hitler:
WOLFF: Mi Führer, le comunico que he finalizado mis preparativos para llevar a cabo su orden secreta contra el Vaticano. Antes de dar la orden definitiva, permítame hacer unas breves consideraciones sobre la actual situación en Italia.
HITLER: Se lo ruego.
WOLFF: Desde el 25 de julio de este año, día de la caída del Duce, hasta hoy, ni un solo fascista italiano ha arriesgado su vida por defender a Mussolini. Actualmente, según mis informaciones, que se refieren a la zona ocupada por nosotros en Italia central y meridional, existe tan solo un 5 ó 10 por 100 de sedicentes fascistas nominales declarados junto con sus familias. Solamente un pequeño porcentaje de idealistas se encuentran dispuestos hoy a combatir por el Duce. La gran mayoría de los italianos se halla cansada de la guerra, desanimada por la ausencia de victorias relámpago alemanas, sobre todo después de que la campaña de África ha terminado de una manera tan desalentadora para Italia. Si bien es cierto que la población italiana no es abiertamente hostil, sin embargo, tras las cuantiosas devastaciones que se han realizado en territorio italiano, y debido a las numerosísimas pérdidas de vidas entre la población civil, somos considerados, cada vez más, como personajes impopulares, responsables de la prolongación de la guerra. En Italia la única autoridad no contestada es, por lo tanto, la Iglesia católica, en especial a través de las mujeres italianas y su fe inquebrantable, que ejercen una influencia, que no debe ser infravalorada, sobre sus maridos, hermanos e hijos, pese a que éstos, en muchos casos, no son creyentes. Apenas me di cuenta de ello, traté de establecer, en todas las ocasiones que se me presentaban (a menudo, peticiones de gracia del alto clero para italianos condenados o encarcelados), amistosas relaciones personales con altos prelados de la Iglesia y del Vaticano. Mi actitud conciliadora terminaba siempre con la siguiente proposición: 'Yo protejo vuestras instituciones eclesiásticas, vuestra autoridad frente al pueblo italiano y ante las fuerzas de ocupación alemanas, así como vuestras propiedades y vuestra vida, pero vosotros debéis hacer todo lo posible para que en vuestras esferas se obedezca a las autoridades alemanas'.
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Pío XII en su silla gestatoria |
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Mi Führer, esta política de mano blanda y de comprensión ya ha dado sus frutos, gracias al apoyo poco visible del clero durante mi actividad desde hace tres meses, y he de confesar que mi actividad se ha desarrollado positivamente solo gracias a la ayuda que ha proporcionado la Iglesia.
Como ya he referido en mis informes quincenales, no solo me encuentro muy ocupado con los treinta y nueve mil prisioneros de guerra yugoslavos que huyeron de los 'Lager' que los italianos dejaron sin vigilancia, y que actualmente se encuentran escondidos en las montañas, sino también con organizaciones regulares de Bersaglieri y tropas alpinas pertenecientes al Ejército Real Italiano, que no quisieron entregarse a los alemanes. A ello hay que añadir las unidades regionales de partisanos socialistas y comunistas, que actualmente alcanzan una cifra total de 150.000 a 200.000 hombres, que solo con grandes esfuerzos consigo mantener a raya.
Dado que el Reichführer SS no puede enviarme a su debido tiempo un refuerzo de SS y de policía, a causa de la precaria situación militar, y dado también que mis nuevas formaciones aún no se hallan listas, puedo decir que estoy dispuesto por lo que se refiere al número de fuerzas necesarias pata ejecutar el 'Plan Vaticano' de una forma rapidísima y con éxito, pero no para reaccionar frente a la situación que se desencadenaría a continuación entre la población italiana, ni para obligarla al silencio con mis exiguas fuerzas, garantizando, al mismo tiempo, los refuerzos necesarios al mariscal Kesselring. Según todas las previsiones, simultáneamente deberé hacer frente a grandes huelgas y manifestaciones, que puedo, efectivamente, reprimir con las armas, pero que frenarán la importantísima producción de armamento y harán que la situación general en Italia nos sea desfavorable. Todo esto no puedo silenciarlo, aun a costa de parecer derrotista, y debo decirlo antes de que usted tome una decisión definitiva.
Por el contrario, puedo garantizar que, con mis fuerzas actuales, podré mantener la calma y el orden en el territorio ocupado por vuestro ejército, a condición de una eventual renuncia al 'Plan Vaticano'. Permítame, por otra parte, intervenir con decisión donde sea absolutamente necesario para cuidar nuestro buen nombre y, en los demás casos, déjeme la libertad y la posibilidad de continuar, si ello es posible, con mi política de mano blanda en Italia, que volverá a ser nuestra aliada tan pronto como el Duce sea reincorporado a sus funciones por usted.
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Karl Wolff |
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Hitler me había escuchado al principio con el ceño fruncido, y después con gran interés y una mayor distensión, contestó:
HITLER: Le agradezco, Wolff, me que haya hecho una relación tan objetiva. Estos detalles sobre la situación italiana son totalmente nuevos para mí, y, por ello necesito hacer un cuidadoso examen de los pros y los contras. ¿Qué me aconsejaría usted, como experto en la cuestión italiana?
WOLFF: Yo renunciaría a llevar a cabo el 'Plan Vaticano'; nacido de la comprensible excitación provocada por la 'traición de Badoglio', y optaría por la segunda solución. A mi parecer, la ocupación del Vaticano y el secuestro del Papa serían extremadamente negativos por la repercusión que tendrían tanto para los católicos alemanes en el frente y en la patria como para la opinión de todos los católicos del resto del mundo y de los estados neutrales. Esta reacción negativa no se vería compensada, en modo alguno, por las ventajas temporales que supondría eleimar políticamente al Vaticano y hacerse con los archivos y obras de arte. Además hay que tener presente que, tal vez, en el futuro podríamos necesitar de las vastas relaciones a nivel mundial del actual Papa. Si sabemos aprovechar la actual situación de necesidad en que se encuentran e, incluso, satisfacemos, dentro de nuestras posibilidades, sus eventuales deseos y les ofrecemos nuestro apoyo, podremos infundirles cierta confianza en nosotros. Mi Führer, con todo respeto le ruego confíe en mí y actue tal como le he dicho, al explicarle mi punto de vista sobre el actual problema italiano.
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Wolff (en segundo plano) junto a Himmler |
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Hitler sonriendo complacido dijo:
HITLER: Bien, Wolff, actúe como considere más oportuno como experto en el tema italiano. Sin embargo, no olvide que le consideraré responsable en caso de que no consiga realizar su promesa. ¡Buena suerte, Wolff!
WOLFF: Le doy mis más respetuosas gracias, mi Führer.
El 1 de mayo de 1944, el superior Dr. Pfeiffer me condujo personalmente a una audiencia secreta con el Papa Pío XII, cuyo objetivo era lograr el fin de la guerra en Italia merced a su mediación'. |
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