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  Universidad de Barcelona de Geografía e Historia  

 

 
 

 

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TERCIOS IMPERIALES
  España mi natura, Italia mi ventura, Flandes mi sepultura...

Durante dos siglo los TERCIOS fueron las unidades militares más poderosas y temibles del mundo, por derecho propio se convirtieron en las fuerzas de infantería básicas para todas las aspiraciones territoriales del Rey Católico.

¿Qué fueron? ¿Cómo nacieron? ¿Cuál fue su desarrollo a través de los años? En este artículo trataremos de encontrar estas respuestas y muchas más.

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Al comenzar este capítulo, lo primero que nos llama la atención es la definición que sobre los TERCIOS deberíamos de hacer. Desde esta página creemos que el término, TERCIOS ESPAÑOLES, aunque generalmente aceptado, es incorrecto, y que deberíamos referirnos a ellos como TERCIOS IMPERIALES o TERCIOS VIEJOS y NUEVOS ya que no podemos hablar de ‘soldados españoles’ propiamente dichos, al menos en el momento de su fundación. Nuestra argumentación no es gratuita y se basa en que la nación moderna, tal y como la conocemos hoy,  aún no había nacido en esa época. Uno debía fidelidad a tal o cual rey, y había nacido en tal o cual marco geográfico convencional, pero no era “nacional” de ningún “país”.

Por eso, y desde nuestra perspectiva actual. ¿Qué deberíamos entender por soldados españoles de los Tercios? 1) ¿Soldados nacidos en lo que hoy es España? 2) ¿Soldados nacidos en la península ibérica? –exceptuando catalanes y portugueses que por norma general no eran admitidos en los tercios-. 3) ¿Soldados que hablaban el “español” de aquella época? (La duda es si quedaban excluidos los astur-hablantes, aragón-hablantes, gallego-hablantes, catalano-hablantes de Mallorca y Valencia….) 4) ¿Soldados nacidos en los límites del Imperio? (incluyendo, por ejemplo, Nápoles). 5) ¿Soldados nacidos no importa dónde, pero que hubieran jurado fidelidad al Emperador? Podríamos considerar todas esas definiciones como correctas.

   
  Primeros reyes de la Casa de Austria  

Creemos sinceramente que es más conveniente hablar de 'soldados imperiales' o 'soldados de los Tercios', de ‘Tercios imperiales’ o de 'Tercios Viejos y Nuevos' ya que pensamos que la denominación 'soldado español'  o ‘Tercio español’ es confusa y equívoca.  Los ejércitos ‘españoles’ estaban nutridos de decenas de nacionalidades, y servían al “Rey Católico” (concepto que se usó normalmente, pues por ejemplo, en el Tratado de Utrech, en su artículo 10 se refiere al Rey Católico, no al rey de España). Como escriben Fernando Martínez Laínez y José María Sánchez de Toca: 'Carlos V, emperador del Sacro Imperio y Rey Católico, mantenía, donde los necesitaba, una multitud de cuerpos militares de diverso tamaño, origen y especialidad, en cuyos campamentos se hablaban hasta trece lenguas distintas. Los contingentes más numerosos eran, por este orden, alemanes, valones, italianos, españoles y borgoñones...' Como puede verse inequivocamente, los 'españoles' no eran la base para configurar las unidades de combate, por ejemplo, en 1572 había en Flandes un ejército de 24.440 alemanes por tan solo 9.100 'españoles'. Por ello, a los 'extranjeros' se les hacía jurar fidelidad al rey (que no a España) antes de servirle. Solo había una excepción, los irlandeses. A ellos no se les prestaba juramento, porque al ser católicos, demostraban ser dignos de confianza.

Aunque oficialmente debemos de buscar el nacimiento de los Tercios en las reformas militares que el emperador Carlos V realizó en 1534 para proteger sus posesiones en Italia y para participar en las expediciones que el rey ordenó por el Mediterráneo, muchos historiadores indican que ese nacimiento debe remontarse a la época de los Reyes Católicos, a las tropas de Gonzalo Fernández de Córdoba estacionadas en Italia y organizadas en coronelías que agrupaban a las capitanías. Pero, por esa sencilla regla de tres, podríamos argumentar que los Tercios en realidad se comenzaron a gestar en la península ibérica durante el reinado de los Reyes Católicos, como consecuencia de la guerra de Granada, donde las tropas reales adoptaron en un principio el modelo de los piqueros suizos, para poco después evolucionar a un ejército formado en tropas de tres clases: piqueros, escudados (soldados con espada y escudo) y ballesteros, a los que había que añadir las primeras tropas con armas de fuego portátiles (espingarderos y escopeteros). Debido a la evolución lógica de la guerra las unidades de simples 'escudados' no tardaron en desaparecer, ya que todos, desde piqueros a arcabuceros, combatían a espada cuando era necesario, y de igual manera los hombres con armas de fuego pasaron de ser un simple complemento a sustituir totalmente a las ballestas.

   
  Gonzalo Fernández de Córdoba, el 'Gran Capitán'.  

Los tres primeros tercios, creados a partir de las tropas estacionadas en Italia, fueron el Tercio Viejo de Nápoles (el primero en ser constituido), el Tercio de Sicilia y el Tercio de Cerdeña. Poco después se crearon el Tercio de Lombardía llamado también Tercio de Milán. En poco tiempo nació el Tercio de Galeras (que fue la primera unidad de infantería de marina de la Historia) y que fue formado para combatir maritimamente contra los turcos (lo mismo que el llamado Tercio de la Liga.) A estas primeras unidades se las denominó TERCIOS VIEJOS, mientras las que se crearon después pasaron a denominarse TERCIOS NUEVOS.

La 'Ordenanza de Génova' de 1536 regulaba el establecimiento de los Tercios. Mientras que el sistema de reclutamiento hasta ese momento había sido básicamente por levas y la contratación de mercenarios para guerras o conflictos concretos, los Tercios formaban un ejército permanente, cualificado y profesional. Se regulaba que cada Tercio tuviera dos companías de arcabuceros y que su mando quedara reservado a los 'españoles', con el tiempo esta exclusividad llegará incluso a la tropa, aunque se mantendrán a los contingentes veteranos de otras 'naciones' (en la realidad, la dificultad para llenar el cupo de hombres que debían de componer un Tercio abrió la puerta a cualquier nacionalidad, aunque la base fuera de 'españoles'). Como contrapunto a esa 'teórica' exclusividad se dictamino que tropas españolas no formarían parte de las infanterias de otros países, con excepción de los mandos (de igual manera sucedía con la infantería alemana que no admitía ni italianos ni españoles).

   
  Armas de fuego utilizadas por los Tercios  

Esta misma ordenanza, en palabras de Fernando Martínez Laínezy José María Sánchez de Toca: 'regulaba un ejército que contaba en esos momentos con más de veinte mil infantes (siete mil setecientos españoles, seis mil alemanes y siete mil trescientos italianos), entre los que se incluía el 'núcleo duro' de veteranos españoles de los Tercios Viejos. En lo que respecta a la caballería ligera, rondaba el millar de jinetes, complementados con algunas unidades de caballería pesada destacadas en el Reino de Nápoles. El mando supremo lo desempeñaba un capitán general (el primero fue el marqués del Vasto), seguido de un lugarteniente, al que el emperador asignó una guardia personal de treinta gentilhombres y cincuenta alabarderos alemanes. Esta disposición regulaba también la artillería, la policía militar, la justicia, el correo militar, los alojamientos (a cargo de un furriel mayor) y los abastecimientos (a cargo de un 'capitán de justicia' de Milán). Así empezó a organizarse la base de los 'Tercios Viejos', a los que se fueron añadiendo otros de menor duración, según las necesidades'.

La infantería suiza, la flor y nata de la infantería antes de la llegada de los Tercios, se basaba directamente en la antigua falange macedónia, aquella que tan buenos resultados había dado siglos atrás a los ejércitos de Alejandro Magno. Su declive llegó en Marinagno (1515), donde los cañones de Francisco I demostraron que una formación tan densa, compacta y fija poco tenía que hacer si se enfrentaba al fuego de la artillería, por muy antigua e imprecisa que esta fuera.

Geoffrey Regan escribe: 'Durante las guerras italianas del siglo XVI quedó patente que los suizos, como antes los ingleses, habían quedado atrapados en las tradiciones de su pasado explendoroso. Pronto los españoles armados con espada y escudo fueron capaces de agazaparse bajo las pesadas picas y llegar hasta el cuerpo a cuerpo [...] los Suizos no aceptaron fácilmente que tal cosa había sucedido y su desastrosa incapacidad para adaptarse quedó demostrada con si intentona de desalojar de sus trincheras al ejército imperial en Bicoca, en 1522. Negándose a esperar a que sus aliados franceses montaran la artillería, 8.000 mercenarios suizos forzaron su paso a través de trincheras y setos defensivos solo para ser tiroteados por los arcabuceros españoles. Los supervivientes, menos de tres mil, llegaron a una profunda zanja tras la cual, en una elevación se encontraban los 'lansquenetes' alemanes...' Fue una de esas matanzas absurdas, los suizos que se esforzaban por tratar de salir de aquella gran zanja eran eliminados por los golpes de pica de los alemanes, quienes situados en un nivel superior y en formación compacta solo tenían que esperar.

   
  De izquierda a derecha: sargento, arcabucero y piquero (soldados de Carlos V)  

Los Tercios fueron los herederos del poderio suizo y resucitaron el 'arte' militar basando su estrategia en unos preceptos tan sencillos como básicos:

  • Incorporar armas de fuego y ser diestros en su manejo
  • Ser impetuosos en la marcha
  • Ser coordinados, rápidos y diligentes en las maniobras o en las evoluciones y movimientos
  • Mostrarse muy experimentados en atrincherarse
     
     
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